No sé si lo he mencionado antes, pero, en mi familia, los regalos siempre son un tema. Tenemos una especie de protocolo silencioso, en el cual todos los miembros de la familia se sobre-esfuerzan en el momento de dar regalos. Yo veo que amigos míos le regalan a su padre un vino, o un libro, o un abrazo. En mi caso, esto no es que esté prohibido, pero simplemente "no se hace." No es una regla escrita, como dije, es una especie de protocolo silencioso.
Los regalos siempre deben ser ya-no-ya. La regla inicial era que fuera un objeto "inmortal," es decir, algo que no se acabe. Con esto, quedaban fuera las flores, los chocolates, los vinos. La segunda regla es que no podía ser regalo repetido, o sea, si el año pasado le regalé un libro a mi madre, este regalo estaba prohibido por los próximos dos o tres años. La tercera regla es que el regalo del año siguiente debía intentar ser mejor al regalo del año anterior.
Yo estoy seguro de que reglas similares motivaron la expansión del Tahuantinsuyo.
Debo admitir que últimamente hemos relajado estas reglas. Mi hermano me regala libros bastante seguido, yo he pedido que me regalen cosas "mortales," y bueno, de vez en cuando un regalo no sale mejor que el del año anterior. No obstante, entenderán que los regalos siempre son EL TEMA de la familia, especialmente considerando que mi hermano y yo estuvimos fuera de Lima por muchos años.
Estando en Lima para el cumpleaños de mi padre, primera vez en siete años, tenía que darle un buen regalo. Lo pensé bastante, y en un momento de lucidez, vi que se abrieron los cielos, bajó un ángel, le pidió a Ratzinger que renuncie, y camino de vuelta me dijo "te recomiendo el jamón ibérico."
Me pareció una idea fantástica. Divina, inclusive. Recordaba que en la casa de varios amigos españoles había frecuentemente piernas de jamón ibérico, las cuales ellos cortaban cada vez que les antojaba un aperitivo. La pierna seguramente costaba un huevo, pero duraba un huevo también. Me pareció un regalo original, que le podría gustar a mi padre.
Busqué bastante. Y no encontré mucho. La mejor opción fue un jamón que encontré en Wong, donde ofrecían pata, jamonera y cuchillo por un precio razonable. Hice mi investigación, y descubrí que el jamón era chileno, pero de ascendencia valenciana. Interesante.
Pues nada, me animé. Me fui a Wong dos semanas antes del cumple de mi padre, y compré la pata. Fue todo un evento, realmente. Uno de los chicos de la tienda incluso llegó a tomarme una foto (así que fácil me ven en la próxima revista de Wong). Caminaba por la calle con la pierna en las manos, y toda la gente me miraba atónita. Seguro les había parecido que la idea era tan buena como me lo había parecido a mi.
Al llegar a casa, noté que a la jamonera le faltaban dos tornillos, y que no la podía armar. 'Cha mare.
Días después regresé a Wong, y les conté el problema. Estuvieron un buen rato pensando qué hacer, y llamaron al encargado de embutidos de la tienda, quien no estaba en ese momento. Me dijeron que tenía que esperar, pero fueron bastante amables, me llevaron al restaurante de la tienda y me invitaron una empanada y un vaso de chicha. Sí pues, por la panza me conquistan.
Imaginé una situación similar en Europa, pero no se me pasó por la cabeza ningún supermercado que pudiera hacer un gesto de este estilo, dada la situación. ¿Sainsbury's? ¿Mercadona? ¿Emme Più? ¿Migros? No, a lo mucho una sonrisa. Pues nada, eventualmente llegó el encargado, quien no me dio los tornillos, sino una jamonera nueva. Se veía mejor que la que tenía, así que acepté.
Llegó entonces la semana del cumpleaños. Por curiosidad revisé el jamón un par de días antes, y descubrí que había algo blanquito en la superficie. Lo miré más de cerca, y Madre del Amor Hermoso, descubrí que era un hongo. Le di la vuelta al jamón, y peor, el jamón entero estaba cubierto de blanco.
Porca miseria.
