lunes, 27 de febrero de 2017

Otro Post Sobre Lavadoras

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Pues sí, con este, son seis veces que menciono lavadoras en este blog.

Y es que son un tema. Al mudarme con mi novia, tuve que enfrentar la dura realidad de no tener lavadora en casa, y tener que pasar los sábados en la lavandería de al frente. Lamentablemente, cerca a casa no hay lavanderías de 24 horas.

Eso estuvo bien el primer par de veces, pero luego, cuando en vez de ir a descubrir la muralla de Lima uno tiene que quedarse a ver cómo da vueltas la ropa (a menos que uno quiera reciclar calzoncillos), el tema empieza a hartar. Así que decidimos comprar una lavadora nueva.

Ahora bien, el depa de mi novia es relativamente pequeño. Y sólo hay un sitio dónde poner la lavadora: en el baño de invitados. El único problema es que, al hacer eso, no entraría una secadora, así que tuvimos que invertir, y comprar una "lavaseca," que es lavadora y secadora, todo en uno.

Esta lavaseca resultó fenomenal. Lava la ropa, la seca, la esteriliza si tiene bacterias, le quita los olores pezuñentos sin mojarla, puede darle un baño de burbujas si está estresada, y creemos que, en momentos de necesidad, es capaz de unirse a otras lavasecas y formar a Voltron, Guardián del Universo.

Anyway. La lavaseca llegó, pero no la pudimos instalar inmediatamente. El problema de instalarla en el baño de invitados era que teníamos dos opciones: o manteníamos la lavaseca cerrada hasta el fin de los tiempos, o sacábamos el water del baño. Es decir, la puerta se chocaba con el water. Ahora bien, sacar el water seguramente no le gustaría mucho a los invitados, y lo primero no nos gustaba mucho a nosotros, así que tuvimos que cranear un poco.

La novia tuvo la idea de mandar a construir una plataforma sobre la cual instalar la lavaseca. De esa manera, al abrir la puerta, no chocaría con el water, y así todos contentos. Luego de unas semanas, llegaron los técnicos, construyeron la plataforma, comieron espinacas, y cargaron la máquina hasta la plataforma. Teníamos mucha expectativa.

La primera vez que usamos la lavaseca fue un fiasco. Empezó a vibrar como nada que habíamos visto. Se empezó a sacudir, y hacer un ruido terrible, como si estuviera escaldada. Así que ni modo, la detuvimos, y mandamos la ropa a la lavandería.

Ahora bien, el problema de tener dos científicos en casa, y no dos ingenieros, es que los dos propusimos soluciones opuestas, e inútiles, y nadie dio su brazo a torcer. La novia insistía que había que anclar la plataforma al piso, mientras que yo estaba seguro que había que instalar algún tipo de amortiguamiento a los lados.

Al final, ninguna solución habría funcionado. Pero como suele suceder, dejé que la novia ponga la suya, y me deleité cuando la lavaseca, rebelde, destruyó la nueva instalación.

No le digan a mi novia que he dicho esto, que me pega.

Al final del día, se abrió el cielo, bajó un ángel, y me sugirió mirar el manual. Dicho y hecho, en la sección de Troubleshooting descubrí que, si la lavaseca se sacudía mucho, probablemente tenía aún los "tornillos de transporte." Cuando me di vuelta para agradecerle, el ángel ya no estaba.

Pues nada. Los técnicos no habían sacado esos tornillos. Geniales.

Dos semanas después, otros técnicos, más apropiados, retiraron los condenados tornillos, y ahora tenemos una lavadora funcional, recontra silenciosa. Hasta ahora no se transforma en Voltron. Pero la verdad es que todo bien, hasta ayer, que encontré un hueco en el pantalón del tamaño de una moneda....

Mein Gott...

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lunes, 30 de enero de 2017

Falta de Aire

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¡Vamos hombre! ¡Vamos! ¡Tú puedes levantar este peso! ¡Dale! ¡Dale! ¡Dos más! ¡Uno más! ¡Listo!

Muy bien. Lo estás haciendo bien, en el gimnasio. Estás cargando cada vez más peso, y al tener poco descanso, también quemas calorías. La estrategia debería funcionar.

Pero... ¿qué te pasa? ¿Que necesitas descansar algo más? Bueno, vamos, detente un rato, respira hondo.

¿Te sientes mal? Pero... tampoco es que hayamos cargado taaaanto.... o bueno, tal vez sí... a ver camina hacia la baranda, apóyate, sigue respirando hondo...

Uy, caramba, la cosa se pone seria. Tranquilo, tranquilo. Respira. Respira. No te desmayes, no quieres pasar vergüenza frente a todo el gimnasio. Sigue ahí, tranquilo.

No te preocupes. A tu izquierda está uno de los entrenadores. Si te pasa algo, seguro que estará capacitado. Respira hondo. Vamos, tampoco será muy vergonzoso decirle que te has excedido, y que necesitas asistencia. Es más, probablemente se haya dado cuenta ya, después de todo, es un entrenador.

Fíjate, te está mirando. De hecho que se ha dado cuenta. Sube la cabeza, y dile que te sientes mal.

Pero... ¿qué es esto? ¿Te está haciendo muecas? ¿Te está haciendo ojitos, y sacando la lengua? ¿Qué le pasa al entrenador? No, compadre, seguro que estás más grave de lo que pensábamos, esto debe ser una alucinación.

O... ¿tal vez no te estaba mirando a ti? ¿Qué hay a tu otro lado?

Ah. Una chica que usa copa talla C.

