Seguramente muchos de ustedes habrán escuchado del legendario Paris - Dakar. No, no me refiero a la ruta de bares en Santiago de Compostela, sino al rally. Pues bien, resulta que debido a rollos en Mauritania, hace un par de años el rally se ha estado llevando a cabo en Sudamérica. Y evidentemente, al pasar por Perú este año, había que ir.
Por supuesto, el grupo ideal para ir a ver el Dakar era el de JD y su pandilla. En el pasado había ido con él varias veces a ver las carreras de los Caminos del Inca, así que sabía que, además del buen rollo de siempre, tendrían también información precisa sobre el mejor sitio pa ver la carrera.
Empezamos dirigiéndonos a Pisco (y con esto me refiero a la ciudad que le dio nombre al destilado, y no al revés, eh), en donde dormimos. Al día siguiente, el plan era levantarse temprano, dirigirnos a Pozo Santo, y ahí encontrarnos con un amigo de JD que conocía bien la zona.
En Pozo Santo, luego de esperar un rato, escuchamos un claxon. Al darnos la vuelta, vimos una caravana de cinco o seis carros, y JD reconoció a su amigo en uno de ellos. ¡Chévere! Nos trepamos a nuestros carros, y seguimos la caravana.
Luego de unos 15 minutos de estar trepando dunas por el desierto de Pozo Santo, nos detuvimos en la cima de una duna. Al bajar de los carros, empezamos a estudiar la zona mientras JD iba a saludar a su amigo. Era perfecto, estábamos en un punto ideal para ver los carros pasar. Bacán.
En eso, regresó JD con una sonrisa en la cara. Aparentemente, el tipo que le tocó el claxon no era su amigo. ¡Habíamos estado siguiendo a un desconocido! ¡Y ahora estábamos en medio del desierto con ellos! Pero bueno, tuvimos suerte, y esta gente no nos asaltó ni violó ni mató para vender nuestros órganos. Al final, el lugar donde estuvimos fue perfecto, y pudimos ver bastante bien las cuatrimotos, motos, carros y camiones.
Ahora bien, durante el día, Mara (a quien ya han visto en la última foto de este post) dijo que ja ja, qué gracioso lo de los desconocidos que nos guiaron a ese sitio, que era como para ponerlo en el blog. Yo la miré, y vi con decepción que ella no había comprendido nada. No había entendido que este blog tiene cierto estándar pe. Que no voy a meter cualquier historia simplemente pa cumplir con mi compromiso de escribir al menos una vez al mes. Que si cuento una historia, esta debe tener cierto tinte de fracaso, de desastre, de conflicto, que amerite el ser publicada. Y la verdad, nos había salido todo bien, así que no, lo siento Mara, esta historia no va al blog... a menos que ocurra un desastre, claro.
Ahora, cuando le respondí esto a Mara (de una forma mucho menos arrogante, claro está), no tomé en cuenta que esta chica es medio bruja. No les contaré sus historias, pero digamos que las leyes de la física a veces son puestas en duda cuando ella está presente. Y bueno, parece que en su subconsciente ella quería que la historia apareciera en este blog, con ella de protagonista, de modo que (probablemente sin quererlo) invocó algún espíritu maligno que nos persiguió desde entonces, de forma que ocurriera algún desastre.
El primer indicio de la maldición fue sutil, los espíritus malignos generaron un tráfico brutal de vuelta a Pisco, con el fin de matarnos del cansancio y deshidratación. Lo que no contaron los espíritus fue que andábamos con JD, quien apenas vio el tráfico metió su camioneta por el desierto nuevamente, y avanzó sin dificultades.
Los espíritus se deben haber frustrado, por lo cual cambiaron de táctica: poseyeron a Gallo, el esposo de Mara. Supongo que, al estar Gallo constantemente expuesto a los espíritus de Mara, estos lo usan de vez en cuando como medio para cometer sus fechorías. A decir verdad, creo que esto explica perfectamente la personalidad de Gallo.
Anyway, esta vez los espíritus malignos poseyeron a Gallo, quien debía preparar la cena. No sé cómo lo hizo sin que nos diéramos cuenta, pero, al preparar los fideos, el poseído Gallo añadió algo similar a cemento dentro de la olla, de forma que los fideos salieron más tiesos que efecto de afrodisíaco selvático. Salió una cosa incomestible, que ni siquiera el perro que cuidaba la casa quiso comer (y noten que hablamos de un rottweiler con fauces cuasi-metálicas, eh). Anyway, muchos nos dimos cuenta entonces de las malvadas intenciones de los espíritus y decidimos ayunar, dejando a Gallo comiendo su propia obra.
