Y se dio lo que tenía que darse. En el primer mes, 92. En el segundo, 91. Luego, empezaron las clases, y bajé a 85. Y finalmente, en el cuarto mes, 74. Necesitando 75 para pasar.
Así que no aprobé el cuarto mes de las clases de japonés. Me quedé en el nivel I9.
Por supuesto, uno empieza a justificarse. Que no es justo que nos tomen un examen oral si es que no nos hacen practicar más de dos horas al mes. Que nos evalúan adverbios que no nos enseñan. Que la Takahashi es antipática. Pero la verdad es que la razón de mi fracaso era evidente: simplemente no me dio el tiempo de estudiar.
Y es que ando en mil. Este semestre dejé de ser profesor investigador, por razones burrocráticas de la PUCP, y ahora debo dar 10 horas de clases a la semana, en vez de tres. Pero claro, eso no significa que vaya a abandonar todos mis proyectos, así que al mismo tiempo asesoro a un estudiante de doctorado, dos de maestría y uno de pregrado, y co-asesoro a uno de maestría y dos de pregrado.
Añadan a esta mezcla hora y media de japonés diario, a las 7:00 am, y tres horas de aikido a la semana, y verán que no hay tiempo pa nada.
Así que eso, como le dije a mis compañeros de clase, si estoy haciendo malabares, teniendo en el aire al trabajo, a la novia, al japonés y al aikido, lo más importante es que ni la novia ni el trabajo se caigan al piso. Y ya pués, dejé las clases
Eso no significa que haya abandonado el japonés, por supuesto, que para eso está internet. He encontrado un curso que por $150 anuales me puede formar lo suficiente para dar el examen N4 en Diciembre, y que además incluyen dos horas de conversación via Skype. Considerando que en las clases me cobraban $100 mensuales, pues creo que es una buena opción.
La otra ventaja es que no tendré que volver a ver a la antipática de la Takahashi.
Pero el problema es el tiempo. Pa variar. Sí, que al ser un podcast puedo escucharlo en el bus, pero eso no es estudiar, y todos lo sabemos. Pero también sabemos que yo siempre que me caigo me vuelvo a levantar, y que si me puse el N4 como objetivo, va a ser difícil que lo olvide.
Y hablando de tiempo, pues hoy es feriado, y me voy a acampar por ahí. Y que la novia me entiende y me tiene mucha paciencia, mientras yo me dedico a corregir exámenes y hablar por Skype con colaboradores en vez de tener tiempo de pareja, juntos. Así que nada, voy a cerrar este post acá, y asegurarme que, en los miles de malabares que uno hace, este aspecto de mi vida no se caiga al piso no importa lo que pase.
¡Nos vemos el próximo mes!
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viernes, 29 de junio de 2018
domingo, 27 de mayo de 2018
Critters
Pasa el tiempo, y uno empieza a preguntarse sobre el futuro como adulto - adulto. O sea, como el adulto de los estereotipos, ese que tiene familia, y pensión, y una hipoteca, y otras cosas horribles.
El primer miedo en ese aspecto es el de los hijos. ¿Ganaré lo suficiente para criar un hijo? ¿Tomaré las decisiones correctas en su crianza? Y lo más importante... ¿los aguantaré?
Cuando regresé a Lima, luego de unos meses en la casa de mis padres, me mudé a un depa compartido. Estuvo bien el tema, mientras duró. Pero uno de los problemas que tuve era que, al haber firmado yo el contrato, tenía que encargarme de muchas cosas. Entre ellas, el cuidado de dos plantas.
Poco tiempo después de empezar el alquiler, una planta se enfermó. Le salieron bichos, y era evidente que no sobreviviría mucho tiempo. Poco tiempo después, empezaron a salirle los mismos bichos a la planta de al lado. Problema serio, ¡yo podría ser el siguiente! Así que hice mi búsqueda en internet, saqué un diagnóstico, fui a un vivero, compré insecticida apropiado, y me preparé para lo inevitable: iba a curar a esas dos plantas.
Las aislé, cubrí el piso con papel periódico, y las limpié. Hoja por hoja. Las rocié de insecticida, y pasé un trapo por cada una de las hojas. Fue una tarea titánica (o sea, duró toda la mañana). El fin de semana siguiente, repetí el procedimiento. Y las plantas sobrevivieron.
Esa vez, al ver a las plantas bien, pensé que habían indicios de que yo podría ser un buen padre. Porque vamos, mientras pasaba el trapo por cada hoja, surgió un sentimiento particular, una especie de cariño a este ser que dependía de mi esfuerzo. Y supuse que ser padre tendría algo de eso.
Mas tarde vino el gato. Otro ser que dependía de mi. Otro ser que generaba este mismo tipo de cariño. Un ser al que le tenía que tener paciencia, que me despertaba a las 4:00 am, que rompía todos mis vasos, pero a quien uno entendía. Porque con un gato no se negocia, e imaginé que con un bebé tampoco.
Y bueno, más o menos había funcionado. Así que eso de ser padre, pues vamos, podría ser. No sólo eso, sino que teniendo las clases de japonés, que me obligan a dormir sólo 5 horas diarias, me sentía listo para el desafío de pasar noches en vela.
Así que, luego de pasar del reino vegetal al reino animal, imaginé que pasar a formas de vida más complejas sería simplemente una extrapolación de lo ya vivido.
Y hoy todo se fue al demonio. Resulta que no es bueno extrapolar. Les explico.
En el último mes y medio he tenido uno de esos periodos en los que el trabajo se pone duro. De llegar a la oficina a las 09:00, salir a las 19:00, y aún tener mil cosas por hacer. Este fin de semana era medio crítico: si lograba preparar suficientes clases, generar datos para un paper, enviar otro paper a una revista, corregir las evaluaciones de un curso, y leerme una tesis, lograría estabilizarme un poco. Vamos, suficiente como para poder hacer mi tarea de japonés.
(Claramente no lo logré, me rendí, y decidí escribir este post)
Hoy en la mañana, mientras avanzaba con esto, llegó el hermano de la novia, con su familia. Yo los saludé, pero me excusé, ya que quería avanzar. Mientras trabajaba, escuché a la novia sugerirles que se dieran una vuelta por el parque con el hijo mayor, y que ella se podía quedar cuidando a Z, la bebé de cuatro meses.
Pues bien, tres minutos luego de que ellos salieran, algo pasó. Repentinamente, Z empezó a llorar. Como si alguien la estuviera despellejando, oye. Horrible. Y no había nada que hacer. No tenía hambre, estaba limpia, no tenía gases... simplemente lloraba.
Y lloraba.
Y lloraba.
Y yo tenía que trabajar.
Y ella seguía llorando.
Y yo tenía que preparar la clase donde mostraba la cuantización del operador momento angular.
Pero seguía llorando.
Y gritando.
Y la novia me pedía ayuda.
Y luego mi tesista de maestría me mandaba un mensaje, diciéndome que las cosas ya no funcionaban, una semana antes de su tesis.
Y yo miraba los autovectores de momento angular.
Y escuchaba gritos.
Y la novia subía a Z al segundo piso, donde yo estaba trabajando, a ver si la asistía con la bebé.
Y yo recordaba que tenía 30 minutos nomás, que tenía que salir a la casa de mis padres para el almuerzo dominical de siempre.
Pero Z lloraba y lloraba.
Y yo tenía que responderle al alumno.
Pero Z seguía llorando.
Y colapsé. Y me di cuenta de que no. Que eso de la planta y el gato no servía de nada. Que perder la paciencia luego de 10 minutos de gritos y escándalo no era un buen indicador sobre mis aptitudes como padre.
Vamos, los gatos no gritan realmente, y si no les prestas atención como que no pasa nada. Y esto es menos grave aún con las plantes.
Nada, nada. Los padres son héroes. Y ya está.
Habrá que adoptar a un gato, supongo.
El primer miedo en ese aspecto es el de los hijos. ¿Ganaré lo suficiente para criar un hijo? ¿Tomaré las decisiones correctas en su crianza? Y lo más importante... ¿los aguantaré?
Cuando regresé a Lima, luego de unos meses en la casa de mis padres, me mudé a un depa compartido. Estuvo bien el tema, mientras duró. Pero uno de los problemas que tuve era que, al haber firmado yo el contrato, tenía que encargarme de muchas cosas. Entre ellas, el cuidado de dos plantas.
Poco tiempo después de empezar el alquiler, una planta se enfermó. Le salieron bichos, y era evidente que no sobreviviría mucho tiempo. Poco tiempo después, empezaron a salirle los mismos bichos a la planta de al lado. Problema serio, ¡yo podría ser el siguiente! Así que hice mi búsqueda en internet, saqué un diagnóstico, fui a un vivero, compré insecticida apropiado, y me preparé para lo inevitable: iba a curar a esas dos plantas.
Las aislé, cubrí el piso con papel periódico, y las limpié. Hoja por hoja. Las rocié de insecticida, y pasé un trapo por cada una de las hojas. Fue una tarea titánica (o sea, duró toda la mañana). El fin de semana siguiente, repetí el procedimiento. Y las plantas sobrevivieron.
Esa vez, al ver a las plantas bien, pensé que habían indicios de que yo podría ser un buen padre. Porque vamos, mientras pasaba el trapo por cada hoja, surgió un sentimiento particular, una especie de cariño a este ser que dependía de mi esfuerzo. Y supuse que ser padre tendría algo de eso.
Mas tarde vino el gato. Otro ser que dependía de mi. Otro ser que generaba este mismo tipo de cariño. Un ser al que le tenía que tener paciencia, que me despertaba a las 4:00 am, que rompía todos mis vasos, pero a quien uno entendía. Porque con un gato no se negocia, e imaginé que con un bebé tampoco.
Y bueno, más o menos había funcionado. Así que eso de ser padre, pues vamos, podría ser. No sólo eso, sino que teniendo las clases de japonés, que me obligan a dormir sólo 5 horas diarias, me sentía listo para el desafío de pasar noches en vela.
Así que, luego de pasar del reino vegetal al reino animal, imaginé que pasar a formas de vida más complejas sería simplemente una extrapolación de lo ya vivido.
Y hoy todo se fue al demonio. Resulta que no es bueno extrapolar. Les explico.
En el último mes y medio he tenido uno de esos periodos en los que el trabajo se pone duro. De llegar a la oficina a las 09:00, salir a las 19:00, y aún tener mil cosas por hacer. Este fin de semana era medio crítico: si lograba preparar suficientes clases, generar datos para un paper, enviar otro paper a una revista, corregir las evaluaciones de un curso, y leerme una tesis, lograría estabilizarme un poco. Vamos, suficiente como para poder hacer mi tarea de japonés.
(Claramente no lo logré, me rendí, y decidí escribir este post)
Hoy en la mañana, mientras avanzaba con esto, llegó el hermano de la novia, con su familia. Yo los saludé, pero me excusé, ya que quería avanzar. Mientras trabajaba, escuché a la novia sugerirles que se dieran una vuelta por el parque con el hijo mayor, y que ella se podía quedar cuidando a Z, la bebé de cuatro meses.
Pues bien, tres minutos luego de que ellos salieran, algo pasó. Repentinamente, Z empezó a llorar. Como si alguien la estuviera despellejando, oye. Horrible. Y no había nada que hacer. No tenía hambre, estaba limpia, no tenía gases... simplemente lloraba.
Y lloraba.
Y lloraba.
Y yo tenía que trabajar.
Y ella seguía llorando.
Y yo tenía que preparar la clase donde mostraba la cuantización del operador momento angular.
Pero seguía llorando.
Y gritando.
Y la novia me pedía ayuda.
Y luego mi tesista de maestría me mandaba un mensaje, diciéndome que las cosas ya no funcionaban, una semana antes de su tesis.
Y yo miraba los autovectores de momento angular.
Y escuchaba gritos.
Y la novia subía a Z al segundo piso, donde yo estaba trabajando, a ver si la asistía con la bebé.
Y yo recordaba que tenía 30 minutos nomás, que tenía que salir a la casa de mis padres para el almuerzo dominical de siempre.
Pero Z lloraba y lloraba.
Y yo tenía que responderle al alumno.
Pero Z seguía llorando.
Y colapsé. Y me di cuenta de que no. Que eso de la planta y el gato no servía de nada. Que perder la paciencia luego de 10 minutos de gritos y escándalo no era un buen indicador sobre mis aptitudes como padre.
Vamos, los gatos no gritan realmente, y si no les prestas atención como que no pasa nada. Y esto es menos grave aún con las plantes.
Nada, nada. Los padres son héroes. Y ya está.
Habrá que adoptar a un gato, supongo.
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Traumas
miércoles, 28 de febrero de 2018
Otro Gato
Sí, señores. Nuevamente tengo un gato compartiendo mis días.
Se llama Iñaki. Y no, nosotros no le pusimos ese nombre. Es un gato prestado.
Resulta que este chico español y esta chica búlgara adoptaron a Iñaki mientras vivían en Lima. No obstante, en el momento de regresar a las Europas, la pareja descubrió que es complicado sacarle visa a cualquier ser vivo con nacionalidad peruana. Así que Iñaki se tuvo que quedar en Perú por unos meses más, mientras regularizaba su situación.
¿Cómo llego al depa? Cosas de la novia. Pero ya van dos meses que tenemos al gato.
Lamentablemente, empezamos con crisis. Esta ocurrió durante mi viaje a Chile. Yo no sé qué habrá pasado, pero el gato terminó atacando a la novia. Sí, atacando de verdad, con colmillos y garras causando cicatrices, y la novia en el hospital.
Mi novia dice que ella le maulló raro, y que el gato malinterpretó sus intenciones. Otros dicen que seguramente la novia le habló de política. No sé, ambas explicaciones me parecen plausibles. Lo real es que el gato atacó, menos de una semana después de llegar a casa.
Preocupante. Por suerte, hasta ahora no se repite.
Ahora, un feature conveniente que tienen los gatos es que entierran su... ejem... caca. Tienen su arenita, hacen sus cosas encima, y la tapan. Siempre me ha parecido muy civilizado de ellos, y creo que le haría bien a muchas personas aprender de ellos, especialmente cuando están en la calle. Anyway, los gatos normalmente entierran sus deshechos, y eso está bien.
El caso de Iñaki... pues es curioso. Sí, como todos los gatos, hacen sus cosas encima de su arenita, pero luego parece que no tiene muy claro con qué la tiene que tapar. Porque claro, él no va a tocar esa arena llena de pichi, no señor, él es un gato limpio. Así que se pone a raspar las paredes de su porta-arena (o como se llame esa vaina), haciendo un ruido bastante pesado, a ver si milagrosamente aparece algo que tape sus pestilencias.
Y claro, no aparece nada, y sus deshechos se quedan por ahí. Yummy. Afortunadamente, los verdaderos dueños de Iñaki le pusieron un techito y una puertita a su porta-arena, así que los olores se quedan adentro. De lo que no nos salvamos es del ruido que hace cada vez que va al baño, especialmente cuando decide hacerlo a las 3:00 am.
Por el lado de las despertadas en la mitad de la noche, la verdad es que Iñaki normalmente se porta bien. Nos despierta a las 5:00, ya que le damos de comer siempre a las 6:00, y quiere asegurarse de que no se nos pase. Pero no es tan grave, especialmente porque este año me estoy despertando normalmente a las 5:30 (ya les contaré por qué en otro momento).
Eso sí, no es grave siempre que ocurra durante semana. Si ocurre el fin de semana, la solución normal es la de encerrarlo en el baño (no tenemos puertas en el dormitorio). Porque ay de nosotros si es que no lo alimentamos a tiempo. Se molesta, y empieza a lanzar cosas al piso. Ya perdimos un vaso, y últimamente le está echando ojo a la lámpara de la novia. Chesss....
Pero bueno, a pesar de esto que les cuento, Iñaki realmente se porta bien. Como todos los gatos, da mucha risa, y alegra el depa. ¡Lo vamos a extrañar cuando se vaya!
Se llama Iñaki. Y no, nosotros no le pusimos ese nombre. Es un gato prestado.
Resulta que este chico español y esta chica búlgara adoptaron a Iñaki mientras vivían en Lima. No obstante, en el momento de regresar a las Europas, la pareja descubrió que es complicado sacarle visa a cualquier ser vivo con nacionalidad peruana. Así que Iñaki se tuvo que quedar en Perú por unos meses más, mientras regularizaba su situación.
¿Cómo llego al depa? Cosas de la novia. Pero ya van dos meses que tenemos al gato.
Lamentablemente, empezamos con crisis. Esta ocurrió durante mi viaje a Chile. Yo no sé qué habrá pasado, pero el gato terminó atacando a la novia. Sí, atacando de verdad, con colmillos y garras causando cicatrices, y la novia en el hospital.
Mi novia dice que ella le maulló raro, y que el gato malinterpretó sus intenciones. Otros dicen que seguramente la novia le habló de política. No sé, ambas explicaciones me parecen plausibles. Lo real es que el gato atacó, menos de una semana después de llegar a casa.
Preocupante. Por suerte, hasta ahora no se repite.
Ahora, un feature conveniente que tienen los gatos es que entierran su... ejem... caca. Tienen su arenita, hacen sus cosas encima, y la tapan. Siempre me ha parecido muy civilizado de ellos, y creo que le haría bien a muchas personas aprender de ellos, especialmente cuando están en la calle. Anyway, los gatos normalmente entierran sus deshechos, y eso está bien.
