¿En qué nos quedamos la vez pasada? Ah, sí, el colesterol. Y los cálculos en los riñones. Había que ir a la clínica.
Bueno pues. Primera cosa, hablar con un internista. Lamentablemente, no sirvió de mucho. Me redirigió con una nutricionista para lo del colesterol, y con un nefrólogo para lo de los cálculos.
Por el lado de la nutricionista, me hizo notar que no sólo era un rollo de colesterol, sino que tenía los... triglicéridos altos. U otra cosa. Creo que eran los triglicéridos. En fin, que tenía algo alto, y que tenía que hacer dieta. Cero grasas y cero carbohidratos hasta enero (¿alguien dijo Operación Bikini?).
Quiero que reflexionen sobre lo de la dieta. Cero carbohidratos significa cero helado. Supongo que me conocen lo suficiente como para saber que esta dieta no me está funcionando del todo. A ver qué dice el el examen de sangre en enero.
Anyway, de ahí, al nefrólogo. Que me quiere hacer una tomografía, pero que no sabe si mis riñones van a aguantar el procedimiento. Cosa que, por supuesto, me preocupa, porque a pesar de los cálculos yo siempre pensé que mis riñones andaban de lo más bien.
¿Qué tenía que hacer? Oootro análisis de sangre, y para mi diversión, recolectar orina por 24 horas. Había que ver si mis riñones eran poderosos o no.
¿Alguna vez han recolectado orina tanto tiempo? ¿Han pensando dónde debe guardarse? Sí, exacto, en el refrigerador. Siguiente paso: ¿cómo cazzo explicarle a la novia la situación?
Pues nada, todo bien con la recolección. Llené mi galonera y al día siguiente me levanté temprano. Ese sábado tenía mucho qué hacer, así que tenía planeado llevar la muestra temprano al laboratorio. Desayuné con la novia, y una vez que ella salió, me puse a lavar los platos para luego alistarme para salir.
Y fue entonces que me rebané el dedo.
Resulta que tenemos cuchillos nuevos en casa, y uno de ellos es casi un machete. Resulta también que a la novia le gusta cortar naranjas con ese machete. Y resulta, finalmente, que si a uno se le escapa ese machete de las manos mientras lo lava, el machete corta.
El resultado fue sangre por todos lados. Realmente me asusté bastante en ese momento. Pero afortunadamente me di cuenta que, siempre y cuando aplicara presión, el flujo de sangre se controlaba. Pues nada, había que salir a la clínica, necesitaba puntos, o algo.
Y fue entonces que recordé la muestra de orina.
Carambas. ¡No podía dejarla en el refrigerador! Además, era sábado, el laboratorio sólo abriría hasta el mediodía. No tenía opción: tenía que llevar la galonera conmigo. Si no lo hacía, me la iba a tener que quedar hasta el lunes.
Salí de la casa. La mano derecha, envuelta en papel de cocina, con manchas rojas por todos lados. La mano izquierda, cargando una bolsa con una galonera, con un contenido que no era exactamente jugo de manzana.
Mientras llegaba a la esquina para tomar mi taxi, empecé a hacerme los líos de siempre. Que me va a ver la pinta de gringo y me va a querer cobrar más caro. Que hasta el laboratorio sólo me deberían cobrar ocho soles, y siempre me quieren cobrar diez, o doce. Que ya estoy harto que me cobren más que al resto...
Y fue entonces que vi el bus.
¡Por supuesto! Ese bus me dejaba en la puerta del laboratorio. Vamos, me olvidé que cargaba la galonera, y que tenía una mano ensangrentada, y subí.
Y fue entonces que me di cuenta que el chofer también era cobrador.
Es decir, que tenía que pagar antes de sentarme. Y que tenía que hacer malabares para sacar mi dinero, estando el bus en movimiento, sin llenarlo de sangre, o algo peor involucrando aquello que no era exactamente jugo de manzana.
¡Pero lo logré! Estaba tan contento que pensé en contarle mi aventura a la gente del bus. Por suerte, el sentido común se activó a tiempo (creo que es evidente que acababa de despertar). Me quedé sentado, callado, pensando en toda la gente que transporta sus análisis de orina en los autobuses de Lima todos los días, sin que nadie se dé cuenta.
Nada, llegué al laboratorio, dejé mi galonera (no creo que la extrañe), y me encaminé a la clínica. Efectivamente, hubo que repararme, y ahora tengo una masculina cicatriz en un dedo de la mano derecha.
¿Y qué pasó con la recolección? Pues nada, que tengo mucho calcio en la orina, y un exceso de ácido úrico, por lo cual no puedo comer carne, y todo debe estar bajo en sal.