Al día siguiente, para evitar cualquier maniobra nefasta de los espíritus malignos, salimos a las 4:00 am hacia el desierto de Ica. Allá, debíamos encontrar al amigo de JD, quien esta vez sí nos guiaría a la zona donde veríamos a los carros pasar.
Nunca se nos hubiera ocurrido que los espíritus malignos poseerían al amigo de JD, quien nos llevó por una ruta intransitable. La subida fue bastante difícil, y dos de nuestros carros no pudieron con la duna.
No obstante, los espíritus malignos no se quedaron contentos con que no pudiéramos subir. No señor. Fueron tan, pero tan malignos, que empujaron uno de nuestros carros, causando que se vuelque y ruede unas tres veces. Afortunadamente no le pasó nada a ninguna de las siete personas que iban en ese carro (sí, fue maleado), pero el vehículo en sí quedó recontra quiñado. Fue imposible seguir adelante, y luego de un par de horas de reparaciones en medio del desierto, regresamos a Pisco.
Así que ¡okey, pues! ¡La historia va al blog, carambas! Pero tengan por seguro que la próxima vez que vea a Mara, llevaré una crucecita, o por lo menos un Scroll of Dismissal, no vaya a ser que quiera meter alguna otra historia por acá.
Malditos espíritus chocarreros, caray.
lunes, 28 de enero de 2013
viernes, 28 de diciembre de 2012
Aracnofobia
Bueno, estamos en esa terrible temporada del año en que me dan chucaques cada vez que escucho la música en las tiendas. Por lo general, comparto la labor de quejarme de Navidad con Claudia, pero esta vez, lamentablemente, me ha decepcionado, y ha decidido no expresar su sentimiento grinch plenamente.
Así que nada. Este año tendré que llevar a cabo la labor de expulsar energías negativas yo solo. Doble chamba, cha mare. ¿Y cómo hacerlo? Pos na, les voy a contar una historia de terror.
No, no se preocupen. No diré nada de Cipriani. Tan malo no soy. Esta vez, hablaré de mis terribles enemigos, las arañas. Sí, yo sé que muchos de ustedes le tienen pánico a estos bichos del mal. Es entendible. Son seres crueles y malvados. Permítanme contarles mis experiencia con ellas, y cómo poco a poco fui transformando el terror en profundo respeto. Pero ambientemos el asunto, pongamos un poco de musiquita apropiada: cliquea acá pe.
Mi teoría es que la mala relación con las arañas fue iniciada por mi madre. Aparentemente, en mi infancia yo me resistí tajantemente a dejar el biberón. Mis padres intentaron lo imposible, me servían chocolate caliente en taza mientras me ponían las hierbas del doctor Pun en el biberón, y aún así yo insistía. No dejaba el biberón por nada. Un día, todos los biberones de mi casa desaparecieron, y al yo preguntar dónde estaban, mi madre respondió: "Se los llevaron las arañas."
Desde ese momento las odié. No sé cómo, pero las arañas hicieron una gran labor. Treinta años después, todavía no encuentro los biberones.
De ahí, la relación poco a poco fue transformándose en una de pánico. La cúspide de este temor ocurrió hace ya muchos años. Me encontraba yo a punto de ducharme, cuando encontré un pescadito en la ducha. Al ser yo buena gente, decidí que en vez de matarlo sería mejor capturarlo y botarlo por la ventana. Agarré mi toalla, me cubrí con ella, agarré papel higiénico, e intenté atrapar al bicho con él.
En eso, mientras estaba arrodillado pensando en cómo capturarlo, miré hacia abajo. Y ahí, encima de mi toalla, justo en la zona donde se encuentran las joyas de la familia, la vi. Era una araña inmensa. Mirándome.
Deben haber pasado dos segundos, pero parecieron mil años. Emití el grito más masculino que podía emitir en esa época (ahora lo hago mejor), y con ello la toalla voló por los cielos. Salté hacia mis zapatillas de levantar, rodé por los suelos (ok, tal vez no), y aplasté a la condenada araña mientras ella salía por debajo de la toalla. Le di como cuarenta veces. Miré al pescadito, grité "¡Tú eres su cómplice!" y en un acto irracional maté al otro bicho también. Cuarenta veces, también.
