Una vez que uno tiene estudiantes tesistas, uno se pregunta si estos harán el mismo tipo de idioteces que uno hizo cuando estuvo en sus zapatos. Y las cosa es que uno recuerda lo bestia que uno fue, y dice No way, ese tipo de barbaridades sólo las cometo yo.
Estos meses estoy teniendo unos doctorandos de Würzburg en la PUCP, debido a un convenio via la DAAD (en unos meses mis tesistas irán para allá). Y es curioso ver cómo se adaptan ellos al Perú. Porque claro, de estar una semana, uno se encarga de ellos, los recoje, los lleva a cenar, etc etc. Pero si están un par de meses, pues no es factible. Así que a enseñarles a tomar bus, a indicarles dónde no comer, ¡y liberarlos!
El problema es que, claro, eso no garantiza que no metan la pata. Por ejemplo, que suban a un bus a las 10:00 pm, y como hay poca gente, decidan sacar la laptop y ponerse a trabajar.
A los que estén leyendo esto y no hayan venido nunca a Lima, esto no es muy recomendable, a pesar de que hable bien de su disposición al trabajo. Digamos que la laptop se podría... perder.
Luego uno se da cuenta de que se olvida de decirles cosas. Como, por ejemplo, no entrar caminando a La Victoria. Especialmente si es que el plan inicial era caminar, campantes y despreocupados, hacia el Centro de Lima. Una muy buena idea, en caso de tener estudiantes de afuera, es conseguirles un mapa. Y marcar, bien grande, POR ACÁ NO.
Uno termina teniendo conversaciones que uno nunca esperaba tener. Por ejemplo, que vengan y que digan que qué bonitas las cucarachas, que les encantan sus antenas. Y luego uno piensa que AirBnB a veces no es la mejor opción.
¡Y no me imagino cómo será la interacción con los doctorandos locales! La idea es que los doctorandos interactúen entre sí la mayor cantidad de tiempo posible. Sí, discutir de física conmigo les sirve de algo, pero a mi personalmente lo que me sirvió más de mis estancias fue interactuar con otros estudiantes. Así que motivé que salieran todos a comer, al menos un par de veces a la semana.
Luego del primer almuerzo, les pregunté a los alemanes, ¿qué tal todo? Ellos dijeron que muy bien, que el almuerzo duró dos horas, que los hicieron bailar salsa, y luego les invitaron a escuchar música folklórica.
Por mi mente pasaron las ideas más absurdas que puedan imaginar.
¿Y algo de física? Parece que no... a lo mucho, fútbol, y cerveza.
Mein Gott..... ¡Por lo menos me sirvió a mi para enterarme que mis doctorandos se toman dos horas comiendo!
Pues na', les quedan dos semanas en Lima, y el próximo mes es mi doctorando que se va. ¡Y luego yo! A ver qué les contamos.
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domingo, 29 de abril de 2018
sábado, 31 de marzo de 2018
日本語 の 勉強
La vez pasada les comenté que últimamente estoy durmiendo poco. Vamos a explicarlo.
Todo empezó el año pasado. Les conté que, en julio del 2017, viajé con mis padres y la novia a Japón. En enero de ese año, decidí meterme en clases de japonés. La verdad es que siempre tuve interés en el idioma, y el viaje era la excusa perfecta para aprenderlo. Busqué dónde hacerlo, y descubrí que en Lima básicamente hay sólo dos sitios que enseñaran el idioma. El primer sitio es la Asociación Peruano Japonesa (APJ), que queda relativamente cerca a la PUCP. El segundo.... pues no recuerdo, no era conveniente.
Ahora bien, tampoco es que la APJ fuera tremendamente conveniente. Vi los horarios, y la mayoría no encajaba con mi horario de trabajo. Las únicas opciones eran: un curso intensivo diario, a las 7:00 am, un curso sabatino, y otro dominical, ambos toda la mañana. Se lo comenté a la novia, le dije que realmente lo más conveniente era el curso dominical, pero que me daba mucha pereza. Ella sonrió, y me dijo "¡Metámonos ambos en el curso!"
Me pareció una buena idea. Nos despertaríamos temprano los domingos, desayunaríamos rico en algún sitio, y luego empezaríamos clases a las 9:00. Terminaríamos a mediodía, e iríamos directo a almorzar con mis padres. Encajaba.
El problema fue que la novia abandonó el curso luego del segundo mes. Chesssss....
Yo continué. Ese primer semestre del 2017 fue muy duro, ya que además del curso los domingos, tuve que dar clases los sábado. Esa es una historia espantosa cuyos detalles no les puedo contar. Pero nada, seguí con el curso hasta julio, y luego nos fuimos de viaje.
Al volver, decidí terminar el curso dominical. Básicamente implicaba estudiar un mes más, hasta fin de agosto, así que me dije "¿Por qué no?"
Al terminar el curso, me dieron mi diplomita. No obstante, la profesora me dijo que ese diploma realmente no valía nada, ya que en el curso no me habían enseñado nada de kanjis (una de las tres formas de escribir japonés) y casi no habíamos tenido conversación. Me sugirió que intentara dar el examen internacional, el Noryu Shiken, en su nivel más bajo, el N5. El examen sería en diciembre. Me comentó que en setiembre empezaba un curso preparatorio, y que si yo estudiaba kanjis por mi cuenta, tenía chances de pasar el examen.
Así que eso hice. Esta vez el curso preparatorio tenía un horario más razonable, era martes y jueves, de 18:15 a 20:15 (con un error memorístico de ± 15 min). Y nada, junto con un app bastante bueno (Mirai Japanese), logré prepararme lo suficiente, y di el N5 en diciembre. Unos meses después, me enteré que efectivamente pasé el examen, así que todo bien.
Pero no podría quedarme tranquilo. Porque bueno, ya me conocen, saben que yo siempre busco problemas. En enero de este año, me di cuenta que me había olvidado todo mi japonés. Durante el N5, parece que había regurgitado todo lo aprendido. Vamos, como cuando uno se paporretea los ríos del Perú para el examen de Geografía en sexto de primaria, y luego del examen ya no recuerda nada. Y no sólo eso, como en los exámenes internacionales no hay una prueba de conversación, esa parte de mi conocimiento estaba en cero.
Estuve rumiando esto por unos días. Y no pude conmigo mismo: tenía que mejorar mi nivel. Me tenía que meter en clases regulares, y consolidar mi conocimiento del idioma. El nuevo objetivo sería pasar el N4, en diciembre del 2018, y ser capaz de tener una conversación básica.
El problema es que los horarios en la APJ no habían cambiado. Mi única opción era el curso diario, a las 7:00 am. Ningún curso interdiario era compatible con mi horario de trabajo. Así que ni modo.
Y así estoy. Me levanto todos los días a las 5:30, me ducho, desayuno brevemente, y salgo en bus a la APJ. Luego de las clases, llego a la PUCP a las 9:00, y sigo ahí normalmente hasta las 19:00. ¡Una locura!
¡A ver si llego a diciembre!
Todo empezó el año pasado. Les conté que, en julio del 2017, viajé con mis padres y la novia a Japón. En enero de ese año, decidí meterme en clases de japonés. La verdad es que siempre tuve interés en el idioma, y el viaje era la excusa perfecta para aprenderlo. Busqué dónde hacerlo, y descubrí que en Lima básicamente hay sólo dos sitios que enseñaran el idioma. El primer sitio es la Asociación Peruano Japonesa (APJ), que queda relativamente cerca a la PUCP. El segundo.... pues no recuerdo, no era conveniente.
Ahora bien, tampoco es que la APJ fuera tremendamente conveniente. Vi los horarios, y la mayoría no encajaba con mi horario de trabajo. Las únicas opciones eran: un curso intensivo diario, a las 7:00 am, un curso sabatino, y otro dominical, ambos toda la mañana. Se lo comenté a la novia, le dije que realmente lo más conveniente era el curso dominical, pero que me daba mucha pereza. Ella sonrió, y me dijo "¡Metámonos ambos en el curso!"
Me pareció una buena idea. Nos despertaríamos temprano los domingos, desayunaríamos rico en algún sitio, y luego empezaríamos clases a las 9:00. Terminaríamos a mediodía, e iríamos directo a almorzar con mis padres. Encajaba.
El problema fue que la novia abandonó el curso luego del segundo mes. Chesssss....
Yo continué. Ese primer semestre del 2017 fue muy duro, ya que además del curso los domingos, tuve que dar clases los sábado. Esa es una historia espantosa cuyos detalles no les puedo contar. Pero nada, seguí con el curso hasta julio, y luego nos fuimos de viaje.
Al volver, decidí terminar el curso dominical. Básicamente implicaba estudiar un mes más, hasta fin de agosto, así que me dije "¿Por qué no?"
Al terminar el curso, me dieron mi diplomita. No obstante, la profesora me dijo que ese diploma realmente no valía nada, ya que en el curso no me habían enseñado nada de kanjis (una de las tres formas de escribir japonés) y casi no habíamos tenido conversación. Me sugirió que intentara dar el examen internacional, el Noryu Shiken, en su nivel más bajo, el N5. El examen sería en diciembre. Me comentó que en setiembre empezaba un curso preparatorio, y que si yo estudiaba kanjis por mi cuenta, tenía chances de pasar el examen.
Así que eso hice. Esta vez el curso preparatorio tenía un horario más razonable, era martes y jueves, de 18:15 a 20:15 (con un error memorístico de ± 15 min). Y nada, junto con un app bastante bueno (Mirai Japanese), logré prepararme lo suficiente, y di el N5 en diciembre. Unos meses después, me enteré que efectivamente pasé el examen, así que todo bien.
Pero no podría quedarme tranquilo. Porque bueno, ya me conocen, saben que yo siempre busco problemas. En enero de este año, me di cuenta que me había olvidado todo mi japonés. Durante el N5, parece que había regurgitado todo lo aprendido. Vamos, como cuando uno se paporretea los ríos del Perú para el examen de Geografía en sexto de primaria, y luego del examen ya no recuerda nada. Y no sólo eso, como en los exámenes internacionales no hay una prueba de conversación, esa parte de mi conocimiento estaba en cero.
Estuve rumiando esto por unos días. Y no pude conmigo mismo: tenía que mejorar mi nivel. Me tenía que meter en clases regulares, y consolidar mi conocimiento del idioma. El nuevo objetivo sería pasar el N4, en diciembre del 2018, y ser capaz de tener una conversación básica.
El problema es que los horarios en la APJ no habían cambiado. Mi única opción era el curso diario, a las 7:00 am. Ningún curso interdiario era compatible con mi horario de trabajo. Así que ni modo.
Y así estoy. Me levanto todos los días a las 5:30, me ducho, desayuno brevemente, y salgo en bus a la APJ. Luego de las clases, llego a la PUCP a las 9:00, y sigo ahí normalmente hasta las 19:00. ¡Una locura!
¡A ver si llego a diciembre!
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miércoles, 31 de enero de 2018
Perdiendo Práctica
Creo que al estar ahora fijo en Perú, el tema de los viajes ya no me es tan natural. En el pasado, con tanta vuelta que tenía que dar, terminaba conociendo las tácticas secretas de cada aeropuerto que frecuentaba. Trasladarme dentro de las ciudades nuevas tampoco era complicado, y normalmente terminaba resolviendo cualquier issue en poco tiempo. Aquellos días en donde Porca Padova ofrecía sus servicios estaban ya lejos.
Luego de mi último viaje a Valparaíso, me da la impresión de que estoy perdiendo práctica.
Primero el aeropuerto en Lima. Luego de la conferencia en Valparaíso, me quedaría un fin de semana donde los Millner, así que sería apropiado llevarles algo. No obstante, por esas cosas de la vida, llegué al aeropuerto con las manos vacías. Pero no me preocupé, hice mi check-in, y me fui a mirar las tiendas.
Lo primero que busqué, por supuesto, fue pisco. Claro, estando los pobres Millner en Chile, lo primero que necesitarían sería un buen pisco. Y para suerte de ellos, en Chile sí permiten el ingreso de pisco peruano (a diferencia de otro país idiota que no hace lo mismo con el chileno). Me paseé por la tienda, y me sorprendió encontrar solamente botellas pequeñas de pisco.
"Es que las botellas grandes no pasan por aduanas," me dijo la asistenta. Por supuesto. Primer indicio de mi falta de práctica. Nada de líquidos al hacer la emigración. Me sentí súper bestia, pero bueno, ni modo, les compré chocolates de pisco y lúcuma.
Luego de pasar por aduanas, me volví a sentir súper bestia. Por supuesto, luego de aduanas viene el Duty Free y, siempre y cuando uno no viaje a Gringolandia, uno puede comprar todo el líquido que quiera. Ya pues, compré una botella de pisco nomas, ya decidiría qué hacer con los chocolates más adelante.
Porque claramente no me los iba a comer, gracias otra vez, C.
La tercera evidencia de mi falta de práctica se dio al llegar a Santiago. Habiendo recogido mi maleta, me dirigí a la terminal de bus de Pajaritos, para luego subir al bus a Valparaíso.
Ahora bien, en ese momento tenía en mis manos la maletota, la mochila con la laptop, y la bolsa con los chocolates y el pisco. Maniobrar era complicado. Cualquier ser pensante abriría la maletota para guardar la bolsa y ser libre, pero recordemos que quien les escribe a veces pierde dicha condición. Mi bestialidad llegó al límite en el stands de hot dogs, una vez que me vi obligado a lidiar con maleta, mochila, bolsa, billetera y hot dog, perdí el control de todos estos objetos. El resultado: un repugnante chicle verde pegado a la bolsa. ¡Por suerte no se pegó al hot dog!
Ni aún así atiné a meter las botellas y chocolates en la maleta: terminé llevándome el chicle hasta Valparaíso. A veces me recuerdo, y no me entiendo.
Llegué a Valparaíso tarde, casi a las 10 de la noche. Cansado de tanta vuelta, decidí tomar el primer taxi que encontrara. Decidí seguir el viejo refrán, "cuando estés en Roma, has lo que hacen los romanos" (que fuera de contexto podría interpretase como acosar sexualmente a las extranjeras). En este caso, buscar a un chileno en necesidad de taxi, y observar qué hacía.
Lamentablemente, el chileno que escogí no tenía la más remota idea de cómo encontrar taxis. Y terminé parado en la calle por bastantes minutos, viendo cómo el chileno observaba al tráfico.
Abandonando a mi guía, le pregunté a un tipo que andaba por ahí, y me mandó a caminar un poco. Volví a preguntar, y me mandaron a caminar aún más. Seguí y seguí (siempre con mi maletota, mochila, bolsa y chicle), hasta que en eso me topé con una cabina tipo teléfono londinense, que decía "Taxi."
Lamentablemente, no había ningún taxi alrededor y, a diferencia de sus análogos londinenses, tampoco encontré un teléfono adentro. Mi única opción era parar a un transeúnte arbitrario y pedirle que me deje usar su Uber. Cha mare...
Pero nada. Estaba ya por perder las esperanzas cuando en eso un auto, con toda la pinta de ser un taxi ilegal, frenó en seco y ofreció llevarme. Luego me enteré que sí era un taxi ilegal, que los taxis en Chile tienen taxímetros, pero bueno, ¿qué iba a hacer?
A partir de entonces, todo en Valparaíso salió muy bien. La conferencia estuvo excelente, y vi a muchos amigos antiguos. La ciudad es preciosa, también, no se la pueden perder si están por la zona. Aunque, bueno, lamentablemente.... no puedo recomendar el pisco sour. Ya pues, ¿qué querían que hiciera?
Luego de mi último viaje a Valparaíso, me da la impresión de que estoy perdiendo práctica.
Primero el aeropuerto en Lima. Luego de la conferencia en Valparaíso, me quedaría un fin de semana donde los Millner, así que sería apropiado llevarles algo. No obstante, por esas cosas de la vida, llegué al aeropuerto con las manos vacías. Pero no me preocupé, hice mi check-in, y me fui a mirar las tiendas.
Lo primero que busqué, por supuesto, fue pisco. Claro, estando los pobres Millner en Chile, lo primero que necesitarían sería un buen pisco. Y para suerte de ellos, en Chile sí permiten el ingreso de pisco peruano (a diferencia de otro país idiota que no hace lo mismo con el chileno). Me paseé por la tienda, y me sorprendió encontrar solamente botellas pequeñas de pisco.
"Es que las botellas grandes no pasan por aduanas," me dijo la asistenta. Por supuesto. Primer indicio de mi falta de práctica. Nada de líquidos al hacer la emigración. Me sentí súper bestia, pero bueno, ni modo, les compré chocolates de pisco y lúcuma.
Luego de pasar por aduanas, me volví a sentir súper bestia. Por supuesto, luego de aduanas viene el Duty Free y, siempre y cuando uno no viaje a Gringolandia, uno puede comprar todo el líquido que quiera. Ya pues, compré una botella de pisco nomas, ya decidiría qué hacer con los chocolates más adelante.
Porque claramente no me los iba a comer, gracias otra vez, C.
La tercera evidencia de mi falta de práctica se dio al llegar a Santiago. Habiendo recogido mi maleta, me dirigí a la terminal de bus de Pajaritos, para luego subir al bus a Valparaíso.
Ahora bien, en ese momento tenía en mis manos la maletota, la mochila con la laptop, y la bolsa con los chocolates y el pisco. Maniobrar era complicado. Cualquier ser pensante abriría la maletota para guardar la bolsa y ser libre, pero recordemos que quien les escribe a veces pierde dicha condición. Mi bestialidad llegó al límite en el stands de hot dogs, una vez que me vi obligado a lidiar con maleta, mochila, bolsa, billetera y hot dog, perdí el control de todos estos objetos. El resultado: un repugnante chicle verde pegado a la bolsa. ¡Por suerte no se pegó al hot dog!
Ni aún así atiné a meter las botellas y chocolates en la maleta: terminé llevándome el chicle hasta Valparaíso. A veces me recuerdo, y no me entiendo.
Llegué a Valparaíso tarde, casi a las 10 de la noche. Cansado de tanta vuelta, decidí tomar el primer taxi que encontrara. Decidí seguir el viejo refrán, "cuando estés en Roma, has lo que hacen los romanos" (que fuera de contexto podría interpretase como acosar sexualmente a las extranjeras). En este caso, buscar a un chileno en necesidad de taxi, y observar qué hacía.
