Todo es culpa de Marité.
En serio. Todo. Estoy seguro que el origen de cualquier complicación que uno pueda pensar, podrá ser rastreado a algo vinculado con ella.
Al final, detrás de esta imagen de inocencia, reivindicación e instinto de superación, probablemente se encuentra la fuente de todas nuestras desgracias. Seguro, seguro, seguro.
Pero, ¿qué me hace arremeter esta vez con una buena amiga mía, alguien a quien he conocido por unos diez años? La respuesta es sencilla. Está vez el desastre me ocurrió a mi.
Todo empezó en esta adorable red social llamada Facebook. Nuestra querida Marité, dentro de un impulso reivindicador, envió a muchos amigos un video bastante interesante. Les pongo el link para que lo puedan ver, es bastante largo, pero vale la pena:
Ok. Asumiré que han visto el video. Como lo hice yo. Es más, el video me pareció tan bueno, que lo distribuí también por Facebook con mis amigos. Yo también quería ser reivindicador.
Hasta aquí, todo bien. Claro, todo bien hasta que murió mi celular. Hacía ya un mes que no funcionaba al 100%, pero una semana después de ver este video, el aparato murió. Curiosamente, dos días antes que muriera, me llegó un SMS de la compañía de teléfonos, Orange, indicándome que por 100 puntos y 10 euros, me darían un Nokia nuevo.
Me pareció genial. Como no me queda mucho tiempo en Valencia, preferí conseguirme un celular sencillo y barato. Luego de la mudanza me conseguiría uno más power. Y resulta que yo tenía unos 120 puntos, que no se de dónde había sacado. Era perfecto. Entré entonces a la página web a ver los detalles, y descubrí que por 100 puntos y 10 euros, tenía tres opciones:
1. Nokia 1661. Sin cámara. Sin bluetooth. Sin posibilidad de almacenar archivos. Sin mp3. Con radio. Con linterna. ¡Y con el juego de la culebrita!
2. Samsung c280. Sin cámara. Sin bluetooth. Sin posibilidad de almacenar archivos. Sin mp3. Sin radio. Sin linterna. ¡Pero naranja!
3. LG GU280. Conocido como Popcorn. Con cámara de 1.3 megapixels, incluyendo video. Con bluetooth. Con memoria externa microSD. Con mp3, correo electrónico, mensajes de texto multimedia... y muchos etcéteras más.
Aquí había algo raro. Inmediatamente sospeché de la calidad de LG, ya que no podía ser que me dieran tanto, cuando por el mismo precio Samsung se jactaba de que su celular era naranja. Decidí ir a la tienda y preguntar.
En la tienda les expliqué que quería cambiar el celular, por 100 puntos y 10 euros. Curiosamente, sólo me dijeron que tenían el Nokia y el Samsung disponibles. Les pregunté por el LG, y me miraron con cara de no way, man. Efectivamente, ese celular era demasiado bueno pa que lo ofrecieran por tan poco. Yo les dije que lo había visto en internet, y me respondieron que a veces en internet hay ofertas que no hay en la tienda.
Boh. Pues me regresé a la universidad, pa comprarme el LG por internet. Evidentemente.
Al entrar en la tienda online de Orange, y empezar el proceso de compra del LG, noté un detalle. El LG lo podía conseguir por:
2000 puntos + 0 euros.
1500 puntos + 5 euros.
100 puntos + 10 euros.
500 puntos + 20 euros.
250 puntos + 40 euros.
100 puntos + 60 euros.
Aquellos observadores, notarán que por 100 puntos podía comprar el LG ya sea dando 10 euros o 60 euros. Y que si tenía 500 puntos, tenía que pagar 20 euros, no 10.... Y me iluminé: Era un typo. Se habían confundido, ¡y realmente el teléfono costaba 1000 puntos + 10 euros! ¡Habían olvidado un cero!
No obstante... lo podía comprar. Por 100 puntos.... y 10 euros. Le podría sacar la vuelta a una empresa telefónica, lo que todo ser humano siempre ha soñado desde la época del Tahuantinsuyo. Tan sólo tenía que hacer click en el botoncito al costado de 100+10... y el preciado LG sería mío.
Y fue entonces que mi mente recordó el porco video de Marité.
Maldita Marité.