Vamos compadre. Respira. Da unos pasos. Salgamos de este gimnasio. Y no volvamos jamás.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sono Ancora Incazzato

Dicen por ahí que cuando uno está molesto, no debería escribir en blogs. Uno termina siendo políticamente incorrecto, y tal. Pero, por supuesto, a mi no me importa lo que dicen.

Menos aún cuando estoy molesto.

Me encuentro en Medellín, he estado toda la semana en esta ciudad, en la conferencia COMHEP. Y las cosas acá han salido medio mal.

Empezó el miércoles, que teníamos la tarde libre. La conferencia organizó una vuelta en bus por la ciudad, pero al haber estado antes en Medellín, no me interesó. Decidí más bien ir al Jardín Botánico, que según había escuchado, tenía un mariposario fantástico.

Pues nada, apenas llegué al jardín, empezó a llover. Y a las mariposas no les gusta la lluvia, así que el mariposario se cerró. Empezamos mal.

El Jardín Botánico es muy bonito, pero al fin y al cabo es un parque grande, y no es tan bacán estar en un parque durante una lluvia. Decidí entonces ir al Planetario, que estuvo bien, y regresar a casa. Como a mi me gusta sentirme parte de la ciudad en la que estoy, decidí tomar el metro a casa, en vez de ir en taxi. Miré el mapa, descifré que tenía que hacer un trasbordo, y planeé la ruta.

El problema vino en el trasbordo. Resulta que ese día la Ciudad de Medellín decidió hacer un homenaje al Equipo Chapecoense, cuyos miembros fallecieron el lunes en un accidente aéreo. El problema fue que toda la ciudad decidió asistir al homenaje, que se llevaba a cabo en el Estadio, el cual a su vez estaba camino a mi casa. El metro colapsó completamente, y mi plan fracasó.

Tardé como hora y media en llegar a casa, en vez de 15 minutos, entre que salía de la estación de metro, descifraba dónde estaba, me perdía, y encontraba un taxi que me quisiera llevar.

Llegué al hotel, y encontré a los sordos. Parece que Medellín es sede de los juegos paralímpicos colombianos, y que un equipo de sordos se estaba quedando en el hotel. Ellos serán relevantes en esta historia.

Esa noche, me quedé hasta la 01:30 trabajando. Tenía que instalar ROOT en el servidor de la PUCP para un proyecto, y tomó su tiempo. Al terminar, me costó dormir, ya que al frente del hotel hubo una fiesta gigantesca, muy ruidosa. Me habré dormido a las 02:00, o 02:30. Como imaginarán, luego de ese día, estaba muy cansado....

Lamentablemente, me despertaron a las 06:00. Por supuesto, a los sordos no les había afectado en lo más mínimo la fiesta, así que estaban radiantes a esa hora. Y no sólo eso, sino que al buscarse los unos a los otros, daban unos golpes fuertísimos a las puertas, para luego salir y hacer sonidos guturales muy extraños. Así que nada, imposible dormir.

Sordos del mal.

Esto se repitió jueves y viernes.

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Pero la historia no acaba ahí. El viernes, me di cuenta que me estaba quedando sin dinero. Decidí sacar pesos de un cajero, pero al intentarlo, me salió que la tarjeta estaba bloqueada.

Esto me pareció muy raro, ya que yo había llamado al BCP la semana anterior para activar mis tarjetas de débito y crédito en Colombia. Supuse que la activación no había sido hecha, pero no me preocupé. Bastaba con llamar al BCP y activarla.

En ese momento no tenía la laptop conmigo, así que me bajé Skype en el iPad para llamar. Pero no era posible comunicarme.

Nuevamente, no me preocupé. Supuse que era un problema por no haber actualizado el sistema operativo del iPad. Llegando al hotel, podría usar Skype desde la laptop.

Y no pude. Ni de Windows, ni de Linux. El Skype no era capaz de comunicarse con el BCP.

Maldita sea.

Ni modo. Tuve que cancelar mis planes de cenar con la gente de la conferencia, y tratar de resolver esto. Tenía que encontrar un locutorio, y comunicarme con el BCP a toda costa.

Saliendo del hotel, decidí probar la tarjeta de débito nuevamente, y ver si podía pagar la cuenta. No pude, pero esta vez el sistema me dio la razón: "Tarjeta vencida."

Miré mi tarjeta, y la fecha de expiración era el 11/16.

Gracias, BCP, por no avisarme, ni siquiera cuando llamé para activarla en Colombia. Gracias por dejarme en Medellín con sólo 50 soles en el bolsillo.

Fui al locutorio, y llamé furioso al BCP. Me dijeron que tenía que hacer una solicitud para que me manden una tarjeta de débito nueva. A mi dirección en Lima.

Les colgué.

Maldito BCP.

Volví a llamar. Les pregunté si podía usar mi tarjeta de crédito para sacar dinero. Me dijeron que sí, solo tenía que poner el PIN. Les pregunté si el PIN de mi tarjeta de crédito era el mismo que el de mi tarjeta de débito, que yo no sabía que mi tarjeta de crédito tenía PIN. Me dijeron que no me lo podían decir.

Les colgué.

Maldito, maldito BCP.

Y no, mi tarjeta de crédito no funciona para sacar dinero de cajeros en Colombia. Porsiaca.

Hashtag Cómo te odio, BCP.

Así que me encuentro ahora en mi habitación del hotel, con los sordos haciendo sonidos guturales muy raros en el pasillo. En vez de estar comiendo pizza y bebendo aguardiente con la gente de la conferencia, estoy comiendo papitas y jugo de mandarina, que compré en el supermercado por 8 soles.

Me quedan 42.