Llegué a la cena un poco tarde. Se trataba de la despedida de una practicante de la empresa de la novia. La practicante era una chica francesa, creo que de 19 años, que estuvo chambeando en Lima por unos meses.
Acabada la cena, la novia, como buena jefa, dio un breve discurso. Le dijo que estaba contenta con su chamba, con su forma de integrarse y tal. Yo miraba a la novia mientras hablaba (por supuesto) pero, una vez terminado el discurso, al girar para mirar a la practicante, vi que estaba hecha un mar de lágrimas.
Y algo se movió en mi subconsciente.
Acabada la cena, la chica se despidió de los otros miembros de la empresa, y las lágrimas brotaban y brotaban. Yo no tenía mucho que ver en el tema, pero al observar la situación, empecé a recordar.
¿Cuándo fue la última vez que había tenido una despedida así de emotiva?
Supongo que dejar Valencia, en el 2010, fue cosa seria. Mi vida cambió completamente en esa ciudad, y aún recuerdo ese último mes como si hubiera sido un hecho reciente. La última noche terminamos en Radio City, y fue ahí que me despedí de todos.
Luego, el dejar Roma en el 2011, el dejar Ginebra en el 2014, fueron momentos emotivos, pero no tan fuertes. Incluso, creo que dejar Valencia en el 2010 no llegó a ser tan emotivo como lo fue dejar Cambridge, en el 2006. Para el 2010, además de los adioses dados en Cambridge, también tenía los adioses en Padova en el 2007, los de Würzburg en el 2008, y los de Ginebra en el 2010. Entonces uno como que se va acostumbrando, y resulta que cada vez duelen menos.
Valencia fue especial en el 2010 por todo lo vivido, pero la despedida que me agarró más fuerte, tal vez de forma similar a la despedida de la practicante, probablemente fue la de Cambridge. En esa época no sólo me despedía de buenos amigos como Nicole, Oliver, Bianca y Forrest, pero creo que también, sin saberlo, me despedía de quien había sido desde 1980.
Y fue con esa despedida, y con el inicio de una nueva vida, que empezó este blog. Sí, el blog oficialmente nació en el 2008, hace 10 años, pero venía de una serie de correos electrónicos masivos que empezaron junto con mi llegada a Valencia.
¿Qué era El Vacío Metaestable? Básicamente representaba un estado de la vida donde uno tiene una base, un punto de equilibrio, aparente. Una base que no es permanente, que puede cambiar eventualmente. Y esa idea representaba muy bien mi vida como doctorando, y luego como posdoc, y probablemente no esté muy lejos de mi vida actual como profesor de la PUCP.
¿Y qué onda con este blog, diez años después? Hoy en día, paso mi tiempo con alumnos, o lidiando con burocracia universitaria, o interactuando con la novia. Y el problema no es que no tenga cosas que contar (¡Hombre! ¡Si supieran!), el problema es que no las puedo contar. Por ética, y cosas por el estilo.
Lo de la novia, bueno, no lo cuento porque de hacerlo me echa de la casa, ustedes me entienden.
Entonces algo tiene que cambiar. Ya no es factible escribir un post al mes, porque la mayoría de cosas no pueden ser públicas. Y el resto de cosas, pues no son tan bacanes. Creo que me metí en las clases de fotografía, y en las de japonés, simplemente para tener cosas de qué escribir. Al final termina siendo un estrés estar llegando a fin de meses, y preocuparme porque no tengo historias. Y las que escribo, pues no me satisfacen tanto.
Así que finito. Hasta acá llegamos. No sé qué quiero decir con esto, pero lo que va a ocurrir es que ya no voy a escribir una vez al mes. Me gustaría seguir escribiendo, pero no sé si lo que quiero es simplemente disminuir la frecuencia de los posts, o escribir de otras cosas. Con el tiempo nos enteraremos.
Me parece apropiado escribir esto desde Würzburg (estoy haciendo una breve estancia acá). Llegué a esta ciudad en el 2008 solamente sabiendo decir Schnabeltier, y bueno, diez años después, supongo que la experiencia adquirida se revela en mis nuevas palabras / frases: Kugelblitz, Super Affen Titten Turbo Geil, Schickimicki Heisse Liebe, Was zum Geier meinst du?, Pfannkugengesicht, y el fantástico Hähnchenbrustfiletroulade.
Anyway, más seriamente, fue en esta ciudad donde empezó la idea de juntar los posts en un blog. Creo que es una simpática coincidencia terminar el blog en el mismo sitio.
A presto.
Mostrando las entradas con la etiqueta Valencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Valencia. Mostrar todas las entradas
sábado, 21 de julio de 2018
viernes, 29 de julio de 2016
Dos Años Después
Hoy desperté en un charco de sudor. Miré a mi lado, y la novia pasaba por el mismo problema. La temperatura, como siempre en Julio, era insoportable.Evidentemente, no me encontraba en Lima.
***
Hace ya dos años decidí dejar Europa. No "volví" a Lima, sino más bien me dirigí hacia allá para empezar una nueva aventura. Y salió bien.
Me incorporé a la PUCP, y ahora trabajo como Profesor Investigador. Tengo cuatro estudiantes de Maestría, y uno de Licenciatura y, si todo sale bien, llevará a cinco tesis, y cinco papers. Además, en este tiempo me he preparado para dictar cinco cursos, tres en Maestría (Teoría Cuántica de Campos 1 y 2, además de Supersimetría), uno en Pregrado (Mecánica Cuántica) y uno en Estudios Generales (el terrible IFU).
Por el lado personal, me he re-encontrado con viejos amigos, y he conocido nuevos. Veo a mi familia al menos una vez a la semana, y no he vuelto a usar Skype. Además, las cosas sentimentales han evolucionado favorablemente, al punto que me he mudado con la novia.
Llegando el segundo aniversario de mi mudanza a Lima, estaba claro que tenía que hacer algo especial. Y como soy súper consistente, no encontré nada mejor que escapar a Europa.
La idea salió al encontrar unos proyectos BAYLAT, de cooperación entre Alemania y Latinoamérica. Formulé un proyecto junto con Werner, y obtuvimos el financiamiento. Él y un alumno vinieron a Lima a inicios de año, y hace semana y media estuve allá, en Würzburg.
Por supuesto, yo también viajé con un alumno. Aprovechando el financiamiento que el Estado le da a los estudiantes de Maestría, lo envié a una escuela en Hamburgo, para que luego me alcance en Würzburg. Tengo que admitir que andaba medio preocupado, mi estudiante entiende inglés, pero en escritura y expresión oral es más malo que un futbolista peruano hablando castellano. Tengo entendido que no era el último, y que en la universidad habían apuestas a ver dónde exactamente se perdía. Fue un alivio encontrarlo en la estación de Würzburg, a salvo.
La semana de trabajo fue intensa, pero provechosa. Resolvimos cuestiones importantes en el código, cosa que probablemente no habríamos hecho desde lejos. Se durmió poco, por mi lado habrán sido unas cuatro o cinco horas diarias.
También hablé un poco más con mi estudiante. Fue muy gracioso verlo cometer tonterías similares a las que cometí yo cuando viajé por primera vez fuera de Lima. El momento facepalm fue cuando me consultó si los alemanes sólo usaban agua caliente para ducharse, ya que no había visto cómo cambiar la temperatura de la ducha. Resulta que en Würzburg usan unas llaves de agua distintas, y al buen estudiante no se le ocurrió girarlas.
Estuve a punto de sugerirle que abriera un blog, pero la verdad es que no quiero competencia.
***
Y nada. El último día en Würzburg me encontré con la novia. Viajamos a Münich, y encontramos a mis antiguos compañeros de piso de Valencia: Herr Deutschland, ODD y la Tedesca Pazza. También me vi con el buen Martin y Adeline, con La Portuguesa Borracha de Ginebra, y con David y familia. Muy bonito, salchicha y cerveza constante, para desayuno, almuerzo y cena.
Más aún, de Münich volamos a Valencia. Nos alojamos donde Paola, y logramos a ver a casi todos los que siguen ahí: Paula y familia, Neus, Roberto, Pablo, Felip, Andrew, Oscar... Le mostré la ciudad a la novia, y nos la pasamos tragando todo el día: paella, tinto de verano, horchata, y todas esas cosas buenas de por ahí.
Y fue entonces que llegó el día de hoy, que despertamos empapados de sudor, como es normal en Valencia en Julio. Y era el día en el que dejé Valencia, nuevamente. Ahora les escribo desde Madrid, y en breve estaremos de vuelta en Lima.
Es un regreso medio melancólico. Porque, seamos honestos, en Alemania y en España se vive súper bien. Würzburg, Münich, Valencia, Madrid, son todas ciudades maravillosas, y dejarlas, como siempre, es un tema.
Volver a Lima implica volver a varias cosas negativas. Lima es una ciudad violenta, gente, no sólo por el tema del crimen, sino por cómo nos tratamos, por cómo, por lo general, no existe un pensamiento a favor de la sociedad. Llegar a esto luego de dos semanas idílicas no es fácil.
No obstante, por supuesto, se vuelve a Lima porque hay cosas positivas. Y sí, están los amigos y la familia y la nueva vida con la novia, pero además se pueden lograr cambios muy grandes en esta ciudad. Se pueden lograr cambios grandes en el Perú, incluso.
Y no sólo hablo de desarrollar la física nacional, de eso creo haber hablado antes. Ahora hablo también de la posibilidad de mejorar la sociedad. Hoy en Perú se están dando cambios muy grandes, hay movimientos importantes a favor de la igualdad de derechos, en contra del sexismo, en contra de la porquería del populismo autoritario fujimorista. Y cada uno de nosotros cuenta, y la verdad es que es muy bonito ser parte de eso también.
Así que nada, a tomar el vuelo de vuelta pasado mañana, y a seguir adelante, y a mirar con esperanza no sólo los próximos dos años en Lima, sino toda una vida nueva.
Ojalá sea así.
Labels:
Perú,
Valencia,
Viajes de Trabajo,
Würzburg
miércoles, 26 de agosto de 2015
Rumbo a Machu Picchu
Llegamos a Cuzco. Luego de encontrarnos en Lima, Andrew, Paola y yo estábamos listos para empezar el camino Inca a Machu Picchu.
Por supuesto, antes de comenzar el recorrido había que acostumbrarse a la altura. El plan era llegar a Cuzco un viernes, hacer turismo por un par de días, e iniciar la caminata el lunes.
Una de las cosas más curiosas del turismo en Cuzco es la gran variedad de guías que uno encuentra. Desde el guía 'estándar' de Ollantaytambo, hasta aquel con cara de asesino en serie de Coricancha, cada tour dejó anécdotas graciosas involucrando al guía.
Por supuesto, este comentario excluye al guía de Sacsayhuamán.
La última vez que estuve en Sacsayhuamán fue en el 2014, cuando viajé a Cuzco para el matri de la Monse. Esa vez, tuve un guía fantástico, que me explicó con lujo de detalles la estructura del lugar.
Esta vez, las cosas fueron un poco distintas. El guía nos juntó, y empezó a explicar la historia de Sacsayhuamán... pero la notamos un poco tergiversada. Empezó diciendo que la gente del Cuzco inicialmente vivió en la zona del lago Titicaca, pero que en esa época el lago se encontraba a 200 metros sobre el nivel del mar. Luego, vamos, se juntaron las placas tectónicas, y de un momento a otro los habitantes se encontraron a 4000 metros.
Bien ahí.
Estos habitantes decidieron mudarse, porque aparentemente a esa altura sus técnicas agrícolas no funcionaban. Afortunadamente, en la zona de Cuzco encontraron poblaciones que sí sabían cultivar la tierra, y aprendieron de ellas. Lo que no explicó era si eso ocurrió porque los otros pueblos eran más capos en agricultura, o porque Cuzco siempre estuvo a más de 3000 metros.
Decidimos no preguntarle.
Luego empezó a afirmar que Sacsayhuamán tenía más de 50 000 años (sí, cincuenta mil, leyeron bien), y que la piedra fue labrada con herramientas de platino. Que los españoles, celosos de esta gran tecnología, le echaron tierrita a toda la construcción, para desprestigiar a la cultura Inca.
Ajá.
Luego empezó a mezclar mitología andina con religión cristiana, metiendo simbolismos europeos por doquier. Y de ahí, empezó a hablar pestes de los científicos, pobres ignorantes orgullosos que se resistían a aceptar las pruebas evidentes de que los Incas eran casi Super Saiyajines.
Decidimos no decirle que los tres eramos científicos. Vamos, que como físicos de partículas no somos capaces de distinguir una piedra de un lanzón monolítico, pero seguro nos odiaría igual.
Luego nos miró a los ojos, y nos dijo que era chamán.
Eso explicaba todo. Estaba aún más claro que debíamos escapar cuanto antes.
Resignados, le dimos nuestro dinero, con la condición de que se calle y nos deje ir. No le debe haber hecho mucha gracia, pero tomó nuestro dinero de todas formas. Maldito.
Luego de escapar, nos dirigimos a Tambomachay y Pukapukara. No obstante, no nos sentíamos del todo seguros. Era como si el guía chamán nos persiguiera, transformado en puma, cóndor o serpiente, listo para echarnos una maldición encima en el momento que mostráramos nuestro background científico.
Regresamos a Cuzco, almorzamos con una amiga mía, y procedimos a descansar. Al día siguiente partiríamos a Ollantaytambo, y empezaríamos el camino Inca.
Esa noche, cumplimos la tradición: mientras Paola iba a misa, Andrew y yo nos juntamos en búsqueda de alcohol. Hacía frío, así que cogí mi chaqueta del CERN, que es muy abrigadora.
En ese momento, escuché un rugido cósmico: por haberme puesto la chaqueta, el chamán descubrió que yo era un sucio científico. Por un momento sentí una maldición caer sobre mi, pero, por supuesto, la ignoré.
Esa noche, al cambiarme, descubrí los efectos de la maldición. Estaba lleno de ronchas. Me había dado una especie de alergia, justamente unas horas antes de emprender el camino Inca. ¡Malvado chamán! ¡Quería impedir que llegara a la Ciudad Sagrada de los Incas!
Afortunadamente, la medicina moderna es más poderosa que la magia negra, y con un antihistamínico bastó. Tal vez haya estado un poco somnoliento en Machu Picchu, pero triunfamos.
Fue bravazo, gente. No se lo pierdan.
Por supuesto, antes de comenzar el recorrido había que acostumbrarse a la altura. El plan era llegar a Cuzco un viernes, hacer turismo por un par de días, e iniciar la caminata el lunes.
Una de las cosas más curiosas del turismo en Cuzco es la gran variedad de guías que uno encuentra. Desde el guía 'estándar' de Ollantaytambo, hasta aquel con cara de asesino en serie de Coricancha, cada tour dejó anécdotas graciosas involucrando al guía.
Por supuesto, este comentario excluye al guía de Sacsayhuamán.
La última vez que estuve en Sacsayhuamán fue en el 2014, cuando viajé a Cuzco para el matri de la Monse. Esa vez, tuve un guía fantástico, que me explicó con lujo de detalles la estructura del lugar.
Esta vez, las cosas fueron un poco distintas. El guía nos juntó, y empezó a explicar la historia de Sacsayhuamán... pero la notamos un poco tergiversada. Empezó diciendo que la gente del Cuzco inicialmente vivió en la zona del lago Titicaca, pero que en esa época el lago se encontraba a 200 metros sobre el nivel del mar. Luego, vamos, se juntaron las placas tectónicas, y de un momento a otro los habitantes se encontraron a 4000 metros.
Bien ahí.
Estos habitantes decidieron mudarse, porque aparentemente a esa altura sus técnicas agrícolas no funcionaban. Afortunadamente, en la zona de Cuzco encontraron poblaciones que sí sabían cultivar la tierra, y aprendieron de ellas. Lo que no explicó era si eso ocurrió porque los otros pueblos eran más capos en agricultura, o porque Cuzco siempre estuvo a más de 3000 metros.
Decidimos no preguntarle.
Luego empezó a afirmar que Sacsayhuamán tenía más de 50 000 años (sí, cincuenta mil, leyeron bien), y que la piedra fue labrada con herramientas de platino. Que los españoles, celosos de esta gran tecnología, le echaron tierrita a toda la construcción, para desprestigiar a la cultura Inca.
Ajá.
Luego empezó a mezclar mitología andina con religión cristiana, metiendo simbolismos europeos por doquier. Y de ahí, empezó a hablar pestes de los científicos, pobres ignorantes orgullosos que se resistían a aceptar las pruebas evidentes de que los Incas eran casi Super Saiyajines.
Decidimos no decirle que los tres eramos científicos. Vamos, que como físicos de partículas no somos capaces de distinguir una piedra de un lanzón monolítico, pero seguro nos odiaría igual.
Luego nos miró a los ojos, y nos dijo que era chamán.
Eso explicaba todo. Estaba aún más claro que debíamos escapar cuanto antes.
Resignados, le dimos nuestro dinero, con la condición de que se calle y nos deje ir. No le debe haber hecho mucha gracia, pero tomó nuestro dinero de todas formas. Maldito.
Luego de escapar, nos dirigimos a Tambomachay y Pukapukara. No obstante, no nos sentíamos del todo seguros. Era como si el guía chamán nos persiguiera, transformado en puma, cóndor o serpiente, listo para echarnos una maldición encima en el momento que mostráramos nuestro background científico.
Regresamos a Cuzco, almorzamos con una amiga mía, y procedimos a descansar. Al día siguiente partiríamos a Ollantaytambo, y empezaríamos el camino Inca.
Esa noche, cumplimos la tradición: mientras Paola iba a misa, Andrew y yo nos juntamos en búsqueda de alcohol. Hacía frío, así que cogí mi chaqueta del CERN, que es muy abrigadora.
En ese momento, escuché un rugido cósmico: por haberme puesto la chaqueta, el chamán descubrió que yo era un sucio científico. Por un momento sentí una maldición caer sobre mi, pero, por supuesto, la ignoré.