El caso de Iñaki... pues es curioso. Sí, como todos los gatos, hacen sus cosas encima de su arenita, pero luego parece que no tiene muy claro con qué la tiene que tapar. Porque claro, él no va a tocar esa arena llena de pichi, no señor, él es un gato limpio. Así que se pone a raspar las paredes de su porta-arena (o como se llame esa vaina), haciendo un ruido bastante pesado, a ver si milagrosamente aparece algo que tape sus pestilencias.
Y claro, no aparece nada, y sus deshechos se quedan por ahí. Yummy. Afortunadamente, los verdaderos dueños de Iñaki le pusieron un techito y una puertita a su porta-arena, así que los olores se quedan adentro. De lo que no nos salvamos es del ruido que hace cada vez que va al baño, especialmente cuando decide hacerlo a las 3:00 am.
Por el lado de las despertadas en la mitad de la noche, la verdad es que Iñaki normalmente se porta bien. Nos despierta a las 5:00, ya que le damos de comer siempre a las 6:00, y quiere asegurarse de que no se nos pase. Pero no es tan grave, especialmente porque este año me estoy despertando normalmente a las 5:30 (ya les contaré por qué en otro momento).
Eso sí, no es grave siempre que ocurra durante semana. Si ocurre el fin de semana, la solución normal es la de encerrarlo en el baño (no tenemos puertas en el dormitorio). Porque ay de nosotros si es que no lo alimentamos a tiempo. Se molesta, y empieza a lanzar cosas al piso. Ya perdimos un vaso, y últimamente le está echando ojo a la lámpara de la novia. Chesss....
Pero bueno, a pesar de esto que les cuento, Iñaki realmente se porta bien. Como todos los gatos, da mucha risa, y alegra el depa. ¡Lo vamos a extrañar cuando se vaya!
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Aventuras Domésticas,
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miércoles, 29 de noviembre de 2017
Dietas y Análisis
¿En qué nos quedamos la vez pasada? Ah, sí, el colesterol. Y los cálculos en los riñones. Había que ir a la clínica.
Bueno pues. Primera cosa, hablar con un internista. Lamentablemente, no sirvió de mucho. Me redirigió con una nutricionista para lo del colesterol, y con un nefrólogo para lo de los cálculos.
Por el lado de la nutricionista, me hizo notar que no sólo era un rollo de colesterol, sino que tenía los... triglicéridos altos. U otra cosa. Creo que eran los triglicéridos. En fin, que tenía algo alto, y que tenía que hacer dieta. Cero grasas y cero carbohidratos hasta enero (¿alguien dijo Operación Bikini?).
Quiero que reflexionen sobre lo de la dieta. Cero carbohidratos significa cero helado. Supongo que me conocen lo suficiente como para saber que esta dieta no me está funcionando del todo. A ver qué dice el el examen de sangre en enero.
Anyway, de ahí, al nefrólogo. Que me quiere hacer una tomografía, pero que no sabe si mis riñones van a aguantar el procedimiento. Cosa que, por supuesto, me preocupa, porque a pesar de los cálculos yo siempre pensé que mis riñones andaban de lo más bien.
¿Qué tenía que hacer? Oootro análisis de sangre, y para mi diversión, recolectar orina por 24 horas. Había que ver si mis riñones eran poderosos o no.
¿Alguna vez han recolectado orina tanto tiempo? ¿Han pensando dónde debe guardarse? Sí, exacto, en el refrigerador. Siguiente paso: ¿cómo cazzo explicarle a la novia la situación?
Pues nada, todo bien con la recolección. Llené mi galonera y al día siguiente me levanté temprano. Ese sábado tenía mucho qué hacer, así que tenía planeado llevar la muestra temprano al laboratorio. Desayuné con la novia, y una vez que ella salió, me puse a lavar los platos para luego alistarme para salir.
Y fue entonces que me rebané el dedo.
Resulta que tenemos cuchillos nuevos en casa, y uno de ellos es casi un machete. Resulta también que a la novia le gusta cortar naranjas con ese machete. Y resulta, finalmente, que si a uno se le escapa ese machete de las manos mientras lo lava, el machete corta.
El resultado fue sangre por todos lados. Realmente me asusté bastante en ese momento. Pero afortunadamente me di cuenta que, siempre y cuando aplicara presión, el flujo de sangre se controlaba. Pues nada, había que salir a la clínica, necesitaba puntos, o algo.
Y fue entonces que recordé la muestra de orina.
Carambas. ¡No podía dejarla en el refrigerador! Además, era sábado, el laboratorio sólo abriría hasta el mediodía. No tenía opción: tenía que llevar la galonera conmigo. Si no lo hacía, me la iba a tener que quedar hasta el lunes.
Salí de la casa. La mano derecha, envuelta en papel de cocina, con manchas rojas por todos lados. La mano izquierda, cargando una bolsa con una galonera, con un contenido que no era exactamente jugo de manzana.
Mientras llegaba a la esquina para tomar mi taxi, empecé a hacerme los líos de siempre. Que me va a ver la pinta de gringo y me va a querer cobrar más caro. Que hasta el laboratorio sólo me deberían cobrar ocho soles, y siempre me quieren cobrar diez, o doce. Que ya estoy harto que me cobren más que al resto...
Y fue entonces que vi el bus.
¡Por supuesto! Ese bus me dejaba en la puerta del laboratorio. Vamos, me olvidé que cargaba la galonera, y que tenía una mano ensangrentada, y subí.
Y fue entonces que me di cuenta que el chofer también era cobrador.
Es decir, que tenía que pagar antes de sentarme. Y que tenía que hacer malabares para sacar mi dinero, estando el bus en movimiento, sin llenarlo de sangre, o algo peor involucrando aquello que no era exactamente jugo de manzana.
¡Pero lo logré! Estaba tan contento que pensé en contarle mi aventura a la gente del bus. Por suerte, el sentido común se activó a tiempo (creo que es evidente que acababa de despertar). Me quedé sentado, callado, pensando en toda la gente que transporta sus análisis de orina en los autobuses de Lima todos los días, sin que nadie se dé cuenta.
Nada, llegué al laboratorio, dejé mi galonera (no creo que la extrañe), y me encaminé a la clínica. Efectivamente, hubo que repararme, y ahora tengo una masculina cicatriz en un dedo de la mano derecha.
¿Y qué pasó con la recolección? Pues nada, que tengo mucho calcio en la orina, y un exceso de ácido úrico, por lo cual no puedo comer carne, y todo debe estar bajo en sal.
Esto, combinado con mi dieta de cero carbohidratos, no me deja muy contento. Básicamente me han dejado a punta de ensaladas y ceviche. La única ventaja de esto es que en el verano me van a querer ver en ropa de baño.
¡Será hasta la próxima!
Bueno pues. Primera cosa, hablar con un internista. Lamentablemente, no sirvió de mucho. Me redirigió con una nutricionista para lo del colesterol, y con un nefrólogo para lo de los cálculos.
Por el lado de la nutricionista, me hizo notar que no sólo era un rollo de colesterol, sino que tenía los... triglicéridos altos. U otra cosa. Creo que eran los triglicéridos. En fin, que tenía algo alto, y que tenía que hacer dieta. Cero grasas y cero carbohidratos hasta enero (¿alguien dijo Operación Bikini?).
Quiero que reflexionen sobre lo de la dieta. Cero carbohidratos significa cero helado. Supongo que me conocen lo suficiente como para saber que esta dieta no me está funcionando del todo. A ver qué dice el el examen de sangre en enero.
Anyway, de ahí, al nefrólogo. Que me quiere hacer una tomografía, pero que no sabe si mis riñones van a aguantar el procedimiento. Cosa que, por supuesto, me preocupa, porque a pesar de los cálculos yo siempre pensé que mis riñones andaban de lo más bien.
¿Qué tenía que hacer? Oootro análisis de sangre, y para mi diversión, recolectar orina por 24 horas. Había que ver si mis riñones eran poderosos o no.
¿Alguna vez han recolectado orina tanto tiempo? ¿Han pensando dónde debe guardarse? Sí, exacto, en el refrigerador. Siguiente paso: ¿cómo cazzo explicarle a la novia la situación?
Pues nada, todo bien con la recolección. Llené mi galonera y al día siguiente me levanté temprano. Ese sábado tenía mucho qué hacer, así que tenía planeado llevar la muestra temprano al laboratorio. Desayuné con la novia, y una vez que ella salió, me puse a lavar los platos para luego alistarme para salir.
Y fue entonces que me rebané el dedo.
Resulta que tenemos cuchillos nuevos en casa, y uno de ellos es casi un machete. Resulta también que a la novia le gusta cortar naranjas con ese machete. Y resulta, finalmente, que si a uno se le escapa ese machete de las manos mientras lo lava, el machete corta.
El resultado fue sangre por todos lados. Realmente me asusté bastante en ese momento. Pero afortunadamente me di cuenta que, siempre y cuando aplicara presión, el flujo de sangre se controlaba. Pues nada, había que salir a la clínica, necesitaba puntos, o algo.
Y fue entonces que recordé la muestra de orina.
Carambas. ¡No podía dejarla en el refrigerador! Además, era sábado, el laboratorio sólo abriría hasta el mediodía. No tenía opción: tenía que llevar la galonera conmigo. Si no lo hacía, me la iba a tener que quedar hasta el lunes.
Salí de la casa. La mano derecha, envuelta en papel de cocina, con manchas rojas por todos lados. La mano izquierda, cargando una bolsa con una galonera, con un contenido que no era exactamente jugo de manzana.
Mientras llegaba a la esquina para tomar mi taxi, empecé a hacerme los líos de siempre. Que me va a ver la pinta de gringo y me va a querer cobrar más caro. Que hasta el laboratorio sólo me deberían cobrar ocho soles, y siempre me quieren cobrar diez, o doce. Que ya estoy harto que me cobren más que al resto...
Y fue entonces que vi el bus.
¡Por supuesto! Ese bus me dejaba en la puerta del laboratorio. Vamos, me olvidé que cargaba la galonera, y que tenía una mano ensangrentada, y subí.
Y fue entonces que me di cuenta que el chofer también era cobrador.
Es decir, que tenía que pagar antes de sentarme. Y que tenía que hacer malabares para sacar mi dinero, estando el bus en movimiento, sin llenarlo de sangre, o algo peor involucrando aquello que no era exactamente jugo de manzana.
¡Pero lo logré! Estaba tan contento que pensé en contarle mi aventura a la gente del bus. Por suerte, el sentido común se activó a tiempo (creo que es evidente que acababa de despertar). Me quedé sentado, callado, pensando en toda la gente que transporta sus análisis de orina en los autobuses de Lima todos los días, sin que nadie se dé cuenta.
Nada, llegué al laboratorio, dejé mi galonera (no creo que la extrañe), y me encaminé a la clínica. Efectivamente, hubo que repararme, y ahora tengo una masculina cicatriz en un dedo de la mano derecha.
¿Y qué pasó con la recolección? Pues nada, que tengo mucho calcio en la orina, y un exceso de ácido úrico, por lo cual no puedo comer carne, y todo debe estar bajo en sal.
Esto, combinado con mi dieta de cero carbohidratos, no me deja muy contento. Básicamente me han dejado a punta de ensaladas y ceviche. La única ventaja de esto es que en el verano me van a querer ver en ropa de baño.
¡Será hasta la próxima!
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miércoles, 29 de marzo de 2017
Gota a gota
Estas dos semanas han sido terribles para el Perú. Supongo que habrán visto las noticias, pero el norte del país colapsó, con lluvias, huaycos e inundaciones.Por supuesto, los limeños no nos podíamos quedar atrás, el desastre debía llegar a nosotros también. Y sí, una gran zona de Lima tuvo lluvias, huaycos e inundaciones también. A otra zona no le pasó nada relevante, pero bueno, como es la zona en la que vivo, pues vamos a contar qué pasó.
Más o menos una semana después de que empezamos a darnos cuenta de que los desastres que estaban ocurriendo no eran los típicos desastres que golpean al país cada año, salió una advertencia: Lima se quedaría sin agua.
La verdad es que no le di mucha importancia al tema del agua. En ese momento, estaba más preocupado en los rollos burrocráticos de un curso que estoy dictando. Incluso, cuando decidieron cerrar la universidad el jueves 16, yo no me hice muchas bolas, y seguí trabajando desde casa.
Por supuesto, cuando uno está en casa tiende a divagar un poco más de lo normal, y terminé conversando bastante en Facebook. Y curiosamente, varias personas me dijeron que no tenían agua desde el miércoles 15. Incluso escuché que la histeria se había apoderado de un sector de la población limeña, y que habían comprado masivamente toda el agua de los supermercados. Me pareció curioso, abrí el caño, vi que había agua, y no me hice bolas.
La noche del viernes 17 salí con unos amigos, y al regresar, oh sorpresa, no había agua. Nuevamente no le di mucha importancia, revisé el Twitter de Sedapal, y comprobé que el agua sería restablecida al día siguiente, a las 6:00 am. Perfecto.
El sábado 18 me desperté temprano. La novia regresaba ese día de sus vacaciones, y me había pedido que la recoja del aeropuerto. Decidí tomarme una ducha, y miren ustedes, no había agua. El Twitter decía que había caído tres huaycos de manera inesperada, y que el servicio se restablecería a las 14:00. Cha mare, a recibirla apestoso, ni modo. Por si acaso, compré las últimas tres botellitas de agua en la tienda de al frente.
Tomé el bus al aeropuerto, y en el camino vi mucha gente en la calle haciendo cola, con baldes y contenedores. Me di cuenta que la situación era más seria de lo que pensaba, y que haber estado encerrado en casa trabajando tal vez no fue la mejor de las ideas.
Anyway, llegó la novia, quien no estaba muy enterada de la situación, y regresamos a casa. Decidimos salir a almorzar, y dar una vuelta, y al volver a casa a las 16:00, pues todavía no había agua. Resulta que el agua demora unas ocho horas en llenar todo el sistema de la ciudad, una vez que se restablece el servicio, así que... era posible que tuviéramos que esperar hasta las 22:00.
Fue entonces que me di cuenta de la gravedad de la situación. Lamentablemente, la novia no lo había hecho aún, y se tomó dos de las tres botellitas de agua que había comprado. Crisis conyugal.
Así que decidí hacer lo que cualquier persona cuerda haría en esta situación: llamar a mamá.
- "Mamaaaaa, ¿tienes aguaaaa?"
- "Si, claro, ¿ustedes no?"
- "No, desde ayer."
- "Nosotros tenemos una cisterna grande."
- "¿Y te sobran botellones de agua?"
- "Bueno, tengo dos, pero no te puedo dar ninguno, que acá en la casa consumimos mucha agua."
Cha mare.
- "Mamaaaaa, ¿y puedo ir a recolectar agua de caño?"
- "Sí, por supuesto, trae tus botellas y las llenamos."
Así que manos a la obra. Mira, que ese yogur está casi acabado, vamos a tomarlo para usar su botella, son dos litros después de todo. ¿Y este vino? Ya está malo, al caño, mira, podemos almacenar poco más de medio litro por acá. Esta botella de Schweppes que estaba en el reciclaje, hay que usarla, vamos, con esto casi cuatro litros. Y así.
Nos trajimos bastante agua esa vez. Y por supuesto, apenas la conseguimos, el agua regresó... pero por diez minutos. Suficiente para ducharse y jalar los waters.
El domingo 19 fue similar, con la novia dándose cuenta de la posibilidad de no tener agua hasta Navidad. Nos preocupamos. Jalábamos el water con el agua recolectada del sábado, y ni pensar en lavar la ropa. Nos dimos cuenta de la cantidad de agua que usamos diariamente, y la infinidad de maneras de ahorrarla. Claro, algunas de esas maneras no son muy agradables, pero supongo que uno se acostumbra.
Esa noche, tuvimos agua por un par de horas. El edificio implantó un programa de racionamiento, tendríamos agua por dos horas en la mañana, dos horas en la tarde, y dos horas en la noche. El resto del tiempo, a recolectar lo recolectable.
El lunes 20 en la mañana, es sistema funcionó. Tuvimos agua para ducharnos, lavar platos, jalar waters. En la tarde también. Confiado, esa noche decidí ir normalmente a mi clase de aikido, hacer ejercicio y sudar un poco. Total, las cosas estaban más aceptables, y más tarde habría agua, ¿no?
Pues no.
Y en la mañana del martes 21 tampoco.
Cha mare....
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lunes, 27 de febrero de 2017
Otro Post Sobre Lavadoras
Pues sí, con este, son seis veces que menciono lavadoras en este blog.
Y es que son un tema. Al mudarme con mi novia, tuve que enfrentar la dura realidad de no tener lavadora en casa, y tener que pasar los sábados en la lavandería de al frente. Lamentablemente, cerca a casa no hay lavanderías de 24 horas.
Eso estuvo bien el primer par de veces, pero luego, cuando en vez de ir a descubrir la muralla de Lima uno tiene que quedarse a ver cómo da vueltas la ropa (a menos que uno quiera reciclar calzoncillos), el tema empieza a hartar. Así que decidimos comprar una lavadora nueva.
Ahora bien, el depa de mi novia es relativamente pequeño. Y sólo hay un sitio dónde poner la lavadora: en el baño de invitados. El único problema es que, al hacer eso, no entraría una secadora, así que tuvimos que invertir, y comprar una "lavaseca," que es lavadora y secadora, todo en uno.
Esta lavaseca resultó fenomenal. Lava la ropa, la seca, la esteriliza si tiene bacterias, le quita los olores pezuñentos sin mojarla, puede darle un baño de burbujas si está estresada, y creemos que, en momentos de necesidad, es capaz de unirse a otras lavasecas y formar a Voltron, Guardián del Universo.
