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lunes, 24 de febrero de 2014

La Flecha del Tiempo

http://flic.kr/p/axVkDC
Una noche fría, en Ginebra, ella bajó su mirada, levantó ligeramente la copa, y dijo: "Yo nunca he tenido strong feelings por dos personas al mismo tiempo."

Hubo un silencio breve. Luego, muchos de los presentes bajamos la mirada, tomamos nuestra copa, y bebimos un poco. Nadie rió, nadie quiso decir mucho al respecto.

Él me miró, y dijo: "Esta es una de las peores situaciones en las que uno puede estar. No puedes hacer nada."

Indeed. No puedes hacer nada. Si uno está en una situación similar, con strong feelings por más de una persona, cualquier cosa que hagas seguramente herirá a alguien. Garantizado.

La frase de esa chica (recuerden que cuando uno juega a "Yo Nunca," está prohibido mencionar nombres) me hizo regresar, sin querer, unos siete años. A la época en que acababa de salir de Perú, y me encontraba en Cambridge. Además de estudios complicados, mi estancia en Cambridge se caracterizó no por un triángulo amoroso, un love triangle, sino más bien por un bloody love snowflake. Ya se imaginarán.

Okey, concentrémonos en la parte del snowflake que me concierne. Fue una época muy díficil. Estaba aún saliendo con Jessica, quien se quedó en Perú, y con quien eventualmente tuve una crisis de un par de meses. En esos momentos, Bianca estuvo ahí siempre como apoyo, y realmente le debo a ella el haber podido pasar el Master. Teniendo la cabeza hecha un embrollo por la crisis con Jessica, la amistad de Bianca de alguna manera logró estabilizarme lo suficiente para poder concentrarme en los cursos, y pasar el Master con una nota decente.

Meses después, Jessica vino a Cambridge, con el objetivo de arreglar las cosas. Y fue entonces que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Strong feelings por dos personas, al mismo tiempo. Parálisis. Saber que cada sílaba que uno emita heriría a alguien.

Fue complicado. Dada la situación, Jessica y yo decidimos no regresar, no seguir saliendo, ya que todo estaba demasiado turbio (eventualmente sí volvimos a juntarnos, lo que motivó a que ella me viniera a visitar, hace mucho tiempo, a Valencia). Con Bianca las cosas no quedaron muy bien, dentro de mi confusión eventualmente entendí que era Jessica de quien estaba enamorado, y ella no se lo tomó muy bien. A pesar que yo me disculpé un año después por todo el rollo, disculpa que ella aceptó, dejamos de hablar.

Hace unos meses, fui a visitar a Alvaro a Amsterdam, y sabiendo que Bianca estaba por ahí, me animé a escribirle. Luego de siete años de no vernos, Bianca y yo nos tomamos un café juntos, y caminamos alrededor de Amsterdam, mientras el buen Alvaro nos contaba anécdotas sobre molinos de viento, y cómo Holanda parece un donut mordido. Debo admitir que fue muy bonito, re-enganchamos como si hubiera pasado solo una semana desde la última vez que nos vimos.

Cuando Bianca tomó el tren que la llevaría de vuelta a Rotterdam, donde la esperaba su futuro esposo, sentía que había cerrado una puerta, una puerta que no me había percatado que seguía abierta. Fue muy extraño, el haber podido despedirme de Bianca con una sonrisa, y saber que era feliz, me llenó de una paz inesperada.

***

La historia con esta chica fue muy breve. Habrá durado dos o tres semanas de verano. Fueron días bastante felices, pero quedaron ahí, como algo del verano. Por lo menos por mi parte, no estaba emocionalmente preparado, ni dispuesto, a algo más.

No obstante, quise dejarle a esta chica un regalo que la hiciera sonreír. Recordaba que la Cazavampiros alguna vez me había hecho leer Oceano Mare, de Alessandro Baricco, y me convencí que debía regalarle ese mismo libro. Vamos, es una historia mágica y bonita, no joroben.

Salí en busca del libro, y no lo encontré. Era un problema, porque la chica se quedaba solo un par de días más. De Baricco sólo tenían un libro titulado Esta Historia, un libro con una reseña bastante simpática. Habiendo leído Oceano Mare y Novecento, asumí que el estilo de Baricco sería siempre el mismo, y me dije "ya pues, me arriesgo" y compré el libro.

Años después, al estar preparándome para certificarme en italiano, me volví a topar con este libro. Leí el primer capítulo, y me quedé espantado. El primer capítulo describe un accidente automovilístico gigantesco, con lujo de detalles, sangre y muerte por todo lados. Era gore, puro y duro.

Chesu.

Pos na. Chica, si me estás leyendo, ¡lo sieeeeentoooooo!

http://flic.kr/p/4YRFE1


***

La otra vez, hablando con Domínguez sobre cómo preparar un mojito con kiwis, me percaté que no le había contado la noticia. Ni a él ni a los otros Fugas. También recordé los ojos de ella, diciéndome que era una vergüenza que no hubiera hecho público que habíamos terminado, y que tres meses después ella tuviera que encontrarse con mis amigos en Lima y explicarles que ya no estamos saliendo.

Pues eso. Notarán que estoy solo en Valencia. A buen entendedor, pocas palabras.

lunes, 20 de enero de 2014

Mis Hogares

http://flic.kr/p/3HXeAT
Desde el momento que abrí la puerta, supe que estaba, nuevamente, en casa.

No, no estoy en Perú. Me encuentro actualmente en lo que llamo Home #2, Valencia, España. Me encuentro en el mismo piso donde pasé los últimos dos años del doctorado, donde pasé el peor año de mi vida, pero también donde luego conocí a la Mari, Herr Deutschland, ODD, la Nube de Ámbar (conocida en este blog inicialmente como Eli), Ola y la GambaGirl.

