miércoles, 9 de mayo de 2012

Crisis Teológica

Creo que se está volviendo costumbre escribir de algo serio por lo menos una vez al año. Esta vez no intentaré evitarlo, pero les prometo que por lo menos no los torturaré con mis crisis amorosas, como la última vez.

Supongo que se habrán dado cuenta que yo, además de ser físico, peruano, medio pavo, inepto combinando colores, y demás, también tengo alguna tendencia religiosa. Varias personas alguna vez me han preguntado cómo puedo ser físico y no ser ateo al mismo tiempo, y bueno, a estos les respondo generalmente que no entienden qué significa la religión. Pero no quiero entrar en esta discusión en este momento, sino más bien contarles un poco de mi evolución religiosa.

En mi casa en Perú nunca hubo un ambiente muy religioso. Mi padre es anglicano / pagano, y mi madre no es muy religiosa que digamos (a excepción de cuando hay matrimonios). Para el terror de mi abuela, ni mi hermano ni yo fuimos bautizados al nacer, y a pesar que amenazó que si nos moríamos terminaríamos en el limbo, mi madre nunca atracó.

No estoy seguro, pero creo que mi primera experiencia real en la Iglesia fue luego de que a mi abuela le diera el derrame. Al desarrollar mi abuela dificultades para caminar, mi madre me envió a mi de apoyo. Así, terminé yendo los domingos a la parroquia María Reina, como bastón, mientras veía a la gente arrodillarse, rezar, confesarse, etc.

Muchos años después, basé toda mi experiencia religiosa en lo que enseñaban los padres Eduardo Arens (María Reina), y Lucho Cordero (Carmelitas). Quienes los han escuchado sabrán que ambos dan (o por lo menos daban) sermones de alta calidad. Según yo, el primero se concentraba en la experiencia religiosa como un hecho racional (¡actúa!), mientras que el segundo la enfocaba más por el lado humano (¡siente!). Ambos, por supuesto, con argumentos históricos y la debida contextualización. En Lima, siempre encontré mi equilibrio espiritual en ellos, y sentía que evolucionaba de una manera u otra.

Esto cambió cuando dejé el Perú. En Inglaterra, España e Italia me topé con los sermones más superficiales que había escuchado en mi vida, concentrados más en la tradición que en la vida diaria. En los primeros dos países me salvé por un pelo, en Cambridge me rescató mi amiga Chris, quién me llevó al Fischer House, una comunidad pequeña, pero muy reflexiva y analítica. En Valencia, encontré una parroquia a la que asistía toda la comunidad ecuatoriana, provista de un sacerdote muy humano.

No obstante, no puedo decir que no haya pasado por varias crisis. Me encontré constantemente en desacuerdo por las políticas de la Iglesia, ya sea en los temas de sexualidad como en los de austeridad. Vamos, siempre he estado convencido de que, a pesar de tener la cabeza media podrida, la Iglesia también tiene un cuerpo activo que hace buenas obras. Un cuerpo escondido, por supuesto, ya que esto generalmente no hace noticia. Pero la podredumbre de la cabeza no me dejaba tranquilo.

Esta crisis llegó a un máximo durante el escándalo de los abusos a menores, y la muy pobre respuesta de la Iglesia a todo este rollo. Esto, junto con la lamentable acción del papanatas de nuestro cardenal al intentar apoderarse de la PUCP, causó que me alejara de la Iglesia por más de un año.

Claro, el no ir a la Iglesia tampoco me dejaba tranquilo, ya que para mi escuchar los sermones siempre ha sido una motivación para evolucionar como persona. Al alejarme de la Iglesia Católica, empecé a mirar otras opciones.

Acá en Ginebra, al hablar con La Finlandesa Particular, me enteré de la existencia de una comunidad protestante Luterana. Me dije ¡qué demonios!, y decidí ir.

Tengo que admitir que casi salgo corriendo después de los primeros diez minutos. Al empezar la misa, apareció un hombre vestido de blanco, caminando como si fuera el Rey de España, y llevando a cabo la primera lectura haciéndose pasar por Abraham. Me hizo recordar las Iglesia de Gokú, o la de Sonic The Hedgehog.

Pero me quedé. Y por suerte lo hice. Descubrí que esta cosa rara realmente era una parte inicial dirigida a los niños, y que luego se llevaban a los critters a otro cuarto y empezaban con la cosa seria.

Grande fue mi sorpresa al no encontrar un sacerdote, sino una pastora. Más grande fue mi sorpresa al enterarme que no sólo estaba casada, ¡sino que estaba casada con un peruano! ¡Genial! ¡Y además, toca las maracas!

Ok, ok, los que han visto el video, sé que lo que toca no son maracas, pero suena gracioso, ¿ya?