Y no pude. No pude comprar el LG. Si incluso yo mismo había pregonado el mérito de no "hacerse el vivo," y jugar siempre con las reglas justas. Reivindicador total. Y ahora, ¿con qué cara me podía comprar ese LG?
En la universidad todo el mundo me dijo lo contrario. Que comprara el LG. Que le sacara la vuelta a Orange. Que era lo que todo ser humano siempre había soñado desde la época del Imperio Romano. Pero no pude.
Me has hecho sufrir, Marité.
Fui a la tienda, con la intención de comprar el Nokia. Fue muy triste, ¡ya que la misma vendedora me instó que comprara el LG! ¡Pero no! ¡Ya me había decidido! Me llevaría el Nokia, y con eso... ¿arreglaría el Perú? ¿Lograría que Keiko no salga presidenta? ¿Le daría calor a Puno?
Sí, lo sé, esta acción no tendría la más mínima consecuencia en la realidad de nadie. Pero no me importó. Contaminado por el maldito video de Marité, seguí adelante y me compré el Nokia.
Ahora bien, la historia no quedó ahí. Unas semanas después, recordé que iba a viajar a Ginebra, por unos tres meses. En ese tiempo necesitaría un celular, y si quería usar el que me acababa de comprar, ¡el Nokia tenía que ser libre!
Moisés me había dicho que era posible encontrar códigos de liberación en internet, pero aparentemente este celular era bastante reciente, así que no existían dichos códigos. Ni modo, tendría que ir a alguna tienda de liberación de celulares, y gastar un poquito más.
Me haces perder plata, Marité.
Anyway, buscando en internet, encontré una tienda que anunciaba liberación de celulares. ¡Y ahí estaba el Nokia! Y el precio por liberarlo era de... 79 euros.
No podía ser. ¡Una liberación no podía costar tanto! Cliqueé en otro celular arbitrario... 10 euros. Otro: 10 euros. Otro más: 10 euros. El mío, otra vez: 79 euros.
Te odio, Marité.
Este Nokia parece que es in-liberable. O como se diga. Por lo menos en el momento en que lo busqué por internet... Porca miseria.
Resumamos mi situación.
Hubiera podido tener un LG con cámara de 1.3 megapixels, video, bluetooth, memoria externa microSD, mp3, correo electrónico, mensajes de texto multimedia y muchos etcéteras más, además de haberle sacado la vuelta a una compañía telefónica, que era el sueño de toda la humanidad desde la época de... whatever. No sólo eso, lo hubiera podido liberar por 10 euros. O nada, si encontraba los códigos en internet.
Pero no.
Tenía un Nokia sin cámara, sin bluetooth, sin posibilidad de almacenar archivos, sin mp3 (aunque con radio, linterna y el juego de la culebrita). No le había sacado la vuelta a ninguna compañía telefónica, pero me había ganado las burlas de mis compañeros de trabajo y de la vendedora de celulares. Asimismo, no podría liberar el teléfono a menos que pagara 80 euros.
Genial.
Gracias, Marité.
De todas formas, parece que he tenido suerte. Llamé al servicio al cliente de Orange, y les conté que me iba a Ginebra y tal y cual. Y resulta que como he sido cliente suyo por más de un año, y como en este tiempo me he gastado más de 120 euros en llamadas, tendrían compasión de mi y me lo podrían liberar. Tan sólo tenía que enviar una solicitud por fax...
Parece que te salvaste, Marité.
Disclaimer: Realmente a Marité la estimo mucho, sé que me estima mucho a mi también. Pero eso sé que no se resentirá por haber usado su imagen (y su foto) para contar esta historia. ¿No es cierto? Anyway, para tratar de mitigar su furia les pongo una fotito un poco más bonita, sin la censura de "Caretas". Quiéranla mucho ustedes tambien. ¡Hasta pronto!
domingo, 7 de marzo de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
El Siguiente Paso
Ok, me han confirmado que ya les puedo contar esto. Así que les cuento.
Bueno, era evidente, no me puedo quedar en Valencia toda la vida. La beca dura sólo cuatro años, y se termina en Setiembre. Es hora de moverse, y eso en mi caso implica pasar del doctorado a un postdoc.
Pa los que no saben, un postdoc es un trabajo corto, de dos-tres años de duración. Es un trabajo de investigación al 100%, en donde uno debe demostrar que en el doctorado se volvió un investigador independiente. Ahora, normalmente uno no hace los postdocs en el mismo sitio donde uno ha hecho el doctorado, aunque hay excepciones.