Consulté en un Wong distinto, y ahí el encargado de embutidos me confesó que tenía bastantes de esos jamones llenos de hongos. Aparentemente, la humedad de Lima es demasiado fuerte, y no es factible tener patas de jamón ibérico por más de dos semanas. Parece que fue una mala estrategia de Wong, y que yo pagué pato. Por suerte decidí comprar la pata con dos semanas de anticipación, porque hubiera sido medio feo que los hongos hubieran aparecido luego de haberla dado como regalo.
Pues nada, regresé al Wong original, y devolví la pierna. Esta vez no me convidaron ni chicha ni empanadas, lamentablemente.
¿Y qué le regalé a mi papá? Pues una historia lamentable, y una promesa que pa este sábado le tengo su regalo. Ni modo, tuve que romper esquemas, a la mala. Ahora toy viendo corbatas, a ver si hay algo bonito por ahí.
Feliz cumple, pes, Dad.
viernes, 22 de febrero de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
Dakar Espiritual
Seguramente muchos de ustedes habrán escuchado del legendario Paris - Dakar. No, no me refiero a la ruta de bares en Santiago de Compostela, sino al rally. Pues bien, resulta que debido a rollos en Mauritania, hace un par de años el rally se ha estado llevando a cabo en Sudamérica. Y evidentemente, al pasar por Perú este año, había que ir.
Por supuesto, el grupo ideal para ir a ver el Dakar era el de JD y su pandilla. En el pasado había ido con él varias veces a ver las carreras de los Caminos del Inca, así que sabía que, además del buen rollo de siempre, tendrían también información precisa sobre el mejor sitio pa ver la carrera.
Empezamos dirigiéndonos a Pisco (y con esto me refiero a la ciudad que le dio nombre al destilado, y no al revés, eh), en donde dormimos. Al día siguiente, el plan era levantarse temprano, dirigirnos a Pozo Santo, y ahí encontrarnos con un amigo de JD que conocía bien la zona.
En Pozo Santo, luego de esperar un rato, escuchamos un claxon. Al darnos la vuelta, vimos una caravana de cinco o seis carros, y JD reconoció a su amigo en uno de ellos. ¡Chévere! Nos trepamos a nuestros carros, y seguimos la caravana.
Luego de unos 15 minutos de estar trepando dunas por el desierto de Pozo Santo, nos detuvimos en la cima de una duna. Al bajar de los carros, empezamos a estudiar la zona mientras JD iba a saludar a su amigo. Era perfecto, estábamos en un punto ideal para ver los carros pasar. Bacán.
En eso, regresó JD con una sonrisa en la cara. Aparentemente, el tipo que le tocó el claxon no era su amigo. ¡Habíamos estado siguiendo a un desconocido! ¡Y ahora estábamos en medio del desierto con ellos! Pero bueno, tuvimos suerte, y esta gente no nos asaltó ni violó ni mató para vender nuestros órganos. Al final, el lugar donde estuvimos fue perfecto, y pudimos ver bastante bien las cuatrimotos, motos, carros y camiones.
Ahora bien, durante el día, Mara (a quien ya han visto en la última foto de este post) dijo que ja ja, qué gracioso lo de los desconocidos que nos guiaron a ese sitio, que era como para ponerlo en el blog. Yo la miré, y vi con decepción que ella no había comprendido nada. No había entendido que este blog tiene cierto estándar pe. Que no voy a meter cualquier historia simplemente pa cumplir con mi compromiso de escribir al menos una vez al mes. Que si cuento una historia, esta debe tener cierto tinte de fracaso, de desastre, de conflicto, que amerite el ser publicada. Y la verdad, nos había salido todo bien, así que no, lo siento Mara, esta historia no va al blog... a menos que ocurra un desastre, claro.
Ahora, cuando le respondí esto a Mara (de una forma mucho menos arrogante, claro está), no tomé en cuenta que esta chica es medio bruja. No les contaré sus historias, pero digamos que las leyes de la física a veces son puestas en duda cuando ella está presente. Y bueno, parece que en su subconsciente ella quería que la historia apareciera en este blog, con ella de protagonista, de modo que (probablemente sin quererlo) invocó algún espíritu maligno que nos persiguió desde entonces, de forma que ocurriera algún desastre.