Anyway, descubrí así que esta comunidad Luterana no cargaba consigo con todo el lastre que sí carga la Iglesia Católica. Para darles un ejemplo, descubrí que la pastora había celebrado una boda gay el año anterior, cosa completamente inconcebible en Roma. Encontré también una mezcla del sermón de Arens y de Cordero, una mezcla entre racionalidad y espiritualidad, basada en una contextualización apropiada de lo leído. Aún estoy comprendiendo cómo funciona la comunidad en sí, pero les puedo decir que el cheesecake que hacen después de la ceremonia es motivo suficiente como para querer quedarse y enterarse más.

Así que lo haré.

Ojo, con esto no quiero impulsarlos a moverse a la Iglesia Luterana más cercana. Aparentemente esta Iglesia es muy democrática, y cada comunidad tiene su propia forma de vivir su espiritualidad. Por ejemplo, la misma pastora me dijo que la Iglesia Luterana en África no está haciendo las cosas muy bien. Pero por lo menos esta es chévere, y estoy seguro que me quedaré ahi durante toda mi estancia en Ginebra.

Eso sí, protestaré. Apenas regrese a Lima iniciaré los trámites para mi retiro político de la Iglesia Católica. No sé qué será, apostasía, herejía, qué sé yo, pero por lo menos quiero que se sepa que no estoy de acuerdo en cómo lleva la Iglesia estos temas, y que prefiero estar en comunidades que me dan lo mismo (o más), que actúan de forma similar, pero que no tienen ningún lastre discriminador.

He dicho.

sábado, 7 de abril de 2012

Historia Repetida

Cuando me planteé salir de juerga en Viernes Santo, dudé un momento. En principio, estas fechas son más para meditación y tal, salir de juerga ese día exactamente era un poco inapropiado. Afortunadamente, esta idea no se mantuvo mucho tiempo en mi mente, y me preparé para una noche que quién sabe qué traería.

Lamentablemente, el Castigo Divino cayó sobre los asistentes a la juerga, y pasamos una noche parecida a aquella del año pasado.

Todo empezó cuando me encontré con El Albanés Amable en la cocina. No había casi nadie en el Foyer, el ambiente en la sala común estaba más triste que submarino a remos. Decidimos que, después de cenar, saldríamos a ver qué encontrábamos en la noche ginebrina.

Mientras cocinábamos, nos encontramos con La Tedesca Sorridente y Die tanzenden Italienisch. Luego de la sonrisa habitual, La Tedesca Sorridente nos contó que habría un concierto gratuito de rock muy cerca del Foyer. Ellas no sabían si irían, pero para nosotros eso no importaba: había un plan.

En la zona común, nos encontramos con La Inglesa Hindú. Estaba con El Árabe Silencioso y con una amiga que la había venido a visitar, llamada La Otra Inglesa Hindú. Nos unimos a ellos, y nos enteramos que La Otra Inglesa Hindú tenía muchas ganas de juerga (luego nos enteramos que era pura finta, pero vamos, no hay que adelantarnos). Les contamos nuestros planes del concierto, y decidieron apuntarse. No obstante, tenían otras cosas que hacer antes, así que El Albanés Amable y yo decidimos adelantarnos.

El concierto fue un poco... ¿cómo decirlo? Un poco adolescente, digamos. Parecía que si había alguien ahí mayor de 20 años, era padre o madre de alguno de los asistentes al concierto. Podrán imaginar que no era exactamente lo que queríamos. El problema es que en ese breve periodo en el que estuvimos dándonos cuenta de la situación, empezó una lluvia terrible. Estábamos atrapados en el edificio.

Decidimos tomar un vino mientras esperábamos que la lluvia baje. Teníamos esperanzas de que el resto se nos uniera, y que tal vez tuvieran algún paraguas o algo con qué salvarnos. Mientras tanto, unas seis niñitas jugaban a las chapadas a nuestro alrededor. Sí, sí, sé que la idea de la noche era estar rodeado por chicas, pero se suponía que su edad no sería igual a la mía dividida entre cinco... 'Ta mare...

En eso, salió la luz. Completamente empapadas, llegaron La Tedesca Sorridente, Die tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, La Otra Inglesa Hindú, y El Árabe Silencioso. Con paraguas y cosas. Chévere. Podíamos escapar.

Decidimos correr todos junto al bar más cercano, donde la edad media fuera un poco mayor. Estaba un poco muerto, pero vamos, eramos siete, podíamos pasarla bien. Mientras pedíamos bebidas, decidí ir al baño, que estaba en la parte de atrás del local. Y al llegar, casi se me cae la cara de la sorpresa.

En la parte de atrás del local había una pequeña entrada, que llevaba a una mini-discoteca. Y había un ambiente espectacular, mucha música latina, mucha gente bailando. Este era el sitio donde estar. Le avisé al resto, y corrimos a la parte de atrás.