Esa noche, al cambiarme, descubrí los efectos de la maldición. Estaba lleno de ronchas. Me había dado una especie de alergia, justamente unas horas antes de emprender el camino Inca. ¡Malvado chamán! ¡Quería impedir que llegara a la Ciudad Sagrada de los Incas!
Afortunadamente, la medicina moderna es más poderosa que la magia negra, y con un antihistamínico bastó. Tal vez haya estado un poco somnoliento en Machu Picchu, pero triunfamos.
Fue bravazo, gente. No se lo pierdan.
viernes, 1 de agosto de 2014
Introducción a la Aerofobia
Pos na. Estaba listo para partir. Había logrado empacar todo en tres maletas, y había regalado lo poco que no podía llevar conmigo. Nuevamente, era hora de dejar Valencia.
Llegué al aeropuerto mucho más temprano de lo necesario, y luego de ser asaltado por Iberia (para variar), logré chequear mis tres maletas. Esta vez no quería hacer un drama, y en vez de mandar mensajes de texto de despedida a todos mis amigos cercanos, me quedé leyendo y pensando en otra cosa.
Fue entonces que anunciaron el embarque de mi vuelo. Pos na. Vamos a Perú, familia. El avión era pequeño, de esos que tienen hélices grandes en las alas. Embarqué, coloqué mi equipaje de mano, botella de horchata, y botella de mistela en el compartimento apropiado, y esperé al despegue. Esta vez, no habría drama. Sabía que volvería a Valencia.
El vuelo salió sin problemas, y tuve la suerte de tener la ventana en una ubicación apropiada para darle un vistazo más a la ciudad. Ahí estaba mi río Turia, ahí estaba mi Bioparc, mi Campanar, mi estación de autobuses, mi Ruzafa, mi plaza de toros, mi Plaza del Ayuntamiento, mi Miguelete, mi Barrio del Carmen, mis Torres de Serrano, mi piso, mis Jardines de Viveros, mi Mestalla, mi Ciudad de las Artes y Ciencias, mi playa, mi puerto, mi Mediterráneo, mi Albufera...
Mi Valencia.
Pero no haría drama. Basta con el drama del 2010, cuando dejé la ciudad por primera vez. Suficiente. Decidí dormir un poco, así que apoyé mi cabeza en la ventana, cerré los ojos, y dejé que el ruido del motor me adormezca.
Habré dormido unos 15 minutos, cuando en eso sentí que el ruido del motor se detuvo. Me desperté inmediatamente, justo para sentir que el avión dejaba de volar en línea recta. Luego de una pequeña sacudida, empezamos a volar en diagonal. Esperando lo peor, miré por la ventana, y descubrí que la hélice en el ala se empezaba a detener.
Chesu.
Me mantuve en silencio. Aparentemente, no todos se habían dado cuenta que el motor se había detenido, y no quería empezar una histeria. Aparentemente, las azafatas sí se habían dado cuenta, y para distraer a la gente, empezaron a ofrecer los productos del Duty Free.
Vamos, o era para distraer a la gente, o era para exprimir los últimos euros que tuviéramos antes de morir.
Habrán sido cinco - diez minutos de pequeñas sacudidas, mientras el piloto aparentemente intentaba volar el avión con solo un motor. Parecieron cinco - diez años. Mientras tanto, evalué prender mi celular y enviar todos los mensajitos de texto que no había enviado una hora antes. Pero vamos, había decidido que no habría drama esta vez, así que me quedé quieto, y confié en el piloto.
Fue entonces que el piloto se dirigió a los pasajeros. Que teníamos una avería, hombre. Que nos regresábamos a Valencia.
Okey, mire usted, yo realmente quería regresar a Valencia, pero no era necesario cumplir mi deseo tan pronto.
La verdad, el regreso no fue traumático. Aparentemente el piloto había decidido ya regresar a Valencia desde que empezó la avería, así que aterrizamos muy poco tiempo después de su anuncio. Lo increíble fue que luego de aterrizar, pasó menos de media hora antes que nos embarcaran en otro avión.
A ver, ya sé que le dije que no era necesario que volviera a Valencia tan pronto, ¡pero por lo menos deme una hora para recuperarme del trauma!
Pos no. A volar otra vez. A un avión más grande, de esos que no tienen hélices grandes en las alas. Esta vez todos le prestamos atención a las indicaciones de seguridad. Y de ahí a despegar, y nuevamente a pasar por la despedida, mira, mi Turia, mi Bioparc, mi pucha que me malograron mi momento feeling, 'ta mare.
Tengo que admitir que, a pesar que esta vez no falló ningún motor, este vuelo fue tan traumático como el anterior. Porque no sé de dónde habrán sacado el avión, pero todo crujía. En la acelerada, crujió, en el despegue, madre mía si no crujió, al llegar a la altura máxima, crujió, todo el vuelo se la pasó crujiendo el condenado avión. Y con el trauma del vuelo anterior, pues uno no podía quedarse tranquilo. Uno empezaba a imaginar cómo usaría el asiento como planeador, y cómo usarlo para amortiguar el impacto, si es que en eso una de esas crujidas se ponía seria. Fue horrible.
Y la aterrizada... pucha. Como este avión era más grande, volamos más alto. Si ya con el avión pequeño empezábamos a aterrizar poco tiempo después de llegar a la altura máxima, en este caso empezamos a aterrizar muy tarde. Creo. Porque esa es la única explicación que le encuentro a los espantoso que fue el aterrizaje. Evidentemente íbamos muy rápido, el avión crujió como nunca, la rueda hizo un ruido que nunca antes había escuchado, y cuando giramos para cambiar de pista me sentí como si estuviera en una combi en carrera.
Fue entonces que entendí por qué la Supernena se vuelve religiosa cuando toma aviones.
Pero llegamos a Madrid. Vivos. Pálidos, con el estómago hecho trizas, con ganas de ir a comprar rosarios, pero vivos.
Anyway. Ahora me encuentro en Perú. En la PUCP. Contratado y todo, y empezando a dar clases a fines de Agosto. La aventura europea realmente acabó, y gracias a Diosito lindo logré llegar a Lima vivito y coleando, para empezar así la nueva aventura peruana.
Ya les cuento.
Llegué al aeropuerto mucho más temprano de lo necesario, y luego de ser asaltado por Iberia (para variar), logré chequear mis tres maletas. Esta vez no quería hacer un drama, y en vez de mandar mensajes de texto de despedida a todos mis amigos cercanos, me quedé leyendo y pensando en otra cosa.
Fue entonces que anunciaron el embarque de mi vuelo. Pos na. Vamos a Perú, familia. El avión era pequeño, de esos que tienen hélices grandes en las alas. Embarqué, coloqué mi equipaje de mano, botella de horchata, y botella de mistela en el compartimento apropiado, y esperé al despegue. Esta vez, no habría drama. Sabía que volvería a Valencia.
El vuelo salió sin problemas, y tuve la suerte de tener la ventana en una ubicación apropiada para darle un vistazo más a la ciudad. Ahí estaba mi río Turia, ahí estaba mi Bioparc, mi Campanar, mi estación de autobuses, mi Ruzafa, mi plaza de toros, mi Plaza del Ayuntamiento, mi Miguelete, mi Barrio del Carmen, mis Torres de Serrano, mi piso, mis Jardines de Viveros, mi Mestalla, mi Ciudad de las Artes y Ciencias, mi playa, mi puerto, mi Mediterráneo, mi Albufera...
Mi Valencia.
Pero no haría drama. Basta con el drama del 2010, cuando dejé la ciudad por primera vez. Suficiente. Decidí dormir un poco, así que apoyé mi cabeza en la ventana, cerré los ojos, y dejé que el ruido del motor me adormezca.
Habré dormido unos 15 minutos, cuando en eso sentí que el ruido del motor se detuvo. Me desperté inmediatamente, justo para sentir que el avión dejaba de volar en línea recta. Luego de una pequeña sacudida, empezamos a volar en diagonal. Esperando lo peor, miré por la ventana, y descubrí que la hélice en el ala se empezaba a detener.
Chesu.
Me mantuve en silencio. Aparentemente, no todos se habían dado cuenta que el motor se había detenido, y no quería empezar una histeria. Aparentemente, las azafatas sí se habían dado cuenta, y para distraer a la gente, empezaron a ofrecer los productos del Duty Free.
Vamos, o era para distraer a la gente, o era para exprimir los últimos euros que tuviéramos antes de morir.
Habrán sido cinco - diez minutos de pequeñas sacudidas, mientras el piloto aparentemente intentaba volar el avión con solo un motor. Parecieron cinco - diez años. Mientras tanto, evalué prender mi celular y enviar todos los mensajitos de texto que no había enviado una hora antes. Pero vamos, había decidido que no habría drama esta vez, así que me quedé quieto, y confié en el piloto.
Fue entonces que el piloto se dirigió a los pasajeros. Que teníamos una avería, hombre. Que nos regresábamos a Valencia.
Okey, mire usted, yo realmente quería regresar a Valencia, pero no era necesario cumplir mi deseo tan pronto.
La verdad, el regreso no fue traumático. Aparentemente el piloto había decidido ya regresar a Valencia desde que empezó la avería, así que aterrizamos muy poco tiempo después de su anuncio. Lo increíble fue que luego de aterrizar, pasó menos de media hora antes que nos embarcaran en otro avión.
A ver, ya sé que le dije que no era necesario que volviera a Valencia tan pronto, ¡pero por lo menos deme una hora para recuperarme del trauma!
Pos no. A volar otra vez. A un avión más grande, de esos que no tienen hélices grandes en las alas. Esta vez todos le prestamos atención a las indicaciones de seguridad. Y de ahí a despegar, y nuevamente a pasar por la despedida, mira, mi Turia, mi Bioparc, mi pucha que me malograron mi momento feeling, 'ta mare.
Tengo que admitir que, a pesar que esta vez no falló ningún motor, este vuelo fue tan traumático como el anterior. Porque no sé de dónde habrán sacado el avión, pero todo crujía. En la acelerada, crujió, en el despegue, madre mía si no crujió, al llegar a la altura máxima, crujió, todo el vuelo se la pasó crujiendo el condenado avión. Y con el trauma del vuelo anterior, pues uno no podía quedarse tranquilo. Uno empezaba a imaginar cómo usaría el asiento como planeador, y cómo usarlo para amortiguar el impacto, si es que en eso una de esas crujidas se ponía seria. Fue horrible.
Y la aterrizada... pucha. Como este avión era más grande, volamos más alto. Si ya con el avión pequeño empezábamos a aterrizar poco tiempo después de llegar a la altura máxima, en este caso empezamos a aterrizar muy tarde. Creo. Porque esa es la única explicación que le encuentro a los espantoso que fue el aterrizaje. Evidentemente íbamos muy rápido, el avión crujió como nunca, la rueda hizo un ruido que nunca antes había escuchado, y cuando giramos para cambiar de pista me sentí como si estuviera en una combi en carrera.
Fue entonces que entendí por qué la Supernena se vuelve religiosa cuando toma aviones.
Pero llegamos a Madrid. Vivos. Pálidos, con el estómago hecho trizas, con ganas de ir a comprar rosarios, pero vivos.
Anyway. Ahora me encuentro en Perú. En la PUCP. Contratado y todo, y empezando a dar clases a fines de Agosto. La aventura europea realmente acabó, y gracias a Diosito lindo logré llegar a Lima vivito y coleando, para empezar así la nueva aventura peruana.
Ya les cuento.
jueves, 10 de julio de 2014
El Guiso de Lentejas y el Método Científico
"Tienes que probar mis lentejas, son famosas," le dije.
A ver. Yo, la verdad, no cocino mucho. Mi repertorio se restringe a menos de diez platos. Pero algo seguro es que aquellos platos que sí sé hacer, me salen bastante bien. Modestia aparte.
La última vez que Andrea estuvo por Valencia, le preparé mi pollo con salsa de mostaza. Y parece que le gustó. Así que nada, aprovechando que volvía a pasar por la ciudad, decidí que era hora de que probara mi guiso de lentejas. El único problema era que yo estaría asistiendo a la conferencia ICHEP, así que no tendría mucho tiempo para cocinar nada. Luego de considerarlo un momento, pensé que lo ideal sería preparar las lentejas antes de que ella llegara, y las calentaríamos apenas tuviéramos una noche libre.
La preparación fue exitosa. Le invité un poco a mis compañeros de piso, y confirmamos que el plato había salido bien. Separé una porción grande, y la metí inmediatamente en el refrigerador. Chévere.
Andrea llegó, y bueno, nos demoramos un poco en tener una noche libre. Al estar con ICHEP pendiente, salieron varias propuestas para cenar en la calle, y recién le prestamos atención al plato el lunes, cinco días después de la preparación. Saqué el guiso, y lo separé en dos porciones. Sobró un poco, que volvió al refrigerador, y el resto fue recalentado. Lo serví, y esperé a que me diera su opinión.
Su reacción inicial fue extraña. Por lo general la gente no espera mucho de mi cocina, y se sorprende bastante luego de la primera probada. En su caso, lo probó, y se quedó en silencio. Volvió a probarlo, y no dijo nada. Yo no sabía qué hacer, e intenté un "¿Qué te parece el sabor?" Ella respondió que estaba bien, pero inmediatamente me preguntó qué ingredientes había incluido.
Mencioné un par de ingredientes, pero no le di mucha importancia a su pregunta. Ella insistió, "Veo unas cosas blanquitas, con forma de media luna...." Yo seguí sin prestarle atención, "será el ajo," respondí. Ella no estaba tranquila, "¿seguro que es el ajo? hay mucho," contraatacó.
Fue entonces que miré mi plato de cerca. Y efectivamente, había bastantes pedacitos blancos, todos con la misma forma, como media luna. "Es verdad," le respondí, "inicialmente, al verlo, pensé que eran pedazos de tocino, pero no lo son, seguro que es ajo." Ella me siguió mirando, "¿estás seguro?"
Con esto, entendí lo que me estaba diciendo. Me levanté de la mesa, y mientras me dirigía a la cocina, le dije "No son gusanos."
Y no, no podían ser gusanos. Era cierto, eran todos pedacitos iguales, blanquitos, pero no eran gusanos. Seguro era ajo. Saqué la tabla de picar, puse un ajo, lo piqué, lo miré de cerca... y me di cuenta que las medias lunas no eran ajo.
¡Pero no podían ser gusanos! ¡No se estaban moviendo! Me negaba a creer que mi excelsa comida hubiera sido manchada de esa forma. Fue en eso que recordé que había sobrado una porción, que seguía en el refrigerador. Si esas medias lunas eran gusanos, entonces los encontraría vivos en la porción que no había recalentado. Saqué la porción, la miré de cerca, y encontré las medias lunas... y no se movían.
Esto me alivió, pero Andrea no estaba convencida. "No te preocupes," me dijo, "no es la primera vez que me pasa, ya antes he comido gusanos."
La verdad es que no supe cómo responder a esto, así que decidí no hacerlo.
Repasamos los ingredientes. No era ajo. Tampoco era cebolla. Menos el tocino. ¿Qué otra cosa había añadido? Tomates y pimientos... ¿podrían ser semillas de algunos de ellos? Miré las medias lunas de cerca nuevamente... no eran semillas.
¿Qué más? ¡Caldo de pollo! Tomé una de las pastillas, la trituré... y no encontré nada raro. ¿El pimentón? ¿El orégano? Igualmente, en los contenedores no había nada fuera de lo normal. Había también pasta de tomate, pero no tenía forma de comprobar que hubiera habido algún elemento extraño en ella. Pero vamos, la pasta de tomate viene en lata, y estas cosas duran mucho tiempo. "¿Y las lentejas," me preguntó Andrea, "¿las lavaste?" Yo le aseguré que había estado casi diez minutos lavando las lentejas, y que no había visto nada de gusanos en ellas.
Con esto, llegamos al final de la lista de ingredientes. Las medias lunas seguían sin ser identificadas. Miramos nuestros platos, y ninguno se atrevió a seguir comiendo. Pero el asunto no tenía sentido. Si los ingredientes estaban todos bien, y ni yo ni mis compañeros de piso habíamos visto ningún gusano cuando comimos las lentejas cinco días antes... eso significaba que los gusanos habrían salido del plato dentro de los cinco días que estuvo refrigerado... y no sólo eso, habrían salido y muerto al mismo instante, porque estas medias lunas no se estaban moviendo. ¿Qué demonios eran esas medias lunas?
Mi reflexión fue interrumpida por Andrea. "I'm sorry, Jones," me dijo, "Those are maggots." Se levantó con tristeza, llevó su plato a la cocina, y lo echó a la basura.
En ese momento, mi autoestima se fue al piso. ¿Era esto posible? Mi excelente plato de lentejas, ¿lleno de gusanos? Mientras escuchaba a Andrea lavar su plato y regresar a la sala, me quedé contemplando mi propio plato, preguntándome "¿por qué?".
Y entonces la vi. La lenteja. Esa lenteja. El pedazo de evidencia que necesitaba. Andrea se acercó para recoger mi plato, y le dije "¡Espera!" Tomé la lenteja, esa lenteja, y se la acerqué. La miramos de cerca. Y notamos que la lenteja, esa lenteja, no era un óvalo perfecto, como generalmente uno las imagina. Efectivamente, tenía una estructura no trivial. A un ladito de ella, asomándose tímidamente, salía una pequeña raíz. Tomé la raíz, la despegué de la lenteja, de esa lenteja, y vimos que la raíz era blanquita, con forma de media luna.
Andrea pasó hambre esa noche.
A ver. Yo, la verdad, no cocino mucho. Mi repertorio se restringe a menos de diez platos. Pero algo seguro es que aquellos platos que sí sé hacer, me salen bastante bien. Modestia aparte.