El primer indicio de la maldición fue sutil, los espíritus malignos generaron un tráfico brutal de vuelta a Pisco, con el fin de matarnos del cansancio y deshidratación. Lo que no contaron los espíritus fue que andábamos con JD, quien apenas vio el tráfico metió su camioneta por el desierto nuevamente, y avanzó sin dificultades.
Los espíritus se deben haber frustrado, por lo cual cambiaron de táctica: poseyeron a Gallo, el esposo de Mara. Supongo que, al estar Gallo constantemente expuesto a los espíritus de Mara, estos lo usan de vez en cuando como medio para cometer sus fechorías. A decir verdad, creo que esto explica perfectamente la personalidad de Gallo.
Anyway, esta vez los espíritus malignos poseyeron a Gallo, quien debía preparar la cena. No sé cómo lo hizo sin que nos diéramos cuenta, pero, al preparar los fideos, el poseído Gallo añadió algo similar a cemento dentro de la olla, de forma que los fideos salieron más tiesos que efecto de afrodisíaco selvático. Salió una cosa incomestible, que ni siquiera el perro que cuidaba la casa quiso comer (y noten que hablamos de un rottweiler con fauces cuasi-metálicas, eh). Anyway, muchos nos dimos cuenta entonces de las malvadas intenciones de los espíritus y decidimos ayunar, dejando a Gallo comiendo su propia obra.
Al día siguiente, para evitar cualquier maniobra nefasta de los espíritus malignos, salimos a las 4:00 am hacia el desierto de Ica. Allá, debíamos encontrar al amigo de JD, quien esta vez sí nos guiaría a la zona donde veríamos a los carros pasar.
Nunca se nos hubiera ocurrido que los espíritus malignos poseerían al amigo de JD, quien nos llevó por una ruta intransitable. La subida fue bastante difícil, y dos de nuestros carros no pudieron con la duna.
No obstante, los espíritus malignos no se quedaron contentos con que no pudiéramos subir. No señor. Fueron tan, pero tan malignos, que empujaron uno de nuestros carros, causando que se vuelque y ruede unas tres veces. Afortunadamente no le pasó nada a ninguna de las siete personas que iban en ese carro (sí, fue maleado), pero el vehículo en sí quedó recontra quiñado. Fue imposible seguir adelante, y luego de un par de horas de reparaciones en medio del desierto, regresamos a Pisco.
Así que ¡okey, pues! ¡La historia va al blog, carambas! Pero tengan por seguro que la próxima vez que vea a Mara, llevaré una crucecita, o por lo menos un Scroll of Dismissal, no vaya a ser que quiera meter alguna otra historia por acá.
Malditos espíritus chocarreros, caray.
Por supuesto, el grupo ideal para ir a ver el Dakar era el de JD y su pandilla. En el pasado había ido con él varias veces a ver las carreras de los Caminos del Inca, así que sabía que, además del buen rollo de siempre, tendrían también información precisa sobre el mejor sitio pa ver la carrera.
Empezamos dirigiéndonos a Pisco (y con esto me refiero a la ciudad que le dio nombre al destilado, y no al revés, eh), en donde dormimos. Al día siguiente, el plan era levantarse temprano, dirigirnos a Pozo Santo, y ahí encontrarnos con un amigo de JD que conocía bien la zona.
En Pozo Santo, luego de esperar un rato, escuchamos un claxon. Al darnos la vuelta, vimos una caravana de cinco o seis carros, y JD reconoció a su amigo en uno de ellos. ¡Chévere! Nos trepamos a nuestros carros, y seguimos la caravana.
Luego de unos 15 minutos de estar trepando dunas por el desierto de Pozo Santo, nos detuvimos en la cima de una duna. Al bajar de los carros, empezamos a estudiar la zona mientras JD iba a saludar a su amigo. Era perfecto, estábamos en un punto ideal para ver los carros pasar. Bacán.
En eso, regresó JD con una sonrisa en la cara. Aparentemente, el tipo que le tocó el claxon no era su amigo. ¡Habíamos estado siguiendo a un desconocido! ¡Y ahora estábamos en medio del desierto con ellos! Pero bueno, tuvimos suerte, y esta gente no nos asaltó ni violó ni mató para vender nuestros órganos. Al final, el lugar donde estuvimos fue perfecto, y pudimos ver bastante bien las cuatrimotos, motos, carros y camiones.