Anyway. La lavaseca llegó, pero no la pudimos instalar inmediatamente. El problema de instalarla en el baño de invitados era que teníamos dos opciones: o manteníamos la lavaseca cerrada hasta el fin de los tiempos, o sacábamos el water del baño. Es decir, la puerta se chocaba con el water. Ahora bien, sacar el water seguramente no le gustaría mucho a los invitados, y lo primero no nos gustaba mucho a nosotros, así que tuvimos que cranear un poco.
La novia tuvo la idea de mandar a construir una plataforma sobre la cual instalar la lavaseca. De esa manera, al abrir la puerta, no chocaría con el water, y así todos contentos. Luego de unas semanas, llegaron los técnicos, construyeron la plataforma, comieron espinacas, y cargaron la máquina hasta la plataforma. Teníamos mucha expectativa.
La primera vez que usamos la lavaseca fue un fiasco. Empezó a vibrar como nada que habíamos visto. Se empezó a sacudir, y hacer un ruido terrible, como si estuviera escaldada. Así que ni modo, la detuvimos, y mandamos la ropa a la lavandería.
Ahora bien, el problema de tener dos científicos en casa, y no dos ingenieros, es que los dos propusimos soluciones opuestas, e inútiles, y nadie dio su brazo a torcer. La novia insistía que había que anclar la plataforma al piso, mientras que yo estaba seguro que había que instalar algún tipo de amortiguamiento a los lados.
Al final, ninguna solución habría funcionado. Pero como suele suceder, dejé que la novia ponga la suya, y me deleité cuando la lavaseca, rebelde, destruyó la nueva instalación.
No le digan a mi novia que he dicho esto, que me pega.
Al final del día, se abrió el cielo, bajó un ángel, y me sugirió mirar el manual. Dicho y hecho, en la sección de Troubleshooting descubrí que, si la lavaseca se sacudía mucho, probablemente tenía aún los "tornillos de transporte." Cuando me di vuelta para agradecerle, el ángel ya no estaba.
Pues nada. Los técnicos no habían sacado esos tornillos. Geniales.
Dos semanas después, otros técnicos, más apropiados, retiraron los condenados tornillos, y ahora tenemos una lavadora funcional, recontra silenciosa. Hasta ahora no se transforma en Voltron. Pero la verdad es que todo bien, hasta ayer, que encontré un hueco en el pantalón del tamaño de una moneda....
Mein Gott...
Y es que son un tema. Al mudarme con mi novia, tuve que enfrentar la dura realidad de no tener lavadora en casa, y tener que pasar los sábados en la lavandería de al frente. Lamentablemente, cerca a casa no hay lavanderías de 24 horas.
Eso estuvo bien el primer par de veces, pero luego, cuando en vez de ir a descubrir la muralla de Lima uno tiene que quedarse a ver cómo da vueltas la ropa (a menos que uno quiera reciclar calzoncillos), el tema empieza a hartar. Así que decidimos comprar una lavadora nueva.
Ahora bien, el depa de mi novia es relativamente pequeño. Y sólo hay un sitio dónde poner la lavadora: en el baño de invitados. El único problema es que, al hacer eso, no entraría una secadora, así que tuvimos que invertir, y comprar una "lavaseca," que es lavadora y secadora, todo en uno.
Esta lavaseca resultó fenomenal. Lava la ropa, la seca, la esteriliza si tiene bacterias, le quita los olores pezuñentos sin mojarla, puede darle un baño de burbujas si está estresada, y creemos que, en momentos de necesidad, es capaz de unirse a otras lavasecas y formar a Voltron, Guardián del Universo.
Anyway. La lavaseca llegó, pero no la pudimos instalar inmediatamente. El problema de instalarla en el baño de invitados era que teníamos dos opciones: o manteníamos la lavaseca cerrada hasta el fin de los tiempos, o sacábamos el water del baño. Es decir, la puerta se chocaba con el water. Ahora bien, sacar el water seguramente no le gustaría mucho a los invitados, y lo primero no nos gustaba mucho a nosotros, así que tuvimos que cranear un poco.
La novia tuvo la idea de mandar a construir una plataforma sobre la cual instalar la lavaseca. De esa manera, al abrir la puerta, no chocaría con el water, y así todos contentos. Luego de unas semanas, llegaron los técnicos, construyeron la plataforma, comieron espinacas, y cargaron la máquina hasta la plataforma. Teníamos mucha expectativa.
La primera vez que usamos la lavaseca fue un fiasco. Empezó a vibrar como nada que habíamos visto. Se empezó a sacudir, y hacer un ruido terrible, como si estuviera escaldada. Así que ni modo, la detuvimos, y mandamos la ropa a la lavandería.
Ahora bien, el problema de tener dos científicos en casa, y no dos ingenieros, es que los dos propusimos soluciones opuestas, e inútiles, y nadie dio su brazo a torcer. La novia insistía que había que anclar la plataforma al piso, mientras que yo estaba seguro que había que instalar algún tipo de amortiguamiento a los lados.
Al final, ninguna solución habría funcionado. Pero como suele suceder, dejé que la novia ponga la suya, y me deleité cuando la lavaseca, rebelde, destruyó la nueva instalación.
No le digan a mi novia que he dicho esto, que me pega.
Al final del día, se abrió el cielo, bajó un ángel, y me sugirió mirar el manual. Dicho y hecho, en la sección de Troubleshooting descubrí que, si la lavaseca se sacudía mucho, probablemente tenía aún los "tornillos de transporte." Cuando me di vuelta para agradecerle, el ángel ya no estaba.
Pues nada. Los técnicos no habían sacado esos tornillos. Geniales.
Dos semanas después, otros técnicos, más apropiados, retiraron los condenados tornillos, y ahora tenemos una lavadora funcional, recontra silenciosa. Hasta ahora no se transforma en Voltron. Pero la verdad es que todo bien, hasta ayer, que encontré un hueco en el pantalón del tamaño de una moneda....
Mein Gott...
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sábado, 29 de octubre de 2016
Batalla sangrienta bajo las estrellas
Luego de la terrible batalla, el Caballero de la Sangre se levantó, y miró a su alrededor. Además del devastado campo de batalla, vio cómo el sol empezaba a ocultarse detrás de las montañas. Había sido una lucha cruel, pero finalmente había vencido.
En eso, escuchó el ruido de una armadura detrás suyo. Alguien se acercaba a él. Dándose la vuelta, descubrió que no todos sus oponentes habían sido destruidos. Un personaje solitario quedaba con vida. Un personaje alto, esbelto, con una capa mostrando un campo de estrellas.
No podía ser otra persona. Era la Dama del Zodiaco.
Físico Teórico: Oye, ¿viste el post que te mandé esta tarde?
Bióloga Molecular: ¿Cuál? ¿Ese sobre las culturas asiáticas y el tipo de sangre?
Físico Teórico: Ese, ese. Donde decía que, por lo menos en Japón, la gente cree que el tipo de sangre influencia si una pareja es exitosa o no.
Bióloga Molecular: No lo sabía. Pero bueno...
Físico Teórico: ¿Bueno qué?
Bióloga Molecular: No me pareció muy científico.
La Dama del Zodiaco se lanzó al ataque inmediatamente. Su morningstar cayó pesadamente sobre el escudo del Caballero de la Sangre, quien quedó ligeramente aturdido por la velocidad de esta.
Al asomarse por el escudo, lo único que vio fue el campo de estrellas. La Dama del Zodiaco estaba girando, y el Caballero de la Sangre logró apartarse justo a tiempo, antes que el morningstar impactara con su pierna.
Tenía que alejarse. Luego del siguiente embiste, dio tres saltos hacia atrás. Se plantó, agarró fuertemente su espada, y contraatacó.
Físico Teórico: ¿Y me vas a decir que eso de los signos del zodiaco es una ciencia?
Bióloga Molecular: Bueno, ¡más que eso de la sangre! ¿Cómo va a ser que un par de genes determinen toda tu personalidad?
Físico Teórico: Ya, tienes razón, ¿pero cómo va a ser que la posición de Venus el día de tu nacimiento la determine?
El ataque del Caballero de la Sangre no fue eficaz. La Dama del Zodiaco evadía cada uno de sus estocadas, cada uno de sus barridos. Y luego de cada ataque fallido, él sólo veía el campo de estrellas, y sentía el golpe del morningstar en su escudo.
Esto no iba a funcionar. El escudo estaba bastante gastado por la batalla anterior, y eventualmente cedería ante los ataques de la Dama del Zodiaco. O peor, eventualmente ella lograría evadir el escudo, y le asestaría un golpe directamente.
Fue entonces que se dió cuenta del problema. Estaba siendo distraído por su capa, por ese campo de estrellas que aparecía cada vez que ella giraba. Haciendo una finta, pisó la capa de esta, y estocó directamente.
Ella nuevamente esquivó el ataque, pero esta vez no hubo campo de estrellas, ni contraataque. La espada del Caballero de la Sangre desgarró la capa, la cual quedó hecha jirones en la tierra.
Físico Teórico: Ahora, mira, si te cambio un gen, puedo hacer que se te caiga todo el pelo, ¿no?
Bióloga Molecular: ... Mmmmmmm, es verdad.
Físico Teórico: Es más, si te cambio otro gen, seguro que puedo hacerte una persona irritable, ¿no es cierto?
Bióloga Molecular: .... Rayos, ¡es cierto!
Físico Teórico: ¿Entonces?
Bióloga Molecular: ¡Pero no me vas a decir que con las cuatro combinaciones de sangre vas a generar toooodas las personalidades!
Físico Teórico: ¿Y acaso con doce signos de zodiaco vas a hacer lo mismo?
El combate cambió bastante luego de que la Dama del Zodiaco perdiera la capa. Sus siguientes ataques fueron predecibles, y el Caballero de la Sangre los esquivó sin muchos problemas. Luego de un golpe, el morningstar voló por los aires, y cayó varios metros detrás de ellos.
El Caballero de la Sangre bajó la guardia. Sin arma alguna, la Dama del Zodiaco no tenía posibilidad de vencer. Luego de una pausa, cada uno subió el visor de su casco, y se quedaron mirando fijamente.
Fue una batalla magnífica. ¿Tal vez la Dama del Zodiaco se uniría a él? ¿Abandonaría ella sus territorios, y lo ayudaría en su campaña en contra del Barón Antivacunas y el Emperador Homeopático?
Pero la Dama del Zodiaco se tocó la pierna, y de algún lugar sacó una daga. El Caballero de la Sangre había escuchado sobre esta daga. Era su arma más terrible, increíblemente filuda, y además envenenada.
Pues no había otra cosa que hacer. Botó su escudo, tomó su espada con la otra mano, y en un arrebato de anacronismo, inconsistencia histórica y transrealismo poético, el Caballero de la Sangre se preparó para llevar a cabo un Amakakeru Ryu no Hirameki.
Físico Teórico: ¿Y sabes por qué ese pequeño gen tiene más influencia que ese planeta grandooooote?
Bióloga Molecular: ¡No quiero saber!
Físico Teórico: ¿No sabes por quéeeee?
Bióloga Molecular: ¡Qué pesado que eres! Ya, ¿por qué?
Físico Teórico: ¡Porque el gen sigue la interacción electromagnética, mientras que el planeta sólo te influencia gravitacionalmente! ¡Que es una interacción muchísimo, pero muchísimo más débil!
Bióloga Molecular: ¡Noooooooooooooooooooooooooooo!!!!
El sol se ocultó. El Caballero de la Sangre envainó su espada, recogió su escudo, y marchó hacia su próximo desafío.
En eso, escuchó el ruido de una armadura detrás suyo. Alguien se acercaba a él. Dándose la vuelta, descubrió que no todos sus oponentes habían sido destruidos. Un personaje solitario quedaba con vida. Un personaje alto, esbelto, con una capa mostrando un campo de estrellas.
No podía ser otra persona. Era la Dama del Zodiaco.
***
Físico Teórico: Oye, ¿viste el post que te mandé esta tarde?
Bióloga Molecular: ¿Cuál? ¿Ese sobre las culturas asiáticas y el tipo de sangre?
Físico Teórico: Ese, ese. Donde decía que, por lo menos en Japón, la gente cree que el tipo de sangre influencia si una pareja es exitosa o no.
Bióloga Molecular: No lo sabía. Pero bueno...
Físico Teórico: ¿Bueno qué?
Bióloga Molecular: No me pareció muy científico.
***
La Dama del Zodiaco se lanzó al ataque inmediatamente. Su morningstar cayó pesadamente sobre el escudo del Caballero de la Sangre, quien quedó ligeramente aturdido por la velocidad de esta.
Al asomarse por el escudo, lo único que vio fue el campo de estrellas. La Dama del Zodiaco estaba girando, y el Caballero de la Sangre logró apartarse justo a tiempo, antes que el morningstar impactara con su pierna.
Tenía que alejarse. Luego del siguiente embiste, dio tres saltos hacia atrás. Se plantó, agarró fuertemente su espada, y contraatacó.
***
Físico Teórico: ¿Y me vas a decir que eso de los signos del zodiaco es una ciencia?
Bióloga Molecular: Bueno, ¡más que eso de la sangre! ¿Cómo va a ser que un par de genes determinen toda tu personalidad?
Físico Teórico: Ya, tienes razón, ¿pero cómo va a ser que la posición de Venus el día de tu nacimiento la determine?
***
El ataque del Caballero de la Sangre no fue eficaz. La Dama del Zodiaco evadía cada uno de sus estocadas, cada uno de sus barridos. Y luego de cada ataque fallido, él sólo veía el campo de estrellas, y sentía el golpe del morningstar en su escudo.
Esto no iba a funcionar. El escudo estaba bastante gastado por la batalla anterior, y eventualmente cedería ante los ataques de la Dama del Zodiaco. O peor, eventualmente ella lograría evadir el escudo, y le asestaría un golpe directamente.
Fue entonces que se dió cuenta del problema. Estaba siendo distraído por su capa, por ese campo de estrellas que aparecía cada vez que ella giraba. Haciendo una finta, pisó la capa de esta, y estocó directamente.
Ella nuevamente esquivó el ataque, pero esta vez no hubo campo de estrellas, ni contraataque. La espada del Caballero de la Sangre desgarró la capa, la cual quedó hecha jirones en la tierra.
Bióloga Molecular: ... Mmmmmmm, es verdad.
Físico Teórico: Es más, si te cambio otro gen, seguro que puedo hacerte una persona irritable, ¿no es cierto?
Bióloga Molecular: .... Rayos, ¡es cierto!
Físico Teórico: ¿Entonces?
Bióloga Molecular: ¡Pero no me vas a decir que con las cuatro combinaciones de sangre vas a generar toooodas las personalidades!
Físico Teórico: ¿Y acaso con doce signos de zodiaco vas a hacer lo mismo?
***
El combate cambió bastante luego de que la Dama del Zodiaco perdiera la capa. Sus siguientes ataques fueron predecibles, y el Caballero de la Sangre los esquivó sin muchos problemas. Luego de un golpe, el morningstar voló por los aires, y cayó varios metros detrás de ellos.
El Caballero de la Sangre bajó la guardia. Sin arma alguna, la Dama del Zodiaco no tenía posibilidad de vencer. Luego de una pausa, cada uno subió el visor de su casco, y se quedaron mirando fijamente.
Fue una batalla magnífica. ¿Tal vez la Dama del Zodiaco se uniría a él? ¿Abandonaría ella sus territorios, y lo ayudaría en su campaña en contra del Barón Antivacunas y el Emperador Homeopático?
Pero la Dama del Zodiaco se tocó la pierna, y de algún lugar sacó una daga. El Caballero de la Sangre había escuchado sobre esta daga. Era su arma más terrible, increíblemente filuda, y además envenenada.
Pues no había otra cosa que hacer. Botó su escudo, tomó su espada con la otra mano, y en un arrebato de anacronismo, inconsistencia histórica y transrealismo poético, el Caballero de la Sangre se preparó para llevar a cabo un Amakakeru Ryu no Hirameki.
***
Físico Teórico: ¿Y sabes por qué ese pequeño gen tiene más influencia que ese planeta grandooooote?
Bióloga Molecular: ¡No quiero saber!
Físico Teórico: ¿No sabes por quéeeee?
Bióloga Molecular: ¡Qué pesado que eres! Ya, ¿por qué?
Físico Teórico: ¡Porque el gen sigue la interacción electromagnética, mientras que el planeta sólo te influencia gravitacionalmente! ¡Que es una interacción muchísimo, pero muchísimo más débil!
Bióloga Molecular: ¡Noooooooooooooooooooooooooooo!!!!
***
El sol se ocultó. El Caballero de la Sangre envainó su espada, recogió su escudo, y marchó hacia su próximo desafío.
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Perú
sábado, 21 de mayo de 2016
Contando Pasos
Como ya he comentado anteriormente, me he metido en el gimnasio. Resulta que ser un Superhombre Nietzcheano no es suficiente en este mundo, y hay que controlar la guata.
Viendo la valentía y coraje que mostraba con este nueva empresa, mi madre intuyó que no duraría ahí mas de tres semanas. Así que, para mantenerme interesado, me regaló un relojito de esos que cuentan pasos, registran calorías quemadas, monitorean el ritmo cardíaco, y marcan la cantidad de pisos subidos.
Chesu, me sorprendo con la frase anterior: contar, registrar, monitorear y marcar. Estar ocho años escribiendo este blog por lo menos me ha ayudado con el tema de "palabras parecidas."
Anyway, el punto es que mi madre sabía que si quería mantenerme en el gimnasio, debía ser capaz de hacer estadística con mi ejercicio. Sí, así de friki cree que soy.