La última vez que Andrea estuvo por Valencia, le preparé mi pollo con salsa de mostaza. Y parece que le gustó. Así que nada, aprovechando que volvía a pasar por la ciudad, decidí que era hora de que probara mi guiso de lentejas. El único problema era que yo estaría asistiendo a la conferencia ICHEP, así que no tendría mucho tiempo para cocinar nada. Luego de considerarlo un momento, pensé que lo ideal sería preparar las lentejas antes de que ella llegara, y las calentaríamos apenas tuviéramos una noche libre.
La preparación fue exitosa. Le invité un poco a mis compañeros de piso, y confirmamos que el plato había salido bien. Separé una porción grande, y la metí inmediatamente en el refrigerador. Chévere.
Andrea llegó, y bueno, nos demoramos un poco en tener una noche libre. Al estar con ICHEP pendiente, salieron varias propuestas para cenar en la calle, y recién le prestamos atención al plato el lunes, cinco días después de la preparación. Saqué el guiso, y lo separé en dos porciones. Sobró un poco, que volvió al refrigerador, y el resto fue recalentado. Lo serví, y esperé a que me diera su opinión.
Su reacción inicial fue extraña. Por lo general la gente no espera mucho de mi cocina, y se sorprende bastante luego de la primera probada. En su caso, lo probó, y se quedó en silencio. Volvió a probarlo, y no dijo nada. Yo no sabía qué hacer, e intenté un "¿Qué te parece el sabor?" Ella respondió que estaba bien, pero inmediatamente me preguntó qué ingredientes había incluido.
Mencioné un par de ingredientes, pero no le di mucha importancia a su pregunta. Ella insistió, "Veo unas cosas blanquitas, con forma de media luna...." Yo seguí sin prestarle atención, "será el ajo," respondí. Ella no estaba tranquila, "¿seguro que es el ajo? hay mucho," contraatacó.
Fue entonces que miré mi plato de cerca. Y efectivamente, había bastantes pedacitos blancos, todos con la misma forma, como media luna. "Es verdad," le respondí, "inicialmente, al verlo, pensé que eran pedazos de tocino, pero no lo son, seguro que es ajo." Ella me siguió mirando, "¿estás seguro?"
Con esto, entendí lo que me estaba diciendo. Me levanté de la mesa, y mientras me dirigía a la cocina, le dije "No son gusanos."
Y no, no podían ser gusanos. Era cierto, eran todos pedacitos iguales, blanquitos, pero no eran gusanos. Seguro era ajo. Saqué la tabla de picar, puse un ajo, lo piqué, lo miré de cerca... y me di cuenta que las medias lunas no eran ajo.
¡Pero no podían ser gusanos! ¡No se estaban moviendo! Me negaba a creer que mi excelsa comida hubiera sido manchada de esa forma. Fue en eso que recordé que había sobrado una porción, que seguía en el refrigerador. Si esas medias lunas eran gusanos, entonces los encontraría vivos en la porción que no había recalentado. Saqué la porción, la miré de cerca, y encontré las medias lunas... y no se movían.
Esto me alivió, pero Andrea no estaba convencida. "No te preocupes," me dijo, "no es la primera vez que me pasa, ya antes he comido gusanos."
La verdad es que no supe cómo responder a esto, así que decidí no hacerlo.
Repasamos los ingredientes. No era ajo. Tampoco era cebolla. Menos el tocino. ¿Qué otra cosa había añadido? Tomates y pimientos... ¿podrían ser semillas de algunos de ellos? Miré las medias lunas de cerca nuevamente... no eran semillas.
¿Qué más? ¡Caldo de pollo! Tomé una de las pastillas, la trituré... y no encontré nada raro. ¿El pimentón? ¿El orégano? Igualmente, en los contenedores no había nada fuera de lo normal. Había también pasta de tomate, pero no tenía forma de comprobar que hubiera habido algún elemento extraño en ella. Pero vamos, la pasta de tomate viene en lata, y estas cosas duran mucho tiempo. "¿Y las lentejas," me preguntó Andrea, "¿las lavaste?" Yo le aseguré que había estado casi diez minutos lavando las lentejas, y que no había visto nada de gusanos en ellas.
Con esto, llegamos al final de la lista de ingredientes. Las medias lunas seguían sin ser identificadas. Miramos nuestros platos, y ninguno se atrevió a seguir comiendo. Pero el asunto no tenía sentido. Si los ingredientes estaban todos bien, y ni yo ni mis compañeros de piso habíamos visto ningún gusano cuando comimos las lentejas cinco días antes... eso significaba que los gusanos habrían salido del plato dentro de los cinco días que estuvo refrigerado... y no sólo eso, habrían salido y muerto al mismo instante, porque estas medias lunas no se estaban moviendo. ¿Qué demonios eran esas medias lunas?
Mi reflexión fue interrumpida por Andrea. "I'm sorry, Jones," me dijo, "Those are maggots." Se levantó con tristeza, llevó su plato a la cocina, y lo echó a la basura.
En ese momento, mi autoestima se fue al piso. ¿Era esto posible? Mi excelente plato de lentejas, ¿lleno de gusanos? Mientras escuchaba a Andrea lavar su plato y regresar a la sala, me quedé contemplando mi propio plato, preguntándome "¿por qué?".
Y entonces la vi. La lenteja. Esa lenteja. El pedazo de evidencia que necesitaba. Andrea se acercó para recoger mi plato, y le dije "¡Espera!" Tomé la lenteja, esa lenteja, y se la acerqué. La miramos de cerca. Y notamos que la lenteja, esa lenteja, no era un óvalo perfecto, como generalmente uno las imagina. Efectivamente, tenía una estructura no trivial. A un ladito de ella, asomándose tímidamente, salía una pequeña raíz. Tomé la raíz, la despegué de la lenteja, de esa lenteja, y vimos que la raíz era blanquita, con forma de media luna.
Andrea pasó hambre esa noche.
Labels:
Aventuras Domésticas,
Noches y Chicas,
Valencia
miércoles, 2 de julio de 2014
El Camino a Castro (Segunda Parte)
Recapitulemos. Luego de caminar aproximadamente unos 135 kilómetros, había llegado al pueblo de Castro. Mis canillas estaban agonizando, y no me pareció posible, ni saludable, seguir caminando hasta A Fonsagrada.
En el albergue de Castro, la hospitalera fue muy amable, y me llamó un taxi que me llevara hacia A Fonsagrada. Al llegar el taxi, encontré en él a La Familia Australiana, que aparentemente no andaban muy bien tampoco. Buen timing.
Llegamos juntos al albergue de A Fonsagrada, y nos dirigimos a la posta médica. Al yo tener la tarjeta sanitaria española, mi trámite fue más sencillo, y pasé al médico primero.
Yo seguía optimista, y le dije que esperaba poder seguir avanzando luego de uno o dos días de descanso. El me sentó, me examinó, y me dijo: "Tócate la pierna, ahí donde te duele."
Yo lo hice. Luego me indicó: "Ahora sube y baja la punta del pie."
Y fue entonces que me di cuenta de lo mal que estaba. Dentro de la pierna, sentía como si tuviera un serrucho metido. Krok krok. Krok krok.
Horrible, oye.
Diagnosticado con tendinitis, slash, tendinosis. O tenosinovitis, no sé, no le entendí la letra. Anyway, me recetó anti-inflamatorios, y mirándome con mucha pena, me dijo "De cinco a siete días de descanso."
No llegaría a Santiago.
La Familia Australiana no estaba tan mal. La Australiana Mayor tenía una ampolla infectada, mientras que La Australiana Menor tenía un poco forzado el tobillo. Dos días de descanso para las dos.
Así que nada, debía regresar a Valencia. Luego de una noche con mucho alcohol, en la que descubrí que este último funciona de maravilla como analgésico, tomé un bus con dirección a Lugo, acompañado por La Familia Australiana. De ahí saldría un tren hacia Valencia.
Lugo apestó. Literalmente. Luego de tres semanas de huelga de recogedores de basura, la ciudad estaba cubierta de inmundicia. A pesar que el no poder caminar me impediría ver la ciudad, la verdad es que verla así no era algo muy deseable, que digamos. Luego de un breve intermezzo en la oficina de información, donde la encargada no fue capaz de encontrar nuestra ubicación en un mapa, nos dirigimos al albergue.
En el albergue no esperaba encontrarme a nadie. Vamos, estaba en Lugo, había tenido que tomar un bus que me adelantara 50 kilómetros con respecto al resto. Pero me equivoqué. En el albergue estaba El Tío de Gafas, a quien conocí el primer día del camino. Este tipo había caminado 50 kilómetros más que todos, en la misma cantidad de tiempo. Era un monstruo.
Al verme cojear, ocurrió el segundo momento anime del Camino. Me preguntó si quería llegar a Santiago. Aparentemente, él conocía un masaje especial que "reparaba" tendinitis, slash, tendinosis. O tenosinovitis. Me dijo que los tendones estaban retorcidos entre ellos, y había que ponerlos derechos usando un masaje. Me dijo que durante el masaje sufriría como un perro, pero que podría caminar al día siguiente.
Lo miré un momento. Luego recordé que él mismo había sugerido que un oso me podría comer en la Ruta de los Hospitales. Así que sonreí, le agradecí la oferta, pero decidí no arriesgarme.
La noche del día siguiente, estaba ya en Valencia.
Es extraño, pero, a pesar del dolor en el orgullo, no me molesta tanto no haber llegado a Santiago. Por un lado, a pesar de no haber llegado, sí superé mi límite personal. Vamos, nunca antes había caminado cinco días seguidos, nunca antes había avanzado 135 kilómetros a pie.
No obstante, no es la superación personal lo que alivia mi frustración. Creo que es el hecho que no tenía ningún buen motivo para hacer el Camino, más allá del entretenimiento. Escuché de mucha gente que hacía el Camino para encontrar paz, para decidir qué hacer en el futuro, para entenderse mejor a sí mismos... yo no tenía ninguna motivación así de profunda. Es más, ya había hecho alguna vez una caminata más corta, y esa vez sí tenía mucho que pensar. Esta vez no, sólo se encontraba frente a mi el esfuerzo, y nada más.
Así que, por otro lado, tal vez haya sido bueno no haberlo terminado. Dejar esta puerta abierta, y venir a cerrarla la próxima vez que tenga que replantearme la vida, o tomar alguna decisión importante, o whatever.
No digo esto por las puras. A fin de mes ya estaré de vuelta en Perú, se supone que permanentemente. No me sorprendería que, de aquí a unos años, luego de haberme asentado al 100%, tenga dudas sobre mis decisiones, sobre mi elección de volver a Lima. De ser así, ¿qué mejor manera de disipar mis posibles dudas existenciales, que regresar a Castro, y retomar el Camino Primitivo?
Anyway. Se acabó mi aventura en el Camino, y con ella mi aventura en Europa. Es probable que la próxima vez que escriba sea desde Lima, en una aventura completamente diferente. Han sido casi nueve años desde que salí de Perú, y ha pasado muchísimo desde entonces.
A ver qué traen los próximos nueve años.
En el albergue de Castro, la hospitalera fue muy amable, y me llamó un taxi que me llevara hacia A Fonsagrada. Al llegar el taxi, encontré en él a La Familia Australiana, que aparentemente no andaban muy bien tampoco. Buen timing.
Llegamos juntos al albergue de A Fonsagrada, y nos dirigimos a la posta médica. Al yo tener la tarjeta sanitaria española, mi trámite fue más sencillo, y pasé al médico primero.
Yo seguía optimista, y le dije que esperaba poder seguir avanzando luego de uno o dos días de descanso. El me sentó, me examinó, y me dijo: "Tócate la pierna, ahí donde te duele."
Yo lo hice. Luego me indicó: "Ahora sube y baja la punta del pie."
Y fue entonces que me di cuenta de lo mal que estaba. Dentro de la pierna, sentía como si tuviera un serrucho metido. Krok krok. Krok krok.
Horrible, oye.
Diagnosticado con tendinitis, slash, tendinosis. O tenosinovitis, no sé, no le entendí la letra. Anyway, me recetó anti-inflamatorios, y mirándome con mucha pena, me dijo "De cinco a siete días de descanso."
No llegaría a Santiago.
La Familia Australiana no estaba tan mal. La Australiana Mayor tenía una ampolla infectada, mientras que La Australiana Menor tenía un poco forzado el tobillo. Dos días de descanso para las dos.
Así que nada, debía regresar a Valencia. Luego de una noche con mucho alcohol, en la que descubrí que este último funciona de maravilla como analgésico, tomé un bus con dirección a Lugo, acompañado por La Familia Australiana. De ahí saldría un tren hacia Valencia.
Lugo apestó. Literalmente. Luego de tres semanas de huelga de recogedores de basura, la ciudad estaba cubierta de inmundicia. A pesar que el no poder caminar me impediría ver la ciudad, la verdad es que verla así no era algo muy deseable, que digamos. Luego de un breve intermezzo en la oficina de información, donde la encargada no fue capaz de encontrar nuestra ubicación en un mapa, nos dirigimos al albergue.
En el albergue no esperaba encontrarme a nadie. Vamos, estaba en Lugo, había tenido que tomar un bus que me adelantara 50 kilómetros con respecto al resto. Pero me equivoqué. En el albergue estaba El Tío de Gafas, a quien conocí el primer día del camino. Este tipo había caminado 50 kilómetros más que todos, en la misma cantidad de tiempo. Era un monstruo.
Al verme cojear, ocurrió el segundo momento anime del Camino. Me preguntó si quería llegar a Santiago. Aparentemente, él conocía un masaje especial que "reparaba" tendinitis, slash, tendinosis. O tenosinovitis. Me dijo que los tendones estaban retorcidos entre ellos, y había que ponerlos derechos usando un masaje. Me dijo que durante el masaje sufriría como un perro, pero que podría caminar al día siguiente.
Lo miré un momento. Luego recordé que él mismo había sugerido que un oso me podría comer en la Ruta de los Hospitales. Así que sonreí, le agradecí la oferta, pero decidí no arriesgarme.
La noche del día siguiente, estaba ya en Valencia.
Es extraño, pero, a pesar del dolor en el orgullo, no me molesta tanto no haber llegado a Santiago. Por un lado, a pesar de no haber llegado, sí superé mi límite personal. Vamos, nunca antes había caminado cinco días seguidos, nunca antes había avanzado 135 kilómetros a pie.
No obstante, no es la superación personal lo que alivia mi frustración. Creo que es el hecho que no tenía ningún buen motivo para hacer el Camino, más allá del entretenimiento. Escuché de mucha gente que hacía el Camino para encontrar paz, para decidir qué hacer en el futuro, para entenderse mejor a sí mismos... yo no tenía ninguna motivación así de profunda. Es más, ya había hecho alguna vez una caminata más corta, y esa vez sí tenía mucho que pensar. Esta vez no, sólo se encontraba frente a mi el esfuerzo, y nada más.
Así que, por otro lado, tal vez haya sido bueno no haberlo terminado. Dejar esta puerta abierta, y venir a cerrarla la próxima vez que tenga que replantearme la vida, o tomar alguna decisión importante, o whatever.
No digo esto por las puras. A fin de mes ya estaré de vuelta en Perú, se supone que permanentemente. No me sorprendería que, de aquí a unos años, luego de haberme asentado al 100%, tenga dudas sobre mis decisiones, sobre mi elección de volver a Lima. De ser así, ¿qué mejor manera de disipar mis posibles dudas existenciales, que regresar a Castro, y retomar el Camino Primitivo?
Anyway. Se acabó mi aventura en el Camino, y con ella mi aventura en Europa. Es probable que la próxima vez que escriba sea desde Lima, en una aventura completamente diferente. Han sido casi nueve años desde que salí de Perú, y ha pasado muchísimo desde entonces.
A ver qué traen los próximos nueve años.
Labels:
Momentos Reflexivos,
Valencia
lunes, 23 de junio de 2014
El Camino a Castro (Primera Parte)
Estaba decidido. Tenía quince días libres, y quería usarlos caminando. Compré billetes de avión de Valencia a Oviedo, y de Santiago de Compostela a Valencia. Haría un Camino de Santiago, en particular, el Camino Primitivo.
La verdad es que no me quería preparar mucho. Quería enterarme de los detalles durante el camino. Eso sí, la idea era caminar doce días, así que por lo menos tenía que enterarme de las etapas.
Ese fue el primer problema. Al mirar las etapas, descubrí que el Camino Primitivo es uno de los más difíciles de todos, y que se recomendaba hacer en trece etapas, no doce. Boh, me dije, vamos a ver qué pasa. En el peor de los casos hacía el camino en trece etapas, y me quedaba sólo una tarde en Santiago de Compostela. Kein problem.
Llegué a Oviedo con mi mochila, mi cámara de fotos, y poco más. A minimizar el peso. Me encontré allá con Jonatan y Johannes, compartimos una buena cena, y encontré el albergue. Ahí, me dieron mi credencial, me compré mi conchita de peregrino, y me preparé para salir.
Salí de Oviedo a las 6:30 de la mañana, con dirección a San Juan de Villapañada, cerca a Grado. Aproximadamente, caminaría unos 30 kilómetros y medio ese día. Mi primer encuentro fue con un señor mayor, a quien llamaremos El Holandés Venerable (yo sé que a ustedes les gustan los apodos). Aparentemente era bastante experimentado, y seguimos gran parte del camino juntos. Luego de un par de horas caminando, llegamos a un letrero indicando que faltaban 15 kilómetros para llegar a Grado. ¡Parecía pan comido!
Dos horas más tarde, descubrimos que los asturianos no saben calcular las distancias, ya que encontramos otro letrero indicando que faltaban 12 kilómetros para llegar a Grado. ¿Habíamos avanzado sólo un kilómetro y medio por hora? Cha mare.
El Holandés Venerable se detuvo a comer algo, así que lo dejé atrás. Luego me encontré con La Pareja Canaria, súper amables, y avancé con ellos hasta Grado. Ahí, mientras nos detuvimos pa almorzar, conocimos a El Granadino Deportista, y formamos un grupito de cuatro. Fantástico.