Esto, combinado con mi dieta de cero carbohidratos, no me deja muy contento. Básicamente me han dejado a punta de ensaladas y ceviche. La única ventaja de esto es que en el verano me van a querer ver en ropa de baño.
¡Será hasta la próxima!
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miércoles, 29 de noviembre de 2017
viernes, 30 de junio de 2017
El Examen de Aikido
Era un sábado en la mañana y, de la misma forma que se han caracterizado todos los sábados de este terrible semestre, alisté las cosas para ir a la PUCP. No obstante, esta vez cargaría con algo adicional: un aikido-ji, con cinturón amarillo.
Empecé a practicar aikido hace años, antes de ir a Europa. Debido a la tesis de maestría, y el posterior viaje, abandoné la práctica, no sin antes sacar el cinturón amarillo.
Pues este año decidí retomar el aikido, con la buena suerte de conseguir que me reconocieran el cinturón. Luego de unos meses de práctica, mi sensei me dijo que probara dar el examen para cinturón naranja.
Ya pues.
La cosa se complicó desde el inicio, ya que el pre-examen se llevó a cabo justamente durante una semana en la que yo estaría en Colombia. No obstante, hicieron una excepción sólo para mi, y me permitieron dar el pre-examen en otra fecha.
Fue un desastre.
Básicamente, me puse nervioso. El pre-examen se dio en el Dojo Central, al cual nunca había ido, y se llevó a cabo luego de una clase regular. Fui el único en darlo. Entenderán entonces mi nerviosismo, durante esta evaluación me estaban mirando absolutamente todos los asistentes a la clase, gente completamente desconocida, que sacrificaban el tiempo de su clase para que este tipo pudiera dar su pre-examen.
Y nada, cometí mil errores. Y luego me lo hicieron saber, me dieron una lista de cosas por corregir, frente a todos los espectadores, que duró como 15 minutos. Horrible, oye.
Pues nada, cuatro días despues, estaba dando el examen. Pero el problema era que el examen se daba a las 14:00, en San Borja, y yo tenía que dictar una clase en la PUCP, de 10:00 a 13:00. Sí, clases en la PUCP los sábados, ha sido el tema recurrente de mis conversaciones este semestre.
Anyway, el examen era a las 14:00, pero antes habría una clase previa, tipo "calentamiento". Hice mis cálculos, pero imposible, ni aunque terminara mi clase 30 minutos antes llegaría a tiempo al "calentamiento". Así que ni modo, la clase acabó a las 13:00, agarré una empanada, y salí volando en busca de un taxi.
El taxista me dijo que me cobraba S/.18. Ya, lo que sea. Me subí, avanzamos cuatro cuadras, y se le reventó la llanta. Cha mare....
En sitio donde me dejó el primer taxista fue muy inconveniente. En ese lugar paraban muchos buses, y los taxis lo evitaban. Pasaron como cinco minutos antes de que lograra conseguir uno. Me empecé a desesperar.
El segundo taxi inicialmente parecía informal, ya que no tenía el casquete que dice "taxi." No obstante, su placa sí era correcta (tenía la bandita amarilla), así que me subí nomás. Me dijo S/20, que me pareció un abuso, pero no tenía mucha opción.
Al subir, le dije que iba a poner Waze, para llegar lo más rápido posible. Le indiqué la ruta, él me miró, y dijo que no, que quería ir por la Costa Verde, que el Waze no considera semáforos ni tiene la información de atascos. Yo lo miré con cara de "¿De qué cueva te han sacado?"
Le dije al tipo que tenía que estar en el sitio a las 14:00. Y que la ruta de Waze indicaba que llegaríamos a las 13:50. Que yo no tenía problema en usar otra ruta, pero que si me hacía perder el examen, me iba a molestar mucho.
A él no le importó.
O bueno, más o menos. Siguió su ruta, pero en el camino cruzó todos los semáforos en rojo. Manejó como un animal por la Costa Verde y, encontrando el atasco de siempre en Armendáriz, esquivó la cola, metiéndose ilegalmente por otro lugar.
Lo que debí haber hecho en ese momento era bajarme. Mandarlo al demonio. Pero si lo hacía, no llegaría en la vida al examen. Así que me puse en modo zen, y consideré esta situación como el inicio de la evaluación. O algo por el estilo.
Llegamos a las 13:50. O sea, igual que si seguíamos al Waze. Pero claro, Waze no asume que uno rompería todas las reglas del manual de tránsito. El tipo luego tuvo el descaro de enorgullecerse "¿Ya ves? Llegamos más rápido."
Yo seguía en modo zen, y me bajé sin decir mucho. ¿Para qué pelearse con alguien así?