Lamentablemente, el chileno que escogí no tenía la más remota idea de cómo encontrar taxis. Y terminé parado en la calle por bastantes minutos, viendo cómo el chileno observaba al tráfico.
Abandonando a mi guía, le pregunté a un tipo que andaba por ahí, y me mandó a caminar un poco. Volví a preguntar, y me mandaron a caminar aún más. Seguí y seguí (siempre con mi maletota, mochila, bolsa y chicle), hasta que en eso me topé con una cabina tipo teléfono londinense, que decía "Taxi."
Lamentablemente, no había ningún taxi alrededor y, a diferencia de sus análogos londinenses, tampoco encontré un teléfono adentro. Mi única opción era parar a un transeúnte arbitrario y pedirle que me deje usar su Uber. Cha mare...
Pero nada. Estaba ya por perder las esperanzas cuando en eso un auto, con toda la pinta de ser un taxi ilegal, frenó en seco y ofreció llevarme. Luego me enteré que sí era un taxi ilegal, que los taxis en Chile tienen taxímetros, pero bueno, ¿qué iba a hacer?A partir de entonces, todo en Valparaíso salió muy bien. La conferencia estuvo excelente, y vi a muchos amigos antiguos. La ciudad es preciosa, también, no se la pueden perder si están por la zona. Aunque, bueno, lamentablemente.... no puedo recomendar el pisco sour. Ya pues, ¿qué querían que hiciera?
viernes, 1 de septiembre de 2017
Superposición
Su amigo Paolo le contó de la existencia de un servicio de citas nuevo, que se llevaban a cabo en absoluta oscuridad. La idea era concentrarse en la personalidad de la otra persona, más allá del físico. Sólo al final de la cita se veían las caras. A Bruno le pareció una idea interesante, y se inscribió.
Su primera cita fue con Clara, una estadounidense de Dakota del Sur. Resultó ser una chica paciente y meticulosa. La cita salió bien, tanto así que Clara, al salir, le dijo que estaba contenta de haber salido con él, que su cita anterior había sido muy creepy.
A Bruno le invadió la curiosidad, y le preguntó al respecto. Clara le dijo que en su primera cita se vió con Emilio, un chico de personalidad solar, amante de productos electrónicos, que parecía ser una persona muy estable. Pero por alguna razón, durante la conversación Emilio se distraía bastante. A Bruno le quedó grabada una frase: "Era como si hubiera participado sólo en el 30% de la cita, el resto del tiempo estuvo ausente."
Pasaron unos días, y Bruno siguió yendo a este sistema de citas. Pero volvió a escuchar de Emilio. Samantha, una rusa del Cáucaso, y Gialla, una italiana del Abruzzo, ambas le contaron a Bruno sobre sus citas con Emilio. Y usaron frases muy parecidas: solar, amante de electrónica, estable... y ausente.
La historia adquirió un matiz distinto luego de una cita con una japonesa, Kimiko, de la prefectura de Gifu. Habiendo escuchado ya tres veces de Emilio, Bruno no se aguantó, y le preguntó a Kimiko si alguna vez había salido con un chico que se distraía durante la conversación, que no estaba siempre presente. Y Kimiko le respondió que sí... que le había pasado dos veces.
La primera persona era efectivamente Emilio. Pero Kimiko le contó también sobre Murdoch. Era una persona con mucha energía, con una conversación que parecía penetrar dentro de uno, y con una extraña preocupación sobre el vivir demasiado tiempo. O por lo menos eso le entendió Bruno a Kimiko. Este Murdoch también se distraía, y la mitad del tiempo parecía no estar ahí.
Peor aún. Durante una cita con Octavia, una amiga de Gialla, esta le comentó que coordinó una cita con el Murdoch de Kimiko, pero que fue otra persona quien acudió a la cita. Fue un chico que decía llamarse Toribio, que llegó a la cita con lo que parecía ser una bolsa de donuts. Era muy pesado, y las poquísimas veces que habló, sólo mencionó su afición por la ópera. A Octavia le pareció una pérdida de tiempo.
Bruno estaba intrigado. Emilio, Murdoch y Toribio. Tres personas con personalidades muy distintas, pero compartiendo una misma característica extraña: no estar ahí el 100% del tiempo.
La curiosidad fue tan grande, que Bruno terminó contándole la historia a Sonia, una amiga canadiense, de Ontario. Ella, que era muy inteligente, decidió encontrarse con Emilio directamente.
Luego de la cita, Sonia se reunió con Bruno. Le contó que, efectivamente, había visto a Emilio. Y sí, que era una persona solar, que le gustaba la electrónica, con personalidad estable... y que no estaba siempre ahí.
A Bruno esto no le sorprendió en absoluto, y fue entonces que Sonia le guiñó el ojo. "Rompí un regla," dijo, mientras sacaba una grabadora de su bolsillo. En ella, Sonia había registrado toda la conversación.
Al reproducirla, Bruno escuchó por primera vez la voz de Emilio. Efectivamente, la descripción que siempre le habían contado era consistente con lo que oía. Y sí, de vez en cuando la voz de Emilio se apagaba, por periodos prolongados. Fue entonces que Sonia le dijo que había más.
Sin dejar de mirar a Bruno en los ojos, Sonia subió el volumen de la grabadora. Considerablemente. Y entonces, al reproducir la grabación nuevamente, Bruno escuchó que, cuando Emilio callaba, nuevas voces surgían en el fondo. Voces que el oído humano no es normalmente capaz de percibir, pero que la grabadora de Sonia había captado.
Había dos voces en el fondo. La primera era enérgica, que parecía penetrar dentro de uno... y que hablaba bastante sobre la extensión de la vida. Mientras que la segunda voz parecía que tenía comida en la boca, y hablaba sobre ópera.
Bruno casi se cae de la silla. Murdoch. Y Toribio. Ambos presentes, hablando con la voz de Emilio, cada vez que éste callaba.
Pero, ¿cómo? ¿Un caso de múltiples personalidades? Pero, ¿por qué en un caso era Emilio el audible, mientras que en otros era Murdoch o Toribio? "Me deberías dar un premio," le dijo Sonia, sonriendo.
Bruno se reunió nuevamente con sus anteriores citas, con Clara, Samantha, Gialla, Kimiko y Octavia. Les contó lo que había hallado, y les reprodujo la grabación de Sonia. Las mujeres quedaron espantadas.
"¡Qué lástima que se dé esta situación tan rara!" dijo Gialla, "¡con lo guapo que era Emilio!"
Samantha le sonrió. "Te gustan los rubios gorditos."
Clara y Gialla se sorprendieron. "Emilio no era rubio, ni gordo," respondió Gialla.
Clara se unió. "En absoluto, Emilio era moreno, y súper atlético."
Fue entonces que Gialla se sorprendió con lo que dijo Clara. "Pero, ¿están locas? Emilio no es rubio, no gordo, ni moreno, no atlético. Emilio tiene rasgos asiáticos, y es flaquito."
"No, ese es Murdoch," dijo entonces Kimiko. "Emilio es el rubio gordito."
"No, no, el rubio gordito es Toribio," respondió Octavia.
Fue entonces que todos se quedaron en silencio, mirándose.
No era una persona con tres personalidades. Se trataba de tres personas, que compartían tres personalidades.
Bruno, que era psicólogo, pensó que esta historia era fascinante. Registró el testimonio de todas estas personas, y escribió varios papers académicos al respecto. Años después, se confirmó que lo que había observado Bruno era un nuevo trastorno psicológico, que terminó llamándose Osciloneutrinisis.
Lamentablemente, para ese momento Bruno ya había muerto, y nunca fue capaz de recibir el premio Nobel que merecía.
***
¿A qué va esta historia? A que la semana pasada vino a Lima Javi Santaollala, a quien conocí en Ginebra. Javi me invitó a acompañarlo a un evento en el Campo de Marte, donde estuvimos respondiendo preguntas sobre ciencia a unas 100 - 150 personas.
La cosa es que una persona había leído mi post anterior, y me pidió que le explicara la oscilación de neutrinos. Y no le respondí, ya que sólo se permitía una pregunta por persona, y esta ya había hecho una pregunta antes.
Así que nada, este post es la respuesta. ¿Cuela o no cuela?
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sábado, 19 de agosto de 2017
Preguntándole a Wolfram
Esta semana, Stephen Wolfram ha estado en Lima. Sabiendo que daría una charla en la PUCP, le comenté a Francisco (quien estaba encargado de pasearlo por Lima) que si a Wolfram le interesaba conocer la Sección Física antes de su charla, yo podía organizar un tour.
La visita a Física fue fugaz, pero llegó a ver varios laboratorios, y conversar brevemente con varios profesores. Al haber organizado el tour, me reservaron un asiento en segunda fila durante su charla.
La charla fue muy buena, pero algo que dijo me incomodó. Dijo que era probable que estuviéramos en una época de cambio de paradigma. Que actualmente, para resolver un problema, buscamos una ecuación o fórmula que describa la situación, pero que en un futuro cercano serían procesos computacionales aquellos que resolverían dichos problemas. Algo en la mente me decía que había un problema ahí, pero no lograba identificar qué era.
Wolfram, durante su charla, dio un ejemplo de esto. Ya no me acuerdo qué era exactamente el problema que resolvió, pero en un momento dijo algo como: "Luego de obtener la respuesta, podemos pedirle al programa que nos muestre los pasos intermedios. Y al hacerlo, vemos que no nos es posible comprenderlos. Eso es porque nosotros humanos armamos historias con estos pasos, y la computadora no lo hace. Por ejemplo, en algún lugar de este procedimiento, podría aparecer el Teorema de Gauss, pero 'Teorema de Gauss' es una historia que construimos nosotros, la computadora no."
O algo por el estilo.
Poco a poco, me fui dando cuenta qué era lo que me incomodaba. Y el punto es que, en física, muchas veces uno aprende más con los pasos intermedios. Se encuentran estructuras que sirven para resolver el problema, y uno se pregunta si podrían ser generalizadas. O se da cuenta que dichas estructuras responden automáticamente una categoría entera de problemas relacionados.
Entonces, si al resolver el problema no tenemos acceso a los pasos intermedios, perderíamos muchísima información. Si una computadora eventualmente será capaz de reemplazar las fórmulas, entonces debe ser capaz de armar "historias." Y esto a la vez probablemente sería crucial para crear conciencia artificial.
Pues le tenía que preguntar qué opinaba al respecto. Ahora bien, para el momento en que me di cuenta qué era lo que me incomodaba, y había llegado a formular verbalmente lo que les he contado arriba, la charla ya había acabado, y estábamos al final de la ronda de preguntas. Levanté la mano rápidamente.
Lamentablemente, otro tipo me ganó. Era un tipo que llevaba un polo de Google, y su gran pregunta fue "¿Cuándo le vas a vender tu compañía a Google?"
Cha mare. Qué desperdicio.
Luego de ello, se cerró la charla. Wolfram estaba dispuesto a hablar con gente luego, pero la gran multitud alrededor suyo impidió que me acercara. Esperé casi una hora hasta que la gente empezó a irse, y poco a poco me acerque.
Eventualmente, llegué a su lado. Estaba respondiendo una pregunta sobre una forma distinta de programar, y cómo armar una empresa con ello. Me preparé para lanzarle mi pregunta apenas terminara. Pero en eso, apareció Francisco, trayendo consigo a Cougar (no quieren saber quién es Cougar). Y justo antes de que yo pudiera preguntarle nada a Wolfram, Francisco entró, le presentó a Cougar, y la conversación entonces derivó a su compañía, al desarrollo de software, y tal.
Maldito Cougar.
Me aburrí de esperar. Me moría de hambre, y sabía que Pepe quería irse, e íbamos a compartir el taxi de vuelta. Así que eso, no pregunté nada.
Al día siguiente, me llamó Francisco, y me dijo que estaban organizando una cena con Wolfram. Y bueno, como yo había organizado el tour en Física, pues que sería bacán que yo fuera también. Así que nada, cancelé mis planes, y me fui a la cena.
En la cena hubo mucha, pero mucha gente, todos con la misma intención: preguntarle cosas a Wolfram. Esperé mi turno, poco a poco me fui acercando, y eventualmente llegué a estar a su lado, otra vez. Coincidí con un tipo, referido como "El de la Cayetano." Pero esta vez yo pregunté primero.
Le conté mis dudas. Le mencioné la cromodinámica cuántica (QCD), donde no se ha demostrado analíticamente que la interacción fuerte sea capaz de producir confinamiento entre los quarks. Le mencioné la técnica computacional de lattice, donde usando reglas de QCD tengo entendido que se generan estados ligados, sugiriendo que el confinamiento está incluido de alguna manera. Pero como lattice es computacional, y no se generan "historias" intermedias, no se obtiene información sobre el confinamiento.
A Wolfram le pareció interesante la pregunta. Creo. Pero antes de que me respondiera, empezó a divagar un poco, y en un momento la fuerza de la gravedad fue mencionada...
... y en ese momento "El de la Cayetano" metió la cuchara.
"Hablando de gravedad," dijo campantemente, "me gustaría saber si alguna vez había pensado lo siguiente: si tengo un reloj, y le doy cuerda, ¿aumenta la masa del reloj?"
Hubo unos diez segundos de silencio.
Y luego Wolfram, que no es mala persona, intentó responder a semejante disparate, y el tema de la conversación se fue a otro lado.
Maldito, maldito "El de la Cayetano." Lo odié desde el fondo de mi alma.
Ya no tenía sentido seguir insistiendo. Vi a Pablo, que estaba en la cola para hacer preguntas, y le cedí mi sitio. La vida podía continuar sin que me resolvieran mis dudas.
Anyway. ¿Alguien quiere saber algo sobre oscilaciones de neutrinos?
La visita a Física fue fugaz, pero llegó a ver varios laboratorios, y conversar brevemente con varios profesores. Al haber organizado el tour, me reservaron un asiento en segunda fila durante su charla.
La charla fue muy buena, pero algo que dijo me incomodó. Dijo que era probable que estuviéramos en una época de cambio de paradigma. Que actualmente, para resolver un problema, buscamos una ecuación o fórmula que describa la situación, pero que en un futuro cercano serían procesos computacionales aquellos que resolverían dichos problemas. Algo en la mente me decía que había un problema ahí, pero no lograba identificar qué era.
Wolfram, durante su charla, dio un ejemplo de esto. Ya no me acuerdo qué era exactamente el problema que resolvió, pero en un momento dijo algo como: "Luego de obtener la respuesta, podemos pedirle al programa que nos muestre los pasos intermedios. Y al hacerlo, vemos que no nos es posible comprenderlos. Eso es porque nosotros humanos armamos historias con estos pasos, y la computadora no lo hace. Por ejemplo, en algún lugar de este procedimiento, podría aparecer el Teorema de Gauss, pero 'Teorema de Gauss' es una historia que construimos nosotros, la computadora no."
O algo por el estilo.
Poco a poco, me fui dando cuenta qué era lo que me incomodaba. Y el punto es que, en física, muchas veces uno aprende más con los pasos intermedios. Se encuentran estructuras que sirven para resolver el problema, y uno se pregunta si podrían ser generalizadas. O se da cuenta que dichas estructuras responden automáticamente una categoría entera de problemas relacionados.
Entonces, si al resolver el problema no tenemos acceso a los pasos intermedios, perderíamos muchísima información. Si una computadora eventualmente será capaz de reemplazar las fórmulas, entonces debe ser capaz de armar "historias." Y esto a la vez probablemente sería crucial para crear conciencia artificial.
Pues le tenía que preguntar qué opinaba al respecto. Ahora bien, para el momento en que me di cuenta qué era lo que me incomodaba, y había llegado a formular verbalmente lo que les he contado arriba, la charla ya había acabado, y estábamos al final de la ronda de preguntas. Levanté la mano rápidamente.
Lamentablemente, otro tipo me ganó. Era un tipo que llevaba un polo de Google, y su gran pregunta fue "¿Cuándo le vas a vender tu compañía a Google?"
Cha mare. Qué desperdicio.
Luego de ello, se cerró la charla. Wolfram estaba dispuesto a hablar con gente luego, pero la gran multitud alrededor suyo impidió que me acercara. Esperé casi una hora hasta que la gente empezó a irse, y poco a poco me acerque.
Eventualmente, llegué a su lado. Estaba respondiendo una pregunta sobre una forma distinta de programar, y cómo armar una empresa con ello. Me preparé para lanzarle mi pregunta apenas terminara. Pero en eso, apareció Francisco, trayendo consigo a Cougar (no quieren saber quién es Cougar). Y justo antes de que yo pudiera preguntarle nada a Wolfram, Francisco entró, le presentó a Cougar, y la conversación entonces derivó a su compañía, al desarrollo de software, y tal.
Maldito Cougar.
Me aburrí de esperar. Me moría de hambre, y sabía que Pepe quería irse, e íbamos a compartir el taxi de vuelta. Así que eso, no pregunté nada.
Al día siguiente, me llamó Francisco, y me dijo que estaban organizando una cena con Wolfram. Y bueno, como yo había organizado el tour en Física, pues que sería bacán que yo fuera también. Así que nada, cancelé mis planes, y me fui a la cena.
En la cena hubo mucha, pero mucha gente, todos con la misma intención: preguntarle cosas a Wolfram. Esperé mi turno, poco a poco me fui acercando, y eventualmente llegué a estar a su lado, otra vez. Coincidí con un tipo, referido como "El de la Cayetano." Pero esta vez yo pregunté primero.
Le conté mis dudas. Le mencioné la cromodinámica cuántica (QCD), donde no se ha demostrado analíticamente que la interacción fuerte sea capaz de producir confinamiento entre los quarks. Le mencioné la técnica computacional de lattice, donde usando reglas de QCD tengo entendido que se generan estados ligados, sugiriendo que el confinamiento está incluido de alguna manera. Pero como lattice es computacional, y no se generan "historias" intermedias, no se obtiene información sobre el confinamiento.
A Wolfram le pareció interesante la pregunta. Creo. Pero antes de que me respondiera, empezó a divagar un poco, y en un momento la fuerza de la gravedad fue mencionada...
... y en ese momento "El de la Cayetano" metió la cuchara.