Al llegar al albergue de San Juan de Villapañada, descubrimos que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Aparentemente, sabía algo de teletransportación. Ahí mismo, encontramos a Los Tres Viejitos Comunistas, y al Tío de Gafas. Este último aparentemente conocía bien la zona, y había sido entrenador de no sé qué equipo de fútbol español, así que parecía saber lo que hacía.
Mientras conversábamos, salió el tema de hacer el Camino Primitivo en doce días. Y me hablaron de La Ruta de los Hospitales, algo parecido a los Paths of the Dead del Señor de los Anillos. Para llegar, debía cambiar mi ruta. El segundo día, debía avanzar 27 kilómetros, hasta Bodenayo, en vez de quedarme en Salas. El tercer día, debía avanzar unos 29 kilómetros, hasta Borres, en vez de quedarme en Tineo. El cuarto día, debía atravesar la temible Ruta de los Hospitales, saltándome una etapa, y llegando a Berducedo, luego de caminar 27 kilómetros más.
Sonaba razonable. El Holandés Venerable estaba encantado con la idea, y decidió seguirla también. El Tío de Gafas pensó que estábamos locos, y sugirió que podríamos ser comidos por algún oso al pasar por Hospitales. El resto decidió quedarse en Salas, y seguir el itinerario normal.
Al día siguiente, salimos a las 6:30, El Granadino Deportista, La Pareja Canaria, y yo. Avanzamos bien hasta Salas, donde nos detuvimos para comer, y esta vez descubrir que en Asturias se come demasiado. Luego de un breve encuentro con Los Viejitos Comunistas, me despedí de mi grupo, y seguí sólo hasta Bodenayo.
Por supuesto, al llegar a Bodenayo descubrí que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Les comenté sobre la teletransportación, ¿no? Esa noche, solo fuimos tres personas, estaba también La Profesora Inglesa, quien caminaba tres meses al año. Esta señora había empezado a caminar en el 2007, desde la frontera entre Bulgaria y Rumanía, y acababa de llegar ese año a Santiago de Compostela.
Sí, dije Bulgaria y Rumanía. Hasta Santiago de Compostela. Chequéenlo en un mapa. Es un huevo.
Johnny, la gente está muy loca.
A la mañana siguiente empezaron los problemas. Salí con El Holandés Venerable... y nos perdimos. Mal. Terminamos en un parque eólico, en la cima de una montaña. Si no me creen, acá está la fotaza:
Un poco alto, ¿no? Les dije que nos habíamos perdido mal. Por suerte, encontramos el camino de vuelta, aunque hubo que descender por más de una hora por una carretera. Fue entonces que empezaron los shin splints, un leve dolor a la canilla.
Habiendo encontrado el camino de vuelta, nos dirigimos a Borres. Y fue espantoso, no se lo recomiendo a nadie. El problema básicamente es que en el albergue de Borres hay muy pocas camas, y se arma una especie de carrera entre peregrinos para conseguir un sitio dónde dormir. Fue una etapa dura básicamente por el estrés de llegar temprano al albergue, empeorada por el habernos perdido.
La llegada al albergue fue... extraña. Fue un poco hostil, ya que todos habían corrido para llegar a las camas a tiempo. Fue una especie de momento anime, en el que los héroes entran a la arena y encuentran a todos sus rivales. Vamos, pongamos una musiquita [1], aunque sólo sirva para ambientar dos párrafos.
En este albergue, primero vimos a La Abuela Supersónica, jugando cartas con su nieto, Turbobebé. Detrás, andaban Los Tres Comandos, que parecían veteranos de guerra. Nos dimos la vuelta al escuchar a Los Chicos Testosterona, discutiendo no se qué con Die Alemanen Buenonden. De ahí, llegó El Canadiense Gigante.
Esta gente sabía lo que hacía.
Yo no le puse mucha importancia a mis shin splints, ya que se me había roto el zapato, y vamos, sin zapatos no se puede hacer nada. Afortunadamente, encontré pegamento, así que pude seguir.
El Holandés Venerable y yo salimos juntos a la mañana siguiente, y nos metimos por La Ruta de los Hospitales. Tengo que admitir que luego del paseíto por el parque eólico, no nos pareció tan terrible como nos lo habían pintado. Sólo nos topamos con un poquito de niebla:
Anyway, habiendo superado esta fase, había que descender a Berducedo. La bajada era complicada, mucha roca suelta, y con una inclinación nada trivial. Y fue entonces que el dolor empezó. La rodilla izquierda empezó a quejarse, y me fue muy difícil avanzar.
No obstante, llegué a Berducedo. No estoy seguro de cómo lo hice, pero llegué. Lo primero que pregunté fue "¿Dónde está la farmacia?" obteniendo la fantástica respuesta "Lo siento, la farmacia cierra antes del mediodía". Así que nada, tendría que avanzar con cuidado al día siguiente, e intentar no forzar demasiado la rodilla. Nada de soporte, y nada de anti-inflamatorio, por un día más. Cha mare.
La siguiente etapa, de Berducedo a Grandas de Salime, parecía fácil. Sólo 20 kilómetros, pero con una bajada larga y tediosa. Al levantarme, descubrí con alivio que la rodilla no me dolía más... pero los shin splints estaban peor que nunca. Parece que el día anterior, el dolor en la rodilla había desviado mi atención, y me hizo forzar otras zonas de la pierna, que empeoraron el dolor en las canillas.
La bajada hacia Grandas de Salime fue penosa. A pesar de salir temprano, fuimos superados por La Abuela Supersónica, por Turbobebé, por Los Tres Comandos, y por Los Chicos Testosterona. El Holandés Venerable me miró, y la mirada me lo dijo todo: me iba a dejar solo. Era entendible, yo claramente no estaba en condiciones de seguir el ritmo normal, y le estaba dando dificultades. Nos despedimos, y quedamos en vernos en Grandas de Salime.
Al final, llegué a Grandas de Salime. En el camino, pasó La Familia Australiana, y La Australiana Mayor me prestó uno de sus bastones. Apoyándome en él, luché cada paso, y llegue a Grandas de Salime. Ahí, fui directo a la farmacia, compré anti-inflamatorio, soporte para las rodillas, y mi propio bastón para caminatas. No me iba a rendir.
En el albergue, me encontré con Los Hermanos Dinamita (tenían que ser de Valencia), que estaban con Die Alemanen Buenonden y La Canaria Misteriosa. Uno de ellos me comentó que él también había tenido shin splints, pero que el anti-inflamatorio lo había arreglado. Eso me hizo recuperar la confianza. Luego él vio lo hinchadas que estaban mis piernas, y la cara que puso me quitó toda la confianza que había recuperado.
¡No me rendiría! A la mañana siguiente había que caminar unos 26 kilómetros, hacia A Fonsagrada. Me levanté temprano, solo, empecé a andar... e intuí que no podría. Decidí pasar antes por la posta médica de Grandas de Salime, pero al ver que mapas distintos me indicaban que la posta se encontraba a extremos distintos del pueblo, decidí avanzar por el Camino, y ver hasta dónde llegaba.
El pueblo siguiente se encontraba a cuatro kilómetros, siguiendo un camino tremendamente fácil, en comparación a los últimos 103 kilómetros desde Bodenayo. Se suponía que debía hacerse en una hora... y yo me tomé dos. Cada paso fue una lucha constante, un desgarre terrible en cada canilla. Con cada toque del bastón, una nueva gota de sudor caí sobre el suelo. Cada respiración fue seguida por un rechinar de los dientes, mascullando constantemente un "¡No te rindas!" Fueron cuatro kilómetros terribles.
Fue entonces que me di cuenta que no llegaría a Santiago. Tenía miedo de causarme daño permanente, y tan idiota no soy. Al llegar al siguiente pueblo, llamado Castro, encontré el albergue, y pedí un taxi que me llevara al hospital de A Fonsagrada.
----
[1]: Yu Yu Hakusho OST: Monster Suit
La verdad es que no me quería preparar mucho. Quería enterarme de los detalles durante el camino. Eso sí, la idea era caminar doce días, así que por lo menos tenía que enterarme de las etapas.
Ese fue el primer problema. Al mirar las etapas, descubrí que el Camino Primitivo es uno de los más difíciles de todos, y que se recomendaba hacer en trece etapas, no doce. Boh, me dije, vamos a ver qué pasa. En el peor de los casos hacía el camino en trece etapas, y me quedaba sólo una tarde en Santiago de Compostela. Kein problem.
Llegué a Oviedo con mi mochila, mi cámara de fotos, y poco más. A minimizar el peso. Me encontré allá con Jonatan y Johannes, compartimos una buena cena, y encontré el albergue. Ahí, me dieron mi credencial, me compré mi conchita de peregrino, y me preparé para salir.
Salí de Oviedo a las 6:30 de la mañana, con dirección a San Juan de Villapañada, cerca a Grado. Aproximadamente, caminaría unos 30 kilómetros y medio ese día. Mi primer encuentro fue con un señor mayor, a quien llamaremos El Holandés Venerable (yo sé que a ustedes les gustan los apodos). Aparentemente era bastante experimentado, y seguimos gran parte del camino juntos. Luego de un par de horas caminando, llegamos a un letrero indicando que faltaban 15 kilómetros para llegar a Grado. ¡Parecía pan comido!
Dos horas más tarde, descubrimos que los asturianos no saben calcular las distancias, ya que encontramos otro letrero indicando que faltaban 12 kilómetros para llegar a Grado. ¿Habíamos avanzado sólo un kilómetro y medio por hora? Cha mare.
El Holandés Venerable se detuvo a comer algo, así que lo dejé atrás. Luego me encontré con La Pareja Canaria, súper amables, y avancé con ellos hasta Grado. Ahí, mientras nos detuvimos pa almorzar, conocimos a El Granadino Deportista, y formamos un grupito de cuatro. Fantástico.
Al llegar al albergue de San Juan de Villapañada, descubrimos que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Aparentemente, sabía algo de teletransportación. Ahí mismo, encontramos a Los Tres Viejitos Comunistas, y al Tío de Gafas. Este último aparentemente conocía bien la zona, y había sido entrenador de no sé qué equipo de fútbol español, así que parecía saber lo que hacía.
Mientras conversábamos, salió el tema de hacer el Camino Primitivo en doce días. Y me hablaron de La Ruta de los Hospitales, algo parecido a los Paths of the Dead del Señor de los Anillos. Para llegar, debía cambiar mi ruta. El segundo día, debía avanzar 27 kilómetros, hasta Bodenayo, en vez de quedarme en Salas. El tercer día, debía avanzar unos 29 kilómetros, hasta Borres, en vez de quedarme en Tineo. El cuarto día, debía atravesar la temible Ruta de los Hospitales, saltándome una etapa, y llegando a Berducedo, luego de caminar 27 kilómetros más.
Sonaba razonable. El Holandés Venerable estaba encantado con la idea, y decidió seguirla también. El Tío de Gafas pensó que estábamos locos, y sugirió que podríamos ser comidos por algún oso al pasar por Hospitales. El resto decidió quedarse en Salas, y seguir el itinerario normal.
Al día siguiente, salimos a las 6:30, El Granadino Deportista, La Pareja Canaria, y yo. Avanzamos bien hasta Salas, donde nos detuvimos para comer, y esta vez descubrir que en Asturias se come demasiado. Luego de un breve encuentro con Los Viejitos Comunistas, me despedí de mi grupo, y seguí sólo hasta Bodenayo.
Por supuesto, al llegar a Bodenayo descubrí que El Holandés Venerable ya había llegado ahí. Les comenté sobre la teletransportación, ¿no? Esa noche, solo fuimos tres personas, estaba también La Profesora Inglesa, quien caminaba tres meses al año. Esta señora había empezado a caminar en el 2007, desde la frontera entre Bulgaria y Rumanía, y acababa de llegar ese año a Santiago de Compostela.
Sí, dije Bulgaria y Rumanía. Hasta Santiago de Compostela. Chequéenlo en un mapa. Es un huevo.
Johnny, la gente está muy loca.
A la mañana siguiente empezaron los problemas. Salí con El Holandés Venerable... y nos perdimos. Mal. Terminamos en un parque eólico, en la cima de una montaña. Si no me creen, acá está la fotaza:
Un poco alto, ¿no? Les dije que nos habíamos perdido mal. Por suerte, encontramos el camino de vuelta, aunque hubo que descender por más de una hora por una carretera. Fue entonces que empezaron los shin splints, un leve dolor a la canilla.
Habiendo encontrado el camino de vuelta, nos dirigimos a Borres. Y fue espantoso, no se lo recomiendo a nadie. El problema básicamente es que en el albergue de Borres hay muy pocas camas, y se arma una especie de carrera entre peregrinos para conseguir un sitio dónde dormir. Fue una etapa dura básicamente por el estrés de llegar temprano al albergue, empeorada por el habernos perdido.
La llegada al albergue fue... extraña. Fue un poco hostil, ya que todos habían corrido para llegar a las camas a tiempo. Fue una especie de momento anime, en el que los héroes entran a la arena y encuentran a todos sus rivales. Vamos, pongamos una musiquita [1], aunque sólo sirva para ambientar dos párrafos.
En este albergue, primero vimos a La Abuela Supersónica, jugando cartas con su nieto, Turbobebé. Detrás, andaban Los Tres Comandos, que parecían veteranos de guerra. Nos dimos la vuelta al escuchar a Los Chicos Testosterona, discutiendo no se qué con Die Alemanen Buenonden. De ahí, llegó El Canadiense Gigante.
Esta gente sabía lo que hacía.
Yo no le puse mucha importancia a mis shin splints, ya que se me había roto el zapato, y vamos, sin zapatos no se puede hacer nada. Afortunadamente, encontré pegamento, así que pude seguir.
El Holandés Venerable y yo salimos juntos a la mañana siguiente, y nos metimos por La Ruta de los Hospitales. Tengo que admitir que luego del paseíto por el parque eólico, no nos pareció tan terrible como nos lo habían pintado. Sólo nos topamos con un poquito de niebla:
Anyway, habiendo superado esta fase, había que descender a Berducedo. La bajada era complicada, mucha roca suelta, y con una inclinación nada trivial. Y fue entonces que el dolor empezó. La rodilla izquierda empezó a quejarse, y me fue muy difícil avanzar.
No obstante, llegué a Berducedo. No estoy seguro de cómo lo hice, pero llegué. Lo primero que pregunté fue "¿Dónde está la farmacia?" obteniendo la fantástica respuesta "Lo siento, la farmacia cierra antes del mediodía". Así que nada, tendría que avanzar con cuidado al día siguiente, e intentar no forzar demasiado la rodilla. Nada de soporte, y nada de anti-inflamatorio, por un día más. Cha mare.
La siguiente etapa, de Berducedo a Grandas de Salime, parecía fácil. Sólo 20 kilómetros, pero con una bajada larga y tediosa. Al levantarme, descubrí con alivio que la rodilla no me dolía más... pero los shin splints estaban peor que nunca. Parece que el día anterior, el dolor en la rodilla había desviado mi atención, y me hizo forzar otras zonas de la pierna, que empeoraron el dolor en las canillas.
La bajada hacia Grandas de Salime fue penosa. A pesar de salir temprano, fuimos superados por La Abuela Supersónica, por Turbobebé, por Los Tres Comandos, y por Los Chicos Testosterona. El Holandés Venerable me miró, y la mirada me lo dijo todo: me iba a dejar solo. Era entendible, yo claramente no estaba en condiciones de seguir el ritmo normal, y le estaba dando dificultades. Nos despedimos, y quedamos en vernos en Grandas de Salime.
Al final, llegué a Grandas de Salime. En el camino, pasó La Familia Australiana, y La Australiana Mayor me prestó uno de sus bastones. Apoyándome en él, luché cada paso, y llegue a Grandas de Salime. Ahí, fui directo a la farmacia, compré anti-inflamatorio, soporte para las rodillas, y mi propio bastón para caminatas. No me iba a rendir.
En el albergue, me encontré con Los Hermanos Dinamita (tenían que ser de Valencia), que estaban con Die Alemanen Buenonden y La Canaria Misteriosa. Uno de ellos me comentó que él también había tenido shin splints, pero que el anti-inflamatorio lo había arreglado. Eso me hizo recuperar la confianza. Luego él vio lo hinchadas que estaban mis piernas, y la cara que puso me quitó toda la confianza que había recuperado.
¡No me rendiría! A la mañana siguiente había que caminar unos 26 kilómetros, hacia A Fonsagrada. Me levanté temprano, solo, empecé a andar... e intuí que no podría. Decidí pasar antes por la posta médica de Grandas de Salime, pero al ver que mapas distintos me indicaban que la posta se encontraba a extremos distintos del pueblo, decidí avanzar por el Camino, y ver hasta dónde llegaba.
El pueblo siguiente se encontraba a cuatro kilómetros, siguiendo un camino tremendamente fácil, en comparación a los últimos 103 kilómetros desde Bodenayo. Se suponía que debía hacerse en una hora... y yo me tomé dos. Cada paso fue una lucha constante, un desgarre terrible en cada canilla. Con cada toque del bastón, una nueva gota de sudor caí sobre el suelo. Cada respiración fue seguida por un rechinar de los dientes, mascullando constantemente un "¡No te rindas!" Fueron cuatro kilómetros terribles.
Fue entonces que me di cuenta que no llegaría a Santiago. Tenía miedo de causarme daño permanente, y tan idiota no soy. Al llegar al siguiente pueblo, llamado Castro, encontré el albergue, y pedí un taxi que me llevara al hospital de A Fonsagrada.
Continuará.
----
[1]: Yu Yu Hakusho OST: Monster Suit
Labels:
Interacciones Interculturales,
Valencia
domingo, 1 de junio de 2014
Cinco Minutos de Fama
Hace dos años, estando en el CERN, me quedé en una oficina que estaba en la ruta usada por los turistas para llegar de recepción a la cafetería. De vez en cuando esto podía ser inconveniente, ya que por lo general los turistas son ruidosos, y podían hacer que uno perdiera la concentración.