Pero no. Había que pagar entrada, 15 francos. A mi, el Danza Kuduro que sonaba en el fondo me decía "¡Paga nomas!", pero el resto no estaba tan convencido. La Tedesca Sorridente nos sugirió ir al Duplex, un sitio con entrada gratuita, que no estaba muy lejos de ahí. Ya pues.

Fue un error. Un error fatal. El Duplex estaba medio vacío, la música era muy rara, y los tres tipos que estaban bailando lo hacían muy pero muy mal. Ya, ya, yo sé que debería ser el último en criticar a alguien bailando, pero esto se veía realmente mal, al punto de darnos yuyu de lo feo que se veía. La Tedesca Sorridente perdía puntos como una catarata.

Recordé que al costado del Duplex se encontraba el Pachinko. No obstante, sabiendo que en ese sitio a veces ponen música rara también, decidí ir solo, como explorador. Llegué al sitio, y escapé inmediatemente, espantado.

¿Qué encontré? Una reunión de europeos del este, escuchando música rusa. No sólo eso, había que pagar 5 francos pa entrar. Ni siquiera El Albanés Amable pensó que fuera una buena idea ir.

Decidimos regresar a casa. Recordamos que la televisión del Foyer podía reproducir música de un USB, así que decidimos tener la juerga en casa. En el camino, pasamos por el Milk Club, a ver si pasaba algo, pero no... estaba cerrado.

Anyway, no había problema, ya habíamos decidido ir al Foyer. Llegamos, bajé mi USB con música de juerga, y lo puse en la TV. Empezó a sonar el Mesa que más aplauda.

La Inglesa Hindú me miró y me dijo: "No la conozco, ¿pones otra?"
Ok, apreté el botón de avanzar, y empezó el Baile de la Botella.

La Otra Inglesa Hindú me miró y me dijo: "¡No me digas que sólo tienes música latinoamericana!"
Casi le tiro el USB.

Ok. El Albanés Amable fue a su habitación por su música, mientras tanto, la gente abajo no bailaba ni aunque sonaran Los Fabulosos Cadillacs, Carlos Vives, o Axe Bahia. Ya, ya sé que mi música 'ta media vieja, pero no era por eso que no bailaban.

El Albanés Amable regresó, puso su música, y lo mismo. Tampoco les gustaba. Nada. Indignado, El Albanés Amable se fue a hacer couscous y nos dejó. Sí, couscous a las dos de la madrugada, leyeron bien.

Pos na', La Inglesa Hindú decidió ir por su propia música. Bajó con su USB, lo puso en la TV... y no funcionó. Me miró, y dijo: "¿Tú crees que sea porque están en formato RealAudio?"


Mientras controlaba a mi lado nerd de gritarle que cómo se le ocurría tener canciones en formato RealAudio, miré al resto. Y me rendí. El próximo año, me quedaré jugando en la computadora toda la noche. Contra la Ira Divina parece que no se puede.

jueves, 22 de marzo de 2012

Recuerdos del Pasado: La Belga

Hace unos días pasé por Valencia. Tuve la suerte de ser invitado por un profesor para discutir con él por un par de días, y aproveché la ocasión para quedarme ahí y pasar otras Fallas.

El viaje motivó el retorno de muchos recuerdos. Recuerdos buenos y malos, por supuesto. Y como soy incorregible, hoy quiero contarles de algunos malos recuerdos.

Ya les conté hace un buen tiempo de la Belga CH. En esa época, pasaron mil y un cosas en ese piso, pero no quise reproducirlas todas por el blog, ya que no quería transformarlo en un tributo a esa nefasta persona. Habiendo pasado casi tres años desde la última vez que vi a la Belga, y habiendo superado ya gran parte de los traumas generados, he decidido contarles un poco más de lo ocurrido con este personaje.

Es difícil elegir por dónde comenzar, considerando las miles de facetas que tenía esta chica. Así que aquí van unas cuantas historias, sin ningún orden.

Un problema serio que tuvimos ocurrió en plenas Fallas. Recuerdo que regresé a casa alrededor de medianoche. Al entrar a mi habitación, escuché que la Belga me llamaba de la suya. Aparentemente, necesitaba mi ayuda.

Dentro de su genialidad, la Belga había decidido meterle password a su Windows. Su grave error fue olvidarlo. Así que me preguntó si yo podía hacer algo para ayudarla.

Pues nada, ustedes saben que yo como hacker me muero de hambre. No obstante, algo sé sobre discos de recuperación, así que pensé que sería posible resetear su password de Windows usando algún disco bajado de internet. Ahora, al no estar seguro de los resultados de semejante operación, lo ideal sería hacer un backup de sus datos.

Me bajé un ISO mientras copiaba los datos de la Belga en mi pen-drive. La Belga, asimismo, se robó un CD de la Mari para quemar el disco de recuperación. El proceso duró mucho tiempo, y la Belga se quedó semi-dormida mientras esperábamos a que todo terminara. El backup fue terminado después de la 1:00 am.