Anyway, llegó Noviembre del 2009, y empecé a solicitar muchos postdocs. Llegué a solicitar 30, todos en Europa o Estados Unidos. Mi gran meta era ir a Munich, donde trabaja Buras (el amo de la fenomenología), u Oxford, donde trabaja Ross (el amo de los modelos de sabor). Además de estos, pedí postdocs en otros sitios de Alemania e Inglaterra, además de universidades en Italia, Francia, España y Gringolandia.
En Diciembre, un sábado en la noche, me llegó un mail de Gino Isidori (el amo italiano de la fenomenología), que me comentaba que me estaban considerando para darme un postdoc en Frascati (a 20 min de Roma). Esto me sorprendió muchísimo, ya que yo no he tenido nunca mucho contacto con Frascati. Supuse que la carta de recomendación de il Maestro había cumplido su cometido, y había logrado llamar la atención.
Isidori me dijo que este postdoc estaba financiado por el gobierno italiano, y que estaba asociado a la persona, no a la institución. Esto significaba que si el gobierno decidía contratarme, y yo decía luego que no, entonces Frascati perdería el dinero (y el postdoc). Y que de ser así se pondrían de muy mal humor (Mamma mia!). Así que si aceptaba estar dentro de su lista de 'considerados,' debía ser una decisión casi definitiva por mi lado.
Ah, también me dijo que les debía responder para el día siguiente.
Cha mare.
Evidentemente, entré en crisis. Le escribí inmediatamente a mi contacto en Munich, preguntándole cómo iba la cosa por allá. Luego intenté olvidar el asunto hasta el día siguiente, pero evidentemente el hamster no dejó de darle vueltas a la rueda en mi cabeza.
El domingo en la mañana, mi contacto no me había respondido. No obstante, recibí un correo de Alberto, mi ex-jefe de Perú, y de Mauricio, haciendo eco al mensaje de Alberto. En este mensaje, Alberto me contó que Enrico Nardi (otro big boss de Frascati) le había escrito, preguntándole por mi, y pidiéndole que se contactara conmigo, porque era muuuuy urgente que respondiera para el domingo, ya que el lunes debían presentarle al gobierno italiano la lista de favoritos.
Los italianos siempre hacen las cosas a último momento.
Y hacen que los hamsters le den vuelta a la rueda más rápido...
Estaba escribiendole a Isidori, diciéndole que ok, aceptaba el postdoc, cuando en eso apareció Oscar, mi jefe actual, en Skype. Le conté la situación, y me dijo que no way, que debía esperar otras ofertas. Me dijo que en todo caso le dijera la verdad, que no estaba 100% seguro, y que sí, lo tomaría, pero que tenía un par de opciones con mayor prioridad.
Me pareció riesgoso, pero sensato.
Pero más hamster...
Le escribí esto a Isidori, y justo cuando iba a apretar "Send," me llegó un mensaje de mi contacto en Munich. Me dijo que no way, en Munich no la hacía ni con cohete. No sólo eso, que había sido él quien había hablado con Isidori, y quien me había recomendado con él. Me dijo que Isidori es el amo italiano de la fenomenología, y que si me ofrece un postdoc no debía rechazarlo ni aunque me ofrecieran todo el helado del mundo (me gusta el helado, ¿ya?).
Hamster, hamster, hamster...
Así que borré todo lo que había escrito, y le puse un "Si, grazie mille."
Lo que continúa es largo, así que lo resumiré: la semana pasada me confirmaron que me han dado el postdoc, y me voy a Frascati en Octubre. Fuegos artificiales, por favor.
Dio mio! Io andrò a vivere a Roma!
...
Dio mio! Io vado a vivere a Roma!
...
Ma... como se dice questa cosa?
Uh oh... Parece que tendré que imparare italiano... Porca miseria!
Bueno, era evidente, no me puedo quedar en Valencia toda la vida. La beca dura sólo cuatro años, y se termina en Setiembre. Es hora de moverse, y eso en mi caso implica pasar del doctorado a un postdoc.
Pa los que no saben, un postdoc es un trabajo corto, de dos-tres años de duración. Es un trabajo de investigación al 100%, en donde uno debe demostrar que en el doctorado se volvió un investigador independiente. Ahora, normalmente uno no hace los postdocs en el mismo sitio donde uno ha hecho el doctorado, aunque hay excepciones.