No quiero imaginar lo que hubiera pasado si me hubiera puesto la toalla al revés. De haberlo hecho, seguramente ahora no podría dar gritos tan masculinos como los de hoy en día.
Anyway. Los caminos de la vida me obligaron a controlar el temor. Esto empezó en Cambridge, en la segunda casa donde viví, que era un desastre. Una característica de esta casa era que estaba habitada por mi, seis chinos, y como mil doscientas arañas. La mayoría de estas vivía en el baño, colgadas del techo. No se imaginan lo que era. Lo peor es que cuando uno tomaba una ducha en ese baño, las arañas se atontaban, y empezaban a descolgarse de su telaraña. Nefasto.
Entenderán entonces que me vi obligado a controlar el temor. Era eso o no me duchaba. Así que poco a poco, respirando profundo, empecé a ver estos seres como "posibles amenazas," en vez de "amenazas seguras." Confíen en mi, hay una gran diferencia.
La cosa evolucionó favorablemente, al punto que hace un par de meses permití que dos arañas se asentaran en mi habitación. Yo había dejado la ventana abierta, y al regresar encontré estas dos arañas pequeñas haciendo su telaraña, muy próximas una de la otra. Lo pensé un poco, y me di cuenta que últimamente habían habido un par de zancudos en mi habitación, así que decidí dejar a las arañas ayudarme con el asunto.
Esta simbiosis funcionó por un tiempo. Los zancudos fueron devorados por las dos arañas, y tuvimos una época de gran amistad. Vamos, hasta les puse nombre: Peter y Parker.
Por desgracia, la relación con mis nuevos compañeros de habitación deterioró rápidamente. La vaina es que no tengo infinitos mosquitos en mi habitación, así que las arañas aparentemente empezaron a pasar hambre. En particular, no había visto a Parker capturar ningún mosquito en un buen tiempo, y me empezó a preocupar su salud.
Parece que no fui el único en notar el estado debilitado del pobre Parker. Un día, regresé del trabajo y Parker había desaparecido. En cambio, Peter se aferraba a cierto bulto de telaraña. Casi lo vi relamerse. Espantado, entendí lo que había ocurrido. Estaba a punto de recriminar a Peter, pero una mirada suya de "tú podrías ser el siguiente" me detuvo. Estaba en problemas.
Decidí acabar con Peter, y aspirarlo. No obstante, parece que Peter había pactado algo con las chicas de la limpieza, y no encontré las aspiradoras por ningún sitio. El pacto era claro, ya que cada vez que ellas limpiaban mi habitación, dejaban al malvado Peter en paz, permitiéndole expandir su dominio libremente.
Un día, me armé de valor. Me tomé un par de shots en la cocina, y subí a mi habitación, con una zapatilla en la mano. Esta vez sería él o yo. Tomé la perilla de la puerta, y la dejé abrirse. En la habitación, todo era silencio. Apreté la zapatilla, y di un paso al frente. Otro paso. Uno más. Levanté la mirada hacia el dominio de Peter... y no vi nada. Peter no estaba.
Nunca supe qué pasó. No sé si Peter adivinó mis intenciones y decidió escapar, o si las chicas de la limpieza finalmente se dieron cuenta que hacer pactos con arañas no era realmente una buena idea, o si Peter había fracasado en algún negocio con la mafia albanesa. En todo caso, Peter había desaparecido.
Un mes después, otra araña ocupó el espacio de Peter. Estuve a punto de llamarla Eddie, pero no pude. No frieguen, era peluda, debía irse. Esta vez, fui implacable. Cuarenta veces. Dai.
Anyway, si no les pareció suficiente terror para un post, chequeen este video, y listo. Tendrán pesadillas por tres meses. Al resto, pues que la noche os sea propicia, y que tengan un genial Año Nuevo. Será hasta pronto.
Así que nada. Este año tendré que llevar a cabo la labor de expulsar energías negativas yo solo. Doble chamba, cha mare. ¿Y cómo hacerlo? Pos na, les voy a contar una historia de terror.