Acá, constantemente revivo momentos gloriosos, y momentos complicados. Recuerdo sonrisas y frustraciones. Pero me siento en casa. Me encuentro en mi barrio, donde reconozco a la viejita de la misa, al mendigo del parque, a la comunidad latinoamericana que juega fútbol, a la señora que hace la limpieza... y por supuesto, donde tengo amigos muy cercanos.

Podría hablar de esto por horas. Pero curiosamente, el post de hoy no trata de esto, sino de mi hogar anterior. El post trata sobre la mansión de los horrores donde viví en Ginebra. Un sitio que, curiosamente, llegué a querer, no por el sitio en sí, sino por otras razones que ya revelaré más adelante.

Evaluemos mi situación en los últimos dos años. Era (soy) un postdoc que recibe un sueldo español, que debía vivir en Ginebra. Una de las ciudades más caras del mundo. Un sitio donde alquilar un piso cuesta como mínimo unos mil francos. Donde cenar en un restaurante cuesta generalmente unos cuarenta francos. Donde una cerveza puede llegar a costar veinticinco francos.

Para los que no saben, un franco es más o menos similar a un dólar estadounidense. Sí, así de mal estaba la cosa.

Evidentemente tenía que ahorrar. Y no podía ir a cualquier sitio. Terminé viviendo en una residencia de estudiantes, el Foyer St Justin.

El sitio en sí estaba relativamente bien. Ubicado cerca al lago y a la estación de tren, con una cocina relativamente grande, terraza, salón común... sí, de hecho que tenía cosas complicadas, como tener que compartir un baño entre diez personas, y refrigeradores muy pequeños, y prostitutas y dealers en los alrededores, pero por lo general eran cosas bastante aceptables.

El problema, por supuesto, era la administración del Foyer. Eran casi nazis.

Estamos hablando de gente administrando un Foyer con unas 120 personas que venían de todo el mundo. Literalmente. Estos administradores no tenían el más mínimo criterio para manejar un sitio así.

Por ejemplo, la cocina. La cocina era un pequeño desastre, ya que dentro de estas 120 personas, siempre había un par que vivía por primera vez fuera de la casa de sus padres, o que siempre había tenido a alguien que le hiciera las cosas. Por ende, era muy natural que accidentes ocurrieran frecuentemente, desde equivocarse en el momento de reciclar, hasta meter metales en el microondas.

No obstante, la dirección era incapaz de entender esto. Culpaba a los 120 residentes de todos los desastres, y nos "castigaba" amenazando cancelar el servicio de limpieza diario, o incluso proponiendo cerrar la cocina permanentemente. Imponía medidas ridículas, como prohibir a la gente cargar alimentos fuera de la cocina (o sea, olvídate de llevarte un tecito a la habitación).

El racismo era un tema frecuente. Una vez, ocurrió una invasión de cucarachas en la misma cocina. Cuando La Garota Gostosa fue a quejarse, se le culpó de haber traído las cucarachas en su maleta. Geniales. Alguna vez también escuché a la secretaria considerar que algunos residentes venían de sitios donde no había casi civilización... cuando muchos de ellos trabajaba en las Naciones Unidas, o en la Cruz Roja, o seguía maestrías.

La limpieza por lo general era precaria. El Foyer contrataba a solamente dos personas que debían limpiar seis pisos, con veinte habitaciones y dos baños cada uno, junto con la cocina, la terraza, la sala y las áreas de servicio. Dos personas. Ya se imaginan.

Organizar fiestas era todo un rollo. Era crucial enterarse cuándo el responsable estaba fuera el fin de semana (llamémosle Señor Ogro). Si decidíamos hacer una fiesta, y el Señor Ogro se encontraba en casa, bajaba religiosamente a las 11:00 pm para echar a la calle a todos aquellos que no eran residentes. Sin importar que hubieran sido residentes en el pasado, o antiguos miembros de la administración, sin importar que afuera estuviera lloviendo o bajo cero... todos a la calle. La única forma de relajar al Señor Ogro era emborrachándolo... que afortunadamente no era tan difícil.

Tal vez la situación más grave ocurrió a inicios del 2012. El genial Señor Ogro decidió que las habitaciones no estaban suficientemente limpias, así que convenció al Señor Conserje que tomara fotos de cada una de las habitaciones para poder tener pruebas. Como si esto no fuera suficientemente escandaloso, el Señor Conserje tenía tanto criterio como lo tiene un pedazo de ladrillo, y se caracterizaba por entrar sin tocar la puerta.

Por supuesto, todas estas cosas generalmente eran acompañadas por gritos, porque el Señor Ogro era incapaz de razonar.

http://www.flickr.com/photos/miniplot/5233093922/#http://flic.kr/p/8YqYvh

¿Y por qué nadie se quejó? ¿Por qué la administración se salía con la suya? Fácil, resulta que el mercado inmobiliario en Ginebra es una mafia. Conseguir un sitio dónde vivir puede tomar meses. El Señor Ogro sabía que si alguien se quejaba, simplemente lo amenazaba con echarlo a la calle. Recuerdo que al llegar, La Libanesa de los Ojos Infinitos y yo escribimos una carta, quejándonos de esta situación, y muy poca gente estaba dispuesta a firmarla, por miedo de terminar en la calle.

Pues sí, ahi viví por casi dos años. Tres meses en el 2010, todo el 2012, y la última mitad del 2013. ¿Y por qué regresaba ahí?