"Hablando de gravedad," dijo campantemente, "me gustaría saber si alguna vez había pensado lo siguiente: si tengo un reloj, y le doy cuerda, ¿aumenta la masa del reloj?"
Hubo unos diez segundos de silencio.
Y luego Wolfram, que no es mala persona, intentó responder a semejante disparate, y el tema de la conversación se fue a otro lado.
Maldito, maldito "El de la Cayetano." Lo odié desde el fondo de mi alma.
Ya no tenía sentido seguir insistiendo. Vi a Pablo, que estaba en la cola para hacer preguntas, y le cedí mi sitio. La vida podía continuar sin que me resolvieran mis dudas.
Anyway. ¿Alguien quiere saber algo sobre oscilaciones de neutrinos?
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lunes, 31 de julio de 2017
Otra vez en Japón
A lo largo de mi vida, mis padres me han apoyado muchísimo. Así que bueno, se me ocurrió que una forma de agradecerles era invitándolos a un viaje. Y no a cualquier sitio, no señor, yo quería invitarlos a Japón.
Afortunadamente, mis ahorros me lo permitían. Así que listo, planifiqué dos semanas en Japón, quedándonos principalmente en Tokyo y Kyoto. No sólo eso, conseguí también el Rail Pass, así que, desde Kyoto, planeamos viajes de un día a Himeji, Nagoya, Hiroshima, Osaka y Nara. Y desde Tokio, lo mismo, un viajecito a Kamakura.
Y por supuesto, salió bastante bien. La novia no se podía quedar atrás, desde luego, así que decidió acompañarnos. Fue un viaje bonito, además de las ciudades mencionadas logramos ir a una función de Kabuki, a un torneo de Sumo, y a un acuario casi tan bacán como el de Valencia. Y claro, me encontré con Yoko y La Chibi-Ninja en Tokyo, mientras que en Kyoto me reuní con Takashi y Satoru. Fantástico.
Ahora bien, acá en Lima cuando cuento cosas agradables de mis viajes me dicen que estoy alardeando, así que vamos a contar las cosas que salieron mal. Y seamos sinceros, ese es el tipo de historia que más les gusta, ¿o me equivoco?
Lo primero fue el hospedaje. Resulta que como profesor universitario mi presupuesto tampoco podía ser demasiado grande, así que escogí cierto tipo de hoteles, algo más económicos que el Marriot. Sabía ya que estos hoteles serían algo pequeños, y advertí a todo el mundo que no tendrían mucho espacio dentro de las habitaciones. Pero en principio eso no sería problema, ya que la idea era usar los hoteles para dormir, nada más.
Nuestra sorpresa fue grande al descubrir que estos hoteles, al ser económicos, se ahorraban ciertas cosas. Y a pesar de que en cada habitación había una cama súper cómoda, y televisión gigante, y aire acondicionado, y water-con-chorro-de-agua-que-te-limpia-el-poto, una cosa muy importante faltaba siempre: un armario, o clóset, dónde guardar la ropa.
Por supuesto, ni yo ni la novia tuvimos problemas serios con esto... ¿pero imaginan a mi madre sin un armario? Casi se vuelve a Lima.
La verdad es que no nos quedó muy claro por qué no habían armarios. Lo primero que pensamos es que eran hoteles para businessmen, gente que estaría ahí una noche y nada más. Pero no, familias enteras se hospedaban ahí. ¿Dónde metían la ropa? ¿No las sacaban nunca de las maletas?
Pero mi estrategia funcionó. Como mis padres no estaban 100% cómodos con las habitaciones, siempre querían salir. Así que los hice caminar. Y caminamos mucho, al punto que el relojito llegó un día a contar 20 000 pasos.
Por supuesto, después de una semana sin parar, mis padres me pidieron un descanso. Pensando qué hacer, decidimos cambiar el viaje inicial a Kanazawa, por uno a Hiroshima, que quedaba más lejos. De esta manera, estaríamos forzados a estar sentados en el tren por cuatro horas, y recuperaríamos fuerzas para las visitas futuras.
Ahora bien, estando en el Memorial de la Paz de Hiroshima, unos estudiantes se acercaron a mi papá para entrevistarlo. Estaban estudiando inglés, y querían usar la entrevista para practicar. Le preguntaron qué pensaba de la situación mundial en estos momentos, qué significaba "paz" para él, y cosas así. Pero en eso le preguntaron "¿Y por qué viniste a Hiroshima el día de hoy?"
Nos miramos entre nosotros fijamente. Y mi papá les mintió.
Claro pues. ¿Cómo íbamos a decirles que usamos el viaje como una excusa para estar sentados por cuatro horas en un tren?
Y bueno, el viaje tuvo mil anécdotas. Por ejemplo, cómo la novia era igual de capaz que yo comunicándose con los japoneses, a pesar de que yo he estado siguiendo clases por seis meses, y ella sólo tres. Resulta que a los japoneses les bastan los keywords, y uno obtiene el mismo resultado diciendo Koko wa tabako wo suu koto ga dekimasu ka que simplemente Tabako?
Ya ustedes pueden averiguar qué cazzo he querido decir ahí. Pero era una frase muy importante para mi mamá.
La penúltima noche, nos reunimos con Yoko y La Chibi-Ninja. Esta última había reservado una mesa en una terraza, con vista al Sumidagawa y al Tokyo Skytree. Fenomenomenal. Lamentablemente, ellas tuvieron que irse temprano, ya que el metro cerraba. Nos dejaron dinero para pagar la cuenta, nos abrazamos, y la novia y yo nos quedamos un rato más, acabando la botella de vino.
Cuando estábamos por acabar, pedimos la cuenta. Cuando llegó, casi nos tiramos por la ventana: salió a 17 mil yen (como ciento cincuenta dólares). Sabíamos que el sitio era caro, pero lo que nadie sabía era que cobraban entrada. Y oh sorpresa, no nos alcanzaba la plata, y oh sorpresa, no aceptaban tarjeta de crédito.
Así que nada. La novia se quedó de rehén, mandando miradas fulminantes a quien se le acercara (sabemos que ahora tiene por lo menos una enemiga más). Yo, mientras tanto, me fui con una mesera a un 7-eleven, a sacar plata. Qué roche. Pero bueno, por lo menos logré practicar mi japonés un poquito, y ahora tengo una amiga más.
Y eso. Regresamos ayer. Y estamos agotados. Y me estoy quedando dormido mientras escribo esto. ¡Pero creo que salió bien!
Hablamos.
Afortunadamente, mis ahorros me lo permitían. Así que listo, planifiqué dos semanas en Japón, quedándonos principalmente en Tokyo y Kyoto. No sólo eso, conseguí también el Rail Pass, así que, desde Kyoto, planeamos viajes de un día a Himeji, Nagoya, Hiroshima, Osaka y Nara. Y desde Tokio, lo mismo, un viajecito a Kamakura.
Y por supuesto, salió bastante bien. La novia no se podía quedar atrás, desde luego, así que decidió acompañarnos. Fue un viaje bonito, además de las ciudades mencionadas logramos ir a una función de Kabuki, a un torneo de Sumo, y a un acuario casi tan bacán como el de Valencia. Y claro, me encontré con Yoko y La Chibi-Ninja en Tokyo, mientras que en Kyoto me reuní con Takashi y Satoru. Fantástico.
Ahora bien, acá en Lima cuando cuento cosas agradables de mis viajes me dicen que estoy alardeando, así que vamos a contar las cosas que salieron mal. Y seamos sinceros, ese es el tipo de historia que más les gusta, ¿o me equivoco?
Lo primero fue el hospedaje. Resulta que como profesor universitario mi presupuesto tampoco podía ser demasiado grande, así que escogí cierto tipo de hoteles, algo más económicos que el Marriot. Sabía ya que estos hoteles serían algo pequeños, y advertí a todo el mundo que no tendrían mucho espacio dentro de las habitaciones. Pero en principio eso no sería problema, ya que la idea era usar los hoteles para dormir, nada más.
Nuestra sorpresa fue grande al descubrir que estos hoteles, al ser económicos, se ahorraban ciertas cosas. Y a pesar de que en cada habitación había una cama súper cómoda, y televisión gigante, y aire acondicionado, y water-con-chorro-de-agua-que-te-limpia-el-poto, una cosa muy importante faltaba siempre: un armario, o clóset, dónde guardar la ropa.
Por supuesto, ni yo ni la novia tuvimos problemas serios con esto... ¿pero imaginan a mi madre sin un armario? Casi se vuelve a Lima.
La verdad es que no nos quedó muy claro por qué no habían armarios. Lo primero que pensamos es que eran hoteles para businessmen, gente que estaría ahí una noche y nada más. Pero no, familias enteras se hospedaban ahí. ¿Dónde metían la ropa? ¿No las sacaban nunca de las maletas?
Pero mi estrategia funcionó. Como mis padres no estaban 100% cómodos con las habitaciones, siempre querían salir. Así que los hice caminar. Y caminamos mucho, al punto que el relojito llegó un día a contar 20 000 pasos.
Por supuesto, después de una semana sin parar, mis padres me pidieron un descanso. Pensando qué hacer, decidimos cambiar el viaje inicial a Kanazawa, por uno a Hiroshima, que quedaba más lejos. De esta manera, estaríamos forzados a estar sentados en el tren por cuatro horas, y recuperaríamos fuerzas para las visitas futuras.
Ahora bien, estando en el Memorial de la Paz de Hiroshima, unos estudiantes se acercaron a mi papá para entrevistarlo. Estaban estudiando inglés, y querían usar la entrevista para practicar. Le preguntaron qué pensaba de la situación mundial en estos momentos, qué significaba "paz" para él, y cosas así. Pero en eso le preguntaron "¿Y por qué viniste a Hiroshima el día de hoy?"
Nos miramos entre nosotros fijamente. Y mi papá les mintió.
Claro pues. ¿Cómo íbamos a decirles que usamos el viaje como una excusa para estar sentados por cuatro horas en un tren?
Y bueno, el viaje tuvo mil anécdotas. Por ejemplo, cómo la novia era igual de capaz que yo comunicándose con los japoneses, a pesar de que yo he estado siguiendo clases por seis meses, y ella sólo tres. Resulta que a los japoneses les bastan los keywords, y uno obtiene el mismo resultado diciendo Koko wa tabako wo suu koto ga dekimasu ka que simplemente Tabako?
Ya ustedes pueden averiguar qué cazzo he querido decir ahí. Pero era una frase muy importante para mi mamá.
La penúltima noche, nos reunimos con Yoko y La Chibi-Ninja. Esta última había reservado una mesa en una terraza, con vista al Sumidagawa y al Tokyo Skytree. Fenomenomenal. Lamentablemente, ellas tuvieron que irse temprano, ya que el metro cerraba. Nos dejaron dinero para pagar la cuenta, nos abrazamos, y la novia y yo nos quedamos un rato más, acabando la botella de vino.
Cuando estábamos por acabar, pedimos la cuenta. Cuando llegó, casi nos tiramos por la ventana: salió a 17 mil yen (como ciento cincuenta dólares). Sabíamos que el sitio era caro, pero lo que nadie sabía era que cobraban entrada. Y oh sorpresa, no nos alcanzaba la plata, y oh sorpresa, no aceptaban tarjeta de crédito.
Así que nada. La novia se quedó de rehén, mandando miradas fulminantes a quien se le acercara (sabemos que ahora tiene por lo menos una enemiga más). Yo, mientras tanto, me fui con una mesera a un 7-eleven, a sacar plata. Qué roche. Pero bueno, por lo menos logré practicar mi japonés un poquito, y ahora tengo una amiga más.
Y eso. Regresamos ayer. Y estamos agotados. Y me estoy quedando dormido mientras escribo esto. ¡Pero creo que salió bien!
Hablamos.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Renovar o No Renovar
Odio ir al gimnasio.
Pero lo hago dos veces a la semana, casi religiosamente. Suena mi despertador a las 6 am, me arrastro fuera de la cama, me cambio, tomo un vaso de yogur, chapo la cleta, y me voy pa' allá.
La verdad es que mi idea inicial era estar una hora por sesión. No obstante, creo que el tipo que me hizo la rutina no me entendió bien, ya que no importa qué tan rápido haga los ejercicios, siempre estoy ahí por mínimo hora y media. Hacer los ejercicios se ha vuelto algo estresante, ya que si me detengo a respirar termino llegando tarde al trabajo.
Pero seguí yendo. Por supuesto, una vez que uno paga una mensualidad, el hecho de haber pagado se vuelve motivación suficiente para continuar. Y además, se suponía que todo esto sería un entrenamiento para alguna otra actividad posterior, por ejemplo, para que la próxima vez pudiera terminar el Camino a Santiago.
Llegó entonces Setiembre, y con su llegada venció el paquete de seis meses que había comprado. La pregunta siguiente fue ¿renuevo por tres meses más? ¿O me dedico a algo más agradable?
Recordé lo que había vivido en el gimnasio. A todos los personajes, desde el Hombre Puromúsculo y la Chica Máquina de Matar, hasta el Chico Que Tiene Orgasmos Al Ejercitarse y la Señora Que Usa La Elíptica Para Enterarse De Los Últimos Chismes Del Barrio. Adorables, todos.
Pensé en los grandes beneficios que me daba el gimnasio. Por ejemplo, todas estas personas que decidían no usar toalla, y dejaban su sudor impregnado en las máquinas y colchonetas. Considero que esa forma de compartir bacterias es sumamente original, y estoy seguro que mejoró mi microbioma de alguna manera.
El gimnasio tiene formas originales de motivar a la gente a hacer su ejercicio bien. Por ejemplo, las máquinas de correr están en los extremos, de forma que la persona que corre mira hacia la calle. Detrás, se encuentran las máquinas elípticas, y aquellos que las usan miran la espalda de los que usan las máquinas de correr.
Una de estas veces estaba yo en la elíptica, cuando en eso se subió una chica guapa a la máquina de correr frente a mi. Fue entonces que me di cuenta que parecía que la chica estuviera escapándose de mi, y que yo la estuviera persiguiendo. Considerando que la elíptica tiene dos bastones, me sentí totalmente como un viejo verde.
Este tema de las chicas guapas en el gimnasio es muy gracioso, porque a veces algunas vienen con vestimenta bastante reveladora. Y sí, sé que no es crimen mirar casualmente, pero una vez me dio vergüenza, recordé a la novia y pudorosamente bajé la mirada. Fue entonces que empezó a sonar la canción:
Pos na, ni modo. Era el Universo hablándome.
Pero, ¿renovar o no renovar? Pasaban las semanas, y llegaba el día D.
Tres semanas antes, me tocó cita con el médico del gimnasio. Esto es bastante rutinario, hay que hacerlo cada dos meses, y luego de la cita te cambian la rutina. Esto tardaba normalmente una semana.
No obstante, esta vez me contaron que el instructor de toda la vida había cambiado de gimnasio, y que la rutina me la haría otro.
Pasó una semana, y no tenía rutina nueva. Y fue entonces que me di cuenta del problema: quien me iba a hacer la rutina tenía la mala costumbre de sólo hacerle caso a sus clientes si su talla de brassier era C, estrictamente.
Cha mare.
Pasaron tres semanas, y nada. Llegó el día de la renovación, y seguía sin mi rutina. ¿Era este también un mensaje del Universo?
No obstante, decidí continuar. Vamos, que estamos en Setiembre, y en tres meses se viene el verano. Operación Bikini, y todo eso. Saqué la tarjeta de crédito, pero le hice saber al recepcionista que llevaba tres semanas sin rutina.
El lunes empieza mi nuevo ciclo en el gimnasio. Me enteraré entonces si tengo nueva rutina o no. ¿Qué creen? ¿Encontraré la nueva rutina esperándome? ¿O tendré que cambiarme de sexo para que me hagan caso?
---
[1]: La Sonora Dinamita - Oye abre tus ojos
Pero lo hago dos veces a la semana, casi religiosamente. Suena mi despertador a las 6 am, me arrastro fuera de la cama, me cambio, tomo un vaso de yogur, chapo la cleta, y me voy pa' allá.
La verdad es que mi idea inicial era estar una hora por sesión. No obstante, creo que el tipo que me hizo la rutina no me entendió bien, ya que no importa qué tan rápido haga los ejercicios, siempre estoy ahí por mínimo hora y media. Hacer los ejercicios se ha vuelto algo estresante, ya que si me detengo a respirar termino llegando tarde al trabajo.
Pero seguí yendo. Por supuesto, una vez que uno paga una mensualidad, el hecho de haber pagado se vuelve motivación suficiente para continuar. Y además, se suponía que todo esto sería un entrenamiento para alguna otra actividad posterior, por ejemplo, para que la próxima vez pudiera terminar el Camino a Santiago.
Llegó entonces Setiembre, y con su llegada venció el paquete de seis meses que había comprado. La pregunta siguiente fue ¿renuevo por tres meses más? ¿O me dedico a algo más agradable?
Recordé lo que había vivido en el gimnasio. A todos los personajes, desde el Hombre Puromúsculo y la Chica Máquina de Matar, hasta el Chico Que Tiene Orgasmos Al Ejercitarse y la Señora Que Usa La Elíptica Para Enterarse De Los Últimos Chismes Del Barrio. Adorables, todos.
Pensé en los grandes beneficios que me daba el gimnasio. Por ejemplo, todas estas personas que decidían no usar toalla, y dejaban su sudor impregnado en las máquinas y colchonetas. Considero que esa forma de compartir bacterias es sumamente original, y estoy seguro que mejoró mi microbioma de alguna manera.
El gimnasio tiene formas originales de motivar a la gente a hacer su ejercicio bien. Por ejemplo, las máquinas de correr están en los extremos, de forma que la persona que corre mira hacia la calle. Detrás, se encuentran las máquinas elípticas, y aquellos que las usan miran la espalda de los que usan las máquinas de correr.
Una de estas veces estaba yo en la elíptica, cuando en eso se subió una chica guapa a la máquina de correr frente a mi. Fue entonces que me di cuenta que parecía que la chica estuviera escapándose de mi, y que yo la estuviera persiguiendo. Considerando que la elíptica tiene dos bastones, me sentí totalmente como un viejo verde.