No, no se preocupen. No diré nada de Cipriani. Tan malo no soy. Esta vez, hablaré de mis terribles enemigos, las arañas. Sí, yo sé que muchos de ustedes le tienen pánico a estos bichos del mal. Es entendible. Son seres crueles y malvados. Permítanme contarles mis experiencia con ellas, y cómo poco a poco fui transformando el terror en profundo respeto. Pero ambientemos el asunto, pongamos un poco de musiquita apropiada: cliquea acá pe.
Mi teoría es que la mala relación con las arañas fue iniciada por mi madre. Aparentemente, en mi infancia yo me resistí tajantemente a dejar el biberón. Mis padres intentaron lo imposible, me servían chocolate caliente en taza mientras me ponían las hierbas del doctor Pun en el biberón, y aún así yo insistía. No dejaba el biberón por nada. Un día, todos los biberones de mi casa desaparecieron, y al yo preguntar dónde estaban, mi madre respondió: "Se los llevaron las arañas."
Desde ese momento las odié. No sé cómo, pero las arañas hicieron una gran labor. Treinta años después, todavía no encuentro los biberones.
De ahí, la relación poco a poco fue transformándose en una de pánico. La cúspide de este temor ocurrió hace ya muchos años. Me encontraba yo a punto de ducharme, cuando encontré un pescadito en la ducha. Al ser yo buena gente, decidí que en vez de matarlo sería mejor capturarlo y botarlo por la ventana. Agarré mi toalla, me cubrí con ella, agarré papel higiénico, e intenté atrapar al bicho con él.
En eso, mientras estaba arrodillado pensando en cómo capturarlo, miré hacia abajo. Y ahí, encima de mi toalla, justo en la zona donde se encuentran las joyas de la familia, la vi. Era una araña inmensa. Mirándome.
Deben haber pasado dos segundos, pero parecieron mil años. Emití el grito más masculino que podía emitir en esa época (ahora lo hago mejor), y con ello la toalla voló por los cielos. Salté hacia mis zapatillas de levantar, rodé por los suelos (ok, tal vez no), y aplasté a la condenada araña mientras ella salía por debajo de la toalla. Le di como cuarenta veces. Miré al pescadito, grité "¡Tú eres su cómplice!" y en un acto irracional maté al otro bicho también. Cuarenta veces, también.
No quiero imaginar lo que hubiera pasado si me hubiera puesto la toalla al revés. De haberlo hecho, seguramente ahora no podría dar gritos tan masculinos como los de hoy en día.
Anyway. Los caminos de la vida me obligaron a controlar el temor. Esto empezó en Cambridge, en la segunda casa donde viví, que era un desastre. Una característica de esta casa era que estaba habitada por mi, seis chinos, y como mil doscientas arañas. La mayoría de estas vivía en el baño, colgadas del techo. No se imaginan lo que era. Lo peor es que cuando uno tomaba una ducha en ese baño, las arañas se atontaban, y empezaban a descolgarse de su telaraña. Nefasto.
Entenderán entonces que me vi obligado a controlar el temor. Era eso o no me duchaba. Así que poco a poco, respirando profundo, empecé a ver estos seres como "posibles amenazas," en vez de "amenazas seguras." Confíen en mi, hay una gran diferencia.
La cosa evolucionó favorablemente, al punto que hace un par de meses permití que dos arañas se asentaran en mi habitación. Yo había dejado la ventana abierta, y al regresar encontré estas dos arañas pequeñas haciendo su telaraña, muy próximas una de la otra. Lo pensé un poco, y me di cuenta que últimamente habían habido un par de zancudos en mi habitación, así que decidí dejar a las arañas ayudarme con el asunto.
Esta simbiosis funcionó por un tiempo. Los zancudos fueron devorados por las dos arañas, y tuvimos una época de gran amistad. Vamos, hasta les puse nombre: Peter y Parker.
Por desgracia, la relación con mis nuevos compañeros de habitación deterioró rápidamente. La vaina es que no tengo infinitos mosquitos en mi habitación, así que las arañas aparentemente empezaron a pasar hambre. En particular, no había visto a Parker capturar ningún mosquito en un buen tiempo, y me empezó a preocupar su salud.
Parece que no fui el único en notar el estado debilitado del pobre Parker. Un día, regresé del trabajo y Parker había desaparecido. En cambio, Peter se aferraba a cierto bulto de telaraña. Casi lo vi relamerse. Espantado, entendí lo que había ocurrido. Estaba a punto de recriminar a Peter, pero una mirada suya de "tú podrías ser el siguiente" me detuvo. Estaba en problemas.