Pos na'. Llegué al examen a tiempo. Y bueno, cometí errores nuevamente, pero esta vez muchos menos. El mejor momento del examen fue cuando pidieron que ejecute ushiro-tekubitori-sankyo. Yo yo siempre me hago bolas con sankyo. Y lo genial fue que, cuando lo llevé a cabo, me salió tan bien que el Gran Sensei se paró, y exclamó jubiloso "¡Bien, Joel!". ¡La gente aplaudió!
Ok, no. Es mentira. Me salió bien, y el Gran Sensei dijo "Bien, Joel" en voz baja, casi un susurro, pero lo escuché, y para mi eso daba igual que que se parara jubiloso, con la gente aplaudiendo.
Y eso. Cinturón naranja. A pesar de todo.
Empecé a practicar aikido hace años, antes de ir a Europa. Debido a la tesis de maestría, y el posterior viaje, abandoné la práctica, no sin antes sacar el cinturón amarillo.
Pues este año decidí retomar el aikido, con la buena suerte de conseguir que me reconocieran el cinturón. Luego de unos meses de práctica, mi sensei me dijo que probara dar el examen para cinturón naranja.
Ya pues.
La cosa se complicó desde el inicio, ya que el pre-examen se llevó a cabo justamente durante una semana en la que yo estaría en Colombia. No obstante, hicieron una excepción sólo para mi, y me permitieron dar el pre-examen en otra fecha.
Fue un desastre.
Básicamente, me puse nervioso. El pre-examen se dio en el Dojo Central, al cual nunca había ido, y se llevó a cabo luego de una clase regular. Fui el único en darlo. Entenderán entonces mi nerviosismo, durante esta evaluación me estaban mirando absolutamente todos los asistentes a la clase, gente completamente desconocida, que sacrificaban el tiempo de su clase para que este tipo pudiera dar su pre-examen.
Y nada, cometí mil errores. Y luego me lo hicieron saber, me dieron una lista de cosas por corregir, frente a todos los espectadores, que duró como 15 minutos. Horrible, oye.
Pues nada, cuatro días despues, estaba dando el examen. Pero el problema era que el examen se daba a las 14:00, en San Borja, y yo tenía que dictar una clase en la PUCP, de 10:00 a 13:00. Sí, clases en la PUCP los sábados, ha sido el tema recurrente de mis conversaciones este semestre.
Anyway, el examen era a las 14:00, pero antes habría una clase previa, tipo "calentamiento". Hice mis cálculos, pero imposible, ni aunque terminara mi clase 30 minutos antes llegaría a tiempo al "calentamiento". Así que ni modo, la clase acabó a las 13:00, agarré una empanada, y salí volando en busca de un taxi.
El taxista me dijo que me cobraba S/.18. Ya, lo que sea. Me subí, avanzamos cuatro cuadras, y se le reventó la llanta. Cha mare....
En sitio donde me dejó el primer taxista fue muy inconveniente. En ese lugar paraban muchos buses, y los taxis lo evitaban. Pasaron como cinco minutos antes de que lograra conseguir uno. Me empecé a desesperar.
El segundo taxi inicialmente parecía informal, ya que no tenía el casquete que dice "taxi." No obstante, su placa sí era correcta (tenía la bandita amarilla), así que me subí nomás. Me dijo S/20, que me pareció un abuso, pero no tenía mucha opción.
Al subir, le dije que iba a poner Waze, para llegar lo más rápido posible. Le indiqué la ruta, él me miró, y dijo que no, que quería ir por la Costa Verde, que el Waze no considera semáforos ni tiene la información de atascos. Yo lo miré con cara de "¿De qué cueva te han sacado?"
Le dije al tipo que tenía que estar en el sitio a las 14:00. Y que la ruta de Waze indicaba que llegaríamos a las 13:50. Que yo no tenía problema en usar otra ruta, pero que si me hacía perder el examen, me iba a molestar mucho.
A él no le importó.
O bueno, más o menos. Siguió su ruta, pero en el camino cruzó todos los semáforos en rojo. Manejó como un animal por la Costa Verde y, encontrando el atasco de siempre en Armendáriz, esquivó la cola, metiéndose ilegalmente por otro lugar.
Lo que debí haber hecho en ese momento era bajarme. Mandarlo al demonio. Pero si lo hacía, no llegaría en la vida al examen. Así que me puse en modo zen, y consideré esta situación como el inicio de la evaluación. O algo por el estilo.
Llegamos a las 13:50. O sea, igual que si seguíamos al Waze. Pero claro, Waze no asume que uno rompería todas las reglas del manual de tránsito. El tipo luego tuvo el descaro de enorgullecerse "¿Ya ves? Llegamos más rápido."