Anyway, llegó Noviembre del 2009, y empecé a solicitar muchos postdocs. Llegué a solicitar 30, todos en Europa o Estados Unidos. Mi gran meta era ir a Munich, donde trabaja Buras (el amo de la fenomenología), u Oxford, donde trabaja Ross (el amo de los modelos de sabor). Además de estos, pedí postdocs en otros sitios de Alemania e Inglaterra, además de universidades en Italia, Francia, España y Gringolandia.
En Diciembre, un sábado en la noche, me llegó un mail de Gino Isidori (el amo italiano de la fenomenología), que me comentaba que me estaban considerando para darme un postdoc en Frascati (a 20 min de Roma). Esto me sorprendió muchísimo, ya que yo no he tenido nunca mucho contacto con Frascati. Supuse que la carta de recomendación de il Maestro había cumplido su cometido, y había logrado llamar la atención.
Isidori me dijo que este postdoc estaba financiado por el gobierno italiano, y que estaba asociado a la persona, no a la institución. Esto significaba que si el gobierno decidía contratarme, y yo decía luego que no, entonces Frascati perdería el dinero (y el postdoc). Y que de ser así se pondrían de muy mal humor (Mamma mia!). Así que si aceptaba estar dentro de su lista de 'considerados,' debía ser una decisión casi definitiva por mi lado.
Ah, también me dijo que les debía responder para el día siguiente.
Cha mare.
Evidentemente, entré en crisis. Le escribí inmediatamente a mi contacto en Munich, preguntándole cómo iba la cosa por allá. Luego intenté olvidar el asunto hasta el día siguiente, pero evidentemente el hamster no dejó de darle vueltas a la rueda en mi cabeza.
El domingo en la mañana, mi contacto no me había respondido. No obstante, recibí un correo de Alberto, mi ex-jefe de Perú, y de Mauricio, haciendo eco al mensaje de Alberto. En este mensaje, Alberto me contó que Enrico Nardi (otro big boss de Frascati) le había escrito, preguntándole por mi, y pidiéndole que se contactara conmigo, porque era muuuuy urgente que respondiera para el domingo, ya que el lunes debían presentarle al gobierno italiano la lista de favoritos.
Los italianos siempre hacen las cosas a último momento.
Y hacen que los hamsters le den vuelta a la rueda más rápido...
Estaba escribiendole a Isidori, diciéndole que ok, aceptaba el postdoc, cuando en eso apareció Oscar, mi jefe actual, en Skype. Le conté la situación, y me dijo que no way, que debía esperar otras ofertas. Me dijo que en todo caso le dijera la verdad, que no estaba 100% seguro, y que sí, lo tomaría, pero que tenía un par de opciones con mayor prioridad.
Me pareció riesgoso, pero sensato.
Pero más hamster...
Le escribí esto a Isidori, y justo cuando iba a apretar "Send," me llegó un mensaje de mi contacto en Munich. Me dijo que no way, en Munich no la hacía ni con cohete. No sólo eso, que había sido él quien había hablado con Isidori, y quien me había recomendado con él. Me dijo que Isidori es el amo italiano de la fenomenología, y que si me ofrece un postdoc no debía rechazarlo ni aunque me ofrecieran todo el helado del mundo (me gusta el helado, ¿ya?).
Hamster, hamster, hamster...
Así que borré todo lo que había escrito, y le puse un "Si, grazie mille."
Lo que continúa es largo, así que lo resumiré: la semana pasada me confirmaron que me han dado el postdoc, y me voy a Frascati en Octubre. Fuegos artificiales, por favor.
Dio mio! Io andrò a vivere a Roma!
...
Dio mio! Io vado a vivere a Roma!
...
Ma... como se dice questa cosa?
Uh oh... Parece que tendré que imparare italiano... Porca miseria!
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Pa tenerme envidia,
Roma,
Valencia
sábado, 13 de febrero de 2010
Experiencia Religiosa
Espero que este post no genere demasiada controversia.
Lo que ocurre es que el domingo pasado me echaron de la iglesia.
Ok, ok, técnicamente no me echaron, realmente lo que ocurrió es que no me quisieron dejar entrar. Supongo que se imaginarán que estaba intentando entrar con un crucifijo en llamas, o montado en un camello, o como parte de una turba de fans de Marilyn Manson. Pero no. La historia es aún más perturbadora...