Decidí acabar con Peter, y aspirarlo. No obstante, parece que Peter había pactado algo con las chicas de la limpieza, y no encontré las aspiradoras por ningún sitio. El pacto era claro, ya que cada vez que ellas limpiaban mi habitación, dejaban al malvado Peter en paz, permitiéndole expandir su dominio libremente.
Un día, me armé de valor. Me tomé un par de shots en la cocina, y subí a mi habitación, con una zapatilla en la mano. Esta vez sería él o yo. Tomé la perilla de la puerta, y la dejé abrirse. En la habitación, todo era silencio. Apreté la zapatilla, y di un paso al frente. Otro paso. Uno más. Levanté la mirada hacia el dominio de Peter... y no vi nada. Peter no estaba.
Nunca supe qué pasó. No sé si Peter adivinó mis intenciones y decidió escapar, o si las chicas de la limpieza finalmente se dieron cuenta que hacer pactos con arañas no era realmente una buena idea, o si Peter había fracasado en algún negocio con la mafia albanesa. En todo caso, Peter había desaparecido.
Un mes después, otra araña ocupó el espacio de Peter. Estuve a punto de llamarla Eddie, pero no pude. No frieguen, era peluda, debía irse. Esta vez, fui implacable. Cuarenta veces. Dai.
Anyway, si no les pareció suficiente terror para un post, chequeen este video, y listo. Tendrán pesadillas por tres meses. Al resto, pues que la noche os sea propicia, y que tengan un genial Año Nuevo. Será hasta pronto.
martes, 6 de noviembre de 2012
Catando Vino
Bueno, ahora que saben que soy medio snob en algunas cosas, quería compartir con ustedes mi último descubrimiento. He logrado descifrar cómo aprovechar al máximo las catas de vinos.
¡Alto! ¡No cierren esa ventana! ¡No cambien de página web! ¡Recuerden qué tipo de blog están leyendo! Acá en ningún momento les voy a contar cómo apreciar un buen vino. En ningún momento intentaré convencerles de seguir la técnica del mover - contrastar color - olfatear - saborear - enjuagar la boca - escupir. Tampoco les daré detalles de cómo describir los vinos, y en ningún momento usaré adjetivos raros.
Supongo que me preguntarán: ¿entonces qué cazzo nos vas a decir? ¿Y por qué demonios le das tanta vuelta al asunto?
Y yo les responderé: parece que se han olvidado qué blog están leyendo.
Okey, vamos al punto. Resulta que acá en Ginebra es muy común encontrar eventos en donde uno puede probar vino completamente gratis. Sí. En Ginebra, sí. Sí, acá, donde un cocoroco te cuesta 40 francos, el vino es gratis, sí. Ya, sé que no tiene sentido, pero esta pela no la escribí yo, ¿ya?
Anyway. Regresemos al punto. Vino gratis. En Ginebra.
Ahora, el detalle es el siguiente. En principio, estos eventos tienen como objetivo que uno pruebe mil tipos de vino. Con esto, los asistentes deben tomar lo suficiente como para terminar ligeramente borrachos, como para llegar a pensar que sería una buena idea comprar una botella, de esas que no son gratis. Pero claro, el vino debe ser dado en cantidades justas, de forma que la empresa que organiza el evento no se vaya a la quiebra. Además, el target debe ser aquella persona que tenga pinta de llegar a comprar una botella, y no aquella persona que termine devolviendo el vino al llegar a casa. Al primero, se le da todo lo que quiere. Al segundo, por compromiso nomas. Es una estrategia muy delicada.
Entonces, ¿qué hacer si uno no tiene un real como para comprar una botella, pero aún así quiere probar la mayor cantidad de vino posible? ¿Cómo aprovecharse al máximo de la empresa ingenua, que pensó que lograría hacer algo de dinero? Mis estimados, para esto existe una técnica infalible, llamada: la finta.
Lamentablemente, para llevar a cabo la finta al 100%, es necesario saber un poquito de vino. No es crucial ser un crack, pero sí saber que primero viene el blanco, luego el rosé, de ahí el tinto, y finalmente el dulce. Y ya está. Con esto basta.