El Foyer St Justin, a pesar de todo, tenía algo muy especial: el salón. En dicho salón nos juntábamos a comer personas de todos los continentes del mundo. Personas que queríamos marchar adelante, ya sea estudiando, o trabajando en ONGs, o intentando hacer avanzar a la ciencia, o buscando resolver la burrocracia en las Naciones Unidas. Gente de todos los colores, sabores, olores, frecuencias y texturas. Ahí conocí a El Albanés Amable, La Tedesca Sorridente, Die Tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, El Árabe Silencioso, Sally, La Gata B, La Libanesa de los Ojos Infinitos, The Relaxed Englishman, La Finlandesa Particular, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, el Español Superguay, Chibi-Ninja, Mojo Jojo, La Turca Inocente, El Uzbeko Reservado, El Tanzano Chévere, El Niño Albanés, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente, La Fragolina, La Catalana y Olé... y más gente aún que no llegó a tener apodo.

Dada esta situación, ¿cómo no volver ahí? Sí, de hecho, también conocía gente fantástica en el CERN, y pasé momentos geniales con la gente de la WIPO, incluyendo a Angela y Gedas... pero ¿cómo no ser atraído por este gran conjunto de personas? ¿Cómo no aceptar vivir en las horribles condiciones del Foyer St Justin, si la recompensa iba a ser tan grande?

Yo no me pude resistir. Y es por eso que volví ahí tantas veces. Por otro lado, dicen que El Señor Ogro se retira en Junio, así que si van a Ginebra después de esa fecha, échenle una ojeada al sitio, fácil ya no encuentran de qué quejarse.

¡Ok! ¡Este post me salió gigante! Me despido con una fotito de Valencia. ¡Hasta pronto!


viernes, 27 de diciembre de 2013

La Evaluación

http://www.flickr.com/photos/classblog/5105466093
Nota: Los nombres en este relato pueden haber sido modificados para no meter al relator en problemas legales.

Un día, mi estimado Mauricio me mandó un mail interesante. Me contó que la Universidad de Narnia (ver nota al inicio del post), en Lima, estaba organizando un concurso de proyectos de investigación, y que necesitaba gente dispuesta a participar en la evaluación de los proyectos. Me propuso participar en el comité evaluador, a lo que yo acepté gustoso.

Le pregunté entonces en qué consistía el proceso, cómo se debía evaluar los proyectos, y cuál era la fecha límite. Me dijo que no estaba seguro, pero que su contacto ahí, a quien llamaremos El Cayoto, nos lo explicaría el siguiente lunes. Pos na, le mandé un mail a El Cayoto, aceptando y agradeciendo la invitación, y quedamos todos en hablar por Skype, ese lunes, a primera hora (en Lima).

El domingo antes de la reunión, El Cayoto nos mandó un mail a Mauricio y a mi. Se mostró contento por tener evaluadores trabajando fuera de Lima, y nos contó que debíamos evaluar un total de 14 proyectos. Pasu. Nos dijo que los formularios por evaluar no eran demasiado extensos, y que los ganadores recibirían dinero de la Universidad de Narnia. Todo parecía bien, aunque me preocupó que no respondiera a la pregunta de: "¿Para cuándo se deben evaluar los proyectos?"

El lunes, a las 3 pm (9 am en Lima), recibimos un nuevo mail de El Cayoto. Se disculpó, ya que no podría reunirse con nosotros. Aparentemente, tenía estudiantes de maestría que debían exponer su trabajo, así que estaba ocupado. No solo eso, que tenían una inundación o algo en uno de los laboratorios. No obstante, nos dijo que no debíamos preocuparnos, que él nos enviaría el material por correo electrónico, y que teníamos hasta las 6:00 pm de ese mismo día (hora Lima) para presentar nuestra evaluación.

Ma che cazzo????

Nada, tranquilidad. Primero, a ver los proyectos. Nos llegamos a conectar con El Cayoto por Skype, y nos dio instrucciones más precisas. Nos envió el material, y fugó.

Luego de descomprimir el archivo, me di cuenta que la tarea era aún más complicada de lo que aparentaba. Los formularios eran gigantes, unas quince páginas cada uno en promedio. No sólo eso, sino que los cinco proyectos que debía evaluar yo eran todos en física de Brujas Blancas (ver nota al inicio del post), y siendo físico de partículas como que no estaba muy familiarizado con el tema.

Los más audaces habrán notado que he dicho que yo debía evaluar sólo cinco proyectos. Efectivamente, la idea de El Cayoto era la de repartir los proyectos entre los evaluadores, así se acaba más rápido, pe. ¿Y la objetividad? Bien gracias, manda saludos. No sólo eso, sino que los criterios de evaluación eran sumamente subjetivos (a pesar de estar dividido cada proyecto en elegantes categorías, la cantidad de puntos a otorgar nunca quedaba 100% clara). ¿Y el profesionalismo? Pues manda recuerdos.

Habré durado más o menos una hora en el asunto, hasta que me di cuenta no sólo de la ridiculez del asunto (eso me quedó claro desde que descomprimí los archivos), sino que realmente me podría meter en serios problemas.

Veamos. Siendo un físico de partículas, sería parte de un comité que evaluaría proyectos de física de Brujas Blancas. Un comité armado 72 horas antes de la fecha límite para presentar la evaluación, y que tendría menos de 24 horas para hacer su trabajo. No sólo eso, sino que no habría ningún criterio claro para llevar a cabo una evaluación objetiva.

¿Y yo qué hago con esta pala, y por qué me encuentro en un hoyo tan profundo?

No way. Seguir en esto no sólo era irresponsable, sino que también un riesgo en mi futuro profesional en Perú. Sí, quedaría mal con El Cayoto, pero no recibiría el odio y menosprecio de toda la comunidad científica de la Universidad de Narnia luego de presentar la evaluación.

Le escribí a Mauricio. Él tampoco estaba muy contento, pero quería seguir con su misión. Así que nada, entré a Skype y le mandé un mensaje a El Cayoto. Le dije que no había suficiente tiempo, y que no estaba de acuerdo que dos físicos de partículas evalúen proyectos en física de Brujas Blancas.