Ahora bien, durante el día, Mara (a quien ya han visto en la última foto de este post) dijo que ja ja, qué gracioso lo de los desconocidos que nos guiaron a ese sitio, que era como para ponerlo en el blog. Yo la miré, y vi con decepción que ella no había comprendido nada. No había entendido que este blog tiene cierto estándar pe. Que no voy a meter cualquier historia simplemente pa cumplir con mi compromiso de escribir al menos una vez al mes. Que si cuento una historia, esta debe tener cierto tinte de fracaso, de desastre, de conflicto, que amerite el ser publicada. Y la verdad, nos había salido todo bien, así que no, lo siento Mara, esta historia no va al blog... a menos que ocurra un desastre, claro.
Ahora, cuando le respondí esto a Mara (de una forma mucho menos arrogante, claro está), no tomé en cuenta que esta chica es medio bruja. No les contaré sus historias, pero digamos que las leyes de la física a veces son puestas en duda cuando ella está presente. Y bueno, parece que en su subconsciente ella quería que la historia apareciera en este blog, con ella de protagonista, de modo que (probablemente sin quererlo) invocó algún espíritu maligno que nos persiguió desde entonces, de forma que ocurriera algún desastre.
El primer indicio de la maldición fue sutil, los espíritus malignos generaron un tráfico brutal de vuelta a Pisco, con el fin de matarnos del cansancio y deshidratación. Lo que no contaron los espíritus fue que andábamos con JD, quien apenas vio el tráfico metió su camioneta por el desierto nuevamente, y avanzó sin dificultades.
Los espíritus se deben haber frustrado, por lo cual cambiaron de táctica: poseyeron a Gallo, el esposo de Mara. Supongo que, al estar Gallo constantemente expuesto a los espíritus de Mara, estos lo usan de vez en cuando como medio para cometer sus fechorías. A decir verdad, creo que esto explica perfectamente la personalidad de Gallo.
Anyway, esta vez los espíritus malignos poseyeron a Gallo, quien debía preparar la cena. No sé cómo lo hizo sin que nos diéramos cuenta, pero, al preparar los fideos, el poseído Gallo añadió algo similar a cemento dentro de la olla, de forma que los fideos salieron más tiesos que efecto de afrodisíaco selvático. Salió una cosa incomestible, que ni siquiera el perro que cuidaba la casa quiso comer (y noten que hablamos de un rottweiler con fauces cuasi-metálicas, eh). Anyway, muchos nos dimos cuenta entonces de las malvadas intenciones de los espíritus y decidimos ayunar, dejando a Gallo comiendo su propia obra.
Al día siguiente, para evitar cualquier maniobra nefasta de los espíritus malignos, salimos a las 4:00 am hacia el desierto de Ica. Allá, debíamos encontrar al amigo de JD, quien esta vez sí nos guiaría a la zona donde veríamos a los carros pasar.
Nunca se nos hubiera ocurrido que los espíritus malignos poseerían al amigo de JD, quien nos llevó por una ruta intransitable. La subida fue bastante difícil, y dos de nuestros carros no pudieron con la duna.
No obstante, los espíritus malignos no se quedaron contentos con que no pudiéramos subir. No señor. Fueron tan, pero tan malignos, que empujaron uno de nuestros carros, causando que se vuelque y ruede unas tres veces. Afortunadamente no le pasó nada a ninguna de las siete personas que iban en ese carro (sí, fue maleado), pero el vehículo en sí quedó recontra quiñado. Fue imposible seguir adelante, y luego de un par de horas de reparaciones en medio del desierto, regresamos a Pisco.
Así que ¡okey, pues! ¡La historia va al blog, carambas! Pero tengan por seguro que la próxima vez que vea a Mara, llevaré una crucecita, o por lo menos un Scroll of Dismissal, no vaya a ser que quiera meter alguna otra historia por acá.
Malditos espíritus chocarreros, caray.
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Pavadas Inclasificables,
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viernes, 28 de diciembre de 2012
Aracnofobia
Bueno, estamos en esa terrible temporada del año en que me dan chucaques cada vez que escucho la música en las tiendas. Por lo general, comparto la labor de quejarme de Navidad con Claudia, pero esta vez, lamentablemente, me ha decepcionado, y ha decidido no expresar su sentimiento grinch plenamente.