Pero, ¿en qué consiste la finta? Elemental, mis estimados. El objetivo es dar a entender a la persona que sirve (llamémosle Pierre) que uno no sabe mucho, pero que está interesado en aprender sobre los distintos tipos de vinos que se ofrecen. Pierre, que no está muy contento con su vida y no tiene esperanzas en el ser humano, pensará que este interés en conocer vinos es realmente un intento de hacerse el papirriqui frente a alguien (que sea esto cierto no tiene nada que ver con lo que les cuento, eh). Afortunadamente, a Pierre no le importa un comino que uno se quiera hacer el papirriqui, y tenderá a servir más vino de lo normal, de forma que el asistente se emborrache, se emocione, y compre más de una botella. Claro, mientras más botellas uno lleve, más oportunidades de hacerse el papirriqui frente a los amigos, ¿no? ¡Tiene sentido!
Bueno, en mi mundo tiene sentido, no joroben.
Ahora, como les dije, hay que dar la impresión que algo se sabe de vinos. Es un asunto muy delicado, y requiere de mucho auto-control. Por ejemplo, llegar a donde Pierre, y decirle: "Hola, acabo de llegar, quiero empezar con algo suave. ¿Qué vino blanco tienes, que sea bueno para el inicio?"
Pierre lo mirará a uno por encima de su nariz, y servirá, qué sé yo, un Chasselas. Sí, ese que sabe a agua, no se preocupen, es el primero, y servirá poquito.
Luego, hay que cambiar. Buscar a Jacques, decirle "Buenas, mira, recién estoy empezando. Escogí un Chasselas para comenzar, y no sé con qué seguir. ¿Qué me recomiendas?"
Es muy importante que Pierre está muy lejos en ese momento. Jacques, que es más buena gente, servirá un Riesling. Y dará un poquito más de lo normal, porque le has caído bien.
Y así. Seguir cambiando, ir donde Marie y conseguir que te sirva un Pinot Blanc, luego otra vez donde Pierre, qué tal Pierre, por qué no me das un Silvaner, hola Amélie, creo que ya es hora de pasar al rosé, uy, un Gamay, qué wena, digo, buena idea, habla Jacques, a los años, ¿me das un poco más del Gamay rosé? Chesu, 'ta que, 'ta weno el Gamay, ¡Pierre! ¿Adónde 'tabas, Pierre? ¿Otro rosé? ¿Cómo se llama? No, ya, no importa, no me woy acordar de todas maneras (hic). ¿Dónde 'ta Jacques? ¡Jacques! Pos ke kieo un po' más d'ese vino wenazo, cha que (hic), cha que (hic), no, mejó un tinto oe, dame un Montepulciano (hic), ese del abuso... Amélie, mira (hic), dame má tinto pe, uno de Bordeaux, pa akodarme de la Oddity, ¿ta ke no konoces a la Oddity? Es una amigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaza, oe (hic), que venía de... de... (hic).... ¿de ónde venía la Oddity? Ya, no importa (hic), dame el Bordeaux nomá... ¡Aguanta Pierre! ¡No te escapes! Mira, la Oddity venía de... ¡de Bordeaux!!!!! Ahhhhh ja ja ja ja ja.....
Es crucial resignarse y saber que nunca se llega al vino dulce.
¡Alto! ¡No cierren esa ventana! ¡No cambien de página web! ¡Recuerden qué tipo de blog están leyendo! Acá en ningún momento les voy a contar cómo apreciar un buen vino. En ningún momento intentaré convencerles de seguir la técnica del mover - contrastar color - olfatear - saborear - enjuagar la boca - escupir. Tampoco les daré detalles de cómo describir los vinos, y en ningún momento usaré adjetivos raros.
Supongo que me preguntarán: ¿entonces qué cazzo nos vas a decir? ¿Y por qué demonios le das tanta vuelta al asunto?
Y yo les responderé: parece que se han olvidado qué blog están leyendo.
Okey, vamos al punto. Resulta que acá en Ginebra es muy común encontrar eventos en donde uno puede probar vino completamente gratis. Sí. En Ginebra, sí. Sí, acá, donde un cocoroco te cuesta 40 francos, el vino es gratis, sí. Ya, sé que no tiene sentido, pero esta pela no la escribí yo, ¿ya?
Anyway. Regresemos al punto. Vino gratis. En Ginebra.