Esto, no obstante, también podía tener ventajas. Una noche, mientras preparaba mi mochila para regresar a casa, sentí una presencia extraña observándome. Al voltear hacia la puerta, vi dos chicas mirándome. Era claro que querían preguntarme algo.
"Disculpa," dijo una de ellas, "¿podríamos tomarle una foto a tu pizarra?"
Mire mi pizarra. Estaba llena de ecuaciones y cálculos, la mayoría indicando que alguna idea no funcionaba. Les dije que claro, que no había problema, adelante.
Luego de unos minutos fotografiándola, me miraron, y me preguntaron si podía tomarme una foto con ellas. La verdad, me pareció tan gracioso el asunto, que accedí. Ahí estaba yo, siendo fotografiado abrazando a dos chicas, con mi pizarra en el fondo. Si me cambiaban la pizarra por una guitarra, sería igual a una estrella de rock.
Claramente, me dije, este es el punto más alto de mi carrera.
Recuerdo esta anécdota después de lo sucedido hace unos días en Facebook. Ahhh, qué buenos tiempos aquellos... Para los que no están enterados, permítanme que recapitule.
Hace dos semanas, Mauricio (quien siempre me mete en problemas) me escribió, y me dijo que en la revista PuntoEdu buscaban a algún físico que comentara sobre The Big Bang Theory (la serie de TV). Él no tenía tiempo, y me preguntó si estaba yo interesado.
La verdad, al no haber visto la serie, sabía que no podía escribir nada serio al respecto. Le dije que podía escribir algo como lo hice acá en el blog, hace algunos años. Le mandamos el post al encargado de la revista, y este aceptó.
Al escribirlo, no estaba seguro qué poner. Pensé en describir mis cuatro amigos más frikis, pero luego me di cuenta que no conocía a nadie que llegara al nivel de los personajes de la serie. Y fue entonces que me di cuenta que, pucha, realmente a nivel personal no somos tan frikis.
No obstante, como lo puse en el post anterior, sí era claro que cuando muchos de nosotros nos juntábamos, el frikismo se maximizaba. Así que listo, se me ocurrió una estructura para el post, donde más o menos decía eso.
Ahora, luego de haber leído algunos artículos de Pérez-Reverte, recordé que él generalmente se queja de que, cada vez que escribe algo, alguna persona se ofende. No pensé que esta pudiera ser la situación con mi artículo, ¿qué clase de paparulo se podría ofender con un post tan tonto?
No obstante, decidí terminar el artículo con un párrafo tipo disclaimer: que es mi opinión, gente, y que este artículo es más una broma que algo serio. Se lo mandé al encargado, y luego de un par de correcciones, se publicó. Si lo quieren leer, está acá. No lo reproduzco aquí, ya que saldría muy largo el post.
Para serles sinceros, no me esperaba lo que ocurrió luego. Me dicen que el post se volvió viral. Cientos de personas leyeron el artículo... y me odiaron.
No sólo eso, sino que expresaron su descontento en los comentarios de la página de Facebook de la PUCP. La situación empeoró cuando la revista DedoMedio reposteó el artículo. Aparentemente, por cinco minutos, mi nombre fue repetido con asco por toda la red. Was zum geier???
Fue una experiencia muy extraña. Hasta me invitaron a hablar en PlusTV. En serio.
Permítanme reproducir aquí algunos de estos comentarios. Son mi Top12, digamos, los comentarios que, de una forma u otra, me han llamado más la atención. Agárrense.
- Que amargado el pata!
- mi sobrino de 7 años hace mejores pataletas...
- Esperaba algo más interesante... Realmente tener Phd no te hace interesante...
- un fisico renegando de una serie? eso le pasa por no estudiar en la UNI...
- Es sólo una serie de ficción y para quitar estrés..en cambio el articulista peca de soberbio.
- Yo no juzgaría a un físico como Joel por una serie cómica, pero si por una opinión tan absurda como la que hace en este artículo
- XD ya dejenlo el solo quiere ser malote e.e no quiere que lo vean lindo XD
- Hola, no creo que la palabra lindo sea un adjetivo denigrante más bien los humaniza pero si eso es lo que no le gusta me parece que tiene un problema de ego. Por otro lado, si dicen lindo es porque gracias a la serie a muchas personas les interesa un poco más la física y ahora les parece algo bonito. Igual fue interesante leer el artículo.
- Jajajaja quiere quedar como el físico cool y rebelde... termina siendo como un howard. Más sentido del humor, broooo!
- Manya, no sabía que Sheldon Cooper escribía en la PUCP .... Bazingaaaa..!!!!
- Bien q te gusta Penny xD
- De hecho es virgen.
Hasta se organizó una marcha, caray. 'Ta que me sentí Ivan Thays.
Y nada, pues no hay mucho más que decir. Agradecer nomas a Gonzalo, Luciano y Romina por su férreo apoyo dentro de las redes. Y tal vez terminar con el muy acertado comentario de Romina: "Y en los comentarios hay harto Sheldon que no capta el chiste del texto. (necesitan que salga Leonard con su letrerito de "es broma")."
Mejor que ni se enteren que tampoco me gusta Friends.
Esto, no obstante, también podía tener ventajas. Una noche, mientras preparaba mi mochila para regresar a casa, sentí una presencia extraña observándome. Al voltear hacia la puerta, vi dos chicas mirándome. Era claro que querían preguntarme algo.
"Disculpa," dijo una de ellas, "¿podríamos tomarle una foto a tu pizarra?"
Mire mi pizarra. Estaba llena de ecuaciones y cálculos, la mayoría indicando que alguna idea no funcionaba. Les dije que claro, que no había problema, adelante.
Luego de unos minutos fotografiándola, me miraron, y me preguntaron si podía tomarme una foto con ellas. La verdad, me pareció tan gracioso el asunto, que accedí. Ahí estaba yo, siendo fotografiado abrazando a dos chicas, con mi pizarra en el fondo. Si me cambiaban la pizarra por una guitarra, sería igual a una estrella de rock.
Claramente, me dije, este es el punto más alto de mi carrera.
Recuerdo esta anécdota después de lo sucedido hace unos días en Facebook. Ahhh, qué buenos tiempos aquellos... Para los que no están enterados, permítanme que recapitule.
Hace dos semanas, Mauricio (quien siempre me mete en problemas) me escribió, y me dijo que en la revista PuntoEdu buscaban a algún físico que comentara sobre The Big Bang Theory (la serie de TV). Él no tenía tiempo, y me preguntó si estaba yo interesado.
La verdad, al no haber visto la serie, sabía que no podía escribir nada serio al respecto. Le dije que podía escribir algo como lo hice acá en el blog, hace algunos años. Le mandamos el post al encargado de la revista, y este aceptó.
Al escribirlo, no estaba seguro qué poner. Pensé en describir mis cuatro amigos más frikis, pero luego me di cuenta que no conocía a nadie que llegara al nivel de los personajes de la serie. Y fue entonces que me di cuenta que, pucha, realmente a nivel personal no somos tan frikis.
No obstante, como lo puse en el post anterior, sí era claro que cuando muchos de nosotros nos juntábamos, el frikismo se maximizaba. Así que listo, se me ocurrió una estructura para el post, donde más o menos decía eso.
Ahora, luego de haber leído algunos artículos de Pérez-Reverte, recordé que él generalmente se queja de que, cada vez que escribe algo, alguna persona se ofende. No pensé que esta pudiera ser la situación con mi artículo, ¿qué clase de paparulo se podría ofender con un post tan tonto?
No obstante, decidí terminar el artículo con un párrafo tipo disclaimer: que es mi opinión, gente, y que este artículo es más una broma que algo serio. Se lo mandé al encargado, y luego de un par de correcciones, se publicó. Si lo quieren leer, está acá. No lo reproduzco aquí, ya que saldría muy largo el post.
Para serles sinceros, no me esperaba lo que ocurrió luego. Me dicen que el post se volvió viral. Cientos de personas leyeron el artículo... y me odiaron.
No sólo eso, sino que expresaron su descontento en los comentarios de la página de Facebook de la PUCP. La situación empeoró cuando la revista DedoMedio reposteó el artículo. Aparentemente, por cinco minutos, mi nombre fue repetido con asco por toda la red. Was zum geier???
Fue una experiencia muy extraña. Hasta me invitaron a hablar en PlusTV. En serio.
Permítanme reproducir aquí algunos de estos comentarios. Son mi Top12, digamos, los comentarios que, de una forma u otra, me han llamado más la atención. Agárrense.
- Que amargado el pata!
- mi sobrino de 7 años hace mejores pataletas...
- Esperaba algo más interesante... Realmente tener Phd no te hace interesante...
- un fisico renegando de una serie? eso le pasa por no estudiar en la UNI...
- Es sólo una serie de ficción y para quitar estrés..en cambio el articulista peca de soberbio.
- Yo no juzgaría a un físico como Joel por una serie cómica, pero si por una opinión tan absurda como la que hace en este artículo
- XD ya dejenlo el solo quiere ser malote e.e no quiere que lo vean lindo XD
- Hola, no creo que la palabra lindo sea un adjetivo denigrante más bien los humaniza pero si eso es lo que no le gusta me parece que tiene un problema de ego. Por otro lado, si dicen lindo es porque gracias a la serie a muchas personas les interesa un poco más la física y ahora les parece algo bonito. Igual fue interesante leer el artículo.
- Jajajaja quiere quedar como el físico cool y rebelde... termina siendo como un howard. Más sentido del humor, broooo!
- Manya, no sabía que Sheldon Cooper escribía en la PUCP .... Bazingaaaa..!!!!
- Bien q te gusta Penny xD
- De hecho es virgen.
Hasta se organizó una marcha, caray. 'Ta que me sentí Ivan Thays.
Y nada, pues no hay mucho más que decir. Agradecer nomas a Gonzalo, Luciano y Romina por su férreo apoyo dentro de las redes. Y tal vez terminar con el muy acertado comentario de Romina: "Y en los comentarios hay harto Sheldon que no capta el chiste del texto. (necesitan que salga Leonard con su letrerito de "es broma")."
Mejor que ni se enteren que tampoco me gusta Friends.
Labels:
Interacciones Interculturales,
Perú,
Traumas,
Valencia
miércoles, 21 de mayo de 2014
Mensajitos
Creo que ya debería estar claro a todos que mi bestialidad habitual se maximiza cuando tengo un teléfono presente.
Por si quedara alguna duda, a continuación les presento un breve intercambio de mensajitos de texto, también llamados SMS (lo siento, esas cosas del WhatsApp y los listófonos no van conmigo).
Sí, dije listófono. Que estoy en España, ostras, hombreeeee....
Cabe aclarar que los mensajes han sido filtrados por corrector ortográfico, las abreviaciones han sido expandidas, etcétera, etcétera. Ahí va.
Primer Acto
Mensaje Enviado a Número1:
Grazie! :-)
Mensaje Enviado a Número2:
La invitación para tomar mistela sigue abierta, eh. Por si cambiaras de opinión. :-)
Mensaje Enviado a Número1:
Jeje, avísame si no le llega mi mensaje, o si decide no apuntarse al vino, que si no me quedo esperando hasta las 11:00 am...
Mensaje Enviado a Número2:
¡Por supuesto! ¿Dónde estás exactamente?
Segundo Acto
Mensaje Enviado a Número1:
ZZZ... ¡buenos días! Me uno, envíame coordenadas... zzz... ¿Habrá que aparentar que no pasó nada?
Mensaje Enviado a Número1:
Oh crap, me acabo de dar cuenta que eres Ale nooooooooooo
Por si quedara alguna duda, a continuación les presento un breve intercambio de mensajitos de texto, también llamados SMS (lo siento, esas cosas del WhatsApp y los listófonos no van conmigo).
Sí, dije listófono. Que estoy en España, ostras, hombreeeee....
Cabe aclarar que los mensajes han sido filtrados por corrector ortográfico, las abreviaciones han sido expandidas, etcétera, etcétera. Ahí va.
Primer Acto
Mensaje Recibido de Número1:
Hola, soy Ale, este es el número de Andrea, te lo paso porque me lo ha pedido: Número2. Mandale un mensaje si te apetece tomar un vino ahora. :-)
Mensaje Enviado a Número1:
Grazie! :-)
Mensaje Enviado a Número2:
La invitación para tomar mistela sigue abierta, eh. Por si cambiaras de opinión. :-)
Mensaje Enviado a Número1:
Jeje, avísame si no le llega mi mensaje, o si decide no apuntarse al vino, que si no me quedo esperando hasta las 11:00 am...
Mensaje Recibido de Número2:
¡Excelente! El resto acaba de irse a dormir ;-)... Ya puedo salir. ¿Te podría pedir que vengas por mi, ya que no sé a dónde ir?
Mensaje Enviado a Número2:
¡Por supuesto! ¿Dónde estás exactamente?
***
Segundo Acto
Mensaje Recibido de Número1:
Hello! Estamos planeando ir a comer a la playa, paella sobre la 1. ¿Te apetece venir con nosotros?
Mensaje Enviado a Número1:
ZZZ... ¡buenos días! Me uno, envíame coordenadas... zzz... ¿Habrá que aparentar que no pasó nada?
Mensaje Enviado a Número1:
Oh crap, me acabo de dar cuenta que eres Ale nooooooooooo
To be continued...
Labels:
Noches y Chicas,
Pavadas Inclasificables,
Valencia
miércoles, 16 de abril de 2014
Porcas Tallas
Pos na, llegó el momento de la verdad. Luego de tantos años de buen servicio, de seguirme fielmente en cada una de mis aventuras por Europa, decidí que era hora de cambiar a mis acompañantes.
Había que comprar ropa interior nueva.
La misión era sencilla. Ir a Nuevo Centro, y buscar alguna tienda que no se viera demasiado pretenciosa, ni demasiado tela. Y conseguir, qué se yo, unas seis piezas nuevas. Nada complicado.
Durante el camino, aproveché que el día estaba bastante bonito, y caminé por el Turia, que me llevaría directo a Nuevo Centro. Aproveché y llamé a mi madre, con quien no hablaba hacía un tiempo.
Luego de media hora de caminata, llegué a la tienda y le colgué a mi madre. Me dirigí a la zona de ropa interior, y me topé con el primer problema. La talla.
Por supuesto, la ropa interior estaba catalogada como S, M, L, XL, etc. Y por supuesto, en esos casos las medidas son súper ambiguas, lo que es M en una marca es S en otra. Ahora, tratándose de ropa interior, no creía posible que me dejaran probar alguna.
Tomé un paquete, y le di la vuelta. Genial, había una traducción. Y evidentemente, no podía ser más complicada.
La talla M, por ejemplo, es 5 en Europa, pero pasa como 48-50 en Holanda y Alemania. Esa misma talla, en España, aparentemente es un 40-42. Y luego en Reino Unido había otra serie de numeritos.
Cha mare. Yo, que con las justas me acuerdo la talla en Perú, luego de tantos números, quedé más perdido que Mister Spock en el puerto de Mos Eisley.
Miré mi teléfono, y recordé a mi madre. Mi madre, como toda buena madre, sabe mis tallas hasta en Japón. Pero no, esta misión la debía resolver yo solo.
Por supuesto, terminé en el baño de Nuevo Centro, revisando la talla de mi ropa interior actual. Y ¡oh sorpresa! descubrí que mi ropa interior estaba tan vieja, que la talla ya no se leía.
Qué vergüenza...
Pues nada, como soy muy listo, decidí revisar la talla de mi pantalón. Y ¡oh sorpresa! el pantalón que llevaba en ese momento no indicaba ninguna talla.
Cha mare.
El paso siguiente fue ir a la tienda en mención, y buscar alguna prenda que no fuera ropa interior, que me pudiera probar. Encontré unos shorts, y cogí tres tallas distintas. ¡Alguna tenía que funcionar! Dai!
Como era de esperarse, una talla me quedó. No me pregunten qué talla exacta era, ni me acuerdo. Pero vamos, M. Funcionaba. Regresé a la ropa interior, y compré dos paquetes, con un tipo distinto cada uno. En la variedad está el gusto, dicen.
Espero que la tienda borre regularmente lo que graban las cámaras de seguridad, porque si no... qué vergüenza....
¿Qué pasó al final? Pues, claro, uno de los paquetes me quedó perfecto, y el otro no. A pesar de ser de la misma marca. Italiana tenía que ser.
Labels:
Aventuras Domésticas,
Valencia
sábado, 22 de marzo de 2014
Peligro Durante Fallas
Acá en Valencia se celebra lo que los locales llaman la festa més gran del món, las Fallas. No recuerdo haberles contado sobre esta fiesta antes, así que aquí va un resumen.
Els valencians (y les valencianes) juran que Valencia es la capital pirotécnica del mundo. No sé si realmente lo sea, pero vamos, en Marzo, cuando se celebran las Fallas, se esfuerzan mucho en demostrarlo (y lo hacen muy bien).
Una de las actividades principales de las Fallas es la de construir unas estatuas gigantes, llamadas fallas. Sí, las estatuas se llaman igual que la fiesta. No sólo eso, las organizaciones locales que construyen las fallas también se llaman fallas. Sí, las fallas arman fallas durante Fallas, eso. Y pasa lo mismo con la paella, se come paella preparada en una paella durante la paella.
Valencia es un sitio un poco confuso, lo sé.
Anyway, regresemos a las fallas. Las estatuas, digo. Al final de las Fallas, las fallas queman las fallas.
Chesu. Me acabo de dar cuenta de lo confuso que es este asunto. A ver...
Al final de las Fallas (festival), las fallas (organizaciones) queman las fallas (estatuas). Eso.
Sí, es raro, se pasan todo el año construyéndolas, y al final las queman. Es casi tan raro como si al final de las Fallas (festival), las fallas (estatuas) quemaran las fallas (organizaciones). Pero bueno, acá uno no ha venido a discutir sobre tradiciones raras (ni sobre la falta de vocabulario en Valencia), sino para enterarse cómo nuevamente he evitado la muerte dentro de mi aventura europea.