Yo seguía en modo zen, y me bajé sin decir mucho. ¿Para qué pelearse con alguien así?
Pos na'. Llegué al examen a tiempo. Y bueno, cometí errores nuevamente, pero esta vez muchos menos. El mejor momento del examen fue cuando pidieron que ejecute ushiro-tekubitori-sankyo. Yo yo siempre me hago bolas con sankyo. Y lo genial fue que, cuando lo llevé a cabo, me salió tan bien que el Gran Sensei se paró, y exclamó jubiloso "¡Bien, Joel!". ¡La gente aplaudió!
Ok, no. Es mentira. Me salió bien, y el Gran Sensei dijo "Bien, Joel" en voz baja, casi un susurro, pero lo escuché, y para mi eso daba igual que que se parara jubiloso, con la gente aplaudiendo.
Y eso. Cinturón naranja. A pesar de todo.
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domingo, 30 de abril de 2017
Las Calles de Lima (5)
Una buena mañana, llegué al punto de trasbordo entre las líneas 18 y 03. En este punto, uno debía presentar su boleto, que sería validado por un empleado de la compañía, para poder realizar el trasbordo.Esta vez, era una chica quien validaba los boletos. Me preguntó si sabía lo de La Tarjeta, yo por supuesto, no me había enterado de nada.
"A partir de ahora," me dijo, "sólo se podrá hacer trasbordo si se tiene La Tarjeta. Uno marca al subir al primer bus, y tiene una hora para hacer todos los trasbordos que quiera."
Miren ustedes. Cada vez mejor la cosa. Pues yo quería una tarjeta de esas, ¿dónde la consigo?
"Me tiene que dar sus datos," respondió la chica, "con ellos haré un pedido para que se la manden a este punto, y usted la recoge en un par de días."
***
Subí a la 18, e indiqué que quería hacer trasbordo con la línea 03. Este vez, el chofer-cobrador me dijo que no, que eso ya no, que ahora debía tener La Tarjeta. Le dije que ok, no había problema, que me llevara al punto de trasbordo, que ahí seguro tendría mi tarjeta esperando.
Esta vez tendría que pagar doble pasaje, pero bueno, no pasa nada, cualquier cosa por conseguir La Tarjeta.
En el punto de trasbordo, había un chico de la compañía. Le pregunté si tenía mi tarjeta.
"Un momento," me dijo, "justo está pasando un bus de la línea 03. Tengo que darle indicaciones."
Esperé un minuto, y el chico regresó. Me preguntó si había hablado con La Señorita, que era ella quien venía a entregar La Tarjeta. Yo no estaba seguro de quién era La Señorita, aunque sonaba importante. Le dije que hace unos días había una señorita acá, haciendo su chamba, pero que no me dio la impresión de que fuera ella a quien se refería, que tan solo tomó mis datos.
"Un momento," repitió, "otra vez, un bus de la línea 03. Ahora vuelvo."
Esperé otro minuto. El chico regresó, y me repitió que era La Señorita quien entregaba La Tarjeta, y que tenía que hablar con ella. No obstante, me dijo también que ayer La Señorita le había dejado un grupo de tarjetas para entregar, y que probablemente una de ellas tenía mi nombre.
En eso pasó otro bus de la línea 03, y el chico se fue a hacer sus diligencias, dejándome pensando para qué demonios me había contado todo el rollo de La Señorita, si es que él probablemente tenía mi tarjeta en su mochila.
El chico volvió, y sacó de su mochila un grupo grandote de sobres. Dentro de cada uno de ellos, La Tarjeta. Empezó a revisarlos, y oh sorpresa, ningún sobre tenía mi nombre.
"Voy a llamar a La Señorita, a ver qué pasó," me dijo el chico. Por supuesto, La Señorita no respondió. Intentó otra vez, y nada.
En eso, pasó la línea 03, nuevamente. En ese instante, La Señorita contestó el teléfono, pero el chico se atolondró con la llegada del bus y la necesaria diligencia, y le colgó. Maravilloso.
Luego de que se fuera la línea 03, La Señorita no volvió a responder. Parece que se resintió. El chico me dijo que ni modo, que tomaba mis datos nuevamente, y que en breve tendría La Tarjeta.
Yo me resigné, y le di mis datos. Había perdido un poco de tiempo con todo el trámite, pero bueno, ahora tomaría la línea 03 y llegaría rápido al trabajo. Y seguro la línea 03 pasaría en breve, que durante todo este trámite había pasado un bus cada dos minutos.
Y esperé.
Y seguí esperando.