Luego de un minuto de silencio, El Cayoto cerró su sesión de Skype.

http://www.flickr.com/photos/zachklein/54389823/

Genial. Ahora iba a ignorar mi mensaje. Pos nada, les escribí un mail, y repetí el mensaje. Al enviarlo, respiré aliviado. Me daba pena no haber participado y haberme salido de esa manera, pero quedarme habría sido tremendamente irresponsable.

Unas horas luego, Mauricio me escribió sumamente molesto. El Cayoto aparentemente había revisado las bases que determinaban quién podía ser miembro evaluador, y había descubierto que era necesario tener el título de doctor. Por lo cual, Mauricio no podría participar. Había perdido un día por las puras.

Ahí no quedo la cosa, por supuesto. Un poco mas tarde, El Cayoto me escribió. Me dijo que lamentablemente Mauricio no podía participar, pero que había notado que yo sí era doctor, y que contaba con mi apoyo.

Yo no sabía cómo decirle que quería darle la oportunidad de escoger el orificio por dónde meter su evaluación. Aguantando la indignación, le respondí, y le dije que lo que había escrito en mi correo anterior seguía siendo válido, y que no participaría dentro del comité.

Mein Gott....

martes, 10 de diciembre de 2013

La Caminata del Terror

http://www.flickr.com/photos/a_mason/60984432/
Estaba decidido. Antes de que empezara a nevar, había que hacer una caminata. El objetivo era claro, bajarnos en Jonction, y seguir el río Rhône hasta llegar a La Plaine. De ahí, regresaríamos a Ginebra en tren.

La guía indicaba que la caminata duraría unas cinco horas, así que si salíamos a las 10:00 - 11:00 am, lograríamos terminar antes que oscureciera. Me imprimí un mapa, y salimos firmes y decididos, los cinco aventureros: La Gata B, Mojo Jojo, La Suiza Melancólica, La Turca Inocente, y yo.

Al bajar en Jonction, encontramos la primera señal de que esta caminata sería extraña. Alguien había tallado rostros humanos en los árboles cerca al río. Nosotros lo tomamos como una expresión artística ginebrina, pero luego, al mirarlo en retrospectiva, podría haber sido una advertencia: el bosque está vivo.

Al salir de Jonction, encontramos el camino de tierra. Había letreros de peligro por todos lados, aparentemente no es muy seguro bañarse en el río. ¿Pirañas, tal vez? Nunca lo supimos.

Al empezar a avanzar, encontramos la primera señal macabra: un cochecito de bebé abandonado. Más adelante, una cuna. La Gata B fue la primera en darse cuenta que era un setting perfecto para el inicio de una película de terror. Emocionado por su posible muerte, Mojo Jojo empezó a liderar la caminata.

Luego de unos diez minutos, encontramos una especie de búnker abandonado. Asumimos que era uno de los legendarios búnkeres suizos, construidos durante la Guerra Fría por miedo a una guerra nuclear. Asimismo, al estar abandonado, era la guarida perfecta para cualquier monstruo maligno. A pesar que Mojo Jojo intentó convencernos de entrar ahí y enfrentar nuestra inevitable muerte, decidimos seguir avanzando.

Fue entonces que Mojo Jojo se equivocó de camino, y terminé siendo yo quien lideró la caminata. Avanzamos un poco, y encontré una pequeña cueva. Bromeando, mencioné que era la casa perfecta para un asesino en serie. Poco nos duró la risa, encontramos una cama dentro de la cueva, con muy mal aspecto.

Efectivamente, había un asesino en serie ahí afuera, y acabábamos de burlarnos de su hogar. Bien jugado. El asunto se volvió más tétrico al encontrar un colchón frente al río, una especie de lugar de reposo donde nuestro asesino planearía su próxima fechoría.

Naturalmente, el asesino en serie estaría ligado al cochecito de bebé. Seguramente sus padres lo abandonaron en la selva ginebrina al nacer, y este creció cultivando deseos de venganza contra el resto del mundo.

Empezamos a caminar más rápido.

Una hora después, nos encontramos más tranquilos. Habíamos pasado por una zona mucho más transitada, si el asesino quería acabar con nosotros, lo tendría que hacer a vista de media Ginebra. Nos creíamos a salvo.

No obstante, nos empezó a dar hambre. Además, La Turca Inocente dio muestras de estar cansada. Decidimos que nos detendríamos en el próximo lugar poblado, por lo menos para recargar agua, y comer algo si era posible.

El siguiente lugar poblado se vio medio desierto, pero contaba con un hospital. Tuve la genial idea de almorzar ahí, pero La Suiza Melancólica me detuvo con un "¿Quieres comer comida de hospital?" Bueno, ni modo, al menos recargaríamos agua.

Fue entonces que nos dimos cuenta de que a través de cada ventana del hospital había alguien mirándonos. Eramos el centro de atención de todo el edificio. Nos dio muy mala espina. Hasta Mojo Jojo se asustó. Entramos a recepción, y los encargados dejaron de conversar entre sí, y nos empezaron a observar.

No nos gustó para nada. Había que salir de ahí cuanto antes. Recargamos agua, y salimos volando.

Seguro que se tomaban turnos para ir a dormir a la cueva del asesino en serie.

No obstante, no habíamos calmado nuestra hambre, y La Turca Inocente se mostraba cada vez más y más cansada. Era la candidata perfecta para ser la primera víctima del asesino.

http://www.flickr.com/photos/whatwhat/17819272/


Fue en eso que encontramos un puente colgante. Al otro lado, edificios. ¡Otro centro poblado! Cruzamos el puente, y nos encontramos con el pueblo más horripilante en la historia de la humanidad. Básicamente era un solo edificio, larguísimo y altísimo, rodeando una zona circular en el centro. En esta zona, como si fuera un altar de sacrificios, había un pequeño centro comercial, con un kebab que irónicamente nos salvó la vida.