Este tema de las chicas guapas en el gimnasio es muy gracioso, porque a veces algunas vienen con vestimenta bastante reveladora. Y sí, sé que no es crimen mirar casualmente, pero una vez me dio vergüenza, recordé a la novia y pudorosamente bajé la mirada. Fue entonces que empezó a sonar la canción:
Pos na, ni modo. Era el Universo hablándome.
Pero, ¿renovar o no renovar? Pasaban las semanas, y llegaba el día D.
Tres semanas antes, me tocó cita con el médico del gimnasio. Esto es bastante rutinario, hay que hacerlo cada dos meses, y luego de la cita te cambian la rutina. Esto tardaba normalmente una semana.
No obstante, esta vez me contaron que el instructor de toda la vida había cambiado de gimnasio, y que la rutina me la haría otro.
Pasó una semana, y no tenía rutina nueva. Y fue entonces que me di cuenta del problema: quien me iba a hacer la rutina tenía la mala costumbre de sólo hacerle caso a sus clientes si su talla de brassier era C, estrictamente.
Cha mare.
Pasaron tres semanas, y nada. Llegó el día de la renovación, y seguía sin mi rutina. ¿Era este también un mensaje del Universo?
No obstante, decidí continuar. Vamos, que estamos en Setiembre, y en tres meses se viene el verano. Operación Bikini, y todo eso. Saqué la tarjeta de crédito, pero le hice saber al recepcionista que llevaba tres semanas sin rutina.
El lunes empieza mi nuevo ciclo en el gimnasio. Me enteraré entonces si tengo nueva rutina o no. ¿Qué creen? ¿Encontraré la nueva rutina esperándome? ¿O tendré que cambiarme de sexo para que me hagan caso?
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[1]: La Sonora Dinamita - Oye abre tus ojos
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domingo, 26 de junio de 2016
Las Cosas Importantes
No debería hablar de alumnos en este blog, pero bueno, a ver, vamos a arriesgarnos.
La otra vez me encontraba en mi oficina, revisando la última clase del curso de Mecánica Cuántica. Estaba ligeramente tarde, y quería asegurarme de tener todos los cálculos claros.
En eso, entró un chico. De la nada. Podría haber sido un ninja, descolgándose del techo. No lo sé, de repente lo vi frente a mi. Y no lo reconocí.
Me dijo que era un alumno de pregrado. Yo asentí, aunque me puse un poco nervioso, ya que se me acababa el tiempo y debía terminar de revisar la clase.
El chico me preguntó si yo era el Profesor Jones (sí, con el "Profesor" en mayúscula). Asentí nuevamente.
Y con eso, el chico me dijo que era un honor. Que leía mi blog y tal.
Madre mía...
No confundir, no me dijo que le habían contado que yo era buen (o mal) profesor.
Tampoco me dijo que había escuchado de mis proyectos con mis alumnos de maestría. En absoluto.
Y no, no me dijo nada sobre los videos promocionales del programa de doctorado, cuya producción coordiné.
Nooooo, me dijo que el honor es porque escribo este blog.
Ya, yo sé que estás leyendo esto, compadre, no te sientas mal. Pero, ¿en serio? ¿Por el blog? ¿¿¿Un honor????
Chesu...
Anyway, por lo menos esto me dio la excusa de mencionar los videos promocionales del doctorado. Es más, venga, vamos a hacerles promoción por acá.
Ejem...
¡Caserito, caserita! ¡Si tiene Ud una maestría en física, es peruan@ y tiene menos de 35 años, es posible que pueda acceder a una beca de doctorado, financiada por Cienciactiva - CONCYTEC! ¡Eso es, primera vez en la historia del Perú que existen estas becas, que cubren estudios, mantenimiento y seguro de salud! ¡Inscripciones hasta el 1ro de Julio! ¡No se lo puede perder!
Ya. Listo. Y si les da curiosidad, acá va el videito de Altas Energías:
Pónganle like pe.
La otra vez me encontraba en mi oficina, revisando la última clase del curso de Mecánica Cuántica. Estaba ligeramente tarde, y quería asegurarme de tener todos los cálculos claros.
En eso, entró un chico. De la nada. Podría haber sido un ninja, descolgándose del techo. No lo sé, de repente lo vi frente a mi. Y no lo reconocí.
Me dijo que era un alumno de pregrado. Yo asentí, aunque me puse un poco nervioso, ya que se me acababa el tiempo y debía terminar de revisar la clase.
El chico me preguntó si yo era el Profesor Jones (sí, con el "Profesor" en mayúscula). Asentí nuevamente.
Y con eso, el chico me dijo que era un honor. Que leía mi blog y tal.
Madre mía...
No confundir, no me dijo que le habían contado que yo era buen (o mal) profesor.
Tampoco me dijo que había escuchado de mis proyectos con mis alumnos de maestría. En absoluto.
Y no, no me dijo nada sobre los videos promocionales del programa de doctorado, cuya producción coordiné.
Nooooo, me dijo que el honor es porque escribo este blog.
Ya, yo sé que estás leyendo esto, compadre, no te sientas mal. Pero, ¿en serio? ¿Por el blog? ¿¿¿Un honor????
Chesu...
***
Anyway, por lo menos esto me dio la excusa de mencionar los videos promocionales del doctorado. Es más, venga, vamos a hacerles promoción por acá.
Ejem...
¡Caserito, caserita! ¡Si tiene Ud una maestría en física, es peruan@ y tiene menos de 35 años, es posible que pueda acceder a una beca de doctorado, financiada por Cienciactiva - CONCYTEC! ¡Eso es, primera vez en la historia del Perú que existen estas becas, que cubren estudios, mantenimiento y seguro de salud! ¡Inscripciones hasta el 1ro de Julio! ¡No se lo puede perder!
Ya. Listo. Y si les da curiosidad, acá va el videito de Altas Energías:
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domingo, 7 de febrero de 2016
Esperando la Lavadora
Hace mucho tiempo que no hablo de lavadoras. Lamentablemente para ustedes, se acabó la espera.
Este mes, tocó renovar el contrato de alquiler del piso. Una cosa que ocurre en gran parte de Lima es que el alquiler es en dólares, lo cual es terrible, considerando que hoy en día el dólar está como 13% más caro. Esto significa que me han subido la renta en un 13% con respecto al precio acordado.
C'est la vie, supongo.
Hablando con el dueño, intenté que cambiara el precio a soles, usando el tipo de cambio del día de hoy. Por lo menos buscar no causar más daño en el futuro. No obstante, no atracó. Por supuesto, le conviene cobrar en dólares. Así que nada, tuvimos que usar el plan B. Si el piso va a costar más, hay que subirle el valor. Y con eso, pedimos una lavadora nueva.
Por suerte, el dueño aceptó.
Un par de días después de esta conversación, recibí una llamada del dueño. Estaba en una tienda por departamentos, que por motivos que serán evidentes, llamaremos La Porca Tienda por Departamentos. Anyway, él ya tenía la lavadora comprada, y quería saber si podía recibirla yo al día siguiente.
"¿A qué hora la dejan?", pregunté ingenuamente.
"Me han dicho que su horario de entrega es de 8 am a 8 pm," respondió.
Genial. Justo lo que necesitaba.
"¿No podrán especificar mejor la hora?", me atreví a contraatacar.
El dueño habló con alguien, a quien llamaremos El Bastardo Mentiroso (también por motivos que serán evidentes), y me respondió: tenía que llamar a las 8:30 de la mañana, y me podrían dar una hora más exacta de entrega.
Genial, su planificación. Hecha en media hora. La eficiencia personificada, supongo.
Pos nada, esperé al día siguiente, me levanté a tiempo, y estuve listo a las 8:30 am. Si me decían que venían tipo 7:00 pm, pues me iba a trabajar tranquilo. Llamé, cruzando los dedos, y me respondió la maquinita del demonio.
Que ingrese el DNI del comprador. Que no lo reconocía. Que ingrese el número de la compra. Que no lo reconocía. Que si quiero hablar con un representante de carne y hueso. Que no atiende nadie hasta las 9:00 am.
Gracias, maquinita del demonio. Gracias, Bastardo Mentiroso.
Esperé hasta las 9:00. Hola otra vez, maquinita del demonio. Sí, quiero hablar con un representante. Sí, de carne y hueso. Gracias.
Me pasaron con una señorita, a quien llamaremos La Tipeja Inservible. Sí, las razones serán evidentes también. Le dije lo de la lavadora. Le di el número de DNI del comprador. Le di el número de la compra. Ah, qué bien, Tipeja Inservible, lo hallaste en tu computadora. ¿Y ahora?
Por supuesto, ¿qué otra cosa podría pasar? Me dejó con la musiquita.
La porca musiquita de la Porca Tienda por Departamentos.
Después de un momento, me respondió. Que la orden había salido ya. Que la entregaban hoy, de 8 am a 8 pm. Que no me podía dar más información, a lo mucho me llamarían los encargados de la entrega cinco minutos antes, si es que tenían algún problema hallando mi vivienda.
Con esto, espero que los nombres elegidos para la Porca Tienda por Departamentos, el Bastardo Mentiroso, y la Tipeja Inservible sean evidentes para ustedes.
Así que nada, a trabajar desde casa. Por suerte tengo la posibilidad de ello, a diferencia de prácticamente el resto de Lima, que no le queda otra que practicar raskingball todo el día, hasta que llegue el condenado camión de la Porca Tienda por Departamentos.
A las 3:45 pm, sonó el timbre. Habían llegado.
Abrí la puerta, y vi a dos tipos con una cajota. Buenos días, gracias, pase. La lavandería está por aquí, cuidado, se puede resbalar, déjeme sacar esto de su camino.
Llegando a la lavandería, le pregunté a quien parecía el jefe: "¿Qué hacemos con la lavadora vieja? ¿La pueden desinstalar, para instalar la nueva?"
En eso, el jefe me mandó una sonrisa, un tipo de sonrisa que he visto sólo en Perú. "No señor, nosotros sólo entregamos la mercancía. Si quiere, se la podemos instalar nosotros, pero bueno, necesitaríamos una propina navideña."
Tal vez esas no sean las palabras exactas, pero el concepto de "propina" y el de "Navidad" vinieron juntos, se los aseguro. O sea, me vieron la cara de gringo.
Que no, que no voy a pagar nada, que eso le corresponde en todo caso al dueño. Fue entonces que se le fue la sonrisa al jefe, y me dijo que podía llamar a la Porca Tienda por Departamentos, para coordinar la visita del técnico.
Especialistas en eficiencia, se los digo de todo corazón.
Pos nada, dejando a los dos corruptos ir, me quedé en la lavandería con la lavadora antigua, y la cajota conteniendo a la lavadora nueva. Llamé a pedir la visita del técnico, y me respondieron que bien, que en 48 horas me llamaría el técnico y que podríamos quedar el día de instalación.
Seguro que otra vez habría que esperarlo de 8 am a 8 pm.
Actualización:
Esta "aventura" ocurrió alrededor de Navidad, afortunadamente el técnico sí fue eficiente (a pesar de haber estado tres días con dos lavadoras en casa).
No obstante, un mes después murió el internet. Hablando con la porca Telefónica, nos dijeron que darían una solución luego de 48 horas. Han pasado dos semanas, y Telefónica bien gracias. Esta vez fuimos más vivos, y sí le dimos su "propina navideña" a un técnico que andaba por ahí. Ni modo.
Este mes, tocó renovar el contrato de alquiler del piso. Una cosa que ocurre en gran parte de Lima es que el alquiler es en dólares, lo cual es terrible, considerando que hoy en día el dólar está como 13% más caro. Esto significa que me han subido la renta en un 13% con respecto al precio acordado.
C'est la vie, supongo.
Hablando con el dueño, intenté que cambiara el precio a soles, usando el tipo de cambio del día de hoy. Por lo menos buscar no causar más daño en el futuro. No obstante, no atracó. Por supuesto, le conviene cobrar en dólares. Así que nada, tuvimos que usar el plan B. Si el piso va a costar más, hay que subirle el valor. Y con eso, pedimos una lavadora nueva.
Por suerte, el dueño aceptó.
Un par de días después de esta conversación, recibí una llamada del dueño. Estaba en una tienda por departamentos, que por motivos que serán evidentes, llamaremos La Porca Tienda por Departamentos. Anyway, él ya tenía la lavadora comprada, y quería saber si podía recibirla yo al día siguiente.
"¿A qué hora la dejan?", pregunté ingenuamente.
"Me han dicho que su horario de entrega es de 8 am a 8 pm," respondió.
Genial. Justo lo que necesitaba.
"¿No podrán especificar mejor la hora?", me atreví a contraatacar.
El dueño habló con alguien, a quien llamaremos El Bastardo Mentiroso (también por motivos que serán evidentes), y me respondió: tenía que llamar a las 8:30 de la mañana, y me podrían dar una hora más exacta de entrega.
Genial, su planificación. Hecha en media hora. La eficiencia personificada, supongo.
Pos nada, esperé al día siguiente, me levanté a tiempo, y estuve listo a las 8:30 am. Si me decían que venían tipo 7:00 pm, pues me iba a trabajar tranquilo. Llamé, cruzando los dedos, y me respondió la maquinita del demonio.
Que ingrese el DNI del comprador. Que no lo reconocía. Que ingrese el número de la compra. Que no lo reconocía. Que si quiero hablar con un representante de carne y hueso. Que no atiende nadie hasta las 9:00 am.
Gracias, maquinita del demonio. Gracias, Bastardo Mentiroso.
Esperé hasta las 9:00. Hola otra vez, maquinita del demonio. Sí, quiero hablar con un representante. Sí, de carne y hueso. Gracias.
Me pasaron con una señorita, a quien llamaremos La Tipeja Inservible. Sí, las razones serán evidentes también. Le dije lo de la lavadora. Le di el número de DNI del comprador. Le di el número de la compra. Ah, qué bien, Tipeja Inservible, lo hallaste en tu computadora. ¿Y ahora?
Por supuesto, ¿qué otra cosa podría pasar? Me dejó con la musiquita.
La porca musiquita de la Porca Tienda por Departamentos.
Después de un momento, me respondió. Que la orden había salido ya. Que la entregaban hoy, de 8 am a 8 pm. Que no me podía dar más información, a lo mucho me llamarían los encargados de la entrega cinco minutos antes, si es que tenían algún problema hallando mi vivienda.
Con esto, espero que los nombres elegidos para la Porca Tienda por Departamentos, el Bastardo Mentiroso, y la Tipeja Inservible sean evidentes para ustedes.
Así que nada, a trabajar desde casa. Por suerte tengo la posibilidad de ello, a diferencia de prácticamente el resto de Lima, que no le queda otra que practicar raskingball todo el día, hasta que llegue el condenado camión de la Porca Tienda por Departamentos.
A las 3:45 pm, sonó el timbre. Habían llegado.
Abrí la puerta, y vi a dos tipos con una cajota. Buenos días, gracias, pase. La lavandería está por aquí, cuidado, se puede resbalar, déjeme sacar esto de su camino.
Llegando a la lavandería, le pregunté a quien parecía el jefe: "¿Qué hacemos con la lavadora vieja? ¿La pueden desinstalar, para instalar la nueva?"
En eso, el jefe me mandó una sonrisa, un tipo de sonrisa que he visto sólo en Perú. "No señor, nosotros sólo entregamos la mercancía. Si quiere, se la podemos instalar nosotros, pero bueno, necesitaríamos una propina navideña."
Tal vez esas no sean las palabras exactas, pero el concepto de "propina" y el de "Navidad" vinieron juntos, se los aseguro. O sea, me vieron la cara de gringo.
Que no, que no voy a pagar nada, que eso le corresponde en todo caso al dueño. Fue entonces que se le fue la sonrisa al jefe, y me dijo que podía llamar a la Porca Tienda por Departamentos, para coordinar la visita del técnico.
Especialistas en eficiencia, se los digo de todo corazón.
Pos nada, dejando a los dos corruptos ir, me quedé en la lavandería con la lavadora antigua, y la cajota conteniendo a la lavadora nueva. Llamé a pedir la visita del técnico, y me respondieron que bien, que en 48 horas me llamaría el técnico y que podríamos quedar el día de instalación.
Seguro que otra vez habría que esperarlo de 8 am a 8 pm.
***
Actualización:
Esta "aventura" ocurrió alrededor de Navidad, afortunadamente el técnico sí fue eficiente (a pesar de haber estado tres días con dos lavadoras en casa).
No obstante, un mes después murió el internet. Hablando con la porca Telefónica, nos dijeron que darían una solución luego de 48 horas. Han pasado dos semanas, y Telefónica bien gracias. Esta vez fuimos más vivos, y sí le dimos su "propina navideña" a un técnico que andaba por ahí. Ni modo.
martes, 8 de diciembre de 2015
La Escuela de Uniandes
< Ring, ring >
- ¿Aló?
- Buenos días, ¿hablo con el señor Joel Jones?
- Sí, con él.
- Buenos días, señor Joel, ¿usted contrató un servicio de Roaming en Claro la semana pasada?
- Sí, efectivamente.
- ¿Este servicio es para el país de Colombia? ¿Constaba de un paquete de 30 minutos para realizar / recibir llamadas?
- Sí....
- ¿Le molestaría responder una encuesta sobre nuestro servicio? Duraría unos diez minutos.
- Disculpe, pero no solo me rehusaré a responder la encuesta, sino que le colgaré ahora mismo. Me encuentro en Colombia, y usted se está comiendo los minutos que he pagado. Si quiere, vuelva a llamar la próxima semana, que estaré de vuelta en Lima.
< Click >
Por supuesto, no volvieron a llamar.
***
Efectivamente, me encontraba en Bogotá. Estaba asistiendo a la Cuarta Escuela de Física de Partículas, como expositor. Debía dar dos clases de Supersimetría, cada una de hora y media de duración.
Como se podría esperar, estaba aterrado. He dado un curso entero de Supersimetría en la PUCP, y he dado bastantes charlas en conferencias y tal, pero nunca antes había dado un mini-curso. Además, se suponía que el curso debía ser teórico, pero estar dirigido a experimentales, así que era fácil hacerse bolas al respecto.
Afortunadamente, durante mi estancia en el CERN, tuve bastante contacto con experimentales. Más o menos tenía una idea de qué es lo que más les incomoda a estos sobre SUSY, así que me fui por esa dirección.
***
- ¿Cómo que necesitas un pitillo?