Así que nada. Este año tendré que llevar a cabo la labor de expulsar energías negativas yo solo. Doble chamba, cha mare. ¿Y cómo hacerlo? Pos na, les voy a contar una historia de terror.
No, no se preocupen. No diré nada de Cipriani. Tan malo no soy. Esta vez, hablaré de mis terribles enemigos, las arañas. Sí, yo sé que muchos de ustedes le tienen pánico a estos bichos del mal. Es entendible. Son seres crueles y malvados. Permítanme contarles mis experiencia con ellas, y cómo poco a poco fui transformando el terror en profundo respeto. Pero ambientemos el asunto, pongamos un poco de musiquita apropiada: cliquea acá pe.
Mi teoría es que la mala relación con las arañas fue iniciada por mi madre. Aparentemente, en mi infancia yo me resistí tajantemente a dejar el biberón. Mis padres intentaron lo imposible, me servían chocolate caliente en taza mientras me ponían las hierbas del doctor Pun en el biberón, y aún así yo insistía. No dejaba el biberón por nada. Un día, todos los biberones de mi casa desaparecieron, y al yo preguntar dónde estaban, mi madre respondió: "Se los llevaron las arañas."
Desde ese momento las odié. No sé cómo, pero las arañas hicieron una gran labor. Treinta años después, todavía no encuentro los biberones.
De ahí, la relación poco a poco fue transformándose en una de pánico. La cúspide de este temor ocurrió hace ya muchos años. Me encontraba yo a punto de ducharme, cuando encontré un pescadito en la ducha. Al ser yo buena gente, decidí que en vez de matarlo sería mejor capturarlo y botarlo por la ventana. Agarré mi toalla, me cubrí con ella, agarré papel higiénico, e intenté atrapar al bicho con él.
En eso, mientras estaba arrodillado pensando en cómo capturarlo, miré hacia abajo. Y ahí, encima de mi toalla, justo en la zona donde se encuentran las joyas de la familia, la vi. Era una araña inmensa. Mirándome.
Deben haber pasado dos segundos, pero parecieron mil años. Emití el grito más masculino que podía emitir en esa época (ahora lo hago mejor), y con ello la toalla voló por los cielos. Salté hacia mis zapatillas de levantar, rodé por los suelos (ok, tal vez no), y aplasté a la condenada araña mientras ella salía por debajo de la toalla. Le di como cuarenta veces. Miré al pescadito, grité "¡Tú eres su cómplice!" y en un acto irracional maté al otro bicho también. Cuarenta veces, también.
No quiero imaginar lo que hubiera pasado si me hubiera puesto la toalla al revés. De haberlo hecho, seguramente ahora no podría dar gritos tan masculinos como los de hoy en día.
Anyway. Los caminos de la vida me obligaron a controlar el temor. Esto empezó en Cambridge, en la segunda casa donde viví, que era un desastre. Una característica de esta casa era que estaba habitada por mi, seis chinos, y como mil doscientas arañas. La mayoría de estas vivía en el baño, colgadas del techo. No se imaginan lo que era. Lo peor es que cuando uno tomaba una ducha en ese baño, las arañas se atontaban, y empezaban a descolgarse de su telaraña. Nefasto.
Entenderán entonces que me vi obligado a controlar el temor. Era eso o no me duchaba. Así que poco a poco, respirando profundo, empecé a ver estos seres como "posibles amenazas," en vez de "amenazas seguras." Confíen en mi, hay una gran diferencia.
La cosa evolucionó favorablemente, al punto que hace un par de meses permití que dos arañas se asentaran en mi habitación. Yo había dejado la ventana abierta, y al regresar encontré estas dos arañas pequeñas haciendo su telaraña, muy próximas una de la otra. Lo pensé un poco, y me di cuenta que últimamente habían habido un par de zancudos en mi habitación, así que decidí dejar a las arañas ayudarme con el asunto.
Esta simbiosis funcionó por un tiempo. Los zancudos fueron devorados por las dos arañas, y tuvimos una época de gran amistad. Vamos, hasta les puse nombre: Peter y Parker.