Yo bajé, como todos los domingos, a escuchar misa. Como todos los domingos, saludé al mendigo de la puerta principal, un señor bastante amable cuyo nombre debería conocer. Me dirigí a la segunda puerta, donde me crucé con otro mendigo, algo menos amable, y cuyo nombre no me importa tanto conocer. Parecía que salía de la parte interior de la iglesia, cosa que no me sorprendió mucho, ya había visto alguna vez al mendigo amable escuchar misa.
Al tomar la segunda puerta, noté que había alguien al otro lado, así que abrí la puerta completamente para que esta persona pudiera pasar. Me encontré con un señor mayor, que me miró y me dijo: "Por favor, hágame el favor de salir de aquí."
Uy. Por lo general, cuando en España lo tratan a uno de "usted," es porque se está en problemas.
No entendí. Pensé que había pasado algo dentro, que el cura había tenido un infarto y estaban evacuando a los feligreses. Al intentar preguntarle al señor qué cosa había pasado, él me interrumpió: "Usted no puede estar aquí."
What? Entendí entonces que el problema estaba necesariamente vinculado a mí. ¿Movimiento anti-inmigrante dentro de la iglesia? ¡Imposible! No en esta iglesia, donde la mayoría de asistentes son ecuatorianos. ¿Tal vez me habían fichado como uno de los misios que sólo da un euro en la colecta? ¡Tampoco! Yo siempre oculto lo que voy a donar. ¿Qué estaba pasando?
Nuevamente, al protestar, me dijo claramente: "Este tipo de actividades no se pueden realizar aquí dentro."
¿Actividades? ¿Qué cosa? Y fue ahí que se me salió, desde lo más profundo de mis entrañas, un auténtico "¿Pero yo que hice?????"
El señor dudó. Me miró atentamente. Y luego me preguntó: "No es acaso usted uno de estos señores que abren las puertas?"
Entendí. Genial. Simplemente genial. Este señor pensaba que yo era un mendigo, de estos que están el las puertas del Consum y te abren la puerta pa que les des moneditas. Y yo que pensaba que ese día me había vestido bien... en ese momento consideré la posibilidad que mi madre, mi compañera de piso, y todas mis ex tuvieran razón sobre mi forma de combinar colores...
Ante mi mirada de completa perplejidad, y mi rotunda negación, el señor se disculpó y me dejó pasar. "Es que estos señores que abren las puertas asustan a la gente de adentro," me dijo.
Mein Gott. Jesús, sacúdete en tu cripta. Ah no, verdad, ahí no estás. Anyway, espero que no hayas visto esto, porque te daría mucha pena...
Y evidentemente, durante toda la misa no me pude concentrar en absoluto en lo que se predicó. No me sacudió tanto el hecho que me hayan confundido con un mendigo (aunque es recontra maleado), sino la forma en que se me impidió entrar... porque se me trató de una forma bastante agresiva... Se me trató de una forma que no estaba de acuerdo con todo lo que se dice dentro de la iglesia.
Ok, entiendo que no es apropiado que dentro de la iglesia exista gente distrayendo a los demás. Pero hay formas de hacer las cosas. Realmente perdí el sentido de "comunión" al dejar de identificarme con aquellos dentro del templo, al sentir una vez más que muy poca gente realmente escucha lo que se dice, y se quedan más bien cumpliendo ritos que sin el resto del mensaje no tienen el más mínimo sentido.
Mis conflictos existenciales se incrementaron cuando descubrí que este señor ayudaba durante la ceremonia (curiosamente encargándose de la colecta)...
Pero bueno. Seguro que mucha gente me dirá "¿Qué haces yendo a la iglesia entonces?" y la respuesta es la misma: aunque la gente que participa en estas celebraciones no se comporte luego de acuerdo con lo que se predica en ellas, esto no significa que lo enseñado en las misas no pueda enriquecer mi vida.
Lo dejó aquí. Me da un poco de miedo poner este post, porque sé que existe gente muy fanática en la dirección religiosa y en la dirección atea, y lo último que quiero es que su participación convierta este blog en un campo de batalla. Pero vamos, a ver qué pasa.
Hasta la próxima.
Lo que ocurre es que el domingo pasado me echaron de la iglesia.