- Pues así se le dice acá.
- Ja ja ja, pues en Perú le decimos cañita.
- ¡Ah sí! En México le dicen popote, y en España, pajita.
- Pucha, en Perú si le pides al mozo una pajita, te mira raro.
- ¿Por qué?
- ¿Cómo que por qué?
- ¡No entiendo!
- ¿En serio? Mira, ahora, al regresar a tu hotel, prendes tu laptop...
- Ya.....
- ... entras a Google....
- Si.....
- ... y buscas...
- Ok.....
- ¡Bukake!
(Nota: si no han entendido el chiste, déjenlo ahí. NO BUSQUEN "BUKAKE" EN GOOGLE. Quedan advertidos.)
***
Otra cosa que no entiendo bien es el "qué pena" de los colombianos. Por ejemplo, había que hacer burocracia, y la petición terminó con un "qué pena." En otro momento un alumno me interrumpió durante una pregunta, me miró, y me dijo "qué pena."
¿Cómo que "qué pena"???
Más o menos se entiende que es un equivalente a "qué vergüenza." ¡Pero suena muy mal!
"Llegaremos tarde, ¡qué pena!"
"Ya cerramos, ¡qué pena!"
"Me tengo que ir, ¡qué pena!"
"No tenemos sopa ramen, ¡qué pena!"
¡El "qué pena" lo debería estar diciendo yo!
***
- Una pregunta, para ustedes, que son colombianos.
- Preguntanos.
- Filosófica y profunda.
- Dinos.
- ¿Por qué demonios usan la palabra "gonorrea" todo el tiempo? ¿¿Qué onda con la gonorrea??
***
Pos na, al final, la escuela salió muy bien. Creo que se quedaron contentos con el curso. Yo, por mi lado, también aproveché la ocasión para ponerme al día en algunos temas de Supersimetría que no había podido revisar en su momento.
Lamentablemente, no llegué a conocer Bogotá muy bien. La escuela fue bastante intensa, y yo estaba suficientemente nervioso por el curso como para salir en las noche a conocer la ciudad. Y el fin de semana, pues aproveché en ver a viejos amigos, que siempre le sacan a uno una sonrisa.
Pos na'. ¡Habrá que volver!
sábado, 14 de noviembre de 2015
La Licencia de Conducir
Yo saqué mi licencia de conducir en el 2001, para manejar mi gran auto, Nataku. Era un Renault Clio, pequeño (acá nadie tiene que compensar nada, eh), con mucha funcionalidad. Lo compartía con mi hermano, y recuerdo que yo lo usaba lunes, miércoles y viernes, él lo usaba martes, jueves y sábado... y luego no sé qué pasaba los domingos.
La cosa es que fugué de Lima en el 2005, y mi hermano fugó también dos años después. Como no tenía mucho sentido dejar a Nataku acumulando polvo en Lima, fue vendido.
De ahí, no volví a manejar. Vamos, en Europa no es necesario, el transporte público es realmente bueno, y las pocas veces que era necesario un auto, siempre se podía alquilar. Creo que en esos nueve años, sólo manejé dos veces. Una cuando Nuria entró en pánico en una subida de Xàbia (era un poco empinada), y otra cuando David y Steph bebieron demasiado en Roma.
En este contexto, mi licencia de conducir caducó. Y nada, estando en Europa, no fue posible revalidarla. Y honestamente, no me interesaba mucho hacerlo.
Al volver a Lima, seguí usando transporte público. Sí, ese transporte público del que les hablé alguna vez. Afortunadamente, algunas cosas han cambiado, y desde mi casa puedo llegar al trabajo vía un Bus Azul, unos buses nuevos que tienen un estilo algo más civilizado.
No, obstante, al empezar a salir con la novia, quien sí tiene carro, salió el comentario "Sería bonito si de vez en cuando manejaras tú, así yo descanso del tráfico."
Un amigo español una vez me dijo "Más mueven dos tetas que dos carretas," pero yo no sé qué tiene que ver eso con este post. Qué vulgar, ¿no?
Así que nada, decidí sacar la licencia, y volver a aprender a conducir. Primer paso, pasar el examen médico. Este consiste en una serie de pruebas donde quieren comprobar que uno ve bien, oye bien, y tal. Una prueba crucial es la psicológica, donde evalúan el estado mental del individuo. Con preguntas muy bien pensadas, determinan si la persona es capaz de resistir la inclemente tortura psicológica que es conducir en Lima.
Por ejemplo, le piden a uno poner Verdadero o Falso en afirmaciones tipo:
- A veces me siento triste.
- Oigo voces.
- A veces pienso que nada tiene sentido.
Vamos, el tipo de cosas que le pasan a uno por la cabeza cuando hace el doctorado. Por suerte la pasé.
De ahí, el examen teórico. Me bajé del internet el Reglamento Nacional de Tránsito, un documento de casi 100 páginas indicando todo lo que uno debe saber para conducir en Lima. Esto iba a demorar...
No obstante, me dieron un tip. Aparentemente, en la página del Touring estaba el balotario de preguntas. Si uno se encontraba apurado, podía simplemente revisar las preguntas ahí. Aparecían 200 preguntas, con tres respuestas, y la indicación de cuál era la justa.
Me bajé el balotario, y vi que estas preguntas tenían la profundidad del test psicológico anterior. Por ejemplo:
+ El Reglamento Nacional de Tránsito precisa prohibición de seguir a los vehículos de emergencia y vehículos oficiales.
a) Sí.
b) No.
c) No precisa.
¿Alguien me puede decir la diferencia entre la (b) y la (c)?
+ Según el Reglamento Nacional de Tránsito está prohibido que los conductores
estacionen los vehículos que conducen en lugares en que las señales:
a) lo prohíban.
b) lo permitan.
c) lo desvíen.
¿Es posible que algún ser pensante no marque la (a)? Seguramente los que armaron el examen eran miembros del Club de Tautología.
+ ¿Se puede conducir un vehículo con el motor en punto neutro o apagado?
a) Algunas veces
b) Sí, puede ser
c) No, está prohibido.
A ver... ¿cómo que "puede ser"? ¿Sí, fácil sí se puede manejar con el motor apagado? Muy bien, me confundieron, casi la marco...
Y eso, mil maravillas. Y prácticamente nada sobre darle el paso a ambulancias, y absolutamente nada sobre ciclistas. La verdad, fue algo trivial, me leí el balotario tres veces, y aprobé la prueba sin problemas.
Ahora tocaba la prueba de manejo. Amigos no peruanos, ustedes pensarán que la prueba de manejo es una evaluación dentro de la ciudad, enfrentándose al tráfico real, con un inspector al lado asegurándose que la persona a quien se le va a dar la licencia no sea un psycho-killer o algo por el estilo. Es más, seguro les parecerá obvio.
Pero no. Perú es diferente.
La evaluación de manejo se da fuera de la ciudad. En Lima, hay un centro de evaluación a unos 20 kilómetros. Este centro de evaluación consta de un circuito. Acá se los pongo:
Básicamente, acá evalúan si uno es capaz de estacionarse en diagonal o en paralelo. También si uno sabe detenerse cuando el semáforo está en rojo, y si uno sabe entrar a rotondas cuando no hay ningún auto dando vueltas alrededor. Súper útil.
Está bien, admito que el circuito está genial para evaluar el tema del estacionamiento. Pero... ¡manejar no es solo saber estacionarse, papá! Evidentemente, esta burla de prueba no sirve en absoluto para evaluar si uno sabe conducir o no. Especialmente considerando que alrededor del centro de evaluación hay muchas copias del circuito, para que la gente vaya y practique antes de su examen...
Entonces, ustedes asumirán que, siendo tan trivial, pasé la prueba a la primera.
Pues no.
Al final del circuito, ahí donde dice "Salida," hay un truquito. A pesar de ser una recta, sin intersecciones ni pasos peatonales, hay un aviso de Pare (Stop). Este aviso de Pare, señoras y señores, es el único aviso de Pare respetado en Lima. No detenerse implica inmediatamente desaprobar el examen.
En mi caso, estaba tan contento de haber terminado la prueba, que olvidé que el Pare estaba ahí. Porque es eso, mis estimados, es un tema de recordar que el Pare está ahí. No es un tema de recordar "Oooh, debo detenerme en los avisos de Pare," sino más bien "Cha mare, me tengo que acordar que ahí tengo que detenerme o no apruebo el examen."
La segunda vez sí me acordé. Y ahora puedo manejar en Lima. Y la novia está contenta. Creo.
Cada cierto tiempo, veo un aviso de Pare, y recuerdo la gran prueba del Touring. Melancólico, decido detenerme los siete segundos reglamentarios... para luego ser acribillado por los bocinazos de los autos que vienen atrás, indignados por haberles quitado siete segundos de su valioso tiempo.
Por suerte no me viene esa melancolía muy a menudo.
La cosa es que fugué de Lima en el 2005, y mi hermano fugó también dos años después. Como no tenía mucho sentido dejar a Nataku acumulando polvo en Lima, fue vendido.
De ahí, no volví a manejar. Vamos, en Europa no es necesario, el transporte público es realmente bueno, y las pocas veces que era necesario un auto, siempre se podía alquilar. Creo que en esos nueve años, sólo manejé dos veces. Una cuando Nuria entró en pánico en una subida de Xàbia (era un poco empinada), y otra cuando David y Steph bebieron demasiado en Roma.
En este contexto, mi licencia de conducir caducó. Y nada, estando en Europa, no fue posible revalidarla. Y honestamente, no me interesaba mucho hacerlo.
Al volver a Lima, seguí usando transporte público. Sí, ese transporte público del que les hablé alguna vez. Afortunadamente, algunas cosas han cambiado, y desde mi casa puedo llegar al trabajo vía un Bus Azul, unos buses nuevos que tienen un estilo algo más civilizado.
No, obstante, al empezar a salir con la novia, quien sí tiene carro, salió el comentario "Sería bonito si de vez en cuando manejaras tú, así yo descanso del tráfico."
Un amigo español una vez me dijo "Más mueven dos tetas que dos carretas," pero yo no sé qué tiene que ver eso con este post. Qué vulgar, ¿no?
Así que nada, decidí sacar la licencia, y volver a aprender a conducir. Primer paso, pasar el examen médico. Este consiste en una serie de pruebas donde quieren comprobar que uno ve bien, oye bien, y tal. Una prueba crucial es la psicológica, donde evalúan el estado mental del individuo. Con preguntas muy bien pensadas, determinan si la persona es capaz de resistir la inclemente tortura psicológica que es conducir en Lima.
Por ejemplo, le piden a uno poner Verdadero o Falso en afirmaciones tipo:
- A veces me siento triste.
- Oigo voces.
- A veces pienso que nada tiene sentido.
Vamos, el tipo de cosas que le pasan a uno por la cabeza cuando hace el doctorado. Por suerte la pasé.
De ahí, el examen teórico. Me bajé del internet el Reglamento Nacional de Tránsito, un documento de casi 100 páginas indicando todo lo que uno debe saber para conducir en Lima. Esto iba a demorar...
No obstante, me dieron un tip. Aparentemente, en la página del Touring estaba el balotario de preguntas. Si uno se encontraba apurado, podía simplemente revisar las preguntas ahí. Aparecían 200 preguntas, con tres respuestas, y la indicación de cuál era la justa.
Me bajé el balotario, y vi que estas preguntas tenían la profundidad del test psicológico anterior. Por ejemplo:
+ El Reglamento Nacional de Tránsito precisa prohibición de seguir a los vehículos de emergencia y vehículos oficiales.
a) Sí.
b) No.
c) No precisa.
¿Alguien me puede decir la diferencia entre la (b) y la (c)?
+ Según el Reglamento Nacional de Tránsito está prohibido que los conductores
estacionen los vehículos que conducen en lugares en que las señales:
a) lo prohíban.
b) lo permitan.
c) lo desvíen.
¿Es posible que algún ser pensante no marque la (a)? Seguramente los que armaron el examen eran miembros del Club de Tautología.
+ ¿Se puede conducir un vehículo con el motor en punto neutro o apagado?
a) Algunas veces
b) Sí, puede ser
c) No, está prohibido.
A ver... ¿cómo que "puede ser"? ¿Sí, fácil sí se puede manejar con el motor apagado? Muy bien, me confundieron, casi la marco...
Y eso, mil maravillas. Y prácticamente nada sobre darle el paso a ambulancias, y absolutamente nada sobre ciclistas. La verdad, fue algo trivial, me leí el balotario tres veces, y aprobé la prueba sin problemas.
Ahora tocaba la prueba de manejo. Amigos no peruanos, ustedes pensarán que la prueba de manejo es una evaluación dentro de la ciudad, enfrentándose al tráfico real, con un inspector al lado asegurándose que la persona a quien se le va a dar la licencia no sea un psycho-killer o algo por el estilo. Es más, seguro les parecerá obvio.
Pero no. Perú es diferente.
La evaluación de manejo se da fuera de la ciudad. En Lima, hay un centro de evaluación a unos 20 kilómetros. Este centro de evaluación consta de un circuito. Acá se los pongo:
Básicamente, acá evalúan si uno es capaz de estacionarse en diagonal o en paralelo. También si uno sabe detenerse cuando el semáforo está en rojo, y si uno sabe entrar a rotondas cuando no hay ningún auto dando vueltas alrededor. Súper útil.
Está bien, admito que el circuito está genial para evaluar el tema del estacionamiento. Pero... ¡manejar no es solo saber estacionarse, papá! Evidentemente, esta burla de prueba no sirve en absoluto para evaluar si uno sabe conducir o no. Especialmente considerando que alrededor del centro de evaluación hay muchas copias del circuito, para que la gente vaya y practique antes de su examen...
Entonces, ustedes asumirán que, siendo tan trivial, pasé la prueba a la primera.
Pues no.
Al final del circuito, ahí donde dice "Salida," hay un truquito. A pesar de ser una recta, sin intersecciones ni pasos peatonales, hay un aviso de Pare (Stop). Este aviso de Pare, señoras y señores, es el único aviso de Pare respetado en Lima. No detenerse implica inmediatamente desaprobar el examen.
En mi caso, estaba tan contento de haber terminado la prueba, que olvidé que el Pare estaba ahí. Porque es eso, mis estimados, es un tema de recordar que el Pare está ahí. No es un tema de recordar "Oooh, debo detenerme en los avisos de Pare," sino más bien "Cha mare, me tengo que acordar que ahí tengo que detenerme o no apruebo el examen."
La segunda vez sí me acordé. Y ahora puedo manejar en Lima. Y la novia está contenta. Creo.
Cada cierto tiempo, veo un aviso de Pare, y recuerdo la gran prueba del Touring. Melancólico, decido detenerme los siete segundos reglamentarios... para luego ser acribillado por los bocinazos de los autos que vienen atrás, indignados por haberles quitado siete segundos de su valioso tiempo.
Por suerte no me viene esa melancolía muy a menudo.
domingo, 11 de octubre de 2015
Almuerzo de Ex-Alumnos
Estando en el almuerzo de ex-alumnos de mi colegio, conversaba tranquilamente con mi padre, cuando en eso se me acercaron dos chicas. Aparentemente su nivel de alcohol andaba un poco alto.
- ¡Oye! Tú eres nuevo, ¿no?
No estaba muy seguro a qué iban con esto. Hacía más de diez años que no iba a ninguna reunión de ex-alumnos, así que intuí que se referían a que no pertenecía al grupo que siempre iba a estas reuniones.
Por supuesto, mi intuición siempre es un desastre.
- ¿Nuevo? No realmente, yo soy de la tercera.
Me miraron algo confusas.
- ¿No eres tú nuevo? ¿No están en Science?
Esta vez el confundido era yo. Como que sí, estoy metido en ciencia, pero no entendía por qué lo decían en inglés. ¿Y qué onda con insistir en que era nuevo?
- Ehhh... no, no... soy de la número tres.
- ¿Número tres?
- Sí... de la promoción número tres.
- ¡¿Eres ex-alumno?!
Genial. Estas chibolas pensaban que yo era un profesor nuevo.
- Ehm... Ex-alumno. Tercera promoción.
- ¡Asu! Entonces... ¿cuántos años tienes? ¿Treinta?
Sí, tenían que subrayar el hecho que me veo viejo. Bien ahí.
- Tengo 35.
- Ahhhhh.... pues yo te hubiera puesto 28. ¡No pareces de 35!
Y se fueron.
- ¡Oye! Tú eres nuevo, ¿no?
No estaba muy seguro a qué iban con esto. Hacía más de diez años que no iba a ninguna reunión de ex-alumnos, así que intuí que se referían a que no pertenecía al grupo que siempre iba a estas reuniones.
Por supuesto, mi intuición siempre es un desastre.
- ¿Nuevo? No realmente, yo soy de la tercera.
Me miraron algo confusas.
- ¿No eres tú nuevo? ¿No están en Science?
Esta vez el confundido era yo. Como que sí, estoy metido en ciencia, pero no entendía por qué lo decían en inglés. ¿Y qué onda con insistir en que era nuevo?
- Ehhh... no, no... soy de la número tres.
- ¿Número tres?
- Sí... de la promoción número tres.
- ¡¿Eres ex-alumno?!
Genial. Estas chibolas pensaban que yo era un profesor nuevo.
- Ehm... Ex-alumno. Tercera promoción.
- ¡Asu! Entonces... ¿cuántos años tienes? ¿Treinta?
Sí, tenían que subrayar el hecho que me veo viejo. Bien ahí.
- Tengo 35.
- Ahhhhh.... pues yo te hubiera puesto 28. ¡No pareces de 35!
Y se fueron.
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lunes, 23 de junio de 2014
El Camino a Castro (Primera Parte)
Estaba decidido. Tenía quince días libres, y quería usarlos caminando. Compré billetes de avión de Valencia a Oviedo, y de Santiago de Compostela a Valencia. Haría un Camino de Santiago, en particular, el Camino Primitivo.
La verdad es que no me quería preparar mucho. Quería enterarme de los detalles durante el camino. Eso sí, la idea era caminar doce días, así que por lo menos tenía que enterarme de las etapas.
Ese fue el primer problema. Al mirar las etapas, descubrí que el Camino Primitivo es uno de los más difíciles de todos, y que se recomendaba hacer en trece etapas, no doce. Boh, me dije, vamos a ver qué pasa. En el peor de los casos hacía el camino en trece etapas, y me quedaba sólo una tarde en Santiago de Compostela. Kein problem.