La primera semana de uso, descubrí que el relojito era un poco... sensible, digamos.
Una de las características del relojito es que, cuando uno cumple con algún objetivo (por ejemplo, dar 10 000 pasos), el relojito vibra, suena, baila la Macarena. Para que uno tenga más ganas de hacer ejercicio, dicen. Pues nada, en esa primera semana de uso, en el momento de aplaudir al final de una charla, el relojito hizo justamente eso. Vibró, sonó, y bailó la Macarena.
Resulta que para el relojito, aplaudir es equivalente a dar un paso. Carambas.
Y no sólo eso, el aparato este cuenta pasos cuando uno mueve las manos al hablar. Claramente, el reloj no fue construido en Italia.
Bueno, no había problema, el aparato tenía como objetivo monitorear mi ejercicio, así que bastaba con ponérmelo los días que iba al gimnasio, y listo. Y quedarme callado.
Otra cosa que hace el relojito es reconocer mis "logros." Por ejemplo, me llegó un correo electrónico la primera vez que registré más de 15 000 pasos. Otra vez, para darme más ganas de hacer ejercicio.
La otra vez salí a montar bicicleta, y al volver, me llegó uno de esos mensajes. Que había recibido una insignia, por haber subido 50 plantas.
¿Perdón? ¿En qué momento pasó eso? Si voy en bicicleta, no subo nada, a lo mucho de vez en cuando caigo.
Pero eso fue chancay de a veinte, comparado con la vez que fui a Rupac. Este se encuentra en la punta de una montaña, en la sierra de Huaral. Una pasada. Pero llegar no es del todo trivial.
Resulta que cuando el bus nos dejó en el punto de partida, mi relojito había registrado ya 400 plantas subidas. Sí, 400 plantas, no escalones, sólo por ir en bus. Y sí, nuestras pistas y carreteras en Perú son una vergüenza, eso lo sabemos.
Al final del viaje, luego de subir hasta Rupac, terminé con 677 plantas.
Lo que me sorprende es que me llegó una insignia, confirmando que había subido más de 600 pisos. ¿Eso significa que hay gente que sí se sube 600 pisos de un tirón? ¿Pero cómo? ¡Si ya es complicado subir diez!
Anyway, el relojito está entretenido, pero ya sé que no me lo puedo tomar demasiado en serio. Lo bacán es que sí registra bien el ritmo cardíaco, que en efecto me ayuda a entender mi progreso en este tortuoso camino llamando estar fit.
¡Esperemos nomas que no me lleguen insignias por superar 500 pulsaciones por minuto!
Viendo la valentía y coraje que mostraba con este nueva empresa, mi madre intuyó que no duraría ahí mas de tres semanas. Así que, para mantenerme interesado, me regaló un relojito de esos que cuentan pasos, registran calorías quemadas, monitorean el ritmo cardíaco, y marcan la cantidad de pisos subidos.
Chesu, me sorprendo con la frase anterior: contar, registrar, monitorear y marcar. Estar ocho años escribiendo este blog por lo menos me ha ayudado con el tema de "palabras parecidas."
Anyway, el punto es que mi madre sabía que si quería mantenerme en el gimnasio, debía ser capaz de hacer estadística con mi ejercicio. Sí, así de friki cree que soy.
La primera semana de uso, descubrí que el relojito era un poco... sensible, digamos.
Una de las características del relojito es que, cuando uno cumple con algún objetivo (por ejemplo, dar 10 000 pasos), el relojito vibra, suena, baila la Macarena. Para que uno tenga más ganas de hacer ejercicio, dicen. Pues nada, en esa primera semana de uso, en el momento de aplaudir al final de una charla, el relojito hizo justamente eso. Vibró, sonó, y bailó la Macarena.
Resulta que para el relojito, aplaudir es equivalente a dar un paso. Carambas.
Y no sólo eso, el aparato este cuenta pasos cuando uno mueve las manos al hablar. Claramente, el reloj no fue construido en Italia.
Bueno, no había problema, el aparato tenía como objetivo monitorear mi ejercicio, así que bastaba con ponérmelo los días que iba al gimnasio, y listo. Y quedarme callado.
Otra cosa que hace el relojito es reconocer mis "logros." Por ejemplo, me llegó un correo electrónico la primera vez que registré más de 15 000 pasos. Otra vez, para darme más ganas de hacer ejercicio.
La otra vez salí a montar bicicleta, y al volver, me llegó uno de esos mensajes. Que había recibido una insignia, por haber subido 50 plantas.
¿Perdón? ¿En qué momento pasó eso? Si voy en bicicleta, no subo nada, a lo mucho de vez en cuando caigo.
Pero eso fue chancay de a veinte, comparado con la vez que fui a Rupac. Este se encuentra en la punta de una montaña, en la sierra de Huaral. Una pasada. Pero llegar no es del todo trivial.
Resulta que cuando el bus nos dejó en el punto de partida, mi relojito había registrado ya 400 plantas subidas. Sí, 400 plantas, no escalones, sólo por ir en bus. Y sí, nuestras pistas y carreteras en Perú son una vergüenza, eso lo sabemos.
Al final del viaje, luego de subir hasta Rupac, terminé con 677 plantas.
Lo que me sorprende es que me llegó una insignia, confirmando que había subido más de 600 pisos. ¿Eso significa que hay gente que sí se sube 600 pisos de un tirón? ¿Pero cómo? ¡Si ya es complicado subir diez!
Anyway, el relojito está entretenido, pero ya sé que no me lo puedo tomar demasiado en serio. Lo bacán es que sí registra bien el ritmo cardíaco, que en efecto me ayuda a entender mi progreso en este tortuoso camino llamando estar fit.
¡Esperemos nomas que no me lleguen insignias por superar 500 pulsaciones por minuto!
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jueves, 17 de marzo de 2016
Visitando a la Nutricionista
- ¿Sr Jones?
- Sí, soy yo
- Pase, por favor.
Efectivamente, estaba viendo a una nutricionista. Resulta que he estado engordando un poco, luego adelgazado, luego otra vez a engordar, así que para controlar el asunto decidí meterme en un gimnasio. Y este gimnasio, como promoción, incluía una cita con una nutricionista.
Tomé aire, y pasé dentro del consultorio.
Ok, compadre. Tú tranquilo. Tranquilo, que esta gente lo que quiere es arruinarte la vida. Tú tan sólo diles lo que quieren escuchar.
Me senté. Oh sorpresa, eran dos nutricionistas. Empezó todo bien, tomaron mi peso, midieron mi altura, controlaron "el neumático de repuesto," y me dijeron "Pues un poco gordito sí que estás."
Uy suave, compadre, que ya se pusieron saltonas.
Me preguntaron qué comía en el desayuno. Les respondí que poco, un jugo, una fruta, y un yogurt con salvado de trigo. Que el salvado era para ir al baño, porsiaca.
Ellas se miraron, y me insinuaron que era muy poco. Les respondí que si comía pan, entonces engordaba una barbaridad. Que controlaba mi peso con un desayuno ligero.
Coraggio, compadre, tú firme con tus argumentos. No importa que se miren entre sí constantemente, sonriendo.
Me dijeron que tenía que comer más proteína. Que comiera huevos duros. Y que en vez de tomar jugo de caja, pues que tomara uno natural.
Carambas. Ya venían a complicarme la vida. Les dije que yo realmente prefería tener un desayuno donde no ensuciara mucho, que no quería perder mi tiempo lavando cosas. Con mi desayuno actual, básicamente lavo un vaso, un plato y una cuchara. En el otro caso tendría que lavar adicionalmente la licuadora, y la olla, y... pues qué pereza.
Otra vez intercambiaron miraditas. Una de ellas salió.
Ya te fregaste, compadre, seguro va a llamar a la Madre Superiora, o te traerá un Gom Jabbar, o algo por el estilo.
La que quedó me ignoró. Me dijo que cada día me comía mi fruta, tres huevos, y yogurt. Y el yogurt sin azúcar. Y si quería jugo, pues me lo hacía yo, y sin azúcar también.
Qué ganas de arruinarle la vida a uno.
¿Y en la media mañana? Pues nada, yo aguanto hasta el almuerzo, es que almuerzo temprano.
¿Y qué almuerzo? Pues lo que sirvan en el Chelo's.
Uy, compadre, cuidado, cuidado, ni se te ocurra contarle de los tequeños del Chelo's.
¿Que qué como en el Chelo's? Pues una entrada y un segundo. La entrada puede ser ensalada rusa, huevo a la rusa, ocopa, papa a la huancaína... y de vez en cuando tequeños.
¿Pero qué haces, insensato? ¿No ves que te va a prohibir los tequeños?
Ah, sí, también hay ensalada fresca, pero no es muy rica. ¿Cómo? ¿Que tengo que comer más ensalada y menos tequeños? Pero... los tequeños son ricos...
El segundo, pues varío. Trato de comer un día pescado, otro día carne de res, otro día pollo, otro día cerdo. Y si encuentro vegetariano, pues también lo considero.
¿En serio? ¿Esto sí está bien?
¿Qué como a media tarde? Pues una galleta, o una ensalada de frutas....
Si te pregunta, no le digas que la galleta es Casino Royal de menta. Cualquier cosa menos la prohibición de las Casino Royal de menta.
¿Que no puedo comer nada de eso? ¿Ni las Casino Royal de menta? ¿Que tiene mucha azúcar? Pero.... pero... pero en el trabajo yo pienso mucho, y los procesos neuronales necesitan de azúcar... no me quites el azúcar...
¿Maní? ¿En serio? Pues... ya pues... habrá que comer maní.
Hombre, esto está yendo de mal en peor. Tienes que salir de aquí ahora mismo.
¿La cena? Pues algo rápido, me hago una pasta, o un sandwich, o...
¡No menciones el helado! ¡No menciones el helado, o te mato!
... y eso, nada más. Una pasta, o un sandwich. ¿Qué? ¿Que me haga un pollo? ¿O una hamburguesa? ¿Y eso de comer como un mendigo, en qué quedó?
En eso entró la segunda nutricionista. La primera la miró con ojos llorosos. Me dejaron ir, y me mandaron mi plan de nutrición por correo electrónico.
Algún día tal vez abra ese correo. Tal vez...
(Nota al final: El día de hoy, un alumno me dio una manzana, y dijo que era "por el blog." No estoy muy seguro de qué iba aquello, pero me pareció una curiosa coincidencia que justo me diera una manzana cuando yo quería hablar de mis hábitos alimenticios. Pues nada, ahi va, este post va dedicado a todos aquellos involucrados en el tema de la manzana, y eso. )
- Sí, soy yo
- Pase, por favor.
Efectivamente, estaba viendo a una nutricionista. Resulta que he estado engordando un poco, luego adelgazado, luego otra vez a engordar, así que para controlar el asunto decidí meterme en un gimnasio. Y este gimnasio, como promoción, incluía una cita con una nutricionista.
Tomé aire, y pasé dentro del consultorio.
Ok, compadre. Tú tranquilo. Tranquilo, que esta gente lo que quiere es arruinarte la vida. Tú tan sólo diles lo que quieren escuchar.
Me senté. Oh sorpresa, eran dos nutricionistas. Empezó todo bien, tomaron mi peso, midieron mi altura, controlaron "el neumático de repuesto," y me dijeron "Pues un poco gordito sí que estás."
Uy suave, compadre, que ya se pusieron saltonas.
Me preguntaron qué comía en el desayuno. Les respondí que poco, un jugo, una fruta, y un yogurt con salvado de trigo. Que el salvado era para ir al baño, porsiaca.
Ellas se miraron, y me insinuaron que era muy poco. Les respondí que si comía pan, entonces engordaba una barbaridad. Que controlaba mi peso con un desayuno ligero.
Coraggio, compadre, tú firme con tus argumentos. No importa que se miren entre sí constantemente, sonriendo.
Me dijeron que tenía que comer más proteína. Que comiera huevos duros. Y que en vez de tomar jugo de caja, pues que tomara uno natural.
Carambas. Ya venían a complicarme la vida. Les dije que yo realmente prefería tener un desayuno donde no ensuciara mucho, que no quería perder mi tiempo lavando cosas. Con mi desayuno actual, básicamente lavo un vaso, un plato y una cuchara. En el otro caso tendría que lavar adicionalmente la licuadora, y la olla, y... pues qué pereza.
Otra vez intercambiaron miraditas. Una de ellas salió.
Ya te fregaste, compadre, seguro va a llamar a la Madre Superiora, o te traerá un Gom Jabbar, o algo por el estilo.
La que quedó me ignoró. Me dijo que cada día me comía mi fruta, tres huevos, y yogurt. Y el yogurt sin azúcar. Y si quería jugo, pues me lo hacía yo, y sin azúcar también.
Qué ganas de arruinarle la vida a uno.
¿Y en la media mañana? Pues nada, yo aguanto hasta el almuerzo, es que almuerzo temprano.
¿Y qué almuerzo? Pues lo que sirvan en el Chelo's.
Uy, compadre, cuidado, cuidado, ni se te ocurra contarle de los tequeños del Chelo's.
¿Que qué como en el Chelo's? Pues una entrada y un segundo. La entrada puede ser ensalada rusa, huevo a la rusa, ocopa, papa a la huancaína... y de vez en cuando tequeños.
¿Pero qué haces, insensato? ¿No ves que te va a prohibir los tequeños?
Ah, sí, también hay ensalada fresca, pero no es muy rica. ¿Cómo? ¿Que tengo que comer más ensalada y menos tequeños? Pero... los tequeños son ricos...
El segundo, pues varío. Trato de comer un día pescado, otro día carne de res, otro día pollo, otro día cerdo. Y si encuentro vegetariano, pues también lo considero.
¿En serio? ¿Esto sí está bien?
¿Qué como a media tarde? Pues una galleta, o una ensalada de frutas....
Si te pregunta, no le digas que la galleta es Casino Royal de menta. Cualquier cosa menos la prohibición de las Casino Royal de menta.
¿Que no puedo comer nada de eso? ¿Ni las Casino Royal de menta? ¿Que tiene mucha azúcar? Pero.... pero... pero en el trabajo yo pienso mucho, y los procesos neuronales necesitan de azúcar... no me quites el azúcar...
¿Maní? ¿En serio? Pues... ya pues... habrá que comer maní.
Hombre, esto está yendo de mal en peor. Tienes que salir de aquí ahora mismo.
¿La cena? Pues algo rápido, me hago una pasta, o un sandwich, o...
¡No menciones el helado! ¡No menciones el helado, o te mato!
... y eso, nada más. Una pasta, o un sandwich. ¿Qué? ¿Que me haga un pollo? ¿O una hamburguesa? ¿Y eso de comer como un mendigo, en qué quedó?
En eso entró la segunda nutricionista. La primera la miró con ojos llorosos. Me dejaron ir, y me mandaron mi plan de nutrición por correo electrónico.
Algún día tal vez abra ese correo. Tal vez...
(Nota al final: El día de hoy, un alumno me dio una manzana, y dijo que era "por el blog." No estoy muy seguro de qué iba aquello, pero me pareció una curiosa coincidencia que justo me diera una manzana cuando yo quería hablar de mis hábitos alimenticios. Pues nada, ahi va, este post va dedicado a todos aquellos involucrados en el tema de la manzana, y eso. )
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domingo, 7 de febrero de 2016
Esperando la Lavadora
Hace mucho tiempo que no hablo de lavadoras. Lamentablemente para ustedes, se acabó la espera.
Este mes, tocó renovar el contrato de alquiler del piso. Una cosa que ocurre en gran parte de Lima es que el alquiler es en dólares, lo cual es terrible, considerando que hoy en día el dólar está como 13% más caro. Esto significa que me han subido la renta en un 13% con respecto al precio acordado.
C'est la vie, supongo.
Hablando con el dueño, intenté que cambiara el precio a soles, usando el tipo de cambio del día de hoy. Por lo menos buscar no causar más daño en el futuro. No obstante, no atracó. Por supuesto, le conviene cobrar en dólares. Así que nada, tuvimos que usar el plan B. Si el piso va a costar más, hay que subirle el valor. Y con eso, pedimos una lavadora nueva.
Por suerte, el dueño aceptó.
Un par de días después de esta conversación, recibí una llamada del dueño. Estaba en una tienda por departamentos, que por motivos que serán evidentes, llamaremos La Porca Tienda por Departamentos. Anyway, él ya tenía la lavadora comprada, y quería saber si podía recibirla yo al día siguiente.
"¿A qué hora la dejan?", pregunté ingenuamente.
"Me han dicho que su horario de entrega es de 8 am a 8 pm," respondió.
Genial. Justo lo que necesitaba.
"¿No podrán especificar mejor la hora?", me atreví a contraatacar.
El dueño habló con alguien, a quien llamaremos El Bastardo Mentiroso (también por motivos que serán evidentes), y me respondió: tenía que llamar a las 8:30 de la mañana, y me podrían dar una hora más exacta de entrega.
Genial, su planificación. Hecha en media hora. La eficiencia personificada, supongo.
Pos nada, esperé al día siguiente, me levanté a tiempo, y estuve listo a las 8:30 am. Si me decían que venían tipo 7:00 pm, pues me iba a trabajar tranquilo. Llamé, cruzando los dedos, y me respondió la maquinita del demonio.
Que ingrese el DNI del comprador. Que no lo reconocía. Que ingrese el número de la compra. Que no lo reconocía. Que si quiero hablar con un representante de carne y hueso. Que no atiende nadie hasta las 9:00 am.
Gracias, maquinita del demonio. Gracias, Bastardo Mentiroso.