Al terminar el backup, tomé el pen-drive y le dije a la Belga que iba a quemar el CD de recuperación. Tomé su laptop, y fui a mi habitación, donde estaba la mía. Fue en eso, que me di cuenta que sentía una presencia oscura y tenebrosa a mis espaldas.

Al darme la vuelta, vi a la Belga ahí. Me preguntó dónde estaba el pen-drive. Lo señalé, y regresé al proceso de quemar el CD. Dos minutos después, me volví a dar la vuelta, y noté que el pen-drive ya no estaba.

- ¿Dónde está el pen-drive?
- Lo tengo yo.
- ¿Me lo das?
- No.
- Es mi pen-drive.
- Son mis datos.

Genial. La estaba ayudando a la 1:00 de la madrugada, y pensaba que me iba a robar sus datos. Evidentemente me molesté, pero no le dije nada. Terminé el proceso, le reseteé el password, y le devolví la laptop.

- ¡Gracias!
- ¿Me das mi pen-drive?
- ¡No! ¡Mis datos siguen ahí! ¡Los borraré, y luego te lo devuelvo!

 Por supuesto, me molesté aún más.

- ¿Qué puedo hacer para agradecerte?
- ¡Podrías darme mi condenado pen-drive de vuelta!!!!!

Y no, no me sugieran que debería haberle pedido otra cosa como agradecimiento. Esa es una terrible idea.


Vamos a contarles otra cosa. Este que viene es un clásico, media Valencia conoce el cuento. Ocurrió una noche, mientras yo lavaba los platos luego de cenar. En eso, la Belga se materializó a mi lado.

Le sonreí.
Me sonrió.
Yo terminé de enjabonar un plato, así que dejé la esponja al lado.
La Belga miró la esponja.
Me miró.
Miró la esponja nuevamente.
Y yo empecé a preocuparme.

La Belga, rápidamente, cogió la esponja.
Me miró.
Miró la esponja.
Me miró, nuevamente.
Levantó la esponja, sin dejar de mirarme.
Suavemente, la Belga apretó la esponja, de forma que espuma empezó a chorrear por su brazo.
Yo empecé a pensar en películas de Roman Polanski.

La Belga, tranquilamente, dejó la esponja.
Miró su brazo, cubierto de espuma.
Me miró.
Miró su brazo.
Me miró nuevamente.
Dijo "Me gustaría un baño caliente."
Yo empecé a buscar la cámara escondida.

Pues estaba claro. Yo debía hacer algo. Era mi deber encarar semejante oferta de la forma apropiada.

La miré.
Me miró.
Le dije "¿Por qué me haces esto?"

La Belga empezó a reír, y se fue corriendo de la cocina, con el brazo aún enjabonado.

Sí. Estaba loca. Pa' meterla en un manicomio, señores.


Pues nada, vamos a terminar el post con unas anécdotas de la época conflictiva. Las cosas en algún momento se fueron al demonio. Una vez tuvimos una pelea bastante fuerte, y nos dejamos de hablar por una semana, o algo así. Cuando quisimos arreglar las cosas, su defensa fue:

- ¡Es tu culpa! ¡Tú vas a misa, eres católico, es culpa tuya porque no me has perdonado!

Sí, así como lo oyen. Para esto, la Belga tenía un trauma con la iglesia. Alguna vez me siguió a misa, y empezó a pensar que yo le estaba diciendo al cura cosas de ella. Este afortunado pensamiento aparentemente estaba basado en la forma en que el cura la observaba. Si me preguntan, el cura la habrá estado mirando ya que se preguntaba qué hacía un demonio yendo a misa...

Anyway, luego de su exclamación en nuestra discusión, empezó a burlarse del hecho que yo fuera a la iglesia y tal, cuando la razón inicial de la discusión era otra. Y ahí me molesté, creo que en estos seis años fuera nunca me he molestado tanto con alguien. Me levanté y le grité. La Mari y Guilherme, que andaban por ahí, se quedaron petrificados. La Belga se encogió en el sofá.

Lamentablemente, eso no sirvió de mucho. La Belga me dejó de hablar, al 100%. Por dos meses. Y cuando me empezó hablar, fue una semana antes de la entrega de un trabajo suyo. Me pidió que le corrigiera su traducción al castellano, y bueno, al yo negarme por estar cansado (vamos, era medianoche y yo acababa de volver del kendo), me dejó de hablar por otro mes.

Un demonio, efectivamente.

De vez en cuando me pregunto qué será de su vida. Pero luego recuerdo todo esto, y aún más cosas que no cuento por el bien de ustedes, y llego a la conclusión que es mejor no saberlo. Hay cosas que hay que dejarlas estar, y punto.