Llegué a Oviedo con mi mochila, mi cámara de fotos, y poco más. A minimizar el peso. Me encontré allá con Jonatan y Johannes, compartimos una buena cena, y encontré el albergue. Ahí, me dieron mi credencial, me compré mi conchita de peregrino, y me preparé para salir.
Salí de Oviedo a las 6:30 de la mañana, con dirección a San Juan de Villapañada, cerca a Grado. Aproximadamente, caminaría unos 30 kilómetros y medio ese día. Mi primer encuentro fue con un señor mayor, a quien llamaremos El Holandés Venerable (yo sé que a ustedes les gustan los apodos). Aparentemente era bastante experimentado, y seguimos gran parte del camino juntos. Luego de un par de horas caminando, llegamos a un letrero indicando que faltaban 15 kilómetros para llegar a Grado. ¡Parecía pan comido!
Dos horas más tarde, descubrimos que los asturianos no saben calcular las distancias, ya que encontramos otro letrero indicando que faltaban 12 kilómetros para llegar a Grado. ¿Habíamos avanzado sólo un kilómetro y medio por hora? Cha mare.
El Holandés Venerable se detuvo a comer algo, así que lo dejé atrás. Luego me encontré con La Pareja Canaria, súper amables, y avancé con ellos hasta Grado. Ahí, mientras nos detuvimos pa almorzar, conocimos a El Granadino Deportista, y formamos un grupito de cuatro. Fantástico.
Al llegar al albergue de San Juan de Villapañada, descubrimos que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Aparentemente, sabía algo de teletransportación. Ahí mismo, encontramos a Los Tres Viejitos Comunistas, y al Tío de Gafas. Este último aparentemente conocía bien la zona, y había sido entrenador de no sé qué equipo de fútbol español, así que parecía saber lo que hacía.
Mientras conversábamos, salió el tema de hacer el Camino Primitivo en doce días. Y me hablaron de La Ruta de los Hospitales, algo parecido a los Paths of the Dead del Señor de los Anillos. Para llegar, debía cambiar mi ruta. El segundo día, debía avanzar 27 kilómetros, hasta Bodenayo, en vez de quedarme en Salas. El tercer día, debía avanzar unos 29 kilómetros, hasta Borres, en vez de quedarme en Tineo. El cuarto día, debía atravesar la temible Ruta de los Hospitales, saltándome una etapa, y llegando a Berducedo, luego de caminar 27 kilómetros más.
Sonaba razonable. El Holandés Venerable estaba encantado con la idea, y decidió seguirla también. El Tío de Gafas pensó que estábamos locos, y sugirió que podríamos ser comidos por algún oso al pasar por Hospitales. El resto decidió quedarse en Salas, y seguir el itinerario normal.
Al día siguiente, salimos a las 6:30, El Granadino Deportista, La Pareja Canaria, y yo. Avanzamos bien hasta Salas, donde nos detuvimos para comer, y esta vez descubrir que en Asturias se come demasiado. Luego de un breve encuentro con Los Viejitos Comunistas, me despedí de mi grupo, y seguí sólo hasta Bodenayo.
Por supuesto, al llegar a Bodenayo descubrí que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Les comenté sobre la teletransportación, ¿no? Esa noche, solo fuimos tres personas, estaba también La Profesora Inglesa, quien caminaba tres meses al año. Esta señora había empezado a caminar en el 2007, desde la frontera entre Bulgaria y Rumanía, y acababa de llegar ese año a Santiago de Compostela.
Sí, dije Bulgaria y Rumanía. Hasta Santiago de Compostela. Chequéenlo en un mapa. Es un huevo.
Johnny, la gente está muy loca.
A la mañana siguiente empezaron los problemas. Salí con El Holandés Venerable... y nos perdimos. Mal. Terminamos en un parque eólico, en la cima de una montaña. Si no me creen, acá está la fotaza:
Un poco alto, ¿no? Les dije que nos habíamos perdido mal. Por suerte, encontramos el camino de vuelta, aunque hubo que descender por más de una hora por una carretera. Fue entonces que empezaron los shin splints, un leve dolor a la canilla.
Habiendo encontrado el camino de vuelta, nos dirigimos a Borres. Y fue espantoso, no se lo recomiendo a nadie. El problema básicamente es que en el albergue de Borres hay muy pocas camas, y se arma una especie de carrera entre peregrinos para conseguir un sitio dónde dormir. Fue una etapa dura básicamente por el estrés de llegar temprano al albergue, empeorada por el habernos perdido.
La llegada al albergue fue... extraña. Fue un poco hostil, ya que todos habían corrido para llegar a las camas a tiempo. Fue una especie de momento anime, en el que los héroes entran a la arena y encuentran a todos sus rivales. Vamos, pongamos una musiquita [1], aunque sólo sirva para ambientar dos párrafos.
En este albergue, primero vimos a La Abuela Supersónica, jugando cartas con su nieto, Turbobebé. Detrás, andaban Los Tres Comandos, que parecían veteranos de guerra. Nos dimos la vuelta al escuchar a Los Chicos Testosterona, discutiendo no se qué con Die Alemanen Buenonden. De ahí, llegó El Canadiense Gigante.
Esta gente sabía lo que hacía.
Yo no le puse mucha importancia a mis shin splints, ya que se me había roto el zapato, y vamos, sin zapatos no se puede hacer nada. Afortunadamente, encontré pegamento, así que pude seguir.
El Holandés Venerable y yo salimos juntos a la mañana siguiente, y nos metimos por La Ruta de los Hospitales. Tengo que admitir que luego del paseíto por el parque eólico, no nos pareció tan terrible como nos lo habían pintado. Sólo nos topamos con un poquito de niebla:
Anyway, habiendo superado esta fase, había que descender a Berducedo. La bajada era complicada, mucha roca suelta, y con una inclinación nada trivial. Y fue entonces que el dolor empezó. La rodilla izquierda empezó a quejarse, y me fue muy difícil avanzar.
No obstante, llegué a Berducedo. No estoy seguro de cómo lo hice, pero llegué. Lo primero que pregunté fue "¿Dónde está la farmacia?" obteniendo la fantástica respuesta "Lo siento, la farmacia cierra antes del mediodía". Así que nada, tendría que avanzar con cuidado al día siguiente, e intentar no forzar demasiado la rodilla. Nada de soporte, y nada de anti-inflamatorio, por un día más. Cha mare.
La siguiente etapa, de Berducedo a Grandas de Salime, parecía fácil. Sólo 20 kilómetros, pero con una bajada larga y tediosa. Al levantarme, descubrí con alivio que la rodilla no me dolía más... pero los shin splints estaban peor que nunca. Parece que el día anterior, el dolor en la rodilla había desviado mi atención, y me hizo forzar otras zonas de la pierna, que empeoraron el dolor en las canillas.
La bajada hacia Grandas de Salime fue penosa. A pesar de salir temprano, fuimos superados por La Abuela Supersónica, por Turbobebé, por Los Tres Comandos, y por Los Chicos Testosterona. El Holandés Venerable me miró, y la mirada me lo dijo todo: me iba a dejar solo. Era entendible, yo claramente no estaba en condiciones de seguir el ritmo normal, y le estaba dando dificultades. Nos despedimos, y quedamos en vernos en Grandas de Salime.
Al final, llegué a Grandas de Salime. En el camino, pasó La Familia Australiana, y La Australiana Mayor me prestó uno de sus bastones. Apoyándome en él, luché cada paso, y llegue a Grandas de Salime. Ahí, fui directo a la farmacia, compré anti-inflamatorio, soporte para las rodillas, y mi propio bastón para caminatas. No me iba a rendir.
En el albergue, me encontré con Los Hermanos Dinamita (tenían que ser de Valencia), que estaban con Die Alemanen Buenonden y La Canaria Misteriosa. Uno de ellos me comentó que él también había tenido shin splints, pero que el anti-inflamatorio lo había arreglado. Eso me hizo recuperar la confianza. Luego él vio lo hinchadas que estaban mis piernas, y la cara que puso me quitó toda la confianza que había recuperado.
¡No me rendiría! A la mañana siguiente había que caminar unos 26 kilómetros, hacia A Fonsagrada. Me levanté temprano, solo, empecé a andar... e intuí que no podría. Decidí pasar antes por la posta médica de Grandas de Salime, pero al ver que mapas distintos me indicaban que la posta se encontraba a extremos distintos del pueblo, decidí avanzar por el Camino, y ver hasta dónde llegaba.
El pueblo siguiente se encontraba a cuatro kilómetros, siguiendo un camino tremendamente fácil, en comparación a los últimos 103 kilómetros desde Bodenayo. Se suponía que debía hacerse en una hora... y yo me tomé dos. Cada paso fue una lucha constante, un desgarre terrible en cada canilla. Con cada toque del bastón, una nueva gota de sudor caí sobre el suelo. Cada respiración fue seguida por un rechinar de los dientes, mascullando constantemente un "¡No te rindas!" Fueron cuatro kilómetros terribles.
Fue entonces que me di cuenta que no llegaría a Santiago. Tenía miedo de causarme daño permanente, y tan idiota no soy. Al llegar al siguiente pueblo, llamado Castro, encontré el albergue, y pedí un taxi que me llevara al hospital de A Fonsagrada.
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[1]: Yu Yu Hakusho OST: Monster Suit
La verdad es que no me quería preparar mucho. Quería enterarme de los detalles durante el camino. Eso sí, la idea era caminar doce días, así que por lo menos tenía que enterarme de las etapas.
Ese fue el primer problema. Al mirar las etapas, descubrí que el Camino Primitivo es uno de los más difíciles de todos, y que se recomendaba hacer en trece etapas, no doce. Boh, me dije, vamos a ver qué pasa. En el peor de los casos hacía el camino en trece etapas, y me quedaba sólo una tarde en Santiago de Compostela. Kein problem.
Llegué a Oviedo con mi mochila, mi cámara de fotos, y poco más. A minimizar el peso. Me encontré allá con Jonatan y Johannes, compartimos una buena cena, y encontré el albergue. Ahí, me dieron mi credencial, me compré mi conchita de peregrino, y me preparé para salir.
Salí de Oviedo a las 6:30 de la mañana, con dirección a San Juan de Villapañada, cerca a Grado. Aproximadamente, caminaría unos 30 kilómetros y medio ese día. Mi primer encuentro fue con un señor mayor, a quien llamaremos El Holandés Venerable (yo sé que a ustedes les gustan los apodos). Aparentemente era bastante experimentado, y seguimos gran parte del camino juntos. Luego de un par de horas caminando, llegamos a un letrero indicando que faltaban 15 kilómetros para llegar a Grado. ¡Parecía pan comido!
Dos horas más tarde, descubrimos que los asturianos no saben calcular las distancias, ya que encontramos otro letrero indicando que faltaban 12 kilómetros para llegar a Grado. ¿Habíamos avanzado sólo un kilómetro y medio por hora? Cha mare.
El Holandés Venerable se detuvo a comer algo, así que lo dejé atrás. Luego me encontré con La Pareja Canaria, súper amables, y avancé con ellos hasta Grado. Ahí, mientras nos detuvimos pa almorzar, conocimos a El Granadino Deportista, y formamos un grupito de cuatro. Fantástico.
Al llegar al albergue de San Juan de Villapañada, descubrimos que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Aparentemente, sabía algo de teletransportación. Ahí mismo, encontramos a Los Tres Viejitos Comunistas, y al Tío de Gafas. Este último aparentemente conocía bien la zona, y había sido entrenador de no sé qué equipo de fútbol español, así que parecía saber lo que hacía.
Mientras conversábamos, salió el tema de hacer el Camino Primitivo en doce días. Y me hablaron de La Ruta de los Hospitales, algo parecido a los Paths of the Dead del Señor de los Anillos. Para llegar, debía cambiar mi ruta. El segundo día, debía avanzar 27 kilómetros, hasta Bodenayo, en vez de quedarme en Salas. El tercer día, debía avanzar unos 29 kilómetros, hasta Borres, en vez de quedarme en Tineo. El cuarto día, debía atravesar la temible Ruta de los Hospitales, saltándome una etapa, y llegando a Berducedo, luego de caminar 27 kilómetros más.
Sonaba razonable. El Holandés Venerable estaba encantado con la idea, y decidió seguirla también. El Tío de Gafas pensó que estábamos locos, y sugirió que podríamos ser comidos por algún oso al pasar por Hospitales. El resto decidió quedarse en Salas, y seguir el itinerario normal.
Al día siguiente, salimos a las 6:30, El Granadino Deportista, La Pareja Canaria, y yo. Avanzamos bien hasta Salas, donde nos detuvimos para comer, y esta vez descubrir que en Asturias se come demasiado. Luego de un breve encuentro con Los Viejitos Comunistas, me despedí de mi grupo, y seguí sólo hasta Bodenayo.
Por supuesto, al llegar a Bodenayo descubrí que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Les comenté sobre la teletransportación, ¿no? Esa noche, solo fuimos tres personas, estaba también La Profesora Inglesa, quien caminaba tres meses al año. Esta señora había empezado a caminar en el 2007, desde la frontera entre Bulgaria y Rumanía, y acababa de llegar ese año a Santiago de Compostela.
Sí, dije Bulgaria y Rumanía. Hasta Santiago de Compostela. Chequéenlo en un mapa. Es un huevo.
Johnny, la gente está muy loca.
A la mañana siguiente empezaron los problemas. Salí con El Holandés Venerable... y nos perdimos. Mal. Terminamos en un parque eólico, en la cima de una montaña. Si no me creen, acá está la fotaza:
Un poco alto, ¿no? Les dije que nos habíamos perdido mal. Por suerte, encontramos el camino de vuelta, aunque hubo que descender por más de una hora por una carretera. Fue entonces que empezaron los shin splints, un leve dolor a la canilla.
Habiendo encontrado el camino de vuelta, nos dirigimos a Borres. Y fue espantoso, no se lo recomiendo a nadie. El problema básicamente es que en el albergue de Borres hay muy pocas camas, y se arma una especie de carrera entre peregrinos para conseguir un sitio dónde dormir. Fue una etapa dura básicamente por el estrés de llegar temprano al albergue, empeorada por el habernos perdido.
La llegada al albergue fue... extraña. Fue un poco hostil, ya que todos habían corrido para llegar a las camas a tiempo. Fue una especie de momento anime, en el que los héroes entran a la arena y encuentran a todos sus rivales. Vamos, pongamos una musiquita [1], aunque sólo sirva para ambientar dos párrafos.
En este albergue, primero vimos a La Abuela Supersónica, jugando cartas con su nieto, Turbobebé. Detrás, andaban Los Tres Comandos, que parecían veteranos de guerra. Nos dimos la vuelta al escuchar a Los Chicos Testosterona, discutiendo no se qué con Die Alemanen Buenonden. De ahí, llegó El Canadiense Gigante.
Esta gente sabía lo que hacía.
Yo no le puse mucha importancia a mis shin splints, ya que se me había roto el zapato, y vamos, sin zapatos no se puede hacer nada. Afortunadamente, encontré pegamento, así que pude seguir.
El Holandés Venerable y yo salimos juntos a la mañana siguiente, y nos metimos por La Ruta de los Hospitales. Tengo que admitir que luego del paseíto por el parque eólico, no nos pareció tan terrible como nos lo habían pintado. Sólo nos topamos con un poquito de niebla:
Anyway, habiendo superado esta fase, había que descender a Berducedo. La bajada era complicada, mucha roca suelta, y con una inclinación nada trivial. Y fue entonces que el dolor empezó. La rodilla izquierda empezó a quejarse, y me fue muy difícil avanzar.
No obstante, llegué a Berducedo. No estoy seguro de cómo lo hice, pero llegué. Lo primero que pregunté fue "¿Dónde está la farmacia?" obteniendo la fantástica respuesta "Lo siento, la farmacia cierra antes del mediodía". Así que nada, tendría que avanzar con cuidado al día siguiente, e intentar no forzar demasiado la rodilla. Nada de soporte, y nada de anti-inflamatorio, por un día más. Cha mare.
La siguiente etapa, de Berducedo a Grandas de Salime, parecía fácil. Sólo 20 kilómetros, pero con una bajada larga y tediosa. Al levantarme, descubrí con alivio que la rodilla no me dolía más... pero los shin splints estaban peor que nunca. Parece que el día anterior, el dolor en la rodilla había desviado mi atención, y me hizo forzar otras zonas de la pierna, que empeoraron el dolor en las canillas.
La bajada hacia Grandas de Salime fue penosa. A pesar de salir temprano, fuimos superados por La Abuela Supersónica, por Turbobebé, por Los Tres Comandos, y por Los Chicos Testosterona. El Holandés Venerable me miró, y la mirada me lo dijo todo: me iba a dejar solo. Era entendible, yo claramente no estaba en condiciones de seguir el ritmo normal, y le estaba dando dificultades. Nos despedimos, y quedamos en vernos en Grandas de Salime.
Al final, llegué a Grandas de Salime. En el camino, pasó La Familia Australiana, y La Australiana Mayor me prestó uno de sus bastones. Apoyándome en él, luché cada paso, y llegue a Grandas de Salime. Ahí, fui directo a la farmacia, compré anti-inflamatorio, soporte para las rodillas, y mi propio bastón para caminatas. No me iba a rendir.
En el albergue, me encontré con Los Hermanos Dinamita (tenían que ser de Valencia), que estaban con Die Alemanen Buenonden y La Canaria Misteriosa. Uno de ellos me comentó que él también había tenido shin splints, pero que el anti-inflamatorio lo había arreglado. Eso me hizo recuperar la confianza. Luego él vio lo hinchadas que estaban mis piernas, y la cara que puso me quitó toda la confianza que había recuperado.
¡No me rendiría! A la mañana siguiente había que caminar unos 26 kilómetros, hacia A Fonsagrada. Me levanté temprano, solo, empecé a andar... e intuí que no podría. Decidí pasar antes por la posta médica de Grandas de Salime, pero al ver que mapas distintos me indicaban que la posta se encontraba a extremos distintos del pueblo, decidí avanzar por el Camino, y ver hasta dónde llegaba.