Esperé hasta las 9:00. Hola otra vez, maquinita del demonio. Sí, quiero hablar con un representante. Sí, de carne y hueso. Gracias.
Me pasaron con una señorita, a quien llamaremos La Tipeja Inservible. Sí, las razones serán evidentes también. Le dije lo de la lavadora. Le di el número de DNI del comprador. Le di el número de la compra. Ah, qué bien, Tipeja Inservible, lo hallaste en tu computadora. ¿Y ahora?
Por supuesto, ¿qué otra cosa podría pasar? Me dejó con la musiquita.
La porca musiquita de la Porca Tienda por Departamentos.
Después de un momento, me respondió. Que la orden había salido ya. Que la entregaban hoy, de 8 am a 8 pm. Que no me podía dar más información, a lo mucho me llamarían los encargados de la entrega cinco minutos antes, si es que tenían algún problema hallando mi vivienda.
Con esto, espero que los nombres elegidos para la Porca Tienda por Departamentos, el Bastardo Mentiroso, y la Tipeja Inservible sean evidentes para ustedes.
Así que nada, a trabajar desde casa. Por suerte tengo la posibilidad de ello, a diferencia de prácticamente el resto de Lima, que no le queda otra que practicar raskingball todo el día, hasta que llegue el condenado camión de la Porca Tienda por Departamentos.
A las 3:45 pm, sonó el timbre. Habían llegado.
Abrí la puerta, y vi a dos tipos con una cajota. Buenos días, gracias, pase. La lavandería está por aquí, cuidado, se puede resbalar, déjeme sacar esto de su camino.
Llegando a la lavandería, le pregunté a quien parecía el jefe: "¿Qué hacemos con la lavadora vieja? ¿La pueden desinstalar, para instalar la nueva?"
En eso, el jefe me mandó una sonrisa, un tipo de sonrisa que he visto sólo en Perú. "No señor, nosotros sólo entregamos la mercancía. Si quiere, se la podemos instalar nosotros, pero bueno, necesitaríamos una propina navideña."
Tal vez esas no sean las palabras exactas, pero el concepto de "propina" y el de "Navidad" vinieron juntos, se los aseguro. O sea, me vieron la cara de gringo.
Que no, que no voy a pagar nada, que eso le corresponde en todo caso al dueño. Fue entonces que se le fue la sonrisa al jefe, y me dijo que podía llamar a la Porca Tienda por Departamentos, para coordinar la visita del técnico.
Especialistas en eficiencia, se los digo de todo corazón.
Pos nada, dejando a los dos corruptos ir, me quedé en la lavandería con la lavadora antigua, y la cajota conteniendo a la lavadora nueva. Llamé a pedir la visita del técnico, y me respondieron que bien, que en 48 horas me llamaría el técnico y que podríamos quedar el día de instalación.
Seguro que otra vez habría que esperarlo de 8 am a 8 pm.
Actualización:
Esta "aventura" ocurrió alrededor de Navidad, afortunadamente el técnico sí fue eficiente (a pesar de haber estado tres días con dos lavadoras en casa).
No obstante, un mes después murió el internet. Hablando con la porca Telefónica, nos dijeron que darían una solución luego de 48 horas. Han pasado dos semanas, y Telefónica bien gracias. Esta vez fuimos más vivos, y sí le dimos su "propina navideña" a un técnico que andaba por ahí. Ni modo.
Este mes, tocó renovar el contrato de alquiler del piso. Una cosa que ocurre en gran parte de Lima es que el alquiler es en dólares, lo cual es terrible, considerando que hoy en día el dólar está como 13% más caro. Esto significa que me han subido la renta en un 13% con respecto al precio acordado.
C'est la vie, supongo.
Hablando con el dueño, intenté que cambiara el precio a soles, usando el tipo de cambio del día de hoy. Por lo menos buscar no causar más daño en el futuro. No obstante, no atracó. Por supuesto, le conviene cobrar en dólares. Así que nada, tuvimos que usar el plan B. Si el piso va a costar más, hay que subirle el valor. Y con eso, pedimos una lavadora nueva.
Por suerte, el dueño aceptó.
Un par de días después de esta conversación, recibí una llamada del dueño. Estaba en una tienda por departamentos, que por motivos que serán evidentes, llamaremos La Porca Tienda por Departamentos. Anyway, él ya tenía la lavadora comprada, y quería saber si podía recibirla yo al día siguiente.
"¿A qué hora la dejan?", pregunté ingenuamente.
"Me han dicho que su horario de entrega es de 8 am a 8 pm," respondió.
Genial. Justo lo que necesitaba.
"¿No podrán especificar mejor la hora?", me atreví a contraatacar.
El dueño habló con alguien, a quien llamaremos El Bastardo Mentiroso (también por motivos que serán evidentes), y me respondió: tenía que llamar a las 8:30 de la mañana, y me podrían dar una hora más exacta de entrega.
Genial, su planificación. Hecha en media hora. La eficiencia personificada, supongo.
Pos nada, esperé al día siguiente, me levanté a tiempo, y estuve listo a las 8:30 am. Si me decían que venían tipo 7:00 pm, pues me iba a trabajar tranquilo. Llamé, cruzando los dedos, y me respondió la maquinita del demonio.
Que ingrese el DNI del comprador. Que no lo reconocía. Que ingrese el número de la compra. Que no lo reconocía. Que si quiero hablar con un representante de carne y hueso. Que no atiende nadie hasta las 9:00 am.
Gracias, maquinita del demonio. Gracias, Bastardo Mentiroso.
Esperé hasta las 9:00. Hola otra vez, maquinita del demonio. Sí, quiero hablar con un representante. Sí, de carne y hueso. Gracias.
Me pasaron con una señorita, a quien llamaremos La Tipeja Inservible. Sí, las razones serán evidentes también. Le dije lo de la lavadora. Le di el número de DNI del comprador. Le di el número de la compra. Ah, qué bien, Tipeja Inservible, lo hallaste en tu computadora. ¿Y ahora?
Por supuesto, ¿qué otra cosa podría pasar? Me dejó con la musiquita.
La porca musiquita de la Porca Tienda por Departamentos.
Después de un momento, me respondió. Que la orden había salido ya. Que la entregaban hoy, de 8 am a 8 pm. Que no me podía dar más información, a lo mucho me llamarían los encargados de la entrega cinco minutos antes, si es que tenían algún problema hallando mi vivienda.
Con esto, espero que los nombres elegidos para la Porca Tienda por Departamentos, el Bastardo Mentiroso, y la Tipeja Inservible sean evidentes para ustedes.
Así que nada, a trabajar desde casa. Por suerte tengo la posibilidad de ello, a diferencia de prácticamente el resto de Lima, que no le queda otra que practicar raskingball todo el día, hasta que llegue el condenado camión de la Porca Tienda por Departamentos.
A las 3:45 pm, sonó el timbre. Habían llegado.
Abrí la puerta, y vi a dos tipos con una cajota. Buenos días, gracias, pase. La lavandería está por aquí, cuidado, se puede resbalar, déjeme sacar esto de su camino.
Llegando a la lavandería, le pregunté a quien parecía el jefe: "¿Qué hacemos con la lavadora vieja? ¿La pueden desinstalar, para instalar la nueva?"
En eso, el jefe me mandó una sonrisa, un tipo de sonrisa que he visto sólo en Perú. "No señor, nosotros sólo entregamos la mercancía. Si quiere, se la podemos instalar nosotros, pero bueno, necesitaríamos una propina navideña."
Tal vez esas no sean las palabras exactas, pero el concepto de "propina" y el de "Navidad" vinieron juntos, se los aseguro. O sea, me vieron la cara de gringo.
Que no, que no voy a pagar nada, que eso le corresponde en todo caso al dueño. Fue entonces que se le fue la sonrisa al jefe, y me dijo que podía llamar a la Porca Tienda por Departamentos, para coordinar la visita del técnico.
Especialistas en eficiencia, se los digo de todo corazón.
Pos nada, dejando a los dos corruptos ir, me quedé en la lavandería con la lavadora antigua, y la cajota conteniendo a la lavadora nueva. Llamé a pedir la visita del técnico, y me respondieron que bien, que en 48 horas me llamaría el técnico y que podríamos quedar el día de instalación.
Seguro que otra vez habría que esperarlo de 8 am a 8 pm.
***
Actualización:
Esta "aventura" ocurrió alrededor de Navidad, afortunadamente el técnico sí fue eficiente (a pesar de haber estado tres días con dos lavadoras en casa).
No obstante, un mes después murió el internet. Hablando con la porca Telefónica, nos dijeron que darían una solución luego de 48 horas. Han pasado dos semanas, y Telefónica bien gracias. Esta vez fuimos más vivos, y sí le dimos su "propina navideña" a un técnico que andaba por ahí. Ni modo.
lunes, 4 de enero de 2016
Momento Cursi
La escena se da una mañana cualquiera.
Bióloga Molecular: ¡Te quiero mucho!
Físico Teórico: ¡Yo también!
Bióloga Molecular: ¡Yo te quiero como la raíz cuadrada de menos uno!
Físico Teórico: ...
Bióloga Molecular: ¿Pero qué pasa?
Físico Teórico: Me acabas de decir que tu amor es imaginario...
Bióloga Molecular: ¡Uy no! ¡Quería decir que mi amor es irracional!
Físico Teórico: ...
Bióloga Molecular: ¡Lo siento!
Físico Teórico: La próxima vez intenta con la raiz cuadrada de dos...
Bióloga Molecular: ¡Lo sientoooo!
Físico Teórico: Y pensar que alguna vez terminaste con un novio porque era malo en matemáticas....
Bióloga Molecular: ¡Te quiero mucho!
Físico Teórico: ¡Yo también!
Bióloga Molecular: ¡Yo te quiero como la raíz cuadrada de menos uno!
Físico Teórico: ...
Bióloga Molecular: ¿Pero qué pasa?
Físico Teórico: Me acabas de decir que tu amor es imaginario...
Bióloga Molecular: ¡Uy no! ¡Quería decir que mi amor es irracional!
Físico Teórico: ...
Bióloga Molecular: ¡Lo siento!
Físico Teórico: La próxima vez intenta con la raiz cuadrada de dos...
Bióloga Molecular: ¡Lo sientoooo!
Físico Teórico: Y pensar que alguna vez terminaste con un novio porque era malo en matemáticas....
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domingo, 20 de septiembre de 2015
Tercera Persona Plural
Un buen día, Físico Teórico recibió un mensaje fuera de lo normal. Lo estaban invitando a participar en un programa de televisión. Aparentemente, se trataba de un programa de entrevistas, y el tema que habían pensado era el de "Jóvenes Científicos."
Físico Teórico no supo qué pensar. ¿Jóvenes científicos? Tal vez querían conversar sobre sus alumnos en la universidad. Pero en ese caso él no era el más apropiado, ya que recién había empezado a enseñar. La gente del programa se lo aclaró: que no, que ellos estaban considerando a Físico Teórico como un joven científico, y que querían entrevistarlo justamente por eso.
Luego de semejante halago, Físico Teórico no se pudo rehusar.
Días antes de la grabación de programa, Físico Teórico empezó a sospechar qué era exactamente lo que querían hacer con él. El programa aparentemente se iba a concentrar más en su vida personal que en su trabajo, cosa que no le hizo mucha gracia. Pero bueno, ya había aceptado, e incluso podría ser divertido.
Durante el programa, Físico Teórico fue entrevistado junto a tres investigadores más, uno de ellos incluso fue su alumna el ciclo anterior. El esquema era el siguiente: cinco bloques, en los dos primeros los investigadores hablarían brevemente de su trabajo, y en los otros tres hablarían de su día a día.
Olía medio mal. Físico Teórico estaba seguro que lo que buscaban era confirmar los estereotipos como los de "The Big Bang Theory," cosa que no le gustó. Evidentemente. Pero ya estaba ahí, así que ni modo. Habría que intentar minimizar la conversación, y listo.
Salieron las típicas preguntas de "¿Hablas de estas cosas con tus amigos, cuando sales de fiesta?" Físico Teórico pensó en devolverles un "¿Hablas de tu trabajo con tus amigos, cuando sales de fiesta?" pero no tuvo la oportunidad.
Salió también un "¿Cómo haces para balancear religión y ciencia?", y ahí sí llegó a responder con un "Pues balanceando, porque en principio no hay ningún conflicto real."
De ahí, un "¿Y siendo tan racional, llegas a tener pareja?" Lamentablemente, en ese momento Físico Teórico se encontraba soltero, y se vio más o menos obligado a admitirlo frente a todo el Perú.
La última pregunta fue "¿Cómo haces para lidiar con la superficialidad de la gente?", pregunta que Físico Teórico afortunadamente no tuvo que responder, ya que habría tenido que admitir que él, como el resto del planeta, también tiene actitudes superficiales de vez en cuando. Lo que sí tuvo que hacer fue morderse la lengua cuando su ex-alumna dijo que le era bastante difícil hacerlo, especialmente considerando que ella atendía sus clases con orejas de gato en la cabeza.
Para alivio de Físico Teórico, la entrevista terminó. Quedó un poco frustrado, ya que las preguntas más interesantes, desde su punto de vista, se dieron siempre fuera de cámaras. Pero bueno, ya había cumplido, y podía volver a casa.
Bióloga Molecular había conocido a Físico Teórico hacía ya casi un año. Se habían vuelto buenos amigos, y compartieron varias salidas. Empezar una relación con él le pareció extraño, ya que habían sido siempre amigos, pero luego de un par de semanas se tranquilizó, ya que las cosas funcionaban bien.
Sí, Físico Teórico y Bióloga Molecular saben que ustedes están pensando ahorita en "The Big Bang Theory," pero también asumen que ustedes saben dónde pueden meterse esta idea.
Anyway, Bióloga Molecular consideraba que las cosas iban en buen camino, hasta que en eso recibió una llamada de su madre. Se le notaba preocupada. Le preguntó si su relación con Físico Teórico andaba bien. Bióloga Molecular se extrañó, le dijo que por supuesto, todo estaba funcionando.
- ¿Siguen saliendo juntos?
- Claro.
- ¿No se han peleado?
- No.
- Pues entonces debes saber que Físico Teórico te está negando en televisión.
Genial. Resulta que unas tías de Bióloga Molecular vieron la entrevista a Físico Teórico, donde él admite no tener novia. Escándalo nacional. El pequeño detalle fue que ese era un capítulo repetido, ¡y que la entrevista había sido grabada muchos meses antes de que ellos empezaran su relación!
Afortunadamente, Bióloga Molecular interpretó correctamente lo sucedido, y Físico Teórico se libró de pasar vergüenza frente a toda la familia de esta.
¡Qué susto! Físico Teórico ahora se alegra aún más de no haber respondido a la pregunta sobre la superficialidad. ¿Qué dirían si todos se enteran que ve animación japones, juega Calabozos y Dragones, y se preocupa por la grasa corporal que va acumulando? ¡Mare meua!
Físico Teórico no supo qué pensar. ¿Jóvenes científicos? Tal vez querían conversar sobre sus alumnos en la universidad. Pero en ese caso él no era el más apropiado, ya que recién había empezado a enseñar. La gente del programa se lo aclaró: que no, que ellos estaban considerando a Físico Teórico como un joven científico, y que querían entrevistarlo justamente por eso.
Luego de semejante halago, Físico Teórico no se pudo rehusar.
Días antes de la grabación de programa, Físico Teórico empezó a sospechar qué era exactamente lo que querían hacer con él. El programa aparentemente se iba a concentrar más en su vida personal que en su trabajo, cosa que no le hizo mucha gracia. Pero bueno, ya había aceptado, e incluso podría ser divertido.
Durante el programa, Físico Teórico fue entrevistado junto a tres investigadores más, uno de ellos incluso fue su alumna el ciclo anterior. El esquema era el siguiente: cinco bloques, en los dos primeros los investigadores hablarían brevemente de su trabajo, y en los otros tres hablarían de su día a día.
Olía medio mal. Físico Teórico estaba seguro que lo que buscaban era confirmar los estereotipos como los de "The Big Bang Theory," cosa que no le gustó. Evidentemente. Pero ya estaba ahí, así que ni modo. Habría que intentar minimizar la conversación, y listo.
Salieron las típicas preguntas de "¿Hablas de estas cosas con tus amigos, cuando sales de fiesta?" Físico Teórico pensó en devolverles un "¿Hablas de tu trabajo con tus amigos, cuando sales de fiesta?" pero no tuvo la oportunidad.
Salió también un "¿Cómo haces para balancear religión y ciencia?", y ahí sí llegó a responder con un "Pues balanceando, porque en principio no hay ningún conflicto real."
De ahí, un "¿Y siendo tan racional, llegas a tener pareja?" Lamentablemente, en ese momento Físico Teórico se encontraba soltero, y se vio más o menos obligado a admitirlo frente a todo el Perú.
La última pregunta fue "¿Cómo haces para lidiar con la superficialidad de la gente?", pregunta que Físico Teórico afortunadamente no tuvo que responder, ya que habría tenido que admitir que él, como el resto del planeta, también tiene actitudes superficiales de vez en cuando. Lo que sí tuvo que hacer fue morderse la lengua cuando su ex-alumna dijo que le era bastante difícil hacerlo, especialmente considerando que ella atendía sus clases con orejas de gato en la cabeza.
Para alivio de Físico Teórico, la entrevista terminó. Quedó un poco frustrado, ya que las preguntas más interesantes, desde su punto de vista, se dieron siempre fuera de cámaras. Pero bueno, ya había cumplido, y podía volver a casa.