Por desgracia, la relación con mis nuevos compañeros de habitación deterioró rápidamente. La vaina es que no tengo infinitos mosquitos en mi habitación, así que las arañas aparentemente empezaron a pasar hambre. En particular, no había visto a Parker capturar ningún mosquito en un buen tiempo, y me empezó a preocupar su salud.
Parece que no fui el único en notar el estado debilitado del pobre Parker. Un día, regresé del trabajo y Parker había desaparecido. En cambio, Peter se aferraba a cierto bulto de telaraña. Casi lo vi relamerse. Espantado, entendí lo que había ocurrido. Estaba a punto de recriminar a Peter, pero una mirada suya de "tú podrías ser el siguiente" me detuvo. Estaba en problemas.
Decidí acabar con Peter, y aspirarlo. No obstante, parece que Peter había pactado algo con las chicas de la limpieza, y no encontré las aspiradoras por ningún sitio. El pacto era claro, ya que cada vez que ellas limpiaban mi habitación, dejaban al malvado Peter en paz, permitiéndole expandir su dominio libremente.
Un día, me armé de valor. Me tomé un par de shots en la cocina, y subí a mi habitación, con una zapatilla en la mano. Esta vez sería él o yo. Tomé la perilla de la puerta, y la dejé abrirse. En la habitación, todo era silencio. Apreté la zapatilla, y di un paso al frente. Otro paso. Uno más. Levanté la mirada hacia el dominio de Peter... y no vi nada. Peter no estaba.
Nunca supe qué pasó. No sé si Peter adivinó mis intenciones y decidió escapar, o si las chicas de la limpieza finalmente se dieron cuenta que hacer pactos con arañas no era realmente una buena idea, o si Peter había fracasado en algún negocio con la mafia albanesa. En todo caso, Peter había desaparecido.
Un mes después, otra araña ocupó el espacio de Peter. Estuve a punto de llamarla Eddie, pero no pude. No frieguen, era peluda, debía irse. Esta vez, fui implacable. Cuarenta veces. Dai.
Anyway, si no les pareció suficiente terror para un post, chequeen este video, y listo. Tendrán pesadillas por tres meses. Al resto, pues que la noche os sea propicia, y que tengan un genial Año Nuevo. Será hasta pronto.
Así que nada. Este año tendré que llevar a cabo la labor de expulsar energías negativas yo solo. Doble chamba, cha mare. ¿Y cómo hacerlo? Pos na, les voy a contar una historia de terror.
No, no se preocupen. No diré nada de Cipriani. Tan malo no soy. Esta vez, hablaré de mis terribles enemigos, las arañas. Sí, yo sé que muchos de ustedes le tienen pánico a estos bichos del mal. Es entendible. Son seres crueles y malvados. Permítanme contarles mis experiencia con ellas, y cómo poco a poco fui transformando el terror en profundo respeto. Pero ambientemos el asunto, pongamos un poco de musiquita apropiada: cliquea acá pe.
Mi teoría es que la mala relación con las arañas fue iniciada por mi madre. Aparentemente, en mi infancia yo me resistí tajantemente a dejar el biberón. Mis padres intentaron lo imposible, me servían chocolate caliente en taza mientras me ponían las hierbas del doctor Pun en el biberón, y aún así yo insistía. No dejaba el biberón por nada. Un día, todos los biberones de mi casa desaparecieron, y al yo preguntar dónde estaban, mi madre respondió: "Se los llevaron las arañas."
Desde ese momento las odié. No sé cómo, pero las arañas hicieron una gran labor. Treinta años después, todavía no encuentro los biberones.
De ahí, la relación poco a poco fue transformándose en una de pánico. La cúspide de este temor ocurrió hace ya muchos años. Me encontraba yo a punto de ducharme, cuando encontré un pescadito en la ducha. Al ser yo buena gente, decidí que en vez de matarlo sería mejor capturarlo y botarlo por la ventana. Agarré mi toalla, me cubrí con ella, agarré papel higiénico, e intenté atrapar al bicho con él.
En eso, mientras estaba arrodillado pensando en cómo capturarlo, miré hacia abajo. Y ahí, encima de mi toalla, justo en la zona donde se encuentran las joyas de la familia, la vi. Era una araña inmensa. Mirándome.