Y esperé un rato más.
Y el siguiente porco bus de la línea 03 demoró 15 minutos en llegar.
***
Sonó mi teléfono.
"Buenas, estoy acá en la calle Sucre, donde se hace el trasbordo entre las líneas 18 y 03. Tengo La Tarjeta. Quería saber a qué hora va a venir a recogerla."
Chesu. Era La Señorita. Aunque tenía una voz maleadamente masculina. Le dije que no, sorry, ese día me quedaba en casa trabajando, y que recién el lunes o martes pasaría ahí.
"Ok," respondió, y colgó.
***
Ese martes, el primer bus que pasó fue la línea S, que no pasaba por Sucre, pero me dejaba suficientemente cerca. Me subí, no me importaba caminar unas cuadras adicionales para conseguir La Tarjeta.
Al llegar, había otro chico. Estaba acompañado por un señor algo mayor, que parecía empleado importante de la empresa de buses. Le dije al primero que me habían llamado para entregarme La Tarjeta.
El chico me preguntó mi apellido. "Jones," le dije, "con jota, sin hache, así como Indiana Jones."
A veces me cuesta hacerme entender.
Mientras el chico buscaba entre los sobres, el señor me mira y me dice: "Jones is an American surname."
Cha mare, otro idiota que piensa que soy gringo. Le respondí en castellano, "Realmente es un apellido de Gales."
El señor no se rindió, "Oh! A European surname then!"
Fantástico. Yo sólo quería tomar mi sobre y largarme de ahí, pero el chico seguía sin encontrar mi nombre. El señor eventualmente entendió que podía hablarme en castellano, pero siguió con su cantaleta, y me habló de "Jones Beach," en Long Island. A mi no me interesaba mucho el tema, pero bueno, tampoco quería ser maleducado. A pesar de todo, el señor al final resultó siendo muy amable.
En eso llegó un grupo de tres empleados más de la empresa, saludaron al chico, al señor, y al verme charlando con el último, me saludaron a mi, como si yo fuera una Persona Relevante. Mare meua...
Y no, no tenían ningún sobre con mi nombre, y tomaron mis datos por tercera vez. Escapé rápidamente del señor y sus amigos, los últimos ya se habían dado cuenta que yo era Cualquier Fulano, y no se despidieron.
***
En mi cuarto intento por conseguir La Tarjeta, el chico me sonrió. "No creo tener su nombre," me dijo, "pero La Señorita me ha dado un grupo de sobres sin nombre, para entregar a aquellos interesados."
Finalmente, parece que alguien dentro de la empresa tuvo una sinapsis.
Me entregó un sobre, y me tomó una foto para colgar en su página web.
Whatever! ¡Ya! ¡Listo! ¡Tenía La Tarjeta! ¡Luego de casi un mes, podía hacer trasbordos nuevamente! ¡Tenía el poder!
Unos días después le conté a Pepe sobre lo maravillosa que era La Tarjeta. Él me contó que había ido a pedirla, pero claro, se habían remitido a pedir sus datos.
"Ufff," le dije, "eso va a ser complicado, en mi caso se demoraron casi un mes."
"Sí," me respondió, "otra opción es ir a recogerla en su oficina, que queda en Cantuarias. No sé dónde quedará esa calle."
"¿Cantuarias?"
"Sí, ¿por?"
"Cantuarias queda a dos cuadras de donde vivo...."
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sábado, 26 de noviembre de 2016
Las Calles de Lima (4)
Receta para la desesperación
- Subir a la Línea 18.
- Encontrar sitio donde sentarse.
- Darse cuenta que uno está muy cómodo.
- Notar que el bus es moderno, y que está limpio.
- Apreciar la Línea 18.
- Escuchar que el chofer indica a los pasajeros, "¡Acá se puede hacer trasbordo!"
- No entender.
- Volver a escuchar que en ese lugar se puede hacer trasbordo.
- Ser dominado por la curiosidad.
- Acercarse al chofer, y preguntar qué quiere decir con eso de trasbordo, que eso en Perú no existe.
- Escuchar que la Línea 18 tiene un acuerdo con la Línea 03, y que con un sólo pasaje se puede usar las dos líneas.
- Mirar por la ventana. Confirmar que uno sigue en Lima.
- Experimentar. Bajarse de la Línea 18, y esperar a la Línea 03, que convenientemente va por la Avenida Universitaria.
- Subir al bus. Descubrir que para poder usar el mismo ticket, es necesario indicar la intención de hacer trasbordo en el momento de pagarlo.
- Resignarse, pagar doble pasaje.
- Llegar a la universidad, estar contento el resto del día con el prospecto del trasbordo.