Ahora, el detalle es el siguiente. En principio, estos eventos tienen como objetivo que uno pruebe mil tipos de vino. Con esto, los asistentes deben tomar lo suficiente como para terminar ligeramente borrachos, como para llegar a pensar que sería una buena idea comprar una botella, de esas que no son gratis. Pero claro, el vino debe ser dado en cantidades justas, de forma que la empresa que organiza el evento no se vaya a la quiebra. Además, el target debe ser aquella persona que tenga pinta de llegar a comprar una botella, y no aquella persona que termine devolviendo el vino al llegar a casa. Al primero, se le da todo lo que quiere. Al segundo, por compromiso nomas. Es una estrategia muy delicada.
Entonces, ¿qué hacer si uno no tiene un real como para comprar una botella, pero aún así quiere probar la mayor cantidad de vino posible? ¿Cómo aprovecharse al máximo de la empresa ingenua, que pensó que lograría hacer algo de dinero? Mis estimados, para esto existe una técnica infalible, llamada: la finta.
Lamentablemente, para llevar a cabo la finta al 100%, es necesario saber un poquito de vino. No es crucial ser un crack, pero sí saber que primero viene el blanco, luego el rosé, de ahí el tinto, y finalmente el dulce. Y ya está. Con esto basta.
Pero, ¿en qué consiste la finta? Elemental, mis estimados. El objetivo es dar a entender a la persona que sirve (llamémosle Pierre) que uno no sabe mucho, pero que está interesado en aprender sobre los distintos tipos de vinos que se ofrecen. Pierre, que no está muy contento con su vida y no tiene esperanzas en el ser humano, pensará que este interés en conocer vinos es realmente un intento de hacerse el papirriqui frente a alguien (que sea esto cierto no tiene nada que ver con lo que les cuento, eh). Afortunadamente, a Pierre no le importa un comino que uno se quiera hacer el papirriqui, y tenderá a servir más vino de lo normal, de forma que el asistente se emborrache, se emocione, y compre más de una botella. Claro, mientras más botellas uno lleve, más oportunidades de hacerse el papirriqui frente a los amigos, ¿no? ¡Tiene sentido!
Bueno, en mi mundo tiene sentido, no joroben.
Ahora, como les dije, hay que dar la impresión que algo se sabe de vinos. Es un asunto muy delicado, y requiere de mucho auto-control. Por ejemplo, llegar a donde Pierre, y decirle: "Hola, acabo de llegar, quiero empezar con algo suave. ¿Qué vino blanco tienes, que sea bueno para el inicio?"
Pierre lo mirará a uno por encima de su nariz, y servirá, qué sé yo, un Chasselas. Sí, ese que sabe a agua, no se preocupen, es el primero, y servirá poquito.
Luego, hay que cambiar. Buscar a Jacques, decirle "Buenas, mira, recién estoy empezando. Escogí un Chasselas para comenzar, y no sé con qué seguir. ¿Qué me recomiendas?"
Es muy importante que Pierre está muy lejos en ese momento. Jacques, que es más buena gente, servirá un Riesling. Y dará un poquito más de lo normal, porque le has caído bien.
Y así. Seguir cambiando, ir donde Marie y conseguir que te sirva un Pinot Blanc, luego otra vez donde Pierre, qué tal Pierre, por qué no me das un Silvaner, hola Amélie, creo que ya es hora de pasar al rosé, uy, un Gamay, qué wena, digo, buena idea, habla Jacques, a los años, ¿me das un poco más del Gamay rosé? Chesu, 'ta que, 'ta weno el Gamay, ¡Pierre! ¿Adónde 'tabas, Pierre? ¿Otro rosé? ¿Cómo se llama? No, ya, no importa, no me woy acordar de todas maneras (hic). ¿Dónde 'ta Jacques? ¡Jacques! Pos ke kieo un po' más d'ese vino wenazo, cha que (hic), cha que (hic), no, mejó un tinto oe, dame un Montepulciano (hic), ese del abuso... Amélie, mira (hic), dame má tinto pe, uno de Bordeaux, pa akodarme de la Oddity, ¿ta ke no konoces a la Oddity? Es una amigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaza, oe (hic), que venía de... de... (hic).... ¿de ónde venía la Oddity? Ya, no importa (hic), dame el Bordeaux nomá... ¡Aguanta Pierre! ¡No te escapes! Mira, la Oddity venía de... ¡de Bordeaux!!!!! Ahhhhh ja ja ja ja ja.....
Es crucial resignarse y saber que nunca se llega al vino dulce.
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