Fue entonces que La Turca Inocente decidió abandonarnos. Tomó un bus de vuelta a Ginebra, y nos dejó a nuestra suerte.

Calculamos que faltaban como dos horas de camino. Era extraño, ya que según el mapa habíamos caminado menos de la mitad, pero el último letrero que encontramos indicaba que necesitábamos dos horas y media para llegar a La Plaine. Supusimos que el resto de la caminata era plana.

Fue entonces que La Gata B se lesionó. Bajando por una ladera, se torció la rodilla. Al inicio no le dio mucha seriedad al asunto, pero luego de media hora era ya evidente que estaba caminando mucho más lento. Había que interrumpir la caminata.

El problema era que estábamos bastante lejos de cualquier otro centro poblado. Había puro bosque a nuestro alrededor, no era nada claro si sería posible encontrar algún bus o tren a Ginebra. La Gata B cada vez caminaba más lento, y el asesino seguramente estaba cada vez más cerca. La parte más desconcertante fue cuando encontramos un letrero que indicaba que La Plaine se encontraba a tres horas de camino, aparentemente nos habíamos alejado de nuestro destino...

Fue entonces que llegamos a otro puente colgante, que nos llevaría a otro centro poblado al otro lado del río. No obstante, luego de cruzar, descubrimos que el centro poblado era realmente una fábrica. ¡Estábamos atrapados! A nuestra derecha, una fábrica, a la izquierda, una autopista. Detrás de nosotros, un asesino en serie. ¿Qué hacer?

Fue entonces que vimos a un gentil señor preparándose para arreglar el pavimento, en la mitad del estacionamiento de la fábrica (seguro era leñador en su tiempo libre). Nos acercamos a él a pedirle ayuda, y como si fuera magia, nos dijo que teníamos un autobús detrás nuestro.

Efectivamente, al darnos la vuelta vimos al autobús. Era demasiado bueno para ser verdad, ¡era un bus que nos dejaría en la puerta del Foyer! Nos dimos la vuelta para agradecerle, pero el señor ya no estaba ahí. No, no era Batman, sino que se había ido a arreglar el pavimento, vamos, el pobre había venido a trabajar un sábado, y quería irse a casa.

Pos na. Fin de la historia. Subimos al bus, y nos aseguramos que el chofer no tuviera pinta de asesino (sería el fin perfecto para la pela). La Gata B no dejó de disculparse, Mojo Jojo no dejó de llamarnos cobardes por haber cancelado la caminata, y La Suiza Melancólica no dejó de mostrar su felicidad por regresar a casa temprano.

¿Y el asesino en serie? Personalmente, creo que dejó de vivir ahí hace ya mucho tiempo. Mi sospecha es que ahora administra el Foyer donde vivo, pero vamos, tampoco tengo suficiente evidencia.

Bona nit!

domingo, 10 de noviembre de 2013

De Los Baños Públicos y Otros Demonios

http://www.flickr.com/photos/nnova/3058851807/
Les re-envío un mensaje que escribí a la lista interna del Foyer donde vivo, el 17 de Octubre de este año:

Dear friends from the Third Floor.

I understand that having new toilet seats is a motive for being truly happy. Of course, lacking toilet seats for the last months has been psicologically distressing, to say the least. Being able to sit while doing what we have to do is something to be cherished.

Nevertheless, I'd like to suggest expressing your happiness in ways different than "baptizing" the seats. I don't know, whistle, sing a song, smile to strangers, hug a puppy, you can do anything you want, but please, PLEASE, do not pee on the toilet seat. It's just not nice.

Supongo que este mensaje tiene muchísima información, seguramente chocante para muchos de ustedes. Ya les contaré más del Foyer en algún otro post, pero lo que deben saber es que estoy en un sitio donde viven 120 personas, distribuidas en seis pisos, con dos baños en cada piso. Eso significa que diez personas compartimos una misma ducha, y que hay un water por cada cinco personas.

En teoría, no es tan terrible como parece. Uno podría imaginar largas colas para las duchas en la mañana, pero considerando los diferentes horarios de cada persona, junto con la costumbre personal de ducharse por la mañana, por la noche noche, o no bañarse en absoluto, por lo general uno siempre encuentra alguna ducha disponible.

¿Qué es lo peor que puede pasar con la ducha? Pues que alguien deje bolas de pelo nadando por ahí. Pero eso por lo general no ocurre en mi piso, la gente deja las duchas bastante limpias, y no me puedo quejar.

Los inodoros son otra cosa. Es raro encontrarlos ocupados, pero acá lo peor que le puede pasar a uno es encontrarse con una situación similar a la descrita en mi mensaje a la lista del Foyer. Te mueres de ganas de ir al baño, encuentras un cubículo ocupado, te pasas al siguiente... y lo encuentras todo amarillo. Puaj.

Unos días después de enviar este mensaje, se me acercó El Uzbeko Reservado, y me dijo que estaba de acuerdo con mi mensaje, que él estaba también harto de encontrar ya sea el water o el piso del cubículo orinado encima. Estuvimos hablando de esto por un momento, él estaba preocupado que había gente de nuestro piso que no estaba en la lista, y que no se daría cuenta de nuestro descontento. Una idea fue sacar el tema a la luz, sin acusar a nadie, pero hablando personalmente con cada miembro del piso y dejando en claro nuestro descontento con la situación.

Justo en ese momento pasó El Tanzano Chévere, y nos escuchó hablar del tema. Dijo que estaba de acuerdo, que le parecía una cosa asquerosa el tema de la orina en los baños. Le contamos nuestra estrategia, y estuvo de acuerdo. La pregunta era estar seguro quién estaba en nuestro piso... Por ahí sabíamos que andaban El Coreano Desconocido, El Nigerino o Nigeriano, El Turco Artista, El Alemán Tímido, El Haitiano Sonriente... y más gente. Habría que hablar con cada uno de ellos.