A la quema de fallas (estatuas) se le llama cremà. Y es casi casi un pecado asistir a las Fallas (festival) sin ver la cremà. Evidentemente, no me lo podía perder.
El día de la cremà, decidimos asistir a la quema de la Falla Infantil de na Jordana. Sí, dije Falla Infantil, cada falla (organización) construye dos fallas (estatuas), una para niños y otra para adultos. Anyway, decidimos ver la cremà de la Falla Infantil de na Jordana. Era una falla (estatua) muy bonita, con un mensaje sobre el cambio climático. Una Falla Ecológica, vamos.
Así que, por supuesto, no nos podíamos perder la ironía de ver los kilos y kilos de plástico de esta Falla Ecológica ser quemados, y ver cómo los mensajitos de "cuida el agua" y "controla tus emisiones de dióxido de carbono" se convertían en humo negro tóxico.
Llegamos a estar en primera fila. Bueno, okey, la Hosekova y yo llegamos a primera fila, los demás se quedaron ligeramente atrás. Estábamos encantados, súper cerca a la falla (estatua), estábamos seguros que tendríamos el fuego en nuestras narices.
Les cuento entonces cómo las fallas (organizaciones) prenden las fallas (estatuas). Como gasolina y un encendedor es algo un poco old-fashioned, la cremà se lleva a cabo con fuegos artificiales y petardos amarrados alrededor de la misma falla (estatua). Es impresionante, en serio.
Pos na, la Hosekova y yo esperábamos a que llegara la hora de la cremà, cuando empezaron a colocar los petardos. La Hosekova y yo debemos haberlo dicho al mismo tiempo: "¿No te parece que la traca está muy cerca?"
Es cierto, si nos estirábamos, habría sido sencillo tocar algún petardo. Pero vamos, acá, en la capital pirotécnica del mundo, la gente sabe lo que hace. Seguro que la distancia cumple con algún mínimo de seguridad. Esto lo llevan haciendo hace años, ¿no?
Empezaron entonces a salir los falleros, es decir, los miembros de la falla (organización) de na Jordana. Se pusieron todos alrededor, se tomaron fotos, lloraron un poquito, ya que estaban a punto de quemar su labor del año. En eso, se alejaron un poco de la falla (estatua), y miraron la llegada de un hombre.
Esta persona aparentemente era el Senyor Pirotècnic de na Jordana, el encargado de empezar la cremà. Tenía un aire de badass alrededor suyo, una especie de Clint Eastwood español. Uno no querría encontrarlo de mal humor, claro que no.
Pues este Senyor Pirotècnic llegó, y todo el mundo entró en silencio. Tranquilos, que si se molesta nos rompe la falla (estatua) antes de poder quemarla. El Senyor Pirotècnic se acercó, y miró a los falleros. Era hora. Cogió la traca, y cortó la mecha con los dientes. En serio. Sacó un mechero del bolsillo, lo encendió, y se lo dio a los representantes infantiles de la falla (organización). Ellos temblaban, no sé si por la emoción de empezar la cremà, o por el terror que le tenían al Senyor Pirotècnic.
El mechero iluminó todo de rojo. Apropiado, el color de la sangre, dai. La fallera mayor infantil (esta no se las explico, porque nos desviamos del tema) acercó el mechero a la traca, y prendió la mecha. Con esto, todos los falleros empezaron a alejarse.
Fue entonces que me di cuenta que la Hosekova y yo estábamos más cerca de la traca, y de la falla (estatua), que los falleros. La miré, y sentí una gota de sudor y un escalofrío recorrer mi espalda. Si estos adoradores del fuego estaban así de lejos, era por algo. La mecha se acortaba, las explosiones se hacían próximas, y nuestra seguridad aparentemente se desvanecía.
¡No podía ser! ¡Seguro que los falleros habían tomado nuestra seguridad en cuenta! Miré al Senyor Pirotècnic, buscando que con su mirada me transmitiera seguridad, un "déjate de llanto, y disfruta las explosiones." Pero no, cuando mis ojos se cruzaron con los suyos, vi sorpresa. Levantó su brazo, y con furia en los ojos, nos gritó algo que no puede haber sido demasiado distinto de: "¿Pero qué hacen ahí? ¡Corran , co*o!!!"
Fue en ese momento que la traca reventó, y todo a nuestro alrededor se convirtió en luz, fuego y destrucción.
No sé cómo sobrevivimos. O tal vez no lo hicimos, y nos encontramos en una especie de purgatorio, o algo. Pero bueno, cuando se disipó el humo, aún estábamos ahí. No sólo eso, la falla (estatua) también seguía ahí. Efectivamente, luego de tanta alharaca, la falla (estatua) no prendió, roche total. El Senyor Pirotècnic debe haber cortado un par de cabezas esa noche.
Y nada, unos días después que las Fallas (festival) han acabado, y que todas las fallas (organizaciones) quemaran las fallas (estatuas), sigo preguntándome si estoy vivo o no. Dicen por ahí que Roberto filmó todo, así que si encuentran el video en internet, y escuchan a alguien gritando como nena, imaginen que no fui yo.
¡Hasta la próxima, gente!
Els valencians (y les valencianes) juran que Valencia es la capital pirotécnica del mundo. No sé si realmente lo sea, pero vamos, en Marzo, cuando se celebran las Fallas, se esfuerzan mucho en demostrarlo (y lo hacen muy bien).
Una de las actividades principales de las Fallas es la de construir unas estatuas gigantes, llamadas fallas. Sí, las estatuas se llaman igual que la fiesta. No sólo eso, las organizaciones locales que construyen las fallas también se llaman fallas. Sí, las fallas arman fallas durante Fallas, eso. Y pasa lo mismo con la paella, se come paella preparada en una paella durante la paella.
Valencia es un sitio un poco confuso, lo sé.
Anyway, regresemos a las fallas. Las estatuas, digo. Al final de las Fallas, las fallas queman las fallas.
Chesu. Me acabo de dar cuenta de lo confuso que es este asunto. A ver...
Al final de las Fallas (festival), las fallas (organizaciones) queman las fallas (estatuas). Eso.
Sí, es raro, se pasan todo el año construyéndolas, y al final las queman. Es casi tan raro como si al final de las Fallas (festival), las fallas (estatuas) quemaran las fallas (organizaciones). Pero bueno, acá uno no ha venido a discutir sobre tradiciones raras (ni sobre la falta de vocabulario en Valencia), sino para enterarse cómo nuevamente he evitado la muerte dentro de mi aventura europea.
A la quema de fallas (estatuas) se le llama cremà. Y es casi casi un pecado asistir a las Fallas (festival) sin ver la cremà. Evidentemente, no me lo podía perder.
El día de la cremà, decidimos asistir a la quema de la Falla Infantil de na Jordana. Sí, dije Falla Infantil, cada falla (organización) construye dos fallas (estatuas), una para niños y otra para adultos. Anyway, decidimos ver la cremà de la Falla Infantil de na Jordana. Era una falla (estatua) muy bonita, con un mensaje sobre el cambio climático. Una Falla Ecológica, vamos.
Así que, por supuesto, no nos podíamos perder la ironía de ver los kilos y kilos de plástico de esta Falla Ecológica ser quemados, y ver cómo los mensajitos de "cuida el agua" y "controla tus emisiones de dióxido de carbono" se convertían en humo negro tóxico.
Llegamos a estar en primera fila. Bueno, okey, la Hosekova y yo llegamos a primera fila, los demás se quedaron ligeramente atrás. Estábamos encantados, súper cerca a la falla (estatua), estábamos seguros que tendríamos el fuego en nuestras narices.
Les cuento entonces cómo las fallas (organizaciones) prenden las fallas (estatuas). Como gasolina y un encendedor es algo un poco old-fashioned, la cremà se lleva a cabo con fuegos artificiales y petardos amarrados alrededor de la misma falla (estatua). Es impresionante, en serio.
Pos na, la Hosekova y yo esperábamos a que llegara la hora de la cremà, cuando empezaron a colocar los petardos. La Hosekova y yo debemos haberlo dicho al mismo tiempo: "¿No te parece que la traca está muy cerca?"
Es cierto, si nos estirábamos, habría sido sencillo tocar algún petardo. Pero vamos, acá, en la capital pirotécnica del mundo, la gente sabe lo que hace. Seguro que la distancia cumple con algún mínimo de seguridad. Esto lo llevan haciendo hace años, ¿no?
Empezaron entonces a salir los falleros, es decir, los miembros de la falla (organización) de na Jordana. Se pusieron todos alrededor, se tomaron fotos, lloraron un poquito, ya que estaban a punto de quemar su labor del año. En eso, se alejaron un poco de la falla (estatua), y miraron la llegada de un hombre.
Esta persona aparentemente era el Senyor Pirotècnic de na Jordana, el encargado de empezar la cremà. Tenía un aire de badass alrededor suyo, una especie de Clint Eastwood español. Uno no querría encontrarlo de mal humor, claro que no.
Pues este Senyor Pirotècnic llegó, y todo el mundo entró en silencio. Tranquilos, que si se molesta nos rompe la falla (estatua) antes de poder quemarla. El Senyor Pirotècnic se acercó, y miró a los falleros. Era hora. Cogió la traca, y cortó la mecha con los dientes. En serio. Sacó un mechero del bolsillo, lo encendió, y se lo dio a los representantes infantiles de la falla (organización). Ellos temblaban, no sé si por la emoción de empezar la cremà, o por el terror que le tenían al Senyor Pirotècnic.
El mechero iluminó todo de rojo. Apropiado, el color de la sangre, dai. La fallera mayor infantil (esta no se las explico, porque nos desviamos del tema) acercó el mechero a la traca, y prendió la mecha. Con esto, todos los falleros empezaron a alejarse.
Fue entonces que me di cuenta que la Hosekova y yo estábamos más cerca de la traca, y de la falla (estatua), que los falleros. La miré, y sentí una gota de sudor y un escalofrío recorrer mi espalda. Si estos adoradores del fuego estaban así de lejos, era por algo. La mecha se acortaba, las explosiones se hacían próximas, y nuestra seguridad aparentemente se desvanecía.
¡No podía ser! ¡Seguro que los falleros habían tomado nuestra seguridad en cuenta! Miré al Senyor Pirotècnic, buscando que con su mirada me transmitiera seguridad, un "déjate de llanto, y disfruta las explosiones." Pero no, cuando mis ojos se cruzaron con los suyos, vi sorpresa. Levantó su brazo, y con furia en los ojos, nos gritó algo que no puede haber sido demasiado distinto de: "¿Pero qué hacen ahí? ¡Corran , co*o!!!"
Fue en ese momento que la traca reventó, y todo a nuestro alrededor se convirtió en luz, fuego y destrucción.
No sé cómo sobrevivimos. O tal vez no lo hicimos, y nos encontramos en una especie de purgatorio, o algo. Pero bueno, cuando se disipó el humo, aún estábamos ahí. No sólo eso, la falla (estatua) también seguía ahí. Efectivamente, luego de tanta alharaca, la falla (estatua) no prendió, roche total. El Senyor Pirotècnic debe haber cortado un par de cabezas esa noche.
Y nada, unos días después que las Fallas (festival) han acabado, y que todas las fallas (organizaciones) quemaran las fallas (estatuas), sigo preguntándome si estoy vivo o no. Dicen por ahí que Roberto filmó todo, así que si encuentran el video en internet, y escuchan a alguien gritando como nena, imaginen que no fui yo.
¡Hasta la próxima, gente!
lunes, 24 de febrero de 2014
La Flecha del Tiempo
Una noche fría, en Ginebra, ella bajó su mirada, levantó ligeramente la copa, y dijo: "Yo nunca he tenido strong feelings por dos personas al mismo tiempo."
Hubo un silencio breve. Luego, muchos de los presentes bajamos la mirada, tomamos nuestra copa, y bebimos un poco. Nadie rió, nadie quiso decir mucho al respecto.
Él me miró, y dijo: "Esta es una de las peores situaciones en las que uno puede estar. No puedes hacer nada."
Indeed. No puedes hacer nada. Si uno está en una situación similar, con strong feelings por más de una persona, cualquier cosa que hagas seguramente herirá a alguien. Garantizado.
La frase de esa chica (recuerden que cuando uno juega a "Yo Nunca," está prohibido mencionar nombres) me hizo regresar, sin querer, unos siete años. A la época en que acababa de salir de Perú, y me encontraba en Cambridge. Además de estudios complicados, mi estancia en Cambridge se caracterizó no por un triángulo amoroso, un love triangle, sino más bien por un bloody love snowflake. Ya se imaginarán.
Okey, concentrémonos en la parte del snowflake que me concierne. Fue una época muy díficil. Estaba aún saliendo con Jessica, quien se quedó en Perú, y con quien eventualmente tuve una crisis de un par de meses. En esos momentos, Bianca estuvo ahí siempre como apoyo, y realmente le debo a ella el haber podido pasar el Master. Teniendo la cabeza hecha un embrollo por la crisis con Jessica, la amistad de Bianca de alguna manera logró estabilizarme lo suficiente para poder concentrarme en los cursos, y pasar el Master con una nota decente.
Meses después, Jessica vino a Cambridge, con el objetivo de arreglar las cosas. Y fue entonces que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Strong feelings por dos personas, al mismo tiempo. Parálisis. Saber que cada sílaba que uno emita heriría a alguien.
Fue complicado. Dada la situación, Jessica y yo decidimos no regresar, no seguir saliendo, ya que todo estaba demasiado turbio (eventualmente sí volvimos a juntarnos, lo que motivó a que ella me viniera a visitar, hace mucho tiempo, a Valencia). Con Bianca las cosas no quedaron muy bien, dentro de mi confusión eventualmente entendí que era Jessica de quien estaba enamorado, y ella no se lo tomó muy bien. A pesar que yo me disculpé un año después por todo el rollo, disculpa que ella aceptó, dejamos de hablar.
Hace unos meses, fui a visitar a Alvaro a Amsterdam, y sabiendo que Bianca estaba por ahí, me animé a escribirle. Luego de siete años de no vernos, Bianca y yo nos tomamos un café juntos, y caminamos alrededor de Amsterdam, mientras el buen Alvaro nos contaba anécdotas sobre molinos de viento, y cómo Holanda parece un donut mordido. Debo admitir que fue muy bonito, re-enganchamos como si hubiera pasado solo una semana desde la última vez que nos vimos.
Cuando Bianca tomó el tren que la llevaría de vuelta a Rotterdam, donde la esperaba su futuro esposo, sentía que había cerrado una puerta, una puerta que no me había percatado que seguía abierta. Fue muy extraño, el haber podido despedirme de Bianca con una sonrisa, y saber que era feliz, me llenó de una paz inesperada.
La historia con esta chica fue muy breve. Habrá durado dos o tres semanas de verano. Fueron días bastante felices, pero quedaron ahí, como algo del verano. Por lo menos por mi parte, no estaba emocionalmente preparado, ni dispuesto, a algo más.
No obstante, quise dejarle a esta chica un regalo que la hiciera sonreír. Recordaba que la Cazavampiros alguna vez me había hecho leer Oceano Mare, de Alessandro Baricco, y me convencí que debía regalarle ese mismo libro. Vamos, es una historia mágica y bonita, no joroben.
Salí en busca del libro, y no lo encontré. Era un problema, porque la chica se quedaba solo un par de días más. De Baricco sólo tenían un libro titulado Esta Historia, un libro con una reseña bastante simpática. Habiendo leído Oceano Mare y Novecento, asumí que el estilo de Baricco sería siempre el mismo, y me dije "ya pues, me arriesgo" y compré el libro.
Años después, al estar preparándome para certificarme en italiano, me volví a topar con este libro. Leí el primer capítulo, y me quedé espantado. El primer capítulo describe un accidente automovilístico gigantesco, con lujo de detalles, sangre y muerte por todo lados. Era gore, puro y duro.
Chesu.
Pos na. Chica, si me estás leyendo, ¡lo sieeeeentoooooo!
Hubo un silencio breve. Luego, muchos de los presentes bajamos la mirada, tomamos nuestra copa, y bebimos un poco. Nadie rió, nadie quiso decir mucho al respecto.
Él me miró, y dijo: "Esta es una de las peores situaciones en las que uno puede estar. No puedes hacer nada."
Indeed. No puedes hacer nada. Si uno está en una situación similar, con strong feelings por más de una persona, cualquier cosa que hagas seguramente herirá a alguien. Garantizado.
La frase de esa chica (recuerden que cuando uno juega a "Yo Nunca," está prohibido mencionar nombres) me hizo regresar, sin querer, unos siete años. A la época en que acababa de salir de Perú, y me encontraba en Cambridge. Además de estudios complicados, mi estancia en Cambridge se caracterizó no por un triángulo amoroso, un love triangle, sino más bien por un bloody love snowflake. Ya se imaginarán.
Okey, concentrémonos en la parte del snowflake que me concierne. Fue una época muy díficil. Estaba aún saliendo con Jessica, quien se quedó en Perú, y con quien eventualmente tuve una crisis de un par de meses. En esos momentos, Bianca estuvo ahí siempre como apoyo, y realmente le debo a ella el haber podido pasar el Master. Teniendo la cabeza hecha un embrollo por la crisis con Jessica, la amistad de Bianca de alguna manera logró estabilizarme lo suficiente para poder concentrarme en los cursos, y pasar el Master con una nota decente.
Meses después, Jessica vino a Cambridge, con el objetivo de arreglar las cosas. Y fue entonces que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Strong feelings por dos personas, al mismo tiempo. Parálisis. Saber que cada sílaba que uno emita heriría a alguien.
Fue complicado. Dada la situación, Jessica y yo decidimos no regresar, no seguir saliendo, ya que todo estaba demasiado turbio (eventualmente sí volvimos a juntarnos, lo que motivó a que ella me viniera a visitar, hace mucho tiempo, a Valencia). Con Bianca las cosas no quedaron muy bien, dentro de mi confusión eventualmente entendí que era Jessica de quien estaba enamorado, y ella no se lo tomó muy bien. A pesar que yo me disculpé un año después por todo el rollo, disculpa que ella aceptó, dejamos de hablar.