***
Bióloga Molecular había conocido a Físico Teórico hacía ya casi un año. Se habían vuelto buenos amigos, y compartieron varias salidas. Empezar una relación con él le pareció extraño, ya que habían sido siempre amigos, pero luego de un par de semanas se tranquilizó, ya que las cosas funcionaban bien.
Sí, Físico Teórico y Bióloga Molecular saben que ustedes están pensando ahorita en "The Big Bang Theory," pero también asumen que ustedes saben dónde pueden meterse esta idea.
Anyway, Bióloga Molecular consideraba que las cosas iban en buen camino, hasta que en eso recibió una llamada de su madre. Se le notaba preocupada. Le preguntó si su relación con Físico Teórico andaba bien. Bióloga Molecular se extrañó, le dijo que por supuesto, todo estaba funcionando.
- ¿Siguen saliendo juntos?
- Claro.
- ¿No se han peleado?
- No.
- Pues entonces debes saber que Físico Teórico te está negando en televisión.
Genial. Resulta que unas tías de Bióloga Molecular vieron la entrevista a Físico Teórico, donde él admite no tener novia. Escándalo nacional. El pequeño detalle fue que ese era un capítulo repetido, ¡y que la entrevista había sido grabada muchos meses antes de que ellos empezaran su relación!
Afortunadamente, Bióloga Molecular interpretó correctamente lo sucedido, y Físico Teórico se libró de pasar vergüenza frente a toda la familia de esta.
¡Qué susto! Físico Teórico ahora se alegra aún más de no haber respondido a la pregunta sobre la superficialidad. ¿Qué dirían si todos se enteran que ve animación japones, juega Calabozos y Dragones, y se preocupa por la grasa corporal que va acumulando? ¡Mare meua!
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lunes, 25 de mayo de 2015
Pollo a la Toalla
Antes de re-encontrarnos en Lima, la última vez que vi a L'amica Italiana fue en Termini. No recuerdo muy bien qué ocurrió, creo que yo tenía algo suyo, y ella vino a buscarlo a la estación de tren. La cosa es que ella llegó tarde, y prácticamente se lo di por la ventanilla breves segundos antes de que partiera el tren.
Una semana más tarde, me enteré que ella había regresado a Lima. Se suponía que sería un viaje breve, pero no la volví a ver.
Habiendo regresado yo también a Lima, decidí re-conectar. Le escribí un mensaje vía Facebook, y la invité a cenar, para chismear nuestras vidas luego de más de tres años de no vernos. El plato: pollo a la mostaza.
Ese día, llegué a casa temprano. Revisé mi correo, L'amica Italiana avisó que llegaría a las 9:00 pm. Perfecto. Me daba tiempo de ir a La Casa de la Toalla, que necesitaba comprar toallas nuevas. La gente muy amable, me sugirieron toallas buenas, y me dijeron "Antes de usarlas, hay que sacudirlas. Y luego lavarlas." Por supuesto, siempre he lavado las toallas antes de usarlas, pero esto de sacudirlas no lo había tomado en cuenta nunca. Bueno pues.
Llegué a casa, y alisté todo. ¿Cebolla? Check. ¿Mostaza? Check. ¿Champiñones? Check. ¿Crema de leche? Check. ¿Pollo? Congelado.
'Cha mare.
Vamos, ya no soy tan bestia como antes (la palabra clave aquí es "tan"), efectivamente había sacado el pollo del freezer, pero no se había llegado a descongelar. Y a pesar de haber alguna vez comido toriwasa (sashimi de pollo crudo), siempre he tenido un trauma con la salmonella debido al pollo mal descongelado (ya se habrán dado cuenta que la cantidad de traumas que enfrento diariamente es bastante elevada).
El procedimiento era de sumergir el pollo en agua mientras preparaba el resto del plato, y si fuera necesario meterlo en el microondas. Chévere. El pollo en principio venía envasado al vacío, así que nada, a sumergirlo.
Antes de continuar, recordé las toallas. Las sacudí en la cocina, y madre mía, botaron bastante pelusa. Buena voz, la de la vendedora. Metí las toallas a la lavadora, barrí la pelusa, y regresé al plato. Multitasking total.
Pos nada, corté la cebolla, y la freí en mantequilla. Mientras tanto, saqué los champiñones para lavarlos, y noté que habían vencido el día anterior.
Porca miseria...
Hmmm... ¿cómo reconocer si los champiñones están en buen estado? Recordé haber leído alguna vez que había que tocarlos, a ver si estaban pegajosos (en internet decía slimy). Los miré, y noté que estaban suaves, aparentemente la humedad se había condensado dentro del paquete... y por supuesto se sentían pegajosos. Pero... ¿estaban realmente mal? No lo parecían, y seguramente era sólo agua... pero ¿y si envenenaba a L'amica Italiana? Ni de a balas, qué roche...
Pero el pollo con mostaza no tiene gracia sin los champiñones. Así que caballero, a encender una velita, y esperar lo mejor.
Listo, a freír los champiñones, y ver qué onda con el pollo. Por supuesto, seguía congelado. Y por supuesto, el envase no estaba al vacío, y ahora estaba inundado de agua.
Cha mare.
¿Y esto qué significa? ¿Podía seguir adelante? ¿O el riesgo de salmonella era ya muy alto? ¿O daría igual, porque nos moriríamos de todas formas envenenados por los champiñones? ¿Qué hacer?
Pues supuse que la salmonella era seguramente una bacteria, así que si metía el pollo en el microondas, asunto arreglado. Otra cosa serían los champiñones, que emitirían toxinas, y eso no lo arregla nada, pero vamos, estos ya estaban mezclados con las cebollas y no los iba a sacar. Así que nada, el pollo al microondas, a descongelar al 100%, y con suerte se moría toda la salmonella.
Chévere.
Ya. Cierto, las toallas. A sacarlas de la lavadora. Abrí la máquina... y tenía pelusa por todos lados. Mare meua... A ver, mi lavadora no tiene el filtro muy limpio, y siempre llena toda la ropa de pelusa, ¿pero esto? Y lo peor, las toallas ahora estaban llenas de pelusas mutuas, es decir, la toalla verde tenía pelusa de la toalla azul, la azul pelusa de la gris, y así.
Sin pensarlo, lancé las toallas a la secadora, lancé el pollo a la sartén (por suerte no me confundí) y mientras el pollo se freía, limpié la pelusa de la lavadora.
Multitasking, pe.
Okey. L'amica Italiana llegaría en cualquier momento, y no debía ver este desastre. ¿Listo el pollo? Okey, añadir la cebolla y los champiñones. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... okey, el vaso con agua, que hierva... listo, ahora, a añadir...
Y fue entonces que vi la secadora. Más bien, vi el filtro en la puerta de la secadora, tenía una bola de pelusa de proporciones alarmantes. Detuve el secado, saqué el filtro, lo limpié, seguramente llené el plato con pelusas microscópicas, lo devolví a la sartén, digo, a la secadora, y a reiniciar el secado.
¿Y el pollo? Chesu, el agua ya estaba hirviendo, había que añadir la crema de leche. Okey, ahora la mostaza... pero, ¿no debería haber llegado ya L'amica Italiana? A chequear Facebook un momento...
Genial, llegaría 15 minutos tarde. Regresé al pollo, por supuesto, la crema de leche había hervido, y se había desparramado sobre toda la cocina. ¡A bajar la temperatura! ¡Añadir la mostaza! ¡Y la sal, carambas, la sal! ¡Y preparar el puré de papas!
En resumen, ¿qué tenía al frente?
Un pollo con salmonella, mezclado con cebollas, champiñones tóxicos, crema de leche, pelusa de toalla microscópica y mostaza. Y un puré de caja hecho a la velocidad de la luz.
Obviamente no le conté nada de esto a L'amica Italiana. Pero por breves momentos consideré pedir pizza.
Y ¿adivinen qué? Estaba requete-bueno. Con toalla y todo. Y no nos morimos... aún.
A ver si pa la próxima decido planchar la ropa al mismo tiempo, a ver si sale aún mejor.
Una semana más tarde, me enteré que ella había regresado a Lima. Se suponía que sería un viaje breve, pero no la volví a ver.
Habiendo regresado yo también a Lima, decidí re-conectar. Le escribí un mensaje vía Facebook, y la invité a cenar, para chismear nuestras vidas luego de más de tres años de no vernos. El plato: pollo a la mostaza.
Ese día, llegué a casa temprano. Revisé mi correo, L'amica Italiana avisó que llegaría a las 9:00 pm. Perfecto. Me daba tiempo de ir a La Casa de la Toalla, que necesitaba comprar toallas nuevas. La gente muy amable, me sugirieron toallas buenas, y me dijeron "Antes de usarlas, hay que sacudirlas. Y luego lavarlas." Por supuesto, siempre he lavado las toallas antes de usarlas, pero esto de sacudirlas no lo había tomado en cuenta nunca. Bueno pues.
Llegué a casa, y alisté todo. ¿Cebolla? Check. ¿Mostaza? Check. ¿Champiñones? Check. ¿Crema de leche? Check. ¿Pollo? Congelado.
'Cha mare.
Vamos, ya no soy tan bestia como antes (la palabra clave aquí es "tan"), efectivamente había sacado el pollo del freezer, pero no se había llegado a descongelar. Y a pesar de haber alguna vez comido toriwasa (sashimi de pollo crudo), siempre he tenido un trauma con la salmonella debido al pollo mal descongelado (ya se habrán dado cuenta que la cantidad de traumas que enfrento diariamente es bastante elevada).
El procedimiento era de sumergir el pollo en agua mientras preparaba el resto del plato, y si fuera necesario meterlo en el microondas. Chévere. El pollo en principio venía envasado al vacío, así que nada, a sumergirlo.
Antes de continuar, recordé las toallas. Las sacudí en la cocina, y madre mía, botaron bastante pelusa. Buena voz, la de la vendedora. Metí las toallas a la lavadora, barrí la pelusa, y regresé al plato. Multitasking total.
Pos nada, corté la cebolla, y la freí en mantequilla. Mientras tanto, saqué los champiñones para lavarlos, y noté que habían vencido el día anterior.
Porca miseria...
Hmmm... ¿cómo reconocer si los champiñones están en buen estado? Recordé haber leído alguna vez que había que tocarlos, a ver si estaban pegajosos (en internet decía slimy). Los miré, y noté que estaban suaves, aparentemente la humedad se había condensado dentro del paquete... y por supuesto se sentían pegajosos. Pero... ¿estaban realmente mal? No lo parecían, y seguramente era sólo agua... pero ¿y si envenenaba a L'amica Italiana? Ni de a balas, qué roche...
Pero el pollo con mostaza no tiene gracia sin los champiñones. Así que caballero, a encender una velita, y esperar lo mejor.
Listo, a freír los champiñones, y ver qué onda con el pollo. Por supuesto, seguía congelado. Y por supuesto, el envase no estaba al vacío, y ahora estaba inundado de agua.
Cha mare.
¿Y esto qué significa? ¿Podía seguir adelante? ¿O el riesgo de salmonella era ya muy alto? ¿O daría igual, porque nos moriríamos de todas formas envenenados por los champiñones? ¿Qué hacer?
Pues supuse que la salmonella era seguramente una bacteria, así que si metía el pollo en el microondas, asunto arreglado. Otra cosa serían los champiñones, que emitirían toxinas, y eso no lo arregla nada, pero vamos, estos ya estaban mezclados con las cebollas y no los iba a sacar. Así que nada, el pollo al microondas, a descongelar al 100%, y con suerte se moría toda la salmonella.
Chévere.
Ya. Cierto, las toallas. A sacarlas de la lavadora. Abrí la máquina... y tenía pelusa por todos lados. Mare meua... A ver, mi lavadora no tiene el filtro muy limpio, y siempre llena toda la ropa de pelusa, ¿pero esto? Y lo peor, las toallas ahora estaban llenas de pelusas mutuas, es decir, la toalla verde tenía pelusa de la toalla azul, la azul pelusa de la gris, y así.
Sin pensarlo, lancé las toallas a la secadora, lancé el pollo a la sartén (por suerte no me confundí) y mientras el pollo se freía, limpié la pelusa de la lavadora.
Multitasking, pe.
Okey. L'amica Italiana llegaría en cualquier momento, y no debía ver este desastre. ¿Listo el pollo? Okey, añadir la cebolla y los champiñones. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... okey, el vaso con agua, que hierva... listo, ahora, a añadir...
Y fue entonces que vi la secadora. Más bien, vi el filtro en la puerta de la secadora, tenía una bola de pelusa de proporciones alarmantes. Detuve el secado, saqué el filtro, lo limpié, seguramente llené el plato con pelusas microscópicas, lo devolví a la sartén, digo, a la secadora, y a reiniciar el secado.
¿Y el pollo? Chesu, el agua ya estaba hirviendo, había que añadir la crema de leche. Okey, ahora la mostaza... pero, ¿no debería haber llegado ya L'amica Italiana? A chequear Facebook un momento...
Genial, llegaría 15 minutos tarde. Regresé al pollo, por supuesto, la crema de leche había hervido, y se había desparramado sobre toda la cocina. ¡A bajar la temperatura! ¡Añadir la mostaza! ¡Y la sal, carambas, la sal! ¡Y preparar el puré de papas!
En resumen, ¿qué tenía al frente?
Un pollo con salmonella, mezclado con cebollas, champiñones tóxicos, crema de leche, pelusa de toalla microscópica y mostaza. Y un puré de caja hecho a la velocidad de la luz.
Obviamente no le conté nada de esto a L'amica Italiana. Pero por breves momentos consideré pedir pizza.
Y ¿adivinen qué? Estaba requete-bueno. Con toalla y todo. Y no nos morimos... aún.
A ver si pa la próxima decido planchar la ropa al mismo tiempo, a ver si sale aún mejor.
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sábado, 4 de abril de 2015
Lavando a Mano
La estrategia era sencilla. Estaría 19 días en Ecuador. Bastaría entonces llevar 11 piezas de ropa, y mandar a lavar nueve en algún momento. A pesar de que le escuela del CERN se llevaría a cabo en una hacienda remota, seguro tendrían un servicio de lavandería.
Y por supuesto, la hacienda tenía servicio de lavandería. Y por supuesto, los precios eras astronómicamente altos. ¿Una camiseta? Seis dólares. ¿Ropa interior? Cuatro dólares. ¿Un par de medias? Cuatro dólares. Si tenía que lavar nueve de estos, el precio total sería de... pucha, demasiado.
¿Qué hacer? Me encontraba en el séptimo día del viaje, y la ropa limpia se me acabaría pronto. ¡Tenía que encontrar una solución!
La primera idea fue la de comprar ropa nueva. ¡Seguramente comprar un par de polos, medias y calzoncillos no saldría tan caro! Ok, tenía que comprar más de un par, pero igual. Me ilusioné. Se venía una tarde libre en la escuela, y la idea era ir a un mercado indio. Seguro que podría comprar ropa ahí.
¿Una camiseta en el mercado indio? Cinco dólares. Tal vez no sería tan barato como pensaba...
Fue entonces que Edgar, el organizador local de la escuela, me comentó que en la hacienda estaba permitido lavar ropa en los baños. Que había una línea para secar ropa en la ducha. Así que ya pues. Me compré mi jabón en barra, y me alisté para lavar la ropa a mano.
Mi primera experiencia lavando ropa a mano fue algo tardía. Fue justamente el año pasado, en pleno Camino a Santiago. La lavada fue un desastre, recuerdo, la ropa quedó muy mal, y luego no la pude volver a usar. Esta vez debía ser diferente.
De vuelta en la hacienda, consideré mi estrategia. O lavaba juegos de ropa (dos polos, dos medias, dos calzoncillos), o lavaba tipos de ropa (todas las medias). Decidí optar por lo segundo, ya que se veía más sencillo. Y como lo que más me aterraba era quedarme sin ropa interior limpia, empecé por ahí.
Me ubiqué en el baño. Tenía la ducha, con la línea de ropa. Lavatorio. Water. Como era ducha, y no tina, sería imposible lavar la ropa ahí. En el water, pues no. Habría que lavar la ropa en el lavatorio.
Me acerqué... y descubrí que no tenía tapón. Genial.
¿Alguien dijo water?
Pensé: ¿qué haría un físico experimental en una situación así? Estaba claro que un físico teórico no resolvería nada. ¿Cómo acumular agua? Miré a mi alrededor... y vi la bolsa donde había venido el jabón. Ya pues.
Empecé a llenar el lavatorio, usando la bolsa para detener la salida del agua. Un poco rudimentario, pero funcionó. Metí las nueve piezas de ropa interior, junto con el jabón, y me dediqué a lavar. Y fue entonces que el lavatorio crujió.
La sangre se me heló. Por breves momentos recordé mi viaje de promoción, donde el lavatorio de mi habitación fue destruido (no pregunten). Podía imaginar este lavatorio cayendo en pedazos, y yo teniendo que pagar no solo el lavado de ropa, sino un lavatorio nuevo. No, imposible. Apoyé mi cuerpo en el lavatorio, de modo que balanceara la presión que ejercía al lavar. Y funcionó.
Hasta ese momento, todo bien. Los calzoncillos fueron lavados, por lo menos a un punto donde me parecía que estuvieran limpios. Drené el agua (o sea, saqué la bolsa), y los colgué. Para esto ya era la una de la madrugada, así que me fui a dormir inmediatamente.