En eso pasó El Niño Albanés, y recordamos que también vivía en el tercer piso. Nos acercamos a él, le comentamos el problema, y bueno, aceptó el comentario y siguió adelante. No muy satisfactorio, pero ya pues, por algo se empieza.

http://www.flickr.com/photos/gerardstolk/2537812875/

Por esas coincidencias de la vida, me dieron ganas de ir al baño. Pasé por mi habitación, cogí mi libro de "La Fisica di Star Trek" (¡no me juzguen!), mi rollo de papel higiénico, y nada, me fui a hacer lo que se tiene que hacer en esas situaciones.

Estando sentando, escuché que alguien usaba el cubículo del costado. Me sonreí, sería gracioso que luego, al salir, inspeccionara el cubículo y lo encontrara orinado. ¡Habría tenido al culpable al lado, sin poder hacer nada al respecto!

No obstante, esta otra persona se metió a la ducha luego de usar el baño. Fue entonces que me di cuenta que si encontraba el cubículo del costado sucio, tendría al sospechoso atrapado en la ducha. ¡Era perfecto! Interrumpí mi lectura, salí, me lavé las manos, y miré el cubículo del costado... y lo encontré todo orinado encima. Un asco. Pero ¡ampay! tenía al culpable en la mira.

Ahora, no quería hacer un escándalo, así que decidí observar el baño desde lejos, a ver quién salía. En eso, se abrió el ascensor, y apareció La Catalana y Olé. Le conté la situación, y le pedí que me hiciera conversación, para que no se me viera demasiado sospechoso, espiando el baño (ya tenemos suficientes pervertidos en el Foyer). Hablamos del tema, de los sospechosos, ella pensó en El Albanés Amable, mientras que yo rogaba que no fuera ningún africano, ya que teníamos suficientes temas de racismo dando vueltas como para tener que meter este tema dentro de la sopa.

Subió también El Uzbeko Reservado, y se unió a nosotros. La tensión aumentaba. Decidimos que tenía que ser un hombre, por un lado las chicas no son tan cochinas (sí pues, es sexismo, qué se hará), y por otro la distribución de orina a veces era tal, que una chica realmente tendría que esforzarse para conseguir patrones de ese tipo. Y seguramente alguien del medio del pasillo, ya que la cochinada se veía en los dos baños. Era eso, o eran dos personas las culpables.

En eso, la puerta del baño se abrió. Y no salió El Albanés Amable. Tampoco salió ningún africano. Y no, tampoco salió La Sueca Exhibicionista. Pero nos sorprendimos tanto de ver quién salió, que no supimos qué hacer. ¿En serio? ¿Él? ¿De toooodas las personas del tercer piso?

Y nada, ha pasado casi un mes desde entonces, y todavía no hablamos con él. No obstante, los baños están efectivamente más limpios últimamente. ¿Habrá leído mi mensaje? ¿Se habrá dado cuenta que lo ampayamos? ¿O habrá hablado con él El Uzbeko Reservado?

Pues como a mi me gusta contar sólo ciertas cosas, los dejo con el misterio. Bwa ja ja. ¡Será hasta la próxima!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Piqueos Cumpleañeros

Pos nada, cumplí años nuevamente. Este año, mi amiga Angela ofreció su casa para hacer una reunión, la idea era juntar un grupo pequeño de gente y compartir algunos piqueos y cosas por el estilo. La idea me gustó mucho, y decidí preparar una causa. Angela dijo que haría sanguchitos de pollo y una torta.

Unos días antes, me di cuenta que yo no estaba haciendo mucho por el cumple, realmente. Sería Angela quien daría la casa, haría la torta, prepararía los sanguchitos... y solo haría una causa. La verdad es que me dio un poco de vergüenza, y me dije que no, que tenía que chambear yo también, y que tenía que recibir a los invitados con un gran repertorio de piqueos peruanos.

Luego de buscar un poco por Yanuq, encontré unos piqueos aparentemente sencillos. Yuca frita, bolitas de yuca, y tequeños. Excelente. Salí de compras por Ginebra, y encontré todo lo que necesitaba: salsa huancaína, ají, yuca, masa wantán, queso mozzarela... perfecto. Además, mini-croissants, jamón y queso, pa meter al horno si había alguna demora.

La reunión era a las 21:00, y Angela me dijo que llegara a las 20:00. Me pareció un poco tarde para empezar a cocinar, pero luego recordé que la gente generalmente llegaba mínimo media hora tarde, así que no me preocupé. Llegué en punto, y empecé con mis planes.

La primera dificultad se presentó cuando tuve que pelar las yucas. ¿Cómo demonios se pela una yuca?

Miré la atentamente la primera yuca por unos minutos. No, ningún lugar evidente por dónde comenzar. La seguí mirando unos minutos más. Clavé un cuchillo. Al cuchillo no le gustó mucho. Empecé con cautela, corté una parte... y vi que aquello debajo de la cáscara era de color rosado.

¿Rosado? ¿La yuca no es blanca por dentro? ¿Por qué rosado?

Me quedé pensando, un rato. Corté un poco más, y vi que debajo de la capa rosada, había yuca blanca.

Ah. Chesu.


Para esto, ya eran las 20:30. Dándome cuenta de la tardanza, empecé a cortar más rápido, llenando la cocina con cáscara de yuca. Angela me miraba nomas, y decidió empezar a decorar la torta. Gedas preguntó qué podía hacer él, y le sugerí que preparara los mini-croissants.