- Llegada la noche, decidir tomar la Línea 03, con trasbordo con la Línea 18, para regresar a casa.
- Ir al paradero.
- Esperar cinco minutos.
- Esperar cinco minutos.
- Esperar cinco minutos más.
- Seguir esperando, cinco minutos.
- Maldecir.
- Hartarse, tomar un taxi.
- Enterarse que las Líneas 18 y 03 tienen una aplicación para Smartphone, donde uno se entera en qué momento pasa el bus por el paradero.
- Emocionarse.
- Recordar que uno no tiene Smartphone.
- Buscar la aplicación en el iPad, encontrarla.
- Descubrir que la Línea 18 pasará por el paradero A a las 09:18.
- Decidir que sería difícil llegar a esa hora al paradero A, pero que sí sería factible llegar a esa hora al paradero B, que es posterior al A.
- Calcular que la Línea 18 debería pasar por el paradero B entre 09:20 y 09:25.
- Salir corriendo.
- Estar a una cuadra del paradero B, a las 09:17.
- Ver la Línea 18 pasar, perder el bus.
- Blasfemar.
- Olvidarse por este año de trasbordos y aplicaciones.
- Subir a la Línea 18.
- Encontrar sitio donde sentarse.
- Darse cuenta que uno está muy cómodo.
- Notar que el bus es moderno, y que está limpio.
- Apreciar la Línea 18.
- Escuchar que el chofer indica a los pasajeros, "¡Acá se puede hacer trasbordo!"
- No entender.
- Volver a escuchar que en ese lugar se puede hacer trasbordo.
- Ser dominado por la curiosidad.
- Acercarse al chofer, y preguntar qué quiere decir con eso de trasbordo, que eso en Perú no existe.
- Escuchar que la Línea 18 tiene un acuerdo con la Línea 03, y que con un sólo pasaje se puede usar las dos líneas.
- Mirar por la ventana. Confirmar que uno sigue en Lima.
- Experimentar. Bajarse de la Línea 18, y esperar a la Línea 03, que convenientemente va por la Avenida Universitaria.
- Subir al bus. Descubrir que para poder usar el mismo ticket, es necesario indicar la intención de hacer trasbordo en el momento de pagarlo.
- Resignarse, pagar doble pasaje.
- Llegar a la universidad, estar contento el resto del día con el prospecto del trasbordo.
***
- Llegada la noche, decidir tomar la Línea 03, con trasbordo con la Línea 18, para regresar a casa.
- Ir al paradero.
- Esperar cinco minutos.
- Esperar cinco minutos.
- Esperar cinco minutos más.
- Seguir esperando, cinco minutos.
- Maldecir.
- Hartarse, tomar un taxi.
***
- Enterarse que las Líneas 18 y 03 tienen una aplicación para Smartphone, donde uno se entera en qué momento pasa el bus por el paradero.
- Emocionarse.
- Recordar que uno no tiene Smartphone.
- Buscar la aplicación en el iPad, encontrarla.
- Descubrir que la Línea 18 pasará por el paradero A a las 09:18.
- Decidir que sería difícil llegar a esa hora al paradero A, pero que sí sería factible llegar a esa hora al paradero B, que es posterior al A.
- Calcular que la Línea 18 debería pasar por el paradero B entre 09:20 y 09:25.
- Salir corriendo.
- Estar a una cuadra del paradero B, a las 09:17.
- Ver la Línea 18 pasar, perder el bus.
- Blasfemar.
- Olvidarse por este año de trasbordos y aplicaciones.
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sábado, 11 de junio de 2016
Las Calles de Lima (3)
Subí al bus. Esa vez, estaba bastante cargado. Dentro de mi abultada mochila, cargaba papers, y las transparencias que uso para dictar clase. Además, tenía mi viejo folder de partituras. Por cosas de la vida, en la mano también cargaba mi flauta bajo.
El bus no estaba lleno, pero había poco asiento. Decidí mantenerme parado, junto a la puerta del bus. Si me iba al fondo, y el bus se llenaba, sería complicado volver a la puerta.
Fue entonces que cruzamos miradas. En la primera fila de asientos, estaba sentada una señora mayor, de rostro amable. Estaba sentada en los asientos reservados, y al verme con la mochila, se movió al asiento de al lado, dándome espacio para sentarme.
Yo, la verdad, tenía ganas de quedarme parado, y le dije que no gracias, que estaba bien.
Pasaron treinta segundos, y la señora me dijo: "¿No quiere que le lleve la mochila?"
Me pareció muy gentil de su parte. Le dije que no gracias, la verdad es que la mochila estaba algo pesada, y no quería incomodarla.