Ok, ok, técnicamente no me echaron, realmente lo que ocurrió es que no me quisieron dejar entrar. Supongo que se imaginarán que estaba intentando entrar con un crucifijo en llamas, o montado en un camello, o como parte de una turba de fans de Marilyn Manson. Pero no. La historia es aún más perturbadora...
Yo bajé, como todos los domingos, a escuchar misa. Como todos los domingos, saludé al mendigo de la puerta principal, un señor bastante amable cuyo nombre debería conocer. Me dirigí a la segunda puerta, donde me crucé con otro mendigo, algo menos amable, y cuyo nombre no me importa tanto conocer. Parecía que salía de la parte interior de la iglesia, cosa que no me sorprendió mucho, ya había visto alguna vez al mendigo amable escuchar misa.
Al tomar la segunda puerta, noté que había alguien al otro lado, así que abrí la puerta completamente para que esta persona pudiera pasar. Me encontré con un señor mayor, que me miró y me dijo: "Por favor, hágame el favor de salir de aquí."
Uy. Por lo general, cuando en España lo tratan a uno de "usted," es porque se está en problemas.
No entendí. Pensé que había pasado algo dentro, que el cura había tenido un infarto y estaban evacuando a los feligreses. Al intentar preguntarle al señor qué cosa había pasado, él me interrumpió: "Usted no puede estar aquí."
What? Entendí entonces que el problema estaba necesariamente vinculado a mí. ¿Movimiento anti-inmigrante dentro de la iglesia? ¡Imposible! No en esta iglesia, donde la mayoría de asistentes son ecuatorianos. ¿Tal vez me habían fichado como uno de los misios que sólo da un euro en la colecta? ¡Tampoco! Yo siempre oculto lo que voy a donar. ¿Qué estaba pasando?
Nuevamente, al protestar, me dijo claramente: "Este tipo de actividades no se pueden realizar aquí dentro."
¿Actividades? ¿Qué cosa? Y fue ahí que se me salió, desde lo más profundo de mis entrañas, un auténtico "¿Pero yo que hice?????"
El señor dudó. Me miró atentamente. Y luego me preguntó: "No es acaso usted uno de estos señores que abren las puertas?"
Entendí. Genial. Simplemente genial. Este señor pensaba que yo era un mendigo, de estos que están el las puertas del Consum y te abren la puerta pa que les des moneditas. Y yo que pensaba que ese día me había vestido bien... en ese momento consideré la posibilidad que mi madre, mi compañera de piso, y todas mis ex tuvieran razón sobre mi forma de combinar colores...
Ante mi mirada de completa perplejidad, y mi rotunda negación, el señor se disculpó y me dejó pasar. "Es que estos señores que abren las puertas asustan a la gente de adentro," me dijo.
Mein Gott. Jesús, sacúdete en tu cripta. Ah no, verdad, ahí no estás. Anyway, espero que no hayas visto esto, porque te daría mucha pena...
Y evidentemente, durante toda la misa no me pude concentrar en absoluto en lo que se predicó. No me sacudió tanto el hecho que me hayan confundido con un mendigo (aunque es recontra maleado), sino la forma en que se me impidió entrar... porque se me trató de una forma bastante agresiva... Se me trató de una forma que no estaba de acuerdo con todo lo que se dice dentro de la iglesia.
Ok, entiendo que no es apropiado que dentro de la iglesia exista gente distrayendo a los demás. Pero hay formas de hacer las cosas. Realmente perdí el sentido de "comunión" al dejar de identificarme con aquellos dentro del templo, al sentir una vez más que muy poca gente realmente escucha lo que se dice, y se quedan más bien cumpliendo ritos que sin el resto del mensaje no tienen el más mínimo sentido.
Mis conflictos existenciales se incrementaron cuando descubrí que este señor ayudaba durante la ceremonia (curiosamente encargándose de la colecta)...
Pero bueno. Seguro que mucha gente me dirá "¿Qué haces yendo a la iglesia entonces?" y la respuesta es la misma: aunque la gente que participa en estas celebraciones no se comporte luego de acuerdo con lo que se predica en ellas, esto no significa que lo enseñado en las misas no pueda enriquecer mi vida.
Lo dejó aquí. Me da un poco de miedo poner este post, porque sé que existe gente muy fanática en la dirección religiosa y en la dirección atea, y lo último que quiero es que su participación convierta este blog en un campo de batalla. Pero vamos, a ver qué pasa.
Hasta la próxima.
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