Al día siguiente empezó la escuela normalmente. Al medio día, regresé a mi habitación, y descubrí que la ropa seguía tan mojada como cuando la colgué. Por supuesto. El baño no tenía ventilación alguna, y tampoco había ningún tipo de calefacción. Estaba en problemas, ya que sólo me quedaba una prenda limpia. Si no se secaba por lo menos un calzoncillo antes del día siguiente, tendría que recurrir a la estrategia de mi hermano, mejor conocida como "el dalevuelta."
Preocupado, abrí la puerta del baño al máximo, abrí la ventana de la habitación, y prendí la luz del baño. Situaciones desesperadas necesitaban soluciones desesperadas.
Esa noche, dejé ventilando las medias y el polo que había usado ese día. Como la ropa interior seguía ocupando espacio, no era factible lavar nada más esa noche. Tendría que re-usar algo de ropa en algún momento.
Afortunadamente, una pieza de ropa interior se secó justo a tiempo. La lavada de medias tampoco fue traumática, y se secaron bastante rápido. Un problema mayor fueron los polos.
Para empezar, descubrí lo mala que había sido mi estrategia inicial. Claro, lavar nueve calzoncillos o nueve pares de medias en un lavatorio pequeño no es difícil. Lavar nueve polos es otra cosa. Colgarlos tampoco era trivial, ya que una camiseta definitivamente ocupa más espacio. Así que nada, terminé con ropa colgada por todas partes. Bien ahí.
Pero funcionó. Al final, tuve que reciclar un par de medias, y dos camisetas, que la verdad no es nada trágico. La ropa se veía suficientemente limpia, y no noté que nadie se apartara de mi por malos olores, ni nada por el estilo. ¡Todo bien! ¡Había sobrevivido!
El último día, orgulloso, hice mi maleta, y me puse el último polo limpio que quedaba... y descubrí que olía a abombado.
Cha mare.
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jueves, 12 de febrero de 2015
Encontrando Coinquilinos
Bueno, ya les conté en el post anterior el lío en la búsqueda de piso. Ahora les contaré el lío en la búsqueda de coinquilinos.
Entré al nuevo piso a mediados de Diciembre. Mi idea inicial era estar un mes entero solo. En principio, la idea era ubicarme, asegurarme que todo estuviera más o menos bien antes de ofrecerlo... y bueno, también contaba con que Andrea me iba a venir a visitar por un par de semanas, y no quería empezar "incomodar" a los nuevos coinquilinos con mis huéspedes desde el día 1. Como en Diciembre nos dan "la grati," pues no sería tan terrible pagar un mes de renta yo solo.
Empecé la búsqueda a inicios del año. Puse avisos en Craigslist, páginas de Facebook, etcétera. Y esperé.
Y seguí esperando.
Los contactos iniciales fueron dos, los dos extranjeros. Monsieur Algeria, y Mister India.
Durante su visita, Monsieur Algeria no se mostró muy interesado en el piso. Daba la impresión que le parecía todo muy pequeño, y pensó que tendría problemas para dormir por el ruido de la calle (bienvenido a Lima, compadre). Se fue, pero luego de un par de días volvió a escribir, diciendo que sí estaba interesado. Vino otra vez para conversar, quedamos en firmar el contrato tres días después... y el mismo día de la firma, me escribió diciendo que lo había pensado mejor, y que no se mudaría.
Gracias, compadre.
Mister India fue bastante agradable. Le gustó lo que vio, eligió la habitación más barata, y me dijo que recién podría entrar a fin de Enero, ya que estaría de viaje. Yo le dije que le confirmaría alrededor de quincena. Todo bien. Cuando le escribí, ya cerca a la fecha que debería pagar la renta nuevamente, me topé con que Mister India no quería pagar depósito, y me empezó a negociar el precio de las habitaciones. Yo le dije que yo no estaba haciendo negocios acá, y que el precio de las habitaciones eran lo que eran. Cuando insistió en negociar, y puso como punto a favor suyo que pagaría la mensualidad por adelantado, decidí cortar comunicaciones.
Tuve otros tres contactos por correo electrónico, pero ninguno llegó a venir.
Pocos días antes de tener que pagar la mensualidad nuevamente, vino Australia, Mate. Miró, dijo que venía por un par de meses para juerguear en Lima, y no volvió. Cha mare.
Llegó entonces la segunda renta, y, esta vez sin grati, madre mía, me dolió en el alma.
Entonces me contactaron Le Petit Français y Mr Miami. Ambos fuera de Perú, pero interesados en el depa. Hablé por Skype con el primero, súper simpático. Venía por dos años a chambear en Lima, en San Isidro, pero con buena conexión con el piso. Pensé que lo había convencido de que viniera a vivir acá... pero nunca volví a escuchar de él.
Por otro lado, Mr Miami vendría unos cuatro meses a chambear en Lima. No respondía seguido, y no logramos a hablar por Skype. El día que se suponía llegaba a Lima, me escribió diciendo que había tenido que postergar su viaje por un mes. Genial.
También me escribió La Peroquebuenaqueestás, quién nunca se presentó a la fecha de la visita. Maldita.
Pasó una semana, y se acercó la tercera renta.
En eso, llamada telefónica. Otra persona. Peruana. Curiosamente, desde el primer intercambio, me di cuenta: ella sí viene. Vio el piso, le gustó, y a la semana firmamos contrato. Grande. Faltaba una habitación más. Ya casi.
Pasó otra semana. La tercera renta se acercaba más.
Me escribió She-Australia, Mate. Sonaba buena onda. No hablaba nada de castellano, pero sin problemas. Quedamos en que vendría un viernes.
El martes, me escribió un chico. Quería pasar a ver el depa inmediatamente. Le gustó, todos nos caímos bien, y vino al día siguiente para firmar contrato. ¡Genial! ¡Tenía coinquilinos! Y dos semanas antes de la tercera renta. ¡Uf!
Esperen, esperen.... esto ha sido demasiado estresante para descargarlo con un simple "¡Uf!". Vamos a probar otra vez:
¡¡¡¡¡UUUUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFAAAAAAAAAAAAAAAAAMadreMíaPeroQueEstrésGraciasADiositoLindoYALaVirgenSantaYALosEspíritusCósmicosYALosAntiguosEspíritusDelMalQueYaTodoEstáBienYVoyADejarDeEstarEnNúmerosRojosPeroQuéEstrésQuéEstrésCaray!!!!!
Y por supuesto, apenas llené el depa, empecé a recibir mensajes por todos lados de gente interesada en vivir en él. Ni se imaginan. Ley de Murphy total. Aún me llegan de vez en cuando mensajes, a pesar de haber borrado la oferta de Craigslist y otras páginas. ¡Cha mare! La Peroquebuenaqueestás volvió a escribir, y con todo el pesar de mi alma le tuve que decir que no, ya no. También cancelé a She-Australia, Mate, quien me volvió luego a escribir por otros medios, sin darse cuenta que era yo nuevamente.
Y eso. Ahora sí. Empieza la vida en Lima. Empieza el 2015. Es hora de hacer de esta ciudad mi hogar, nuevamente. A ver qué pasa.
Entré al nuevo piso a mediados de Diciembre. Mi idea inicial era estar un mes entero solo. En principio, la idea era ubicarme, asegurarme que todo estuviera más o menos bien antes de ofrecerlo... y bueno, también contaba con que Andrea me iba a venir a visitar por un par de semanas, y no quería empezar "incomodar" a los nuevos coinquilinos con mis huéspedes desde el día 1. Como en Diciembre nos dan "la grati," pues no sería tan terrible pagar un mes de renta yo solo.
Empecé la búsqueda a inicios del año. Puse avisos en Craigslist, páginas de Facebook, etcétera. Y esperé.
Y seguí esperando.
Los contactos iniciales fueron dos, los dos extranjeros. Monsieur Algeria, y Mister India.
Durante su visita, Monsieur Algeria no se mostró muy interesado en el piso. Daba la impresión que le parecía todo muy pequeño, y pensó que tendría problemas para dormir por el ruido de la calle (bienvenido a Lima, compadre). Se fue, pero luego de un par de días volvió a escribir, diciendo que sí estaba interesado. Vino otra vez para conversar, quedamos en firmar el contrato tres días después... y el mismo día de la firma, me escribió diciendo que lo había pensado mejor, y que no se mudaría.
Gracias, compadre.
Mister India fue bastante agradable. Le gustó lo que vio, eligió la habitación más barata, y me dijo que recién podría entrar a fin de Enero, ya que estaría de viaje. Yo le dije que le confirmaría alrededor de quincena. Todo bien. Cuando le escribí, ya cerca a la fecha que debería pagar la renta nuevamente, me topé con que Mister India no quería pagar depósito, y me empezó a negociar el precio de las habitaciones. Yo le dije que yo no estaba haciendo negocios acá, y que el precio de las habitaciones eran lo que eran. Cuando insistió en negociar, y puso como punto a favor suyo que pagaría la mensualidad por adelantado, decidí cortar comunicaciones.
Tuve otros tres contactos por correo electrónico, pero ninguno llegó a venir.
Pocos días antes de tener que pagar la mensualidad nuevamente, vino Australia, Mate. Miró, dijo que venía por un par de meses para juerguear en Lima, y no volvió. Cha mare.
Llegó entonces la segunda renta, y, esta vez sin grati, madre mía, me dolió en el alma.
Entonces me contactaron Le Petit Français y Mr Miami. Ambos fuera de Perú, pero interesados en el depa. Hablé por Skype con el primero, súper simpático. Venía por dos años a chambear en Lima, en San Isidro, pero con buena conexión con el piso. Pensé que lo había convencido de que viniera a vivir acá... pero nunca volví a escuchar de él.
Por otro lado, Mr Miami vendría unos cuatro meses a chambear en Lima. No respondía seguido, y no logramos a hablar por Skype. El día que se suponía llegaba a Lima, me escribió diciendo que había tenido que postergar su viaje por un mes. Genial.
También me escribió La Peroquebuenaqueestás, quién nunca se presentó a la fecha de la visita. Maldita.
Pasó una semana, y se acercó la tercera renta.
En eso, llamada telefónica. Otra persona. Peruana. Curiosamente, desde el primer intercambio, me di cuenta: ella sí viene. Vio el piso, le gustó, y a la semana firmamos contrato. Grande. Faltaba una habitación más. Ya casi.
Pasó otra semana. La tercera renta se acercaba más.
Me escribió She-Australia, Mate. Sonaba buena onda. No hablaba nada de castellano, pero sin problemas. Quedamos en que vendría un viernes.
El martes, me escribió un chico. Quería pasar a ver el depa inmediatamente. Le gustó, todos nos caímos bien, y vino al día siguiente para firmar contrato. ¡Genial! ¡Tenía coinquilinos! Y dos semanas antes de la tercera renta. ¡Uf!
Esperen, esperen.... esto ha sido demasiado estresante para descargarlo con un simple "¡Uf!". Vamos a probar otra vez:
¡¡¡¡¡UUUUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFAAAAAAAAAAAAAAAAAMadreMíaPeroQueEstrésGraciasADiositoLindoYALaVirgenSantaYALosEspíritusCósmicosYALosAntiguosEspíritusDelMalQueYaTodoEstáBienYVoyADejarDeEstarEnNúmerosRojosPeroQuéEstrésQuéEstrésCaray!!!!!
Y por supuesto, apenas llené el depa, empecé a recibir mensajes por todos lados de gente interesada en vivir en él. Ni se imaginan. Ley de Murphy total. Aún me llegan de vez en cuando mensajes, a pesar de haber borrado la oferta de Craigslist y otras páginas. ¡Cha mare! La Peroquebuenaqueestás volvió a escribir, y con todo el pesar de mi alma le tuve que decir que no, ya no. También cancelé a She-Australia, Mate, quien me volvió luego a escribir por otros medios, sin darse cuenta que era yo nuevamente.
Y eso. Ahora sí. Empieza la vida en Lima. Empieza el 2015. Es hora de hacer de esta ciudad mi hogar, nuevamente. A ver qué pasa.
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sábado, 17 de enero de 2015
Empezando en Lima
Supongo que les extrañará el título de este post, habiendo llegado a Lima hace ya medio año.
Mare meua! ¡Medio año! ¡Recién me doy cuenta!
Espérenme un ratito, después de esto necesito un momento zen.
...
Ya está. Okey, empecemos otra vez.
Supongo que les extrañará el título de este post, habiendo llegado a Lima hace ya medio año. La verdad es que en los primeros meses, al estar viviendo con mis padres y trabajando de 10 am a 1 am casi todos los días, no podía decir que estaba realmente en Lima. En todo este tiempo, no tuve la necesidad de enfrentarme a nada más traumático que el tráfico... que bueno, ya bastante traumático es.
Era hora de mudarme solo, de enfrentar una renta, de convivir con compañeros de piso, de organizar la compra de la comida, de organizar la limpieza, y muchos etcéteras más. Vamos, que era hora de realmente empezar una vida en Lima.
Inicialmente, mi idea era proceder como lo hice en Europa. Buscar una habitación en alquiler, con gente más o menos de mi edad, y ya está. No debería ser muy difícil, ¿no?
El problema es que esto de compartir piso no es tan común en Lima como me gustaría. El primer sitio que vi básicamente me mandaba al techo de la casa a ducharme, la habitación era raquítica, y la cocina no tenía espacio para almacenar mi propia comida. Fue muy decepcionante.
Otros sitios que encontré mas bien eran estudios, es decir, viviendas de una habitación con baño y cocina incorporados. También había habitaciones con familias, pero que no permitían el uso del espacio común de la vivienda. Y la verdad, yo no buscaba ninguna de estas cosas. Yo quería compartir piso.
Terco soy, pe.
De vez en cuando encontré habitaciones bastante interesantes, a muy buen precio. No obstante, como no recibía respuesta de las direcciones de correo asociadas, intuí que eran estafas, tipo las de Roma. Mala onda.
La verdad, no sé qué me hizo cambiar de opinión, y en vez de buscar habitación decidí buscar un piso entero. Claro, alquilaría el piso yo, y subarrendaría las habitaciones a gente altamente seleccionada. Bacán. Sí, medio arriesgado, pero por lo menos me aseguraría de la calidad del lugar.
Luego me topé con el tipo de pisos que están disponibles. La mayoría no eran realmente aptos para un subarriendo, las habitaciones secundarias por lo general eran tan pequeñas que sólo entraba una cama, y poco más. Otros, que sí eran más aceptables, por lo general tenían construcciones al lado, garantizando un ruido terrible.
Cha mare.
Fue entonces que me encontré con el piso ideal. Quedaba en la calle Alcanfores, y era perfecto para tres personas en mi misma nota. Este piso lo encontré a través de un corredor, y me dijo que hablaría con la dueña. Al día siguiente me dijo que todo bien, y que en cinco días se podría firmar al contrato, luego de conocer a la dueña.
El día D llegó, y llegué emocionado al trabajo, inusualmente bien vestido (desde mi punto de vista, por supuesto), con el fin de darle una buena impresión a la dueña. Revisé mi correo... y me llegó un mensaje del corredor. Me dijo que la dueña había cambiado de opinión, y que no le quería alquilar el piso a un peruano.
¿Perdón?
A ver... Cómo les cuento que la ironía del asunto no podía ser peor. Acá, que los cobradores de la combi me hablan en inglés... Acá, que los taxistas me cobran el doble que al resto... Acá, que generalmente soy blanco principal de los ladrones comunes... Acá, que generalmente tengo que aclarar "Jones, con jota, sin hache, tipo Indiana Jones" al dar mi apellido...
Acá, me acababan de negar un alquiler, por ser peruano.
Sí, me quedé mudo por un par de días. Y abandoné la búsqueda por un par de meses.
Ahora les escribo desde mi nuevo piso. Desde mi nuevo depa. La verdad, una vez que reanudé la búsqueda, lo encontré en menos de tres días. Mejor ubicado, y sin dueñas locas. Ya llevo un mes acá, y la verdad es que todo bien.
Ahora toca encontrar con quién vivir. Y tengo qué contar. Pero eso lo dejaré para la próxima entrada, con la esperanza que termine con un final feliz. ¡Hasta entonces!
Mare meua! ¡Medio año! ¡Recién me doy cuenta!
Espérenme un ratito, después de esto necesito un momento zen.
...
Ya está. Okey, empecemos otra vez.
Supongo que les extrañará el título de este post, habiendo llegado a Lima hace ya medio año. La verdad es que en los primeros meses, al estar viviendo con mis padres y trabajando de 10 am a 1 am casi todos los días, no podía decir que estaba realmente en Lima. En todo este tiempo, no tuve la necesidad de enfrentarme a nada más traumático que el tráfico... que bueno, ya bastante traumático es.
Era hora de mudarme solo, de enfrentar una renta, de convivir con compañeros de piso, de organizar la compra de la comida, de organizar la limpieza, y muchos etcéteras más. Vamos, que era hora de realmente empezar una vida en Lima.
Inicialmente, mi idea era proceder como lo hice en Europa. Buscar una habitación en alquiler, con gente más o menos de mi edad, y ya está. No debería ser muy difícil, ¿no?
El problema es que esto de compartir piso no es tan común en Lima como me gustaría. El primer sitio que vi básicamente me mandaba al techo de la casa a ducharme, la habitación era raquítica, y la cocina no tenía espacio para almacenar mi propia comida. Fue muy decepcionante.
Otros sitios que encontré mas bien eran estudios, es decir, viviendas de una habitación con baño y cocina incorporados. También había habitaciones con familias, pero que no permitían el uso del espacio común de la vivienda. Y la verdad, yo no buscaba ninguna de estas cosas. Yo quería compartir piso.
Terco soy, pe.