Deben haber pasado dos segundos, pero parecieron mil años. Emití el grito más masculino que podía emitir en esa época (ahora lo hago mejor), y con ello la toalla voló por los cielos. Salté hacia mis zapatillas de levantar, rodé por los suelos (ok, tal vez no), y aplasté a la condenada araña mientras ella salía por debajo de la toalla. Le di como cuarenta veces. Miré al pescadito, grité "¡Tú eres su cómplice!" y en un acto irracional maté al otro bicho también. Cuarenta veces, también.
No quiero imaginar lo que hubiera pasado si me hubiera puesto la toalla al revés. De haberlo hecho, seguramente ahora no podría dar gritos tan masculinos como los de hoy en día.
Anyway. Los caminos de la vida me obligaron a controlar el temor. Esto empezó en Cambridge, en la segunda casa donde viví, que era un desastre. Una característica de esta casa era que estaba habitada por mi, seis chinos, y como mil doscientas arañas. La mayoría de estas vivía en el baño, colgadas del techo. No se imaginan lo que era. Lo peor es que cuando uno tomaba una ducha en ese baño, las arañas se atontaban, y empezaban a descolgarse de su telaraña. Nefasto.
Entenderán entonces que me vi obligado a controlar el temor. Era eso o no me duchaba. Así que poco a poco, respirando profundo, empecé a ver estos seres como "posibles amenazas," en vez de "amenazas seguras." Confíen en mi, hay una gran diferencia.
La cosa evolucionó favorablemente, al punto que hace un par de meses permití que dos arañas se asentaran en mi habitación. Yo había dejado la ventana abierta, y al regresar encontré estas dos arañas pequeñas haciendo su telaraña, muy próximas una de la otra. Lo pensé un poco, y me di cuenta que últimamente habían habido un par de zancudos en mi habitación, así que decidí dejar a las arañas ayudarme con el asunto.
Esta simbiosis funcionó por un tiempo. Los zancudos fueron devorados por las dos arañas, y tuvimos una época de gran amistad. Vamos, hasta les puse nombre: Peter y Parker.
Por desgracia, la relación con mis nuevos compañeros de habitación deterioró rápidamente. La vaina es que no tengo infinitos mosquitos en mi habitación, así que las arañas aparentemente empezaron a pasar hambre. En particular, no había visto a Parker capturar ningún mosquito en un buen tiempo, y me empezó a preocupar su salud.
Parece que no fui el único en notar el estado debilitado del pobre Parker. Un día, regresé del trabajo y Parker había desaparecido. En cambio, Peter se aferraba a cierto bulto de telaraña. Casi lo vi relamerse. Espantado, entendí lo que había ocurrido. Estaba a punto de recriminar a Peter, pero una mirada suya de "tú podrías ser el siguiente" me detuvo. Estaba en problemas.
Decidí acabar con Peter, y aspirarlo. No obstante, parece que Peter había pactado algo con las chicas de la limpieza, y no encontré las aspiradoras por ningún sitio. El pacto era claro, ya que cada vez que ellas limpiaban mi habitación, dejaban al malvado Peter en paz, permitiéndole expandir su dominio libremente.
Un día, me armé de valor. Me tomé un par de shots en la cocina, y subí a mi habitación, con una zapatilla en la mano. Esta vez sería él o yo. Tomé la perilla de la puerta, y la dejé abrirse. En la habitación, todo era silencio. Apreté la zapatilla, y di un paso al frente. Otro paso. Uno más. Levanté la mirada hacia el dominio de Peter... y no vi nada. Peter no estaba.
Nunca supe qué pasó. No sé si Peter adivinó mis intenciones y decidió escapar, o si las chicas de la limpieza finalmente se dieron cuenta que hacer pactos con arañas no era realmente una buena idea, o si Peter había fracasado en algún negocio con la mafia albanesa. En todo caso, Peter había desaparecido.
Un mes después, otra araña ocupó el espacio de Peter. Estuve a punto de llamarla Eddie, pero no pude. No frieguen, era peluda, debía irse. Esta vez, fui implacable. Cuarenta veces. Dai.
Anyway, si no les pareció suficiente terror para un post, chequeen este video, y listo. Tendrán pesadillas por tres meses. Al resto, pues que la noche os sea propicia, y que tengan un genial Año Nuevo. Será hasta pronto.
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