Hace unos meses, fui a visitar a Alvaro a Amsterdam, y sabiendo que Bianca estaba por ahí, me animé a escribirle. Luego de siete años de no vernos, Bianca y yo nos tomamos un café juntos, y caminamos alrededor de Amsterdam, mientras el buen Alvaro nos contaba anécdotas sobre molinos de viento, y cómo Holanda parece un donut mordido. Debo admitir que fue muy bonito, re-enganchamos como si hubiera pasado solo una semana desde la última vez que nos vimos.
Cuando Bianca tomó el tren que la llevaría de vuelta a Rotterdam, donde la esperaba su futuro esposo, sentía que había cerrado una puerta, una puerta que no me había percatado que seguía abierta. Fue muy extraño, el haber podido despedirme de Bianca con una sonrisa, y saber que era feliz, me llenó de una paz inesperada.
***
La historia con esta chica fue muy breve. Habrá durado dos o tres semanas de verano. Fueron días bastante felices, pero quedaron ahí, como algo del verano. Por lo menos por mi parte, no estaba emocionalmente preparado, ni dispuesto, a algo más.
No obstante, quise dejarle a esta chica un regalo que la hiciera sonreír. Recordaba que la Cazavampiros alguna vez me había hecho leer Oceano Mare, de Alessandro Baricco, y me convencí que debía regalarle ese mismo libro. Vamos, es una historia mágica y bonita, no joroben.
Salí en busca del libro, y no lo encontré. Era un problema, porque la chica se quedaba solo un par de días más. De Baricco sólo tenían un libro titulado Esta Historia, un libro con una reseña bastante simpática. Habiendo leído Oceano Mare y Novecento, asumí que el estilo de Baricco sería siempre el mismo, y me dije "ya pues, me arriesgo" y compré el libro.
Años después, al estar preparándome para certificarme en italiano, me volví a topar con este libro. Leí el primer capítulo, y me quedé espantado. El primer capítulo describe un accidente automovilístico gigantesco, con lujo de detalles, sangre y muerte por todo lados. Era gore, puro y duro.
Chesu.
Pos na. Chica, si me estás leyendo, ¡lo sieeeeentoooooo!
***
La otra vez, hablando con Domínguez sobre cómo preparar un mojito con kiwis, me percaté que no le había contado la noticia. Ni a él ni a los otros Fugas. También recordé los ojos de ella, diciéndome que era una vergüenza que no hubiera hecho público que habíamos terminado, y que tres meses después ella tuviera que encontrarse con mis amigos en Lima y explicarles que ya no estamos saliendo.
Pues eso. Notarán que estoy solo en Valencia. A buen entendedor, pocas palabras.
Labels:
Cambridge,
Ginebra,
Momentos Reflexivos,
Noches y Chicas,
Valencia
lunes, 20 de enero de 2014
Mis Hogares
Desde el momento que abrí la puerta, supe que estaba, nuevamente, en casa.
No, no estoy en Perú. Me encuentro actualmente en lo que llamo Home #2, Valencia, España. Me encuentro en el mismo piso donde pasé los últimos dos años del doctorado, donde pasé el peor año de mi vida, pero también donde luego conocí a la Mari, Herr Deutschland, ODD, la Nube de Ámbar (conocida en este blog inicialmente como Eli), Ola y la GambaGirl.
Acá, constantemente revivo momentos gloriosos, y momentos complicados. Recuerdo sonrisas y frustraciones. Pero me siento en casa. Me encuentro en mi barrio, donde reconozco a la viejita de la misa, al mendigo del parque, a la comunidad latinoamericana que juega fútbol, a la señora que hace la limpieza... y por supuesto, donde tengo amigos muy cercanos.
Podría hablar de esto por horas. Pero curiosamente, el post de hoy no trata de esto, sino de mi hogar anterior. El post trata sobre la mansión de los horrores donde viví en Ginebra. Un sitio que, curiosamente, llegué a querer, no por el sitio en sí, sino por otras razones que ya revelaré más adelante.
Evaluemos mi situación en los últimos dos años. Era (soy) un postdoc que recibe un sueldo español, que debía vivir en Ginebra. Una de las ciudades más caras del mundo. Un sitio donde alquilar un piso cuesta como mínimo unos mil francos. Donde cenar en un restaurante cuesta generalmente unos cuarenta francos. Donde una cerveza puede llegar a costar veinticinco francos.
Para los que no saben, un franco es más o menos similar a un dólar estadounidense. Sí, así de mal estaba la cosa.
Evidentemente tenía que ahorrar. Y no podía ir a cualquier sitio. Terminé viviendo en una residencia de estudiantes, el Foyer St Justin.
El sitio en sí estaba relativamente bien. Ubicado cerca al lago y a la estación de tren, con una cocina relativamente grande, terraza, salón común... sí, de hecho que tenía cosas complicadas, como tener que compartir un baño entre diez personas, y refrigeradores muy pequeños, y prostitutas y dealers en los alrededores, pero por lo general eran cosas bastante aceptables.
El problema, por supuesto, era la administración del Foyer. Eran casi nazis.
Estamos hablando de gente administrando un Foyer con unas 120 personas que venían de todo el mundo. Literalmente. Estos administradores no tenían el más mínimo criterio para manejar un sitio así.
Por ejemplo, la cocina. La cocina era un pequeño desastre, ya que dentro de estas 120 personas, siempre había un par que vivía por primera vez fuera de la casa de sus padres, o que siempre había tenido a alguien que le hiciera las cosas. Por ende, era muy natural que accidentes ocurrieran frecuentemente, desde equivocarse en el momento de reciclar, hasta meter metales en el microondas.
No obstante, la dirección era incapaz de entender esto. Culpaba a los 120 residentes de todos los desastres, y nos "castigaba" amenazando cancelar el servicio de limpieza diario, o incluso proponiendo cerrar la cocina permanentemente. Imponía medidas ridículas, como prohibir a la gente cargar alimentos fuera de la cocina (o sea, olvídate de llevarte un tecito a la habitación).
El racismo era un tema frecuente. Una vez, ocurrió una invasión de cucarachas en la misma cocina. Cuando La Garota Gostosa fue a quejarse, se le culpó de haber traído las cucarachas en su maleta. Geniales. Alguna vez también escuché a la secretaria considerar que algunos residentes venían de sitios donde no había casi civilización... cuando muchos de ellos trabajaba en las Naciones Unidas, o en la Cruz Roja, o seguía maestrías.
La limpieza por lo general era precaria. El Foyer contrataba a solamente dos personas que debían limpiar seis pisos, con veinte habitaciones y dos baños cada uno, junto con la cocina, la terraza, la sala y las áreas de servicio. Dos personas. Ya se imaginan.
Organizar fiestas era todo un rollo. Era crucial enterarse cuándo el responsable estaba fuera el fin de semana (llamémosle Señor Ogro). Si decidíamos hacer una fiesta, y el Señor Ogro se encontraba en casa, bajaba religiosamente a las 11:00 pm para echar a la calle a todos aquellos que no eran residentes. Sin importar que hubieran sido residentes en el pasado, o antiguos miembros de la administración, sin importar que afuera estuviera lloviendo o bajo cero... todos a la calle. La única forma de relajar al Señor Ogro era emborrachándolo... que afortunadamente no era tan difícil.
Tal vez la situación más grave ocurrió a inicios del 2012. El genial Señor Ogro decidió que las habitaciones no estaban suficientemente limpias, así que convenció al Señor Conserje que tomara fotos de cada una de las habitaciones para poder tener pruebas. Como si esto no fuera suficientemente escandaloso, el Señor Conserje tenía tanto criterio como lo tiene un pedazo de ladrillo, y se caracterizaba por entrar sin tocar la puerta.
Por supuesto, todas estas cosas generalmente eran acompañadas por gritos, porque el Señor Ogro era incapaz de razonar.
¿Y por qué nadie se quejó? ¿Por qué la administración se salía con la suya? Fácil, resulta que el mercado inmobiliario en Ginebra es una mafia. Conseguir un sitio dónde vivir puede tomar meses. El Señor Ogro sabía que si alguien se quejaba, simplemente lo amenazaba con echarlo a la calle. Recuerdo que al llegar, La Libanesa de los Ojos Infinitos y yo escribimos una carta, quejándonos de esta situación, y muy poca gente estaba dispuesta a firmarla, por miedo de terminar en la calle.
Pues sí, ahi viví por casi dos años. Tres meses en el 2010, todo el 2012, y la última mitad del 2013. ¿Y por qué regresaba ahí?
El Foyer St Justin, a pesar de todo, tenía algo muy especial: el salón. En dicho salón nos juntábamos a comer personas de todos los continentes del mundo. Personas que queríamos marchar adelante, ya sea estudiando, o trabajando en ONGs, o intentando hacer avanzar a la ciencia, o buscando resolver la burrocracia en las Naciones Unidas. Gente de todos los colores, sabores, olores, frecuencias y texturas. Ahí conocí a El Albanés Amable, La Tedesca Sorridente, Die Tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, El Árabe Silencioso, Sally, La Gata B, La Libanesa de los Ojos Infinitos, The Relaxed Englishman, La Finlandesa Particular, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, el Español Superguay, Chibi-Ninja, Mojo Jojo, La Turca Inocente, El Uzbeko Reservado, El Tanzano Chévere, El Niño Albanés, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente, La Fragolina, La Catalana y Olé... y más gente aún que no llegó a tener apodo.
Dada esta situación, ¿cómo no volver ahí? Sí, de hecho, también conocía gente fantástica en el CERN, y pasé momentos geniales con la gente de la WIPO, incluyendo a Angela y Gedas... pero ¿cómo no ser atraído por este gran conjunto de personas? ¿Cómo no aceptar vivir en las horribles condiciones del Foyer St Justin, si la recompensa iba a ser tan grande?
Yo no me pude resistir. Y es por eso que volví ahí tantas veces. Por otro lado, dicen que El Señor Ogro se retira en Junio, así que si van a Ginebra después de esa fecha, échenle una ojeada al sitio, fácil ya no encuentran de qué quejarse.
¡Ok! ¡Este post me salió gigante! Me despido con una fotito de Valencia. ¡Hasta pronto!
No, no estoy en Perú. Me encuentro actualmente en lo que llamo Home #2, Valencia, España. Me encuentro en el mismo piso donde pasé los últimos dos años del doctorado, donde pasé el peor año de mi vida, pero también donde luego conocí a la Mari, Herr Deutschland, ODD, la Nube de Ámbar (conocida en este blog inicialmente como Eli), Ola y la GambaGirl.
Acá, constantemente revivo momentos gloriosos, y momentos complicados. Recuerdo sonrisas y frustraciones. Pero me siento en casa. Me encuentro en mi barrio, donde reconozco a la viejita de la misa, al mendigo del parque, a la comunidad latinoamericana que juega fútbol, a la señora que hace la limpieza... y por supuesto, donde tengo amigos muy cercanos.
Podría hablar de esto por horas. Pero curiosamente, el post de hoy no trata de esto, sino de mi hogar anterior. El post trata sobre la mansión de los horrores donde viví en Ginebra. Un sitio que, curiosamente, llegué a querer, no por el sitio en sí, sino por otras razones que ya revelaré más adelante.
Evaluemos mi situación en los últimos dos años. Era (soy) un postdoc que recibe un sueldo español, que debía vivir en Ginebra. Una de las ciudades más caras del mundo. Un sitio donde alquilar un piso cuesta como mínimo unos mil francos. Donde cenar en un restaurante cuesta generalmente unos cuarenta francos. Donde una cerveza puede llegar a costar veinticinco francos.
Para los que no saben, un franco es más o menos similar a un dólar estadounidense. Sí, así de mal estaba la cosa.
Evidentemente tenía que ahorrar. Y no podía ir a cualquier sitio. Terminé viviendo en una residencia de estudiantes, el Foyer St Justin.
El sitio en sí estaba relativamente bien. Ubicado cerca al lago y a la estación de tren, con una cocina relativamente grande, terraza, salón común... sí, de hecho que tenía cosas complicadas, como tener que compartir un baño entre diez personas, y refrigeradores muy pequeños, y prostitutas y dealers en los alrededores, pero por lo general eran cosas bastante aceptables.
El problema, por supuesto, era la administración del Foyer. Eran casi nazis.
Estamos hablando de gente administrando un Foyer con unas 120 personas que venían de todo el mundo. Literalmente. Estos administradores no tenían el más mínimo criterio para manejar un sitio así.
Por ejemplo, la cocina. La cocina era un pequeño desastre, ya que dentro de estas 120 personas, siempre había un par que vivía por primera vez fuera de la casa de sus padres, o que siempre había tenido a alguien que le hiciera las cosas. Por ende, era muy natural que accidentes ocurrieran frecuentemente, desde equivocarse en el momento de reciclar, hasta meter metales en el microondas.
No obstante, la dirección era incapaz de entender esto. Culpaba a los 120 residentes de todos los desastres, y nos "castigaba" amenazando cancelar el servicio de limpieza diario, o incluso proponiendo cerrar la cocina permanentemente. Imponía medidas ridículas, como prohibir a la gente cargar alimentos fuera de la cocina (o sea, olvídate de llevarte un tecito a la habitación).
El racismo era un tema frecuente. Una vez, ocurrió una invasión de cucarachas en la misma cocina. Cuando La Garota Gostosa fue a quejarse, se le culpó de haber traído las cucarachas en su maleta. Geniales. Alguna vez también escuché a la secretaria considerar que algunos residentes venían de sitios donde no había casi civilización... cuando muchos de ellos trabajaba en las Naciones Unidas, o en la Cruz Roja, o seguía maestrías.
La limpieza por lo general era precaria. El Foyer contrataba a solamente dos personas que debían limpiar seis pisos, con veinte habitaciones y dos baños cada uno, junto con la cocina, la terraza, la sala y las áreas de servicio. Dos personas. Ya se imaginan.
Organizar fiestas era todo un rollo. Era crucial enterarse cuándo el responsable estaba fuera el fin de semana (llamémosle Señor Ogro). Si decidíamos hacer una fiesta, y el Señor Ogro se encontraba en casa, bajaba religiosamente a las 11:00 pm para echar a la calle a todos aquellos que no eran residentes. Sin importar que hubieran sido residentes en el pasado, o antiguos miembros de la administración, sin importar que afuera estuviera lloviendo o bajo cero... todos a la calle. La única forma de relajar al Señor Ogro era emborrachándolo... que afortunadamente no era tan difícil.
Tal vez la situación más grave ocurrió a inicios del 2012. El genial Señor Ogro decidió que las habitaciones no estaban suficientemente limpias, así que convenció al Señor Conserje que tomara fotos de cada una de las habitaciones para poder tener pruebas. Como si esto no fuera suficientemente escandaloso, el Señor Conserje tenía tanto criterio como lo tiene un pedazo de ladrillo, y se caracterizaba por entrar sin tocar la puerta.
Por supuesto, todas estas cosas generalmente eran acompañadas por gritos, porque el Señor Ogro era incapaz de razonar.
¿Y por qué nadie se quejó? ¿Por qué la administración se salía con la suya? Fácil, resulta que el mercado inmobiliario en Ginebra es una mafia. Conseguir un sitio dónde vivir puede tomar meses. El Señor Ogro sabía que si alguien se quejaba, simplemente lo amenazaba con echarlo a la calle. Recuerdo que al llegar, La Libanesa de los Ojos Infinitos y yo escribimos una carta, quejándonos de esta situación, y muy poca gente estaba dispuesta a firmarla, por miedo de terminar en la calle.
Pues sí, ahi viví por casi dos años. Tres meses en el 2010, todo el 2012, y la última mitad del 2013. ¿Y por qué regresaba ahí?
El Foyer St Justin, a pesar de todo, tenía algo muy especial: el salón. En dicho salón nos juntábamos a comer personas de todos los continentes del mundo. Personas que queríamos marchar adelante, ya sea estudiando, o trabajando en ONGs, o intentando hacer avanzar a la ciencia, o buscando resolver la burrocracia en las Naciones Unidas. Gente de todos los colores, sabores, olores, frecuencias y texturas. Ahí conocí a El Albanés Amable, La Tedesca Sorridente, Die Tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, El Árabe Silencioso, Sally, La Gata B, La Libanesa de los Ojos Infinitos, The Relaxed Englishman, La Finlandesa Particular, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, el Español Superguay, Chibi-Ninja, Mojo Jojo, La Turca Inocente, El Uzbeko Reservado, El Tanzano Chévere, El Niño Albanés, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente, La Fragolina, La Catalana y Olé... y más gente aún que no llegó a tener apodo.
Dada esta situación, ¿cómo no volver ahí? Sí, de hecho, también conocía gente fantástica en el CERN, y pasé momentos geniales con la gente de la WIPO, incluyendo a Angela y Gedas... pero ¿cómo no ser atraído por este gran conjunto de personas? ¿Cómo no aceptar vivir en las horribles condiciones del Foyer St Justin, si la recompensa iba a ser tan grande?
Yo no me pude resistir. Y es por eso que volví ahí tantas veces. Por otro lado, dicen que El Señor Ogro se retira en Junio, así que si van a Ginebra después de esa fecha, échenle una ojeada al sitio, fácil ya no encuentran de qué quejarse.
¡Ok! ¡Este post me salió gigante! Me despido con una fotito de Valencia. ¡Hasta pronto!
jueves, 18 de julio de 2013
Números Redondos
Este viene a ser el post número 100 del blog. Cien aventuras en casi ocho años. Supongo que toca un post reflexivo, la verdad no vendría nada mal, después de todas las pavadas que les cuento cada mes.
Hace varias semanas llevo pensando qué decir. Cien posts son muchos. La primera idea que se me vino a la mente era reflexionar sobre el blog en sí, y hacia dónde iría en el futuro próximo. Y sí, lo haré, pero no me quedaré ahí. Hace unos días me he enterado de una noticia un poco fuerte, y supongo que la comentaré también.