Para las 21:00, ya tenía las yucas peladas, en agua hirviendo. Tenía que esperar a que se ablandaran, para luego preparar el puré. Por suerte, la gente seguro llegaba tarde.

Y en eso, sonó el timbre. Había llegado Dennis. Quien es generalmente el último en llegar.
Chesu.

Nos juntamos todos en la cocina, donde yo separé ciertas yucas para freírlas, y otras para hacer el puré de las bolitas. Angela me dijo que ya con la torta, sus sanguchitos de pollo, y los mini-croissants teníamos suficiente comida, que dejara las yucas y disfrutara de la reunión, pero me negué tajantemente. ¡Yo tenía que colaborar de alguna manera! ¡No podía ser que Angela y Gedas hicieran todo el trabajo! ¡Debía terminar algún piqueo, aunque tuviera que destruir la cocina de Angela en el camino!

En eso llegó Pranati. Y la chica de Vanuatu, con su novio lituano. Y Tobi, con su amigo alemán. Todos a la cocina, donde yo seguía haciendo bolitas, con mozzarela adentro. Gedas se compadeció, y me ayudó con las bolitas.

Pues nada, en un momento de pánico, decidí freír todo de golpe. Vamos, había que terminar esto, Angela ya me había dicho tres veces que dejara las yucas en paz, y su cocina era un campo de batalla. Puse aceite, lo calenté, y metí todas las bolitas.

Por supuesto, fue un desastre. Metí tantas bolitas que luego fue imposible darles la vuelta, para freír el otro lado. La mitad se quemó. Las otras no se doraron suficiente. ¡Pero ya! ¡Ni modo! Estaban listas, y todos, toooooodos tenían que probarlas.

Por supuesto, luego me di cuenta que no había añadido sal al puré.
Chesu.

Genial. Le había destruído la cocina a la pobre Angela, para preparar unas bolitas de yuca horribles, que ella no quería que yo prepare, simplemente para satisfacer mi necesidad de sentirme útil. Bien ahí.

Supongo que me querrán preguntar qué pasó con la otra mitad de las yucas, y con los tequeños.

Mejor no pregunten.

sábado, 17 de agosto de 2013

Viaje en Barco

Hace unos meses, mis padres me dijeron que querían venir a Europa en Julio-Agosto. La idea era pasar juntos un par de semanas, en algún sitio en Europa. Conociéndolos, sabía que no aguantarían el calor del verano europeo, así que pensé en otras salidas. Y en eso, recordé que siempre había querido ver los fjords noruegos, así que le sugería a mi padre "¿Y por que no vamos a los países escandinavos?"

A mi padre se le iluminó el rostro. Fue corriendo a su computadora, y luego de un par de días me dijo "¡Nos vamos de crucero por el mar Báltico."

Yo le hice notar que en el mar Báltico no hay fjords (que yo sepa), pero él insistió "¡Nos vamos de crucero por el mar Báltico!"

Así que eso. Nos fuimos de crucero por el mar Báltico.

El plan era el siguiente. Ellos volarían directo a Amsterdam, se quedarían unos días allá (aclimatándose, o algo por el estilo), y luego volarían a Estocolmo, a donde yo tendría que ir a encontrarlos. De ahí saldría el barco. Nada demasiado difícil.

Unos días antes del viaje, revisé mi itinerario. Llegaría al aeropuerto de Arlanda, y tenía que llegar de alguna forma a nuestro hotel, en Strandvägen (creo). Revisé la web del aeropuerto, y descubrí que el Arlanda Express me podría llevar a la estación de tren de Estocolmo. Luego, usé Google Maps para descubrir que debía tomar el bus 62 para llegar al hotel. Me sentí 2.0 total.

Al llegar a Arlanda, tomé el tren sin muchos problemas. Llegué a la estación, y revisé las instrucciones de Google Maps. Fue un poco fuerte mi sorpresa, al notar que las instrucciones se resumían en:

- Sal de la estación.
- Atraviesa edificios, salta ríos, y monta una cabra hasta la estación de bus.
- Toma el bus 62.
- Llega al hotel.

Resulta que no soy tan 2.0 como creía.

Después de perderme dos veces, y atravesar una zona residencial, donde fui mirado como bicho raro más de una vez, encontré otro paradero del bus 62. Fantástico. El bus no se demoró en pasar, y llegué al hotel, sin problemas.

Dos días después, nos subimos al barco. La cosa era bastante interesante. Diez pisos, con dos piscinas, un teatro, tres bares, dos restaurantes, discoteca, gimnasio, spa, biblioteca, sala de juegos de mesa, casino... Luego me dijeron que era un barco misio, que había otros con carros chocones, pista de patinaje, y túnel de paracaidismo. En serio.

El itinerario era interesante también. Un día en Helsinki, tres días en San Petersburgo, un día en Tallinna, otro día en la isla Gotland, otro día en Berlín, y finalmente Copenhague. El barco andaba lleno, con 2000 personas en total, casi el 50% de ellos siendo gringos, seguidos de un 10% de españoles (¿Crisis? ¿Qué crisis, chaval?). Claro, el barco era tan grande que nunca sentías tener a 2000 personas contigo.

La primera parada fue en Helsinki. Ahí aproveché para encontrarme con La Finlandesa Particular, a quién no veía desde Diciembre del año pasado. Cuando le escribí por correo, ella me preguntó qué quería ver de su ciudad, y le comenté que no estaba seguro, que me llevara a los sitios por donde ella paraba.

Pues la genial chica no tuvo mejor idea que llevarme a la biblioteca de su universidad. Total, paraba ahí casi todo el día. Y a la cafetería universitaria, donde descubrí que los finlandeses beben leche en el almuerzo.

Ya les había dicho que era bastante particular, mi amiga.