Pasaron treinta segundos más, y sentí que alguien tiraba de mi flauta.
Tranquilos, malpensados.
Anyway, alguien tiraba de mi flauta. Al voltear, era la señora otra vez. "En serio," me dijo, "le llevo la mochila." Yo le respondí que no se preocupe, y arremetió, "entonces le llevo su otro paquete," refiriéndose a la flauta.
Me empezó a estresar. Le dije que, realmente, no necesitaba que cargara nada. Yo estaba bien. Y me volteé.
"¿Acaso lleva oro?"
Genial.
Miré a la vieja (noten cómo cambia mi forma de referirme a esta mujer). Ella me dijo "Pues si no me quiere dar su mochila, será porque está cargando oro, ¿no?"
No le respondí. "Ahhh, está llevando oro."
Para los que no saben, eso no se debe hacer en el transporte público peruano. Existiendo tanto crimen en nuestra ciudad, es de bastante mal gusto que una persona apunte a otra y afirme públicamente que está llevando consigo cosas robables.
No le hice caso. La vieja empezó a hablar con otras personas en el bus: "Pues parece que piensa que le voy a robar la mochila, ¡no me la quiere dar!"
Me daban ganas de lanzarle la mochila en la cara, gritando: "¿Quieres mi mochila? ¡¿Quieres mi mochila?! ¡¡Ahí tienes mi mochila!!"
Pero por suerte este tipo de violencia sólo la expreso en los rincones más oscuros de mi subconsciente. O sea, en este blog.
Y eso. Por suerte la vieja se calmó, llegó mi paradero, y me bajé. Por supuesto, sin despedirme. No habré sido muy amable, pero por lo menos no le aventé la mochila, ¿no? ¿Nooo?
El bus no estaba lleno, pero había poco asiento. Decidí mantenerme parado, junto a la puerta del bus. Si me iba al fondo, y el bus se llenaba, sería complicado volver a la puerta.
Fue entonces que cruzamos miradas. En la primera fila de asientos, estaba sentada una señora mayor, de rostro amable. Estaba sentada en los asientos reservados, y al verme con la mochila, se movió al asiento de al lado, dándome espacio para sentarme.
Yo, la verdad, tenía ganas de quedarme parado, y le dije que no gracias, que estaba bien.
Pasaron treinta segundos, y la señora me dijo: "¿No quiere que le lleve la mochila?"
Me pareció muy gentil de su parte. Le dije que no gracias, la verdad es que la mochila estaba algo pesada, y no quería incomodarla.
Pasaron treinta segundos más, y sentí que alguien tiraba de mi flauta.
Tranquilos, malpensados.
Anyway, alguien tiraba de mi flauta. Al voltear, era la señora otra vez. "En serio," me dijo, "le llevo la mochila." Yo le respondí que no se preocupe, y arremetió, "entonces le llevo su otro paquete," refiriéndose a la flauta.
Me empezó a estresar. Le dije que, realmente, no necesitaba que cargara nada. Yo estaba bien. Y me volteé.
"¿Acaso lleva oro?"
Genial.
Miré a la vieja (noten cómo cambia mi forma de referirme a esta mujer). Ella me dijo "Pues si no me quiere dar su mochila, será porque está cargando oro, ¿no?"
No le respondí. "Ahhh, está llevando oro."
Para los que no saben, eso no se debe hacer en el transporte público peruano. Existiendo tanto crimen en nuestra ciudad, es de bastante mal gusto que una persona apunte a otra y afirme públicamente que está llevando consigo cosas robables.
No le hice caso. La vieja empezó a hablar con otras personas en el bus: "Pues parece que piensa que le voy a robar la mochila, ¡no me la quiere dar!"
Me daban ganas de lanzarle la mochila en la cara, gritando: "¿Quieres mi mochila? ¡¿Quieres mi mochila?! ¡¡Ahí tienes mi mochila!!"
Pero por suerte este tipo de violencia sólo la expreso en los rincones más oscuros de mi subconsciente. O sea, en este blog.
Y eso. Por suerte la vieja se calmó, llegó mi paradero, y me bajé. Por supuesto, sin despedirme. No habré sido muy amable, pero por lo menos no le aventé la mochila, ¿no? ¿Nooo?
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lunes, 8 de diciembre de 2014
Las Calles de Lima (2)
Tomamos un taxi, relativamente cerca a la PUCP. El chofer era un señor bastante mayor.
- Buenas noches, ¿a Miraflores?
- Quince.
- Hmmm, generalmente me cobran trece.
- Pero mire la hora, hay mucho tráfico.
- Okey, está bien.
Subimos al taxi.