Anyway, les hago el update de mi situación. Me encuentro nuevamente en Ginebra, y el plan es quedarme acá hasta fin de año. Luego, me mudaré a Valencia por unos meses, con el fin de terminar mi trabajo en el IFIC. Y luego, la idea era regresar a Perú, para incorporarme a la PUCP como profesor investigador. Ese fue más o menos mi plan desde que salí hacia Inglaterra en el 2005, y lo ha sido en todo este tiempo. Regresar a Perú, y ayudar a llevar adelante la investigación en física teórica dentro del país.
En ese momento, sería muy probable que cierre el blog.
La verdad, cerrar el blog en ese momento sería apropiado. Creo haberlo dicho antes, pero el título del blog, "El Vacío Metaestable," hace referencia a mi vida fuera de Lima. No recuerdo si llegué a explicarlo antes, pero lo volveré a hacer. Sí señores, en este blog finalmente se hablará de física.
En física teórica, cuando uno habla del vacío de un sistema, se refiere al estado con menor energía de este. Este estado es estable, es decir, si el sistema se encuentra en este estado, no querrá salir de él.
Ahora, un vacío metaestable es un estado del sistema que no es el de menor energía, pero que tampoco es inestable. Es una especie de intermedio. Un "falso vacío," si quieren, un estado en donde se percibe una estabilidad que al final es falsa.
Así era como yo veía mi vida como doctorando, y luego como postdoc. Un sitio que se percibía estable, donde me encontraba bien, pero que al final era transitorio. No necesariamente falso, pero definitivamente no permanente.
Alucinen la fumada que me tuve que mandar para llegar a esta metáfora, eh. Ni Sir John Ellis, con sus pinguinos.
Anyway, tomando esto en cuenta, tenía mucho sentido cerrar el blog cuando regresara a Perú. En ese momento, mi vacío se volvería estable, y el blog perdería el encanto (asumiendo que lo tuviera, claro). Por supuesto, siempre podía encontrar alguna razón para no cerrarlo. Por ejemplo, podría usar el argumento de que la masa observada del bosón de Higgs implica que el Universo en el que vivimos tampoco es estable (es cierto, señoras y señores, aparentemente vivimos en un Vacío Metaestable, quién lo hubiera dicho). Pero por el momento eso me parece hacer trampa.
Por otro lado, otra razón por la que debería eventualmente cerrar el blog es porque me gusta más la historia de Goku que la de Superman. No, no, no es otra fumada, a mi me gusta más el manga que el comic principalmente porque acaba. Eventualmente Goku se vuelve el más fuerte, y se acabó la historia. La historia del porco Superman no acaba jamás, y cada vez parece más jalado de los pelos sacar malos que lo puedan desafiar (sí, me consta que existen comics que sí acaban, y por supuesto, esos comics sí me gustan). Yo creo que una buena historia debe eventualmente acabar, por lo cual este blog algún día debe ser cerrado.
Entonces, ¿se cerrará este blog? Pues bien, esto también dependerá si al final llego a regresar a Perú.
Resulta que en los últimos días mi proyecto de regresar a Lima ha sufrido un duro revés. A pesar que regresé a Lima por una breve temporada (entre otras cosas, para apoyar a la PUCP como Discussion Leader en el CLASHEP), aparentemente eso no fue suficiente como para asegurar un regreso seguro a Lima. Ya no es seguro que tenga un trabajo esperándome cuando vuelva a Lima. Y eso ha hecho que nuevamente me replantee las cosas.
Por supuesto, si es que todo este rollo se arregla, seguiría pensando en regresar a la PUCP. Pero, ¿y si no pudiera? ¿Si la PUCP no me quisiera? ¿Qué hacer entonces, luego de siete años y medio pensando en regresar a ella?
También resulta que mi futuro no lo decidiré necesariamente solo. Al llegar a Valencia me estará esperando La Guapa, y si todo va bien viviremos juntos por unos cinco meses. De no regresar a la PUCP, habría que tomar una decisión en conjunto, cosa que por un lado me parece rara, pero por otro me daría gusto también.
Entonces bueno, ¡la aventura no termina aún! A pesar de todo, se vienen unos meses interesantes. Llenos de intriga, sin lugar a dudas. Llenos de nuevas experiencias dentro de sitios conocidos. Seguramente llenos de desastres, rollos con los idiomas, viajes caóticos, desafíos caseros, y mucho más.
Así que sigan viniendo pe, sigan leyendo. Tenemos para un año más. A ver qué pasa.
Un abrazo a todos. Lo dejo con las palabras más comunes en este blog en los dos últimos años. Dai, a presto, rega!
Hace varias semanas llevo pensando qué decir. Cien posts son muchos. La primera idea que se me vino a la mente era reflexionar sobre el blog en sí, y hacia dónde iría en el futuro próximo. Y sí, lo haré, pero no me quedaré ahí. Hace unos días me he enterado de una noticia un poco fuerte, y supongo que la comentaré también.
Anyway, les hago el update de mi situación. Me encuentro nuevamente en Ginebra, y el plan es quedarme acá hasta fin de año. Luego, me mudaré a Valencia por unos meses, con el fin de terminar mi trabajo en el IFIC. Y luego, la idea era regresar a Perú, para incorporarme a la PUCP como profesor investigador. Ese fue más o menos mi plan desde que salí hacia Inglaterra en el 2005, y lo ha sido en todo este tiempo. Regresar a Perú, y ayudar a llevar adelante la investigación en física teórica dentro del país.
En ese momento, sería muy probable que cierre el blog.
La verdad, cerrar el blog en ese momento sería apropiado. Creo haberlo dicho antes, pero el título del blog, "El Vacío Metaestable," hace referencia a mi vida fuera de Lima. No recuerdo si llegué a explicarlo antes, pero lo volveré a hacer. Sí señores, en este blog finalmente se hablará de física.
En física teórica, cuando uno habla del vacío de un sistema, se refiere al estado con menor energía de este. Este estado es estable, es decir, si el sistema se encuentra en este estado, no querrá salir de él.
Ahora, un vacío metaestable es un estado del sistema que no es el de menor energía, pero que tampoco es inestable. Es una especie de intermedio. Un "falso vacío," si quieren, un estado en donde se percibe una estabilidad que al final es falsa.
Así era como yo veía mi vida como doctorando, y luego como postdoc. Un sitio que se percibía estable, donde me encontraba bien, pero que al final era transitorio. No necesariamente falso, pero definitivamente no permanente.
Alucinen la fumada que me tuve que mandar para llegar a esta metáfora, eh. Ni Sir John Ellis, con sus pinguinos.
Anyway, tomando esto en cuenta, tenía mucho sentido cerrar el blog cuando regresara a Perú. En ese momento, mi vacío se volvería estable, y el blog perdería el encanto (asumiendo que lo tuviera, claro). Por supuesto, siempre podía encontrar alguna razón para no cerrarlo. Por ejemplo, podría usar el argumento de que la masa observada del bosón de Higgs implica que el Universo en el que vivimos tampoco es estable (es cierto, señoras y señores, aparentemente vivimos en un Vacío Metaestable, quién lo hubiera dicho). Pero por el momento eso me parece hacer trampa.
Por otro lado, otra razón por la que debería eventualmente cerrar el blog es porque me gusta más la historia de Goku que la de Superman. No, no, no es otra fumada, a mi me gusta más el manga que el comic principalmente porque acaba. Eventualmente Goku se vuelve el más fuerte, y se acabó la historia. La historia del porco Superman no acaba jamás, y cada vez parece más jalado de los pelos sacar malos que lo puedan desafiar (sí, me consta que existen comics que sí acaban, y por supuesto, esos comics sí me gustan). Yo creo que una buena historia debe eventualmente acabar, por lo cual este blog algún día debe ser cerrado.
Entonces, ¿se cerrará este blog? Pues bien, esto también dependerá si al final llego a regresar a Perú.
Resulta que en los últimos días mi proyecto de regresar a Lima ha sufrido un duro revés. A pesar que regresé a Lima por una breve temporada (entre otras cosas, para apoyar a la PUCP como Discussion Leader en el CLASHEP), aparentemente eso no fue suficiente como para asegurar un regreso seguro a Lima. Ya no es seguro que tenga un trabajo esperándome cuando vuelva a Lima. Y eso ha hecho que nuevamente me replantee las cosas.
Por supuesto, si es que todo este rollo se arregla, seguiría pensando en regresar a la PUCP. Pero, ¿y si no pudiera? ¿Si la PUCP no me quisiera? ¿Qué hacer entonces, luego de siete años y medio pensando en regresar a ella?
También resulta que mi futuro no lo decidiré necesariamente solo. Al llegar a Valencia me estará esperando La Guapa, y si todo va bien viviremos juntos por unos cinco meses. De no regresar a la PUCP, habría que tomar una decisión en conjunto, cosa que por un lado me parece rara, pero por otro me daría gusto también.
Entonces bueno, ¡la aventura no termina aún! A pesar de todo, se vienen unos meses interesantes. Llenos de intriga, sin lugar a dudas. Llenos de nuevas experiencias dentro de sitios conocidos. Seguramente llenos de desastres, rollos con los idiomas, viajes caóticos, desafíos caseros, y mucho más.
Así que sigan viniendo pe, sigan leyendo. Tenemos para un año más. A ver qué pasa.
Un abrazo a todos. Lo dejo con las palabras más comunes en este blog en los dos últimos años. Dai, a presto, rega!
Labels:
Ginebra,
Momentos Reflexivos,
Perú,
Valencia
viernes, 31 de mayo de 2013
La Línea de Ropa
Enfrentado a la terrible experiencia de lavar la ropa, me puse a pensar cómo hacer para tener que lavar menos veces al mes, y así aprovechar mi tiempo un poco mejor.
Me senté frente a la lavadora, el análisis era sencillo: mientras más ropa ponga de una sola vez en la lavadora, menos veces tendría que lavar. No obstante, tenía una restricción importante: el número de líneas en dónde secar la ropa era limitado.
Me sente entonces frente a las líneas de ropa (aquellas en donde otras aventuras interesantes habían ocurrido), y analicé cómo maximizar la cantidad de ropa que podía poner en ellas. Por supuesto, si maximizaba la cantidad de ropa que ponía en las líneas, minimizaría la cantidad de veces que tendría que lavar la ropa. Excelente.
Llegué a la conclusión que, a lo mucho, podía poner cuatro polos y una pieza de ropa interior en la línea. Además, un polo contaba aproximadamente como dos piezas de ropa interior, y un pantalón como polo y medio.
Habiendo hecho esto, me aseguré siempre que el número de piezas de ropa que lavara en algún momento ocupara completamente todas las líneas de ropa disponibles, al máximo.
Feliz de tener un método eficiente para lavar la ropa, procedí seguir con mi vida, confiado que seguramente ahorraría una o dos lavadas al año. Ecológico total, señores.
Por supuesto, mis compañeros de piso no vieron todo este proceso, lo único que veían era que yo siempre colgaba la ropa de la misma manera, siguiendo más o menos el mismo patrón. Uno de ellos se me acercó una vez, mientras llevaba a cabo mi fríamente calculada labor, y me dijo: "Oye, tú eres una persona muy cerrada de mente, ¿no?"
En ese momento no entendí lo que quería decir. ¿Había discriminado a algún homosexual sin darme cuenta? ¿O había rechazado algún tipo de comida extraña? ¿Tal vez había juzgado a alguien por llevar a cabo un aborto, sin considerar las circunstancias? ¿Acaso me había escuchado hablar mal sobre las teorías con dimensiones extras? Preocupado, le pregunté por qué decía eso.
"Porque siempre pones la ropa de la misma forma" respondió él, con la sonrisa cavernícola que lo caracterizaba.
Le intenté explicar que eso maximizaba la cantidad de ropa que podía lavar, pero no entendió. O no quiso entender. Claro, él nunca se enfrentó a la lavadora en todo el tiempo que vivimos juntos, no podía entender.
Decidí ignorarlo, y seguir con mi forma particular de colgar la ropa. ¡Qué sabía él!
No obstante, escuché un comentario similar la última vez que estuve en Ginebra. El Albanés Amable hablaba pestes de un miembro del Foyer (una buena costumbre de El Albanés Amable), y en eso dijo: "Sí, estoy seguro que es un psicótico, la otra vez pasé frente a su habitación y vi que había dejado la puerta abierta. Adentro todo estaba muy ordenado, pero estilo Dexter. No se imaginan, hasta la ropa la tenía colgada en patrones."
En ese momento, me atoré. Primero cerrado de mente... ¿y ahora psicótico? Decidí que sería una buena idea no mostrarle a nadie en el Foyer cómo colgaba la ropa.
No se imaginarán mi terror un día, cuando Chibi-Ninja tocó mi puerta para pedirme una de mis Wawasanas Antigripales, y se dio cuenta de mi forma de colgar las ropa. "Ohhhhhhh," dijo ella, en esa forma característica que tienen los Chibi-Ninjas de sorprenderse, "¡qué ordenada tienes la ropa!"
Rayos. Había que matar a Chibi-Ninja. Una lamentable conclusión, pero necesaria. Todo para que no me llamaran psicótico, ni cerrado de mente.
Por suerte, me di cuente en lo ridículo de mi argumento, y desistí. Fui afortunado, porque Chibi-Ninja fue solidaria, y no reveló mi secreto a nadie.
Pues nada. El día de hoy dejo de esconderme, y declaro públicamente que yo ordeno mi ropa al colgarla. Llámenme cerrado de mente, llámenme psicótico, me da igual. Pero cuando estén ustedes lavando la ropa una vez más al año que yo, recuérdenme. Seguramente escucharán mi risa en el fondo, maquiavélica, un poco desquiciada, y tal vez hasta insana, pero seguramente no psicótica ni característica de alguien cerrado de mente.
Ya saben.
Me senté frente a la lavadora, el análisis era sencillo: mientras más ropa ponga de una sola vez en la lavadora, menos veces tendría que lavar. No obstante, tenía una restricción importante: el número de líneas en dónde secar la ropa era limitado.
Me sente entonces frente a las líneas de ropa (aquellas en donde otras aventuras interesantes habían ocurrido), y analicé cómo maximizar la cantidad de ropa que podía poner en ellas. Por supuesto, si maximizaba la cantidad de ropa que ponía en las líneas, minimizaría la cantidad de veces que tendría que lavar la ropa. Excelente.
Llegué a la conclusión que, a lo mucho, podía poner cuatro polos y una pieza de ropa interior en la línea. Además, un polo contaba aproximadamente como dos piezas de ropa interior, y un pantalón como polo y medio.
Habiendo hecho esto, me aseguré siempre que el número de piezas de ropa que lavara en algún momento ocupara completamente todas las líneas de ropa disponibles, al máximo.
Feliz de tener un método eficiente para lavar la ropa, procedí seguir con mi vida, confiado que seguramente ahorraría una o dos lavadas al año. Ecológico total, señores.
Por supuesto, mis compañeros de piso no vieron todo este proceso, lo único que veían era que yo siempre colgaba la ropa de la misma manera, siguiendo más o menos el mismo patrón. Uno de ellos se me acercó una vez, mientras llevaba a cabo mi fríamente calculada labor, y me dijo: "Oye, tú eres una persona muy cerrada de mente, ¿no?"
En ese momento no entendí lo que quería decir. ¿Había discriminado a algún homosexual sin darme cuenta? ¿O había rechazado algún tipo de comida extraña? ¿Tal vez había juzgado a alguien por llevar a cabo un aborto, sin considerar las circunstancias? ¿Acaso me había escuchado hablar mal sobre las teorías con dimensiones extras? Preocupado, le pregunté por qué decía eso.
"Porque siempre pones la ropa de la misma forma" respondió él, con la sonrisa cavernícola que lo caracterizaba.
Le intenté explicar que eso maximizaba la cantidad de ropa que podía lavar, pero no entendió. O no quiso entender. Claro, él nunca se enfrentó a la lavadora en todo el tiempo que vivimos juntos, no podía entender.
Decidí ignorarlo, y seguir con mi forma particular de colgar la ropa. ¡Qué sabía él!
No obstante, escuché un comentario similar la última vez que estuve en Ginebra. El Albanés Amable hablaba pestes de un miembro del Foyer (una buena costumbre de El Albanés Amable), y en eso dijo: "Sí, estoy seguro que es un psicótico, la otra vez pasé frente a su habitación y vi que había dejado la puerta abierta. Adentro todo estaba muy ordenado, pero estilo Dexter. No se imaginan, hasta la ropa la tenía colgada en patrones."
En ese momento, me atoré. Primero cerrado de mente... ¿y ahora psicótico? Decidí que sería una buena idea no mostrarle a nadie en el Foyer cómo colgaba la ropa.
No se imaginarán mi terror un día, cuando Chibi-Ninja tocó mi puerta para pedirme una de mis Wawasanas Antigripales, y se dio cuenta de mi forma de colgar las ropa. "Ohhhhhhh," dijo ella, en esa forma característica que tienen los Chibi-Ninjas de sorprenderse, "¡qué ordenada tienes la ropa!"
Rayos. Había que matar a Chibi-Ninja. Una lamentable conclusión, pero necesaria. Todo para que no me llamaran psicótico, ni cerrado de mente.
Por suerte, me di cuente en lo ridículo de mi argumento, y desistí. Fui afortunado, porque Chibi-Ninja fue solidaria, y no reveló mi secreto a nadie.
Pues nada. El día de hoy dejo de esconderme, y declaro públicamente que yo ordeno mi ropa al colgarla. Llámenme cerrado de mente, llámenme psicótico, me da igual. Pero cuando estén ustedes lavando la ropa una vez más al año que yo, recuérdenme. Seguramente escucharán mi risa en el fondo, maquiavélica, un poco desquiciada, y tal vez hasta insana, pero seguramente no psicótica ni característica de alguien cerrado de mente.
Ya saben.
Labels:
Aventuras Domésticas,
Ginebra,
Recuerdos,
Valencia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