El pueblo siguiente se encontraba a cuatro kilómetros, siguiendo un camino tremendamente fácil, en comparación a los últimos 103 kilómetros desde Bodenayo. Se suponía que debía hacerse en una hora... y yo me tomé dos. Cada paso fue una lucha constante, un desgarre terrible en cada canilla. Con cada toque del bastón, una nueva gota de sudor caí sobre el suelo. Cada respiración fue seguida por un rechinar de los dientes, mascullando constantemente un "¡No te rindas!" Fueron cuatro kilómetros terribles.
Fue entonces que me di cuenta que no llegaría a Santiago. Tenía miedo de causarme daño permanente, y tan idiota no soy. Al llegar al siguiente pueblo, llamado Castro, encontré el albergue, y pedí un taxi que me llevara al hospital de A Fonsagrada.
Continuará.
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[1]: Yu Yu Hakusho OST: Monster Suit
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domingo, 1 de junio de 2014
Cinco Minutos de Fama
Hace dos años, estando en el CERN, me quedé en una oficina que estaba en la ruta usada por los turistas para llegar de recepción a la cafetería. De vez en cuando esto podía ser inconveniente, ya que por lo general los turistas son ruidosos, y podían hacer que uno perdiera la concentración.
Esto, no obstante, también podía tener ventajas. Una noche, mientras preparaba mi mochila para regresar a casa, sentí una presencia extraña observándome. Al voltear hacia la puerta, vi dos chicas mirándome. Era claro que querían preguntarme algo.
"Disculpa," dijo una de ellas, "¿podríamos tomarle una foto a tu pizarra?"
Mire mi pizarra. Estaba llena de ecuaciones y cálculos, la mayoría indicando que alguna idea no funcionaba. Les dije que claro, que no había problema, adelante.
Luego de unos minutos fotografiándola, me miraron, y me preguntaron si podía tomarme una foto con ellas. La verdad, me pareció tan gracioso el asunto, que accedí. Ahí estaba yo, siendo fotografiado abrazando a dos chicas, con mi pizarra en el fondo. Si me cambiaban la pizarra por una guitarra, sería igual a una estrella de rock.
Claramente, me dije, este es el punto más alto de mi carrera.
Recuerdo esta anécdota después de lo sucedido hace unos días en Facebook. Ahhh, qué buenos tiempos aquellos... Para los que no están enterados, permítanme que recapitule.
Hace dos semanas, Mauricio (quien siempre me mete en problemas) me escribió, y me dijo que en la revista PuntoEdu buscaban a algún físico que comentara sobre The Big Bang Theory (la serie de TV). Él no tenía tiempo, y me preguntó si estaba yo interesado.
La verdad, al no haber visto la serie, sabía que no podía escribir nada serio al respecto. Le dije que podía escribir algo como lo hice acá en el blog, hace algunos años. Le mandamos el post al encargado de la revista, y este aceptó.
Al escribirlo, no estaba seguro qué poner. Pensé en describir mis cuatro amigos más frikis, pero luego me di cuenta que no conocía a nadie que llegara al nivel de los personajes de la serie. Y fue entonces que me di cuenta que, pucha, realmente a nivel personal no somos tan frikis.
No obstante, como lo puse en el post anterior, sí era claro que cuando muchos de nosotros nos juntábamos, el frikismo se maximizaba. Así que listo, se me ocurrió una estructura para el post, donde más o menos decía eso.
Ahora, luego de haber leído algunos artículos de Pérez-Reverte, recordé que él generalmente se queja de que, cada vez que escribe algo, alguna persona se ofende. No pensé que esta pudiera ser la situación con mi artículo, ¿qué clase de paparulo se podría ofender con un post tan tonto?
No obstante, decidí terminar el artículo con un párrafo tipo disclaimer: que es mi opinión, gente, y que este artículo es más una broma que algo serio. Se lo mandé al encargado, y luego de un par de correcciones, se publicó. Si lo quieren leer, está acá. No lo reproduzco aquí, ya que saldría muy largo el post.
Para serles sinceros, no me esperaba lo que ocurrió luego. Me dicen que el post se volvió viral. Cientos de personas leyeron el artículo... y me odiaron.
No sólo eso, sino que expresaron su descontento en los comentarios de la página de Facebook de la PUCP. La situación empeoró cuando la revista DedoMedio reposteó el artículo. Aparentemente, por cinco minutos, mi nombre fue repetido con asco por toda la red. Was zum geier???
Fue una experiencia muy extraña. Hasta me invitaron a hablar en PlusTV. En serio.
Permítanme reproducir aquí algunos de estos comentarios. Son mi Top12, digamos, los comentarios que, de una forma u otra, me han llamado más la atención. Agárrense.
- Que amargado el pata!
- mi sobrino de 7 años hace mejores pataletas...
- Esperaba algo más interesante... Realmente tener Phd no te hace interesante...
- un fisico renegando de una serie? eso le pasa por no estudiar en la UNI...
- Es sólo una serie de ficción y para quitar estrés..en cambio el articulista peca de soberbio.
- Yo no juzgaría a un físico como Joel por una serie cómica, pero si por una opinión tan absurda como la que hace en este artículo
- XD ya dejenlo el solo quiere ser malote e.e no quiere que lo vean lindo XD
- Hola, no creo que la palabra lindo sea un adjetivo denigrante más bien los humaniza pero si eso es lo que no le gusta me parece que tiene un problema de ego. Por otro lado, si dicen lindo es porque gracias a la serie a muchas personas les interesa un poco más la física y ahora les parece algo bonito. Igual fue interesante leer el artículo.
- Jajajaja quiere quedar como el físico cool y rebelde... termina siendo como un howard. Más sentido del humor, broooo!
- Manya, no sabía que Sheldon Cooper escribía en la PUCP .... Bazingaaaa..!!!!
- Bien q te gusta Penny xD
- De hecho es virgen.
Hasta se organizó una marcha, caray. 'Ta que me sentí Ivan Thays.
Y nada, pues no hay mucho más que decir. Agradecer nomas a Gonzalo, Luciano y Romina por su férreo apoyo dentro de las redes. Y tal vez terminar con el muy acertado comentario de Romina: "Y en los comentarios hay harto Sheldon que no capta el chiste del texto. (necesitan que salga Leonard con su letrerito de "es broma")."
Mejor que ni se enteren que tampoco me gusta Friends.
Esto, no obstante, también podía tener ventajas. Una noche, mientras preparaba mi mochila para regresar a casa, sentí una presencia extraña observándome. Al voltear hacia la puerta, vi dos chicas mirándome. Era claro que querían preguntarme algo.
"Disculpa," dijo una de ellas, "¿podríamos tomarle una foto a tu pizarra?"
Mire mi pizarra. Estaba llena de ecuaciones y cálculos, la mayoría indicando que alguna idea no funcionaba. Les dije que claro, que no había problema, adelante.
Luego de unos minutos fotografiándola, me miraron, y me preguntaron si podía tomarme una foto con ellas. La verdad, me pareció tan gracioso el asunto, que accedí. Ahí estaba yo, siendo fotografiado abrazando a dos chicas, con mi pizarra en el fondo. Si me cambiaban la pizarra por una guitarra, sería igual a una estrella de rock.
Claramente, me dije, este es el punto más alto de mi carrera.
Recuerdo esta anécdota después de lo sucedido hace unos días en Facebook. Ahhh, qué buenos tiempos aquellos... Para los que no están enterados, permítanme que recapitule.
Hace dos semanas, Mauricio (quien siempre me mete en problemas) me escribió, y me dijo que en la revista PuntoEdu buscaban a algún físico que comentara sobre The Big Bang Theory (la serie de TV). Él no tenía tiempo, y me preguntó si estaba yo interesado.
La verdad, al no haber visto la serie, sabía que no podía escribir nada serio al respecto. Le dije que podía escribir algo como lo hice acá en el blog, hace algunos años. Le mandamos el post al encargado de la revista, y este aceptó.
Al escribirlo, no estaba seguro qué poner. Pensé en describir mis cuatro amigos más frikis, pero luego me di cuenta que no conocía a nadie que llegara al nivel de los personajes de la serie. Y fue entonces que me di cuenta que, pucha, realmente a nivel personal no somos tan frikis.
No obstante, como lo puse en el post anterior, sí era claro que cuando muchos de nosotros nos juntábamos, el frikismo se maximizaba. Así que listo, se me ocurrió una estructura para el post, donde más o menos decía eso.
Ahora, luego de haber leído algunos artículos de Pérez-Reverte, recordé que él generalmente se queja de que, cada vez que escribe algo, alguna persona se ofende. No pensé que esta pudiera ser la situación con mi artículo, ¿qué clase de paparulo se podría ofender con un post tan tonto?
No obstante, decidí terminar el artículo con un párrafo tipo disclaimer: que es mi opinión, gente, y que este artículo es más una broma que algo serio. Se lo mandé al encargado, y luego de un par de correcciones, se publicó. Si lo quieren leer, está acá. No lo reproduzco aquí, ya que saldría muy largo el post.
Para serles sinceros, no me esperaba lo que ocurrió luego. Me dicen que el post se volvió viral. Cientos de personas leyeron el artículo... y me odiaron.
No sólo eso, sino que expresaron su descontento en los comentarios de la página de Facebook de la PUCP. La situación empeoró cuando la revista DedoMedio reposteó el artículo. Aparentemente, por cinco minutos, mi nombre fue repetido con asco por toda la red. Was zum geier???
Fue una experiencia muy extraña. Hasta me invitaron a hablar en PlusTV. En serio.
Permítanme reproducir aquí algunos de estos comentarios. Son mi Top12, digamos, los comentarios que, de una forma u otra, me han llamado más la atención. Agárrense.
- Que amargado el pata!
- mi sobrino de 7 años hace mejores pataletas...
- Esperaba algo más interesante... Realmente tener Phd no te hace interesante...
- un fisico renegando de una serie? eso le pasa por no estudiar en la UNI...
- Es sólo una serie de ficción y para quitar estrés..en cambio el articulista peca de soberbio.
- Yo no juzgaría a un físico como Joel por una serie cómica, pero si por una opinión tan absurda como la que hace en este artículo
- XD ya dejenlo el solo quiere ser malote e.e no quiere que lo vean lindo XD
- Hola, no creo que la palabra lindo sea un adjetivo denigrante más bien los humaniza pero si eso es lo que no le gusta me parece que tiene un problema de ego. Por otro lado, si dicen lindo es porque gracias a la serie a muchas personas les interesa un poco más la física y ahora les parece algo bonito. Igual fue interesante leer el artículo.
- Jajajaja quiere quedar como el físico cool y rebelde... termina siendo como un howard. Más sentido del humor, broooo!
- Manya, no sabía que Sheldon Cooper escribía en la PUCP .... Bazingaaaa..!!!!
- Bien q te gusta Penny xD
- De hecho es virgen.
Hasta se organizó una marcha, caray. 'Ta que me sentí Ivan Thays.
Y nada, pues no hay mucho más que decir. Agradecer nomas a Gonzalo, Luciano y Romina por su férreo apoyo dentro de las redes. Y tal vez terminar con el muy acertado comentario de Romina: "Y en los comentarios hay harto Sheldon que no capta el chiste del texto. (necesitan que salga Leonard con su letrerito de "es broma")."
Mejor que ni se enteren que tampoco me gusta Friends.
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lunes, 20 de enero de 2014
Mis Hogares
Desde el momento que abrí la puerta, supe que estaba, nuevamente, en casa.
No, no estoy en Perú. Me encuentro actualmente en lo que llamo Home #2, Valencia, España. Me encuentro en el mismo piso donde pasé los últimos dos años del doctorado, donde pasé el peor año de mi vida, pero también donde luego conocí a la Mari, Herr Deutschland, ODD, la Nube de Ámbar (conocida en este blog inicialmente como Eli), Ola y la GambaGirl.
Acá, constantemente revivo momentos gloriosos, y momentos complicados. Recuerdo sonrisas y frustraciones. Pero me siento en casa. Me encuentro en mi barrio, donde reconozco a la viejita de la misa, al mendigo del parque, a la comunidad latinoamericana que juega fútbol, a la señora que hace la limpieza... y por supuesto, donde tengo amigos muy cercanos.
Podría hablar de esto por horas. Pero curiosamente, el post de hoy no trata de esto, sino de mi hogar anterior. El post trata sobre la mansión de los horrores donde viví en Ginebra. Un sitio que, curiosamente, llegué a querer, no por el sitio en sí, sino por otras razones que ya revelaré más adelante.
Evaluemos mi situación en los últimos dos años. Era (soy) un postdoc que recibe un sueldo español, que debía vivir en Ginebra. Una de las ciudades más caras del mundo. Un sitio donde alquilar un piso cuesta como mínimo unos mil francos. Donde cenar en un restaurante cuesta generalmente unos cuarenta francos. Donde una cerveza puede llegar a costar veinticinco francos.
Para los que no saben, un franco es más o menos similar a un dólar estadounidense. Sí, así de mal estaba la cosa.
Evidentemente tenía que ahorrar. Y no podía ir a cualquier sitio. Terminé viviendo en una residencia de estudiantes, el Foyer St Justin.
El sitio en sí estaba relativamente bien. Ubicado cerca al lago y a la estación de tren, con una cocina relativamente grande, terraza, salón común... sí, de hecho que tenía cosas complicadas, como tener que compartir un baño entre diez personas, y refrigeradores muy pequeños, y prostitutas y dealers en los alrededores, pero por lo general eran cosas bastante aceptables.
El problema, por supuesto, era la administración del Foyer. Eran casi nazis.
Estamos hablando de gente administrando un Foyer con unas 120 personas que venían de todo el mundo. Literalmente. Estos administradores no tenían el más mínimo criterio para manejar un sitio así.
Por ejemplo, la cocina. La cocina era un pequeño desastre, ya que dentro de estas 120 personas, siempre había un par que vivía por primera vez fuera de la casa de sus padres, o que siempre había tenido a alguien que le hiciera las cosas. Por ende, era muy natural que accidentes ocurrieran frecuentemente, desde equivocarse en el momento de reciclar, hasta meter metales en el microondas.
No obstante, la dirección era incapaz de entender esto. Culpaba a los 120 residentes de todos los desastres, y nos "castigaba" amenazando cancelar el servicio de limpieza diario, o incluso proponiendo cerrar la cocina permanentemente. Imponía medidas ridículas, como prohibir a la gente cargar alimentos fuera de la cocina (o sea, olvídate de llevarte un tecito a la habitación).
El racismo era un tema frecuente. Una vez, ocurrió una invasión de cucarachas en la misma cocina. Cuando La Garota Gostosa fue a quejarse, se le culpó de haber traído las cucarachas en su maleta. Geniales. Alguna vez también escuché a la secretaria considerar que algunos residentes venían de sitios donde no había casi civilización... cuando muchos de ellos trabajaba en las Naciones Unidas, o en la Cruz Roja, o seguía maestrías.
La limpieza por lo general era precaria. El Foyer contrataba a solamente dos personas que debían limpiar seis pisos, con veinte habitaciones y dos baños cada uno, junto con la cocina, la terraza, la sala y las áreas de servicio. Dos personas. Ya se imaginan.
Organizar fiestas era todo un rollo. Era crucial enterarse cuándo el responsable estaba fuera el fin de semana (llamémosle Señor Ogro). Si decidíamos hacer una fiesta, y el Señor Ogro se encontraba en casa, bajaba religiosamente a las 11:00 pm para echar a la calle a todos aquellos que no eran residentes. Sin importar que hubieran sido residentes en el pasado, o antiguos miembros de la administración, sin importar que afuera estuviera lloviendo o bajo cero... todos a la calle. La única forma de relajar al Señor Ogro era emborrachándolo... que afortunadamente no era tan difícil.
Tal vez la situación más grave ocurrió a inicios del 2012. El genial Señor Ogro decidió que las habitaciones no estaban suficientemente limpias, así que convenció al Señor Conserje que tomara fotos de cada una de las habitaciones para poder tener pruebas. Como si esto no fuera suficientemente escandaloso, el Señor Conserje tenía tanto criterio como lo tiene un pedazo de ladrillo, y se caracterizaba por entrar sin tocar la puerta.
Por supuesto, todas estas cosas generalmente eran acompañadas por gritos, porque el Señor Ogro era incapaz de razonar.
¿Y por qué nadie se quejó? ¿Por qué la administración se salía con la suya? Fácil, resulta que el mercado inmobiliario en Ginebra es una mafia. Conseguir un sitio dónde vivir puede tomar meses. El Señor Ogro sabía que si alguien se quejaba, simplemente lo amenazaba con echarlo a la calle. Recuerdo que al llegar, La Libanesa de los Ojos Infinitos y yo escribimos una carta, quejándonos de esta situación, y muy poca gente estaba dispuesta a firmarla, por miedo de terminar en la calle.
Pues sí, ahi viví por casi dos años. Tres meses en el 2010, todo el 2012, y la última mitad del 2013. ¿Y por qué regresaba ahí?
El Foyer St Justin, a pesar de todo, tenía algo muy especial: el salón. En dicho salón nos juntábamos a comer personas de todos los continentes del mundo. Personas que queríamos marchar adelante, ya sea estudiando, o trabajando en ONGs, o intentando hacer avanzar a la ciencia, o buscando resolver la burrocracia en las Naciones Unidas. Gente de todos los colores, sabores, olores, frecuencias y texturas. Ahí conocí a El Albanés Amable, La Tedesca Sorridente, Die Tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, El Árabe Silencioso, Sally, La Gata B, La Libanesa de los Ojos Infinitos, The Relaxed Englishman, La Finlandesa Particular, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, el Español Superguay, Chibi-Ninja, Mojo Jojo, La Turca Inocente, El Uzbeko Reservado, El Tanzano Chévere, El Niño Albanés, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente, La Fragolina, La Catalana y Olé... y más gente aún que no llegó a tener apodo.
Dada esta situación, ¿cómo no volver ahí? Sí, de hecho, también conocía gente fantástica en el CERN, y pasé momentos geniales con la gente de la WIPO, incluyendo a Angela y Gedas... pero ¿cómo no ser atraído por este gran conjunto de personas? ¿Cómo no aceptar vivir en las horribles condiciones del Foyer St Justin, si la recompensa iba a ser tan grande?