- Estamos yendo a la calle Alcanfores, tal vez convendría entrar por la Vía Expresa.
- Pero hay mucho tráfico por ahi.
- Bueno, si Ud conoce...
Sonó el celular del viejito.
- Un momento, por favor.
- Sí, adelante.
El chofer tomó el celular, y empezó a conversar mientras conducía. Evadía otros autos, manejando con una sola mano.
- ¿Aló? ¿Aló? (...) Hola, ¿qué tal? (...) Sí, ya estoy bien. (...) Sí, me hicieron la prueba de Holter. (...) Sí. (...) Sí. (...) Hace dos días salí del hospital. (...) Claro, ya puedo mover las piernas, los brazos también. (...) Sí, todo bien, gracias por llamar. (...) Chau.
El viejito guardó su celular.
- ¿Decía?
- No, no, nada... no decía nada.
- Buenas noches, ¿a Miraflores?
- Quince.
- Hmmm, generalmente me cobran trece.
- Pero mire la hora, hay mucho tráfico.
- Okey, está bien.
Subimos al taxi.
- Estamos yendo a la calle Alcanfores, tal vez convendría entrar por la Vía Expresa.
- Pero hay mucho tráfico por ahi.
- Bueno, si Ud conoce...
Sonó el celular del viejito.
- Un momento, por favor.
- Sí, adelante.
El chofer tomó el celular, y empezó a conversar mientras conducía. Evadía otros autos, manejando con una sola mano.
- ¿Aló? ¿Aló? (...) Hola, ¿qué tal? (...) Sí, ya estoy bien. (...) Sí, me hicieron la prueba de Holter. (...) Sí. (...) Sí. (...) Hace dos días salí del hospital. (...) Claro, ya puedo mover las piernas, los brazos también. (...) Sí, todo bien, gracias por llamar. (...) Chau.
El viejito guardó su celular.
- ¿Decía?
- No, no, nada... no decía nada.
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jueves, 13 de noviembre de 2014
Las Calles de Lima (1)
Era de noche. Luego de mis labores, encontré una combi suficientemente vacía que me llevara a casa. Milagrosamente encontré un asiento libre, me senté, saqué un paper de mi mochila, y me puse a leer.
Pocos minutos después de esto, escuché una voz:
"¿Tú qué haces aquí?"
Levanté la mirada. Era el cobrador de la combi. Me miraba con curiosidad.
Me había preguntado qué hacía aquí. Interesante. Buena pregunta.
¿Qué estoy haciendo? ¿A dónde voy? ¿Estoy contento en Lima? ¿Me he adaptado? La verdad, tengo tanto trabajo que no llego a darme el tiempo de preguntarme todo esto. Supongo que sí. Supongo que esto es lo que siempre quise, seguir avanzando, aportando al desarrollo científico del país, de una forma u otra.
¿O acaso el cobrador acababa de tener un momento místico, y se había conectado con un ser semi-divino que me quería decir que mi destino era otro? ¿Tal vez nunca debí ser físico? ¿O debí haber cambiado de especialidad, y dedicarme a estudiar el cambio climático? ¿O tal vez sería más útil para la sociedad en una consultora?
Estaba confundido. Necesitaba una aclaración.
"¿Perdón?," le respondí.
El cobrador me sonrió. "Tú eres extranjero, ¿no?"
Seguía confundido. "Eh, no, soy peruano."
"Ah, pensé que eras extranjero."
Y se fue.
Pocos minutos después de esto, escuché una voz:
"¿Tú qué haces aquí?"
Levanté la mirada. Era el cobrador de la combi. Me miraba con curiosidad.
Me había preguntado qué hacía aquí. Interesante. Buena pregunta.
¿Qué estoy haciendo? ¿A dónde voy? ¿Estoy contento en Lima? ¿Me he adaptado? La verdad, tengo tanto trabajo que no llego a darme el tiempo de preguntarme todo esto. Supongo que sí. Supongo que esto es lo que siempre quise, seguir avanzando, aportando al desarrollo científico del país, de una forma u otra.
¿O acaso el cobrador acababa de tener un momento místico, y se había conectado con un ser semi-divino que me quería decir que mi destino era otro? ¿Tal vez nunca debí ser físico? ¿O debí haber cambiado de especialidad, y dedicarme a estudiar el cambio climático? ¿O tal vez sería más útil para la sociedad en una consultora?
Estaba confundido. Necesitaba una aclaración.
"¿Perdón?," le respondí.
El cobrador me sonrió. "Tú eres extranjero, ¿no?"
Seguía confundido. "Eh, no, soy peruano."
"Ah, pensé que eras extranjero."
Y se fue.
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