De vez en cuando encontré habitaciones bastante interesantes, a muy buen precio. No obstante, como no recibía respuesta de las direcciones de correo asociadas, intuí que eran estafas, tipo las de Roma. Mala onda.
La verdad, no sé qué me hizo cambiar de opinión, y en vez de buscar habitación decidí buscar un piso entero. Claro, alquilaría el piso yo, y subarrendaría las habitaciones a gente altamente seleccionada. Bacán. Sí, medio arriesgado, pero por lo menos me aseguraría de la calidad del lugar.
Luego me topé con el tipo de pisos que están disponibles. La mayoría no eran realmente aptos para un subarriendo, las habitaciones secundarias por lo general eran tan pequeñas que sólo entraba una cama, y poco más. Otros, que sí eran más aceptables, por lo general tenían construcciones al lado, garantizando un ruido terrible.
Cha mare.
Fue entonces que me encontré con el piso ideal. Quedaba en la calle Alcanfores, y era perfecto para tres personas en mi misma nota. Este piso lo encontré a través de un corredor, y me dijo que hablaría con la dueña. Al día siguiente me dijo que todo bien, y que en cinco días se podría firmar al contrato, luego de conocer a la dueña.
El día D llegó, y llegué emocionado al trabajo, inusualmente bien vestido (desde mi punto de vista, por supuesto), con el fin de darle una buena impresión a la dueña. Revisé mi correo... y me llegó un mensaje del corredor. Me dijo que la dueña había cambiado de opinión, y que no le quería alquilar el piso a un peruano.
¿Perdón?
A ver... Cómo les cuento que la ironía del asunto no podía ser peor. Acá, que los cobradores de la combi me hablan en inglés... Acá, que los taxistas me cobran el doble que al resto... Acá, que generalmente soy blanco principal de los ladrones comunes... Acá, que generalmente tengo que aclarar "Jones, con jota, sin hache, tipo Indiana Jones" al dar mi apellido...
Acá, me acababan de negar un alquiler, por ser peruano.
Sí, me quedé mudo por un par de días. Y abandoné la búsqueda por un par de meses.
Ahora les escribo desde mi nuevo piso. Desde mi nuevo depa. La verdad, una vez que reanudé la búsqueda, lo encontré en menos de tres días. Mejor ubicado, y sin dueñas locas. Ya llevo un mes acá, y la verdad es que todo bien.
Ahora toca encontrar con quién vivir. Y tengo qué contar. Pero eso lo dejaré para la próxima entrada, con la esperanza que termine con un final feliz. ¡Hasta entonces!
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jueves, 10 de julio de 2014
El Guiso de Lentejas y el Método Científico
"Tienes que probar mis lentejas, son famosas," le dije.
A ver. Yo, la verdad, no cocino mucho. Mi repertorio se restringe a menos de diez platos. Pero algo seguro es que aquellos platos que sí sé hacer, me salen bastante bien. Modestia aparte.
La última vez que Andrea estuvo por Valencia, le preparé mi pollo con salsa de mostaza. Y parece que le gustó. Así que nada, aprovechando que volvía a pasar por la ciudad, decidí que era hora de que probara mi guiso de lentejas. El único problema era que yo estaría asistiendo a la conferencia ICHEP, así que no tendría mucho tiempo para cocinar nada. Luego de considerarlo un momento, pensé que lo ideal sería preparar las lentejas antes de que ella llegara, y las calentaríamos apenas tuviéramos una noche libre.
La preparación fue exitosa. Le invité un poco a mis compañeros de piso, y confirmamos que el plato había salido bien. Separé una porción grande, y la metí inmediatamente en el refrigerador. Chévere.
Andrea llegó, y bueno, nos demoramos un poco en tener una noche libre. Al estar con ICHEP pendiente, salieron varias propuestas para cenar en la calle, y recién le prestamos atención al plato el lunes, cinco días después de la preparación. Saqué el guiso, y lo separé en dos porciones. Sobró un poco, que volvió al refrigerador, y el resto fue recalentado. Lo serví, y esperé a que me diera su opinión.
Su reacción inicial fue extraña. Por lo general la gente no espera mucho de mi cocina, y se sorprende bastante luego de la primera probada. En su caso, lo probó, y se quedó en silencio. Volvió a probarlo, y no dijo nada. Yo no sabía qué hacer, e intenté un "¿Qué te parece el sabor?" Ella respondió que estaba bien, pero inmediatamente me preguntó qué ingredientes había incluido.
Mencioné un par de ingredientes, pero no le di mucha importancia a su pregunta. Ella insistió, "Veo unas cosas blanquitas, con forma de media luna...." Yo seguí sin prestarle atención, "será el ajo," respondí. Ella no estaba tranquila, "¿seguro que es el ajo? hay mucho," contraatacó.
Fue entonces que miré mi plato de cerca. Y efectivamente, había bastantes pedacitos blancos, todos con la misma forma, como media luna. "Es verdad," le respondí, "inicialmente, al verlo, pensé que eran pedazos de tocino, pero no lo son, seguro que es ajo." Ella me siguió mirando, "¿estás seguro?"
Con esto, entendí lo que me estaba diciendo. Me levanté de la mesa, y mientras me dirigía a la cocina, le dije "No son gusanos."
Y no, no podían ser gusanos. Era cierto, eran todos pedacitos iguales, blanquitos, pero no eran gusanos. Seguro era ajo. Saqué la tabla de picar, puse un ajo, lo piqué, lo miré de cerca... y me di cuenta que las medias lunas no eran ajo.
¡Pero no podían ser gusanos! ¡No se estaban moviendo! Me negaba a creer que mi excelsa comida hubiera sido manchada de esa forma. Fue en eso que recordé que había sobrado una porción, que seguía en el refrigerador. Si esas medias lunas eran gusanos, entonces los encontraría vivos en la porción que no había recalentado. Saqué la porción, la miré de cerca, y encontré las medias lunas... y no se movían.
Esto me alivió, pero Andrea no estaba convencida. "No te preocupes," me dijo, "no es la primera vez que me pasa, ya antes he comido gusanos."
La verdad es que no supe cómo responder a esto, así que decidí no hacerlo.
Repasamos los ingredientes. No era ajo. Tampoco era cebolla. Menos el tocino. ¿Qué otra cosa había añadido? Tomates y pimientos... ¿podrían ser semillas de algunos de ellos? Miré las medias lunas de cerca nuevamente... no eran semillas.
¿Qué más? ¡Caldo de pollo! Tomé una de las pastillas, la trituré... y no encontré nada raro. ¿El pimentón? ¿El orégano? Igualmente, en los contenedores no había nada fuera de lo normal. Había también pasta de tomate, pero no tenía forma de comprobar que hubiera habido algún elemento extraño en ella. Pero vamos, la pasta de tomate viene en lata, y estas cosas duran mucho tiempo. "¿Y las lentejas," me preguntó Andrea, "¿las lavaste?" Yo le aseguré que había estado casi diez minutos lavando las lentejas, y que no había visto nada de gusanos en ellas.
Con esto, llegamos al final de la lista de ingredientes. Las medias lunas seguían sin ser identificadas. Miramos nuestros platos, y ninguno se atrevió a seguir comiendo. Pero el asunto no tenía sentido. Si los ingredientes estaban todos bien, y ni yo ni mis compañeros de piso habíamos visto ningún gusano cuando comimos las lentejas cinco días antes... eso significaba que los gusanos habrían salido del plato dentro de los cinco días que estuvo refrigerado... y no sólo eso, habrían salido y muerto al mismo instante, porque estas medias lunas no se estaban moviendo. ¿Qué demonios eran esas medias lunas?
Mi reflexión fue interrumpida por Andrea. "I'm sorry, Jones," me dijo, "Those are maggots." Se levantó con tristeza, llevó su plato a la cocina, y lo echó a la basura.
En ese momento, mi autoestima se fue al piso. ¿Era esto posible? Mi excelente plato de lentejas, ¿lleno de gusanos? Mientras escuchaba a Andrea lavar su plato y regresar a la sala, me quedé contemplando mi propio plato, preguntándome "¿por qué?".
Y entonces la vi. La lenteja. Esa lenteja. El pedazo de evidencia que necesitaba. Andrea se acercó para recoger mi plato, y le dije "¡Espera!" Tomé la lenteja, esa lenteja, y se la acerqué. La miramos de cerca. Y notamos que la lenteja, esa lenteja, no era un óvalo perfecto, como generalmente uno las imagina. Efectivamente, tenía una estructura no trivial. A un ladito de ella, asomándose tímidamente, salía una pequeña raíz. Tomé la raíz, la despegué de la lenteja, de esa lenteja, y vimos que la raíz era blanquita, con forma de media luna.
Andrea pasó hambre esa noche.
A ver. Yo, la verdad, no cocino mucho. Mi repertorio se restringe a menos de diez platos. Pero algo seguro es que aquellos platos que sí sé hacer, me salen bastante bien. Modestia aparte.
La última vez que Andrea estuvo por Valencia, le preparé mi pollo con salsa de mostaza. Y parece que le gustó. Así que nada, aprovechando que volvía a pasar por la ciudad, decidí que era hora de que probara mi guiso de lentejas. El único problema era que yo estaría asistiendo a la conferencia ICHEP, así que no tendría mucho tiempo para cocinar nada. Luego de considerarlo un momento, pensé que lo ideal sería preparar las lentejas antes de que ella llegara, y las calentaríamos apenas tuviéramos una noche libre.
La preparación fue exitosa. Le invité un poco a mis compañeros de piso, y confirmamos que el plato había salido bien. Separé una porción grande, y la metí inmediatamente en el refrigerador. Chévere.
Andrea llegó, y bueno, nos demoramos un poco en tener una noche libre. Al estar con ICHEP pendiente, salieron varias propuestas para cenar en la calle, y recién le prestamos atención al plato el lunes, cinco días después de la preparación. Saqué el guiso, y lo separé en dos porciones. Sobró un poco, que volvió al refrigerador, y el resto fue recalentado. Lo serví, y esperé a que me diera su opinión.
Su reacción inicial fue extraña. Por lo general la gente no espera mucho de mi cocina, y se sorprende bastante luego de la primera probada. En su caso, lo probó, y se quedó en silencio. Volvió a probarlo, y no dijo nada. Yo no sabía qué hacer, e intenté un "¿Qué te parece el sabor?" Ella respondió que estaba bien, pero inmediatamente me preguntó qué ingredientes había incluido.
Mencioné un par de ingredientes, pero no le di mucha importancia a su pregunta. Ella insistió, "Veo unas cosas blanquitas, con forma de media luna...." Yo seguí sin prestarle atención, "será el ajo," respondí. Ella no estaba tranquila, "¿seguro que es el ajo? hay mucho," contraatacó.
Fue entonces que miré mi plato de cerca. Y efectivamente, había bastantes pedacitos blancos, todos con la misma forma, como media luna. "Es verdad," le respondí, "inicialmente, al verlo, pensé que eran pedazos de tocino, pero no lo son, seguro que es ajo." Ella me siguió mirando, "¿estás seguro?"
Con esto, entendí lo que me estaba diciendo. Me levanté de la mesa, y mientras me dirigía a la cocina, le dije "No son gusanos."
Y no, no podían ser gusanos. Era cierto, eran todos pedacitos iguales, blanquitos, pero no eran gusanos. Seguro era ajo. Saqué la tabla de picar, puse un ajo, lo piqué, lo miré de cerca... y me di cuenta que las medias lunas no eran ajo.
¡Pero no podían ser gusanos! ¡No se estaban moviendo! Me negaba a creer que mi excelsa comida hubiera sido manchada de esa forma. Fue en eso que recordé que había sobrado una porción, que seguía en el refrigerador. Si esas medias lunas eran gusanos, entonces los encontraría vivos en la porción que no había recalentado. Saqué la porción, la miré de cerca, y encontré las medias lunas... y no se movían.
Esto me alivió, pero Andrea no estaba convencida. "No te preocupes," me dijo, "no es la primera vez que me pasa, ya antes he comido gusanos."
La verdad es que no supe cómo responder a esto, así que decidí no hacerlo.
Repasamos los ingredientes. No era ajo. Tampoco era cebolla. Menos el tocino. ¿Qué otra cosa había añadido? Tomates y pimientos... ¿podrían ser semillas de algunos de ellos? Miré las medias lunas de cerca nuevamente... no eran semillas.
¿Qué más? ¡Caldo de pollo! Tomé una de las pastillas, la trituré... y no encontré nada raro. ¿El pimentón? ¿El orégano? Igualmente, en los contenedores no había nada fuera de lo normal. Había también pasta de tomate, pero no tenía forma de comprobar que hubiera habido algún elemento extraño en ella. Pero vamos, la pasta de tomate viene en lata, y estas cosas duran mucho tiempo. "¿Y las lentejas," me preguntó Andrea, "¿las lavaste?" Yo le aseguré que había estado casi diez minutos lavando las lentejas, y que no había visto nada de gusanos en ellas.
Con esto, llegamos al final de la lista de ingredientes. Las medias lunas seguían sin ser identificadas. Miramos nuestros platos, y ninguno se atrevió a seguir comiendo. Pero el asunto no tenía sentido. Si los ingredientes estaban todos bien, y ni yo ni mis compañeros de piso habíamos visto ningún gusano cuando comimos las lentejas cinco días antes... eso significaba que los gusanos habrían salido del plato dentro de los cinco días que estuvo refrigerado... y no sólo eso, habrían salido y muerto al mismo instante, porque estas medias lunas no se estaban moviendo. ¿Qué demonios eran esas medias lunas?
Mi reflexión fue interrumpida por Andrea. "I'm sorry, Jones," me dijo, "Those are maggots." Se levantó con tristeza, llevó su plato a la cocina, y lo echó a la basura.
En ese momento, mi autoestima se fue al piso. ¿Era esto posible? Mi excelente plato de lentejas, ¿lleno de gusanos? Mientras escuchaba a Andrea lavar su plato y regresar a la sala, me quedé contemplando mi propio plato, preguntándome "¿por qué?".
Y entonces la vi. La lenteja. Esa lenteja. El pedazo de evidencia que necesitaba. Andrea se acercó para recoger mi plato, y le dije "¡Espera!" Tomé la lenteja, esa lenteja, y se la acerqué. La miramos de cerca. Y notamos que la lenteja, esa lenteja, no era un óvalo perfecto, como generalmente uno las imagina. Efectivamente, tenía una estructura no trivial. A un ladito de ella, asomándose tímidamente, salía una pequeña raíz. Tomé la raíz, la despegué de la lenteja, de esa lenteja, y vimos que la raíz era blanquita, con forma de media luna.
Andrea pasó hambre esa noche.
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miércoles, 16 de abril de 2014
Porcas Tallas
Pos na, llegó el momento de la verdad. Luego de tantos años de buen servicio, de seguirme fielmente en cada una de mis aventuras por Europa, decidí que era hora de cambiar a mis acompañantes.
Había que comprar ropa interior nueva.
La misión era sencilla. Ir a Nuevo Centro, y buscar alguna tienda que no se viera demasiado pretenciosa, ni demasiado tela. Y conseguir, qué se yo, unas seis piezas nuevas. Nada complicado.
Durante el camino, aproveché que el día estaba bastante bonito, y caminé por el Turia, que me llevaría directo a Nuevo Centro. Aproveché y llamé a mi madre, con quien no hablaba hacía un tiempo.
Luego de media hora de caminata, llegué a la tienda y le colgué a mi madre. Me dirigí a la zona de ropa interior, y me topé con el primer problema. La talla.
Por supuesto, la ropa interior estaba catalogada como S, M, L, XL, etc. Y por supuesto, en esos casos las medidas son súper ambiguas, lo que es M en una marca es S en otra. Ahora, tratándose de ropa interior, no creía posible que me dejaran probar alguna.
Tomé un paquete, y le di la vuelta. Genial, había una traducción. Y evidentemente, no podía ser más complicada.
La talla M, por ejemplo, es 5 en Europa, pero pasa como 48-50 en Holanda y Alemania. Esa misma talla, en España, aparentemente es un 40-42. Y luego en Reino Unido había otra serie de numeritos.
Cha mare. Yo, que con las justas me acuerdo la talla en Perú, luego de tantos números, quedé más perdido que Mister Spock en el puerto de Mos Eisley.
Miré mi teléfono, y recordé a mi madre. Mi madre, como toda buena madre, sabe mis tallas hasta en Japón. Pero no, esta misión la debía resolver yo solo.
Por supuesto, terminé en el baño de Nuevo Centro, revisando la talla de mi ropa interior actual. Y ¡oh sorpresa! descubrí que mi ropa interior estaba tan vieja, que la talla ya no se leía.
Qué vergüenza...
Pues nada, como soy muy listo, decidí revisar la talla de mi pantalón. Y ¡oh sorpresa! el pantalón que llevaba en ese momento no indicaba ninguna talla.
Cha mare.
El paso siguiente fue ir a la tienda en mención, y buscar alguna prenda que no fuera ropa interior, que me pudiera probar. Encontré unos shorts, y cogí tres tallas distintas. ¡Alguna tenía que funcionar! Dai!
Como era de esperarse, una talla me quedó. No me pregunten qué talla exacta era, ni me acuerdo. Pero vamos, M. Funcionaba. Regresé a la ropa interior, y compré dos paquetes, con un tipo distinto cada uno. En la variedad está el gusto, dicen.
Espero que la tienda borre regularmente lo que graban las cámaras de seguridad, porque si no... qué vergüenza....
¿Qué pasó al final? Pues, claro, uno de los paquetes me quedó perfecto, y el otro no. A pesar de ser de la misma marca. Italiana tenía que ser.
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