Yo no me pude resistir. Y es por eso que volví ahí tantas veces. Por otro lado, dicen que El Señor Ogro se retira en Junio, así que si van a Ginebra después de esa fecha, échenle una ojeada al sitio, fácil ya no encuentran de qué quejarse.
¡Ok! ¡Este post me salió gigante! Me despido con una fotito de Valencia. ¡Hasta pronto!
No, no estoy en Perú. Me encuentro actualmente en lo que llamo Home #2, Valencia, España. Me encuentro en el mismo piso donde pasé los últimos dos años del doctorado, donde pasé el peor año de mi vida, pero también donde luego conocí a la Mari, Herr Deutschland, ODD, la Nube de Ámbar (conocida en este blog inicialmente como Eli), Ola y la GambaGirl.
Acá, constantemente revivo momentos gloriosos, y momentos complicados. Recuerdo sonrisas y frustraciones. Pero me siento en casa. Me encuentro en mi barrio, donde reconozco a la viejita de la misa, al mendigo del parque, a la comunidad latinoamericana que juega fútbol, a la señora que hace la limpieza... y por supuesto, donde tengo amigos muy cercanos.
Podría hablar de esto por horas. Pero curiosamente, el post de hoy no trata de esto, sino de mi hogar anterior. El post trata sobre la mansión de los horrores donde viví en Ginebra. Un sitio que, curiosamente, llegué a querer, no por el sitio en sí, sino por otras razones que ya revelaré más adelante.
Evaluemos mi situación en los últimos dos años. Era (soy) un postdoc que recibe un sueldo español, que debía vivir en Ginebra. Una de las ciudades más caras del mundo. Un sitio donde alquilar un piso cuesta como mínimo unos mil francos. Donde cenar en un restaurante cuesta generalmente unos cuarenta francos. Donde una cerveza puede llegar a costar veinticinco francos.
Para los que no saben, un franco es más o menos similar a un dólar estadounidense. Sí, así de mal estaba la cosa.
Evidentemente tenía que ahorrar. Y no podía ir a cualquier sitio. Terminé viviendo en una residencia de estudiantes, el Foyer St Justin.
El sitio en sí estaba relativamente bien. Ubicado cerca al lago y a la estación de tren, con una cocina relativamente grande, terraza, salón común... sí, de hecho que tenía cosas complicadas, como tener que compartir un baño entre diez personas, y refrigeradores muy pequeños, y prostitutas y dealers en los alrededores, pero por lo general eran cosas bastante aceptables.
El problema, por supuesto, era la administración del Foyer. Eran casi nazis.
Estamos hablando de gente administrando un Foyer con unas 120 personas que venían de todo el mundo. Literalmente. Estos administradores no tenían el más mínimo criterio para manejar un sitio así.
Por ejemplo, la cocina. La cocina era un pequeño desastre, ya que dentro de estas 120 personas, siempre había un par que vivía por primera vez fuera de la casa de sus padres, o que siempre había tenido a alguien que le hiciera las cosas. Por ende, era muy natural que accidentes ocurrieran frecuentemente, desde equivocarse en el momento de reciclar, hasta meter metales en el microondas.
No obstante, la dirección era incapaz de entender esto. Culpaba a los 120 residentes de todos los desastres, y nos "castigaba" amenazando cancelar el servicio de limpieza diario, o incluso proponiendo cerrar la cocina permanentemente. Imponía medidas ridículas, como prohibir a la gente cargar alimentos fuera de la cocina (o sea, olvídate de llevarte un tecito a la habitación).
El racismo era un tema frecuente. Una vez, ocurrió una invasión de cucarachas en la misma cocina. Cuando La Garota Gostosa fue a quejarse, se le culpó de haber traído las cucarachas en su maleta. Geniales. Alguna vez también escuché a la secretaria considerar que algunos residentes venían de sitios donde no había casi civilización... cuando muchos de ellos trabajaba en las Naciones Unidas, o en la Cruz Roja, o seguía maestrías.
La limpieza por lo general era precaria. El Foyer contrataba a solamente dos personas que debían limpiar seis pisos, con veinte habitaciones y dos baños cada uno, junto con la cocina, la terraza, la sala y las áreas de servicio. Dos personas. Ya se imaginan.
Organizar fiestas era todo un rollo. Era crucial enterarse cuándo el responsable estaba fuera el fin de semana (llamémosle Señor Ogro). Si decidíamos hacer una fiesta, y el Señor Ogro se encontraba en casa, bajaba religiosamente a las 11:00 pm para echar a la calle a todos aquellos que no eran residentes. Sin importar que hubieran sido residentes en el pasado, o antiguos miembros de la administración, sin importar que afuera estuviera lloviendo o bajo cero... todos a la calle. La única forma de relajar al Señor Ogro era emborrachándolo... que afortunadamente no era tan difícil.
Tal vez la situación más grave ocurrió a inicios del 2012. El genial Señor Ogro decidió que las habitaciones no estaban suficientemente limpias, así que convenció al Señor Conserje que tomara fotos de cada una de las habitaciones para poder tener pruebas. Como si esto no fuera suficientemente escandaloso, el Señor Conserje tenía tanto criterio como lo tiene un pedazo de ladrillo, y se caracterizaba por entrar sin tocar la puerta.
Por supuesto, todas estas cosas generalmente eran acompañadas por gritos, porque el Señor Ogro era incapaz de razonar.
¿Y por qué nadie se quejó? ¿Por qué la administración se salía con la suya? Fácil, resulta que el mercado inmobiliario en Ginebra es una mafia. Conseguir un sitio dónde vivir puede tomar meses. El Señor Ogro sabía que si alguien se quejaba, simplemente lo amenazaba con echarlo a la calle. Recuerdo que al llegar, La Libanesa de los Ojos Infinitos y yo escribimos una carta, quejándonos de esta situación, y muy poca gente estaba dispuesta a firmarla, por miedo de terminar en la calle.
Pues sí, ahi viví por casi dos años. Tres meses en el 2010, todo el 2012, y la última mitad del 2013. ¿Y por qué regresaba ahí?
El Foyer St Justin, a pesar de todo, tenía algo muy especial: el salón. En dicho salón nos juntábamos a comer personas de todos los continentes del mundo. Personas que queríamos marchar adelante, ya sea estudiando, o trabajando en ONGs, o intentando hacer avanzar a la ciencia, o buscando resolver la burrocracia en las Naciones Unidas. Gente de todos los colores, sabores, olores, frecuencias y texturas. Ahí conocí a El Albanés Amable, La Tedesca Sorridente, Die Tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, El Árabe Silencioso, Sally, La Gata B, La Libanesa de los Ojos Infinitos, The Relaxed Englishman, La Finlandesa Particular, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, el Español Superguay, Chibi-Ninja, Mojo Jojo, La Turca Inocente, El Uzbeko Reservado, El Tanzano Chévere, El Niño Albanés, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente, La Fragolina, La Catalana y Olé... y más gente aún que no llegó a tener apodo.
Dada esta situación, ¿cómo no volver ahí? Sí, de hecho, también conocía gente fantástica en el CERN, y pasé momentos geniales con la gente de la WIPO, incluyendo a Angela y Gedas... pero ¿cómo no ser atraído por este gran conjunto de personas? ¿Cómo no aceptar vivir en las horribles condiciones del Foyer St Justin, si la recompensa iba a ser tan grande?
Yo no me pude resistir. Y es por eso que volví ahí tantas veces. Por otro lado, dicen que El Señor Ogro se retira en Junio, así que si van a Ginebra después de esa fecha, échenle una ojeada al sitio, fácil ya no encuentran de qué quejarse.
¡Ok! ¡Este post me salió gigante! Me despido con una fotito de Valencia. ¡Hasta pronto!
viernes, 27 de diciembre de 2013
La Evaluación
Nota: Los nombres en este relato pueden haber sido modificados para no meter al relator en problemas legales.
Un día, mi estimado Mauricio me mandó un mail interesante. Me contó que la Universidad de Narnia (ver nota al inicio del post), en Lima, estaba organizando un concurso de proyectos de investigación, y que necesitaba gente dispuesta a participar en la evaluación de los proyectos. Me propuso participar en el comité evaluador, a lo que yo acepté gustoso.
Le pregunté entonces en qué consistía el proceso, cómo se debía evaluar los proyectos, y cuál era la fecha límite. Me dijo que no estaba seguro, pero que su contacto ahí, a quien llamaremos El Cayoto, nos lo explicaría el siguiente lunes. Pos na, le mandé un mail a El Cayoto, aceptando y agradeciendo la invitación, y quedamos todos en hablar por Skype, ese lunes, a primera hora (en Lima).
El domingo antes de la reunión, El Cayoto nos mandó un mail a Mauricio y a mi. Se mostró contento por tener evaluadores trabajando fuera de Lima, y nos contó que debíamos evaluar un total de 14 proyectos. Pasu. Nos dijo que los formularios por evaluar no eran demasiado extensos, y que los ganadores recibirían dinero de la Universidad de Narnia. Todo parecía bien, aunque me preocupó que no respondiera a la pregunta de: "¿Para cuándo se deben evaluar los proyectos?"
El lunes, a las 3 pm (9 am en Lima), recibimos un nuevo mail de El Cayoto. Se disculpó, ya que no podría reunirse con nosotros. Aparentemente, tenía estudiantes de maestría que debían exponer su trabajo, así que estaba ocupado. No solo eso, que tenían una inundación o algo en uno de los laboratorios. No obstante, nos dijo que no debíamos preocuparnos, que él nos enviaría el material por correo electrónico, y que teníamos hasta las 6:00 pm de ese mismo día (hora Lima) para presentar nuestra evaluación.
Ma che cazzo????
Nada, tranquilidad. Primero, a ver los proyectos. Nos llegamos a conectar con El Cayoto por Skype, y nos dio instrucciones más precisas. Nos envió el material, y fugó.
Luego de descomprimir el archivo, me di cuenta que la tarea era aún más complicada de lo que aparentaba. Los formularios eran gigantes, unas quince páginas cada uno en promedio. No sólo eso, sino que los cinco proyectos que debía evaluar yo eran todos en física de Brujas Blancas (ver nota al inicio del post), y siendo físico de partículas como que no estaba muy familiarizado con el tema.
Los más audaces habrán notado que he dicho que yo debía evaluar sólo cinco proyectos. Efectivamente, la idea de El Cayoto era la de repartir los proyectos entre los evaluadores, así se acaba más rápido, pe. ¿Y la objetividad? Bien gracias, manda saludos. No sólo eso, sino que los criterios de evaluación eran sumamente subjetivos (a pesar de estar dividido cada proyecto en elegantes categorías, la cantidad de puntos a otorgar nunca quedaba 100% clara). ¿Y el profesionalismo? Pues manda recuerdos.
Habré durado más o menos una hora en el asunto, hasta que me di cuenta no sólo de la ridiculez del asunto (eso me quedó claro desde que descomprimí los archivos), sino que realmente me podría meter en serios problemas.
Veamos. Siendo un físico de partículas, sería parte de un comité que evaluaría proyectos de física de Brujas Blancas. Un comité armado 72 horas antes de la fecha límite para presentar la evaluación, y que tendría menos de 24 horas para hacer su trabajo. No sólo eso, sino que no habría ningún criterio claro para llevar a cabo una evaluación objetiva.
¿Y yo qué hago con esta pala, y por qué me encuentro en un hoyo tan profundo?
No way. Seguir en esto no sólo era irresponsable, sino que también un riesgo en mi futuro profesional en Perú. Sí, quedaría mal con El Cayoto, pero no recibiría el odio y menosprecio de toda la comunidad científica de la Universidad de Narnia luego de presentar la evaluación.
Le escribí a Mauricio. Él tampoco estaba muy contento, pero quería seguir con su misión. Así que nada, entré a Skype y le mandé un mensaje a El Cayoto. Le dije que no había suficiente tiempo, y que no estaba de acuerdo que dos físicos de partículas evalúen proyectos en física de Brujas Blancas.
Luego de un minuto de silencio, El Cayoto cerró su sesión de Skype.
Genial. Ahora iba a ignorar mi mensaje. Pos nada, les escribí un mail, y repetí el mensaje. Al enviarlo, respiré aliviado. Me daba pena no haber participado y haberme salido de esa manera, pero quedarme habría sido tremendamente irresponsable.
Unas horas luego, Mauricio me escribió sumamente molesto. El Cayoto aparentemente había revisado las bases que determinaban quién podía ser miembro evaluador, y había descubierto que era necesario tener el título de doctor. Por lo cual, Mauricio no podría participar. Había perdido un día por las puras.
Ahí no quedo la cosa, por supuesto. Un poco mas tarde, El Cayoto me escribió. Me dijo que lamentablemente Mauricio no podía participar, pero que había notado que yo sí era doctor, y que contaba con mi apoyo.
Yo no sabía cómo decirle que quería darle la oportunidad de escoger el orificio por dónde meter su evaluación. Aguantando la indignación, le respondí, y le dije que lo que había escrito en mi correo anterior seguía siendo válido, y que no participaría dentro del comité.
Mein Gott....
Un día, mi estimado Mauricio me mandó un mail interesante. Me contó que la Universidad de Narnia (ver nota al inicio del post), en Lima, estaba organizando un concurso de proyectos de investigación, y que necesitaba gente dispuesta a participar en la evaluación de los proyectos. Me propuso participar en el comité evaluador, a lo que yo acepté gustoso.
Le pregunté entonces en qué consistía el proceso, cómo se debía evaluar los proyectos, y cuál era la fecha límite. Me dijo que no estaba seguro, pero que su contacto ahí, a quien llamaremos El Cayoto, nos lo explicaría el siguiente lunes. Pos na, le mandé un mail a El Cayoto, aceptando y agradeciendo la invitación, y quedamos todos en hablar por Skype, ese lunes, a primera hora (en Lima).
El domingo antes de la reunión, El Cayoto nos mandó un mail a Mauricio y a mi. Se mostró contento por tener evaluadores trabajando fuera de Lima, y nos contó que debíamos evaluar un total de 14 proyectos. Pasu. Nos dijo que los formularios por evaluar no eran demasiado extensos, y que los ganadores recibirían dinero de la Universidad de Narnia. Todo parecía bien, aunque me preocupó que no respondiera a la pregunta de: "¿Para cuándo se deben evaluar los proyectos?"
El lunes, a las 3 pm (9 am en Lima), recibimos un nuevo mail de El Cayoto. Se disculpó, ya que no podría reunirse con nosotros. Aparentemente, tenía estudiantes de maestría que debían exponer su trabajo, así que estaba ocupado. No solo eso, que tenían una inundación o algo en uno de los laboratorios. No obstante, nos dijo que no debíamos preocuparnos, que él nos enviaría el material por correo electrónico, y que teníamos hasta las 6:00 pm de ese mismo día (hora Lima) para presentar nuestra evaluación.
Ma che cazzo????
Nada, tranquilidad. Primero, a ver los proyectos. Nos llegamos a conectar con El Cayoto por Skype, y nos dio instrucciones más precisas. Nos envió el material, y fugó.
Luego de descomprimir el archivo, me di cuenta que la tarea era aún más complicada de lo que aparentaba. Los formularios eran gigantes, unas quince páginas cada uno en promedio. No sólo eso, sino que los cinco proyectos que debía evaluar yo eran todos en física de Brujas Blancas (ver nota al inicio del post), y siendo físico de partículas como que no estaba muy familiarizado con el tema.
Los más audaces habrán notado que he dicho que yo debía evaluar sólo cinco proyectos. Efectivamente, la idea de El Cayoto era la de repartir los proyectos entre los evaluadores, así se acaba más rápido, pe. ¿Y la objetividad? Bien gracias, manda saludos. No sólo eso, sino que los criterios de evaluación eran sumamente subjetivos (a pesar de estar dividido cada proyecto en elegantes categorías, la cantidad de puntos a otorgar nunca quedaba 100% clara). ¿Y el profesionalismo? Pues manda recuerdos.
Habré durado más o menos una hora en el asunto, hasta que me di cuenta no sólo de la ridiculez del asunto (eso me quedó claro desde que descomprimí los archivos), sino que realmente me podría meter en serios problemas.
Veamos. Siendo un físico de partículas, sería parte de un comité que evaluaría proyectos de física de Brujas Blancas. Un comité armado 72 horas antes de la fecha límite para presentar la evaluación, y que tendría menos de 24 horas para hacer su trabajo. No sólo eso, sino que no habría ningún criterio claro para llevar a cabo una evaluación objetiva.
¿Y yo qué hago con esta pala, y por qué me encuentro en un hoyo tan profundo?
No way. Seguir en esto no sólo era irresponsable, sino que también un riesgo en mi futuro profesional en Perú. Sí, quedaría mal con El Cayoto, pero no recibiría el odio y menosprecio de toda la comunidad científica de la Universidad de Narnia luego de presentar la evaluación.
Le escribí a Mauricio. Él tampoco estaba muy contento, pero quería seguir con su misión. Así que nada, entré a Skype y le mandé un mensaje a El Cayoto. Le dije que no había suficiente tiempo, y que no estaba de acuerdo que dos físicos de partículas evalúen proyectos en física de Brujas Blancas.
Luego de un minuto de silencio, El Cayoto cerró su sesión de Skype.
Genial. Ahora iba a ignorar mi mensaje. Pos nada, les escribí un mail, y repetí el mensaje. Al enviarlo, respiré aliviado. Me daba pena no haber participado y haberme salido de esa manera, pero quedarme habría sido tremendamente irresponsable.
Unas horas luego, Mauricio me escribió sumamente molesto. El Cayoto aparentemente había revisado las bases que determinaban quién podía ser miembro evaluador, y había descubierto que era necesario tener el título de doctor. Por lo cual, Mauricio no podría participar. Había perdido un día por las puras.
Ahí no quedo la cosa, por supuesto. Un poco mas tarde, El Cayoto me escribió. Me dijo que lamentablemente Mauricio no podía participar, pero que había notado que yo sí era doctor, y que contaba con mi apoyo.
Yo no sabía cómo decirle que quería darle la oportunidad de escoger el orificio por dónde meter su evaluación. Aguantando la indignación, le respondí, y le dije que lo que había escrito en mi correo anterior seguía siendo válido, y que no participaría dentro del comité.
Mein Gott....
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