Luego, me llevó a una isla, donde habría danzas y cantos típicos de Finlandia. El pequeño detalle fue que las danzas ocurrirían la semana siguiente. Pero no problem, la verdad la pasamos muy bien, chismeando sobre toda la gente del Foyer en Ginebra (sí, en particular hablamos de ti, preocúpate).

El resto del viaje estuvo bastante bien. Para esto, si necesitan un guía hispano-parlante en San Petersburgo o en Berlín, envíenme un mail o algo, que tengo muy buenos contactos.

El único problema que tuve fue en las noches. Mis padres se iban a dormir relativamente temprano, y me aburría un poquito después de las 11 pm. Tengo que admitir que no conocí mucha gente, subí a la discoteca un par de veces a ver qué onda, pero estaba media muerta. Luego la camarera me contó que este crucero en particular había sido bastante aburrido, que no había habido casi nada de juerga. Boh.

Pero nada, una experiencia interesante, que recomiendo hacer una vez en la vida. Ahora tengo que bajar todos los kilos que subí, y ponerme al día en la chamba. Este lunes viajo a Padova para conversar con una colaboradora, y luego paso por Trieste para presentar un trabajo. Será interesante, además de tener ganas de contar qué estoy haciendo, he descubierto que habrá muchísima gentita de Würzburg. Vamos a ver si da para contar.

¡Hasta la próxima!


jueves, 18 de julio de 2013

Números Redondos

Este viene a ser el post número 100 del blog. Cien aventuras en casi ocho años. Supongo que toca un post reflexivo, la verdad no vendría nada mal, después de todas las pavadas que les cuento cada mes.

Hace varias semanas llevo pensando qué decir. Cien posts son muchos. La primera idea que se me vino a la mente era reflexionar sobre el blog en sí, y hacia dónde iría en el futuro próximo. Y sí, lo haré, pero no me quedaré ahí. Hace unos días me he enterado de una noticia un poco fuerte, y supongo que la comentaré también.

Anyway, les hago el update de mi situación. Me encuentro nuevamente en Ginebra, y el plan es quedarme acá hasta fin de año. Luego, me mudaré a Valencia por unos meses, con el fin de terminar mi trabajo en el IFIC. Y luego, la idea era regresar a Perú, para incorporarme a la PUCP como profesor investigador. Ese fue más o menos mi plan desde que salí hacia Inglaterra en el 2005, y lo ha sido en todo este tiempo. Regresar a Perú, y ayudar a llevar adelante la investigación en física teórica dentro del país.

En ese momento, sería muy probable que cierre el blog.

La verdad, cerrar el blog en ese momento sería apropiado. Creo haberlo dicho antes, pero el título del blog, "El Vacío Metaestable," hace referencia a mi vida fuera de Lima. No recuerdo si llegué a explicarlo antes, pero lo volveré a hacer. Sí señores, en este blog finalmente se hablará de física.

En física teórica, cuando uno habla del vacío de un sistema, se refiere al estado con menor energía de este. Este estado es estable, es decir, si el sistema se encuentra en este estado, no querrá salir de él.

Ahora, un vacío metaestable es un estado del sistema que no es el de menor energía, pero que tampoco es inestable. Es una especie de intermedio. Un "falso vacío," si quieren, un estado en donde se percibe una estabilidad que al final es falsa.

Así era como yo veía mi vida como doctorando, y luego como postdoc. Un sitio que se percibía estable, donde me encontraba bien, pero que al final era transitorio. No necesariamente falso, pero definitivamente no permanente.

Alucinen la fumada que me tuve que mandar para llegar a esta metáfora, eh. Ni Sir John Ellis, con sus pinguinos.

Anyway, tomando esto en cuenta, tenía mucho sentido cerrar el blog cuando regresara a Perú. En ese momento, mi vacío se volvería estable, y el blog perdería el encanto (asumiendo que lo tuviera, claro). Por supuesto, siempre podía encontrar alguna razón para no cerrarlo. Por ejemplo, podría usar el argumento de que la masa observada del bosón de Higgs implica que el Universo en el que vivimos tampoco es estable (es cierto, señoras y señores, aparentemente vivimos en un Vacío Metaestable, quién lo hubiera dicho). Pero por el momento eso me parece hacer trampa.

Por otro lado, otra razón por la que debería eventualmente cerrar el blog es porque me gusta más la historia de Goku que la de Superman. No, no, no es otra fumada, a mi me gusta más el manga que el comic principalmente porque acaba. Eventualmente Goku se vuelve el más fuerte, y se acabó la historia. La historia del porco Superman no acaba jamás, y cada vez parece más jalado de los pelos sacar malos que lo puedan desafiar (sí, me consta que existen comics que sí acaban, y por supuesto, esos comics sí me gustan). Yo creo que una buena historia debe eventualmente acabar, por lo cual este blog algún día debe ser cerrado.


Entonces, ¿se cerrará este blog? Pues bien, esto también dependerá si al final llego a regresar a Perú.

Resulta que en los últimos días mi proyecto de regresar a Lima ha sufrido un duro revés. A pesar que regresé a Lima por una breve temporada (entre otras cosas, para apoyar a la PUCP como Discussion Leader en el CLASHEP), aparentemente eso no fue suficiente como para asegurar un regreso seguro a Lima. Ya no es seguro que tenga un trabajo esperándome cuando vuelva a Lima. Y eso ha hecho que nuevamente me replantee las cosas.

Por supuesto, si es que todo este rollo se arregla, seguiría pensando en regresar a la PUCP. Pero, ¿y si no pudiera? ¿Si la PUCP no me quisiera? ¿Qué hacer entonces, luego de siete años y medio pensando en regresar a ella?

También resulta que mi futuro no lo decidiré necesariamente solo. Al llegar a Valencia me estará esperando La Guapa, y si todo va bien viviremos juntos por unos cinco meses. De no regresar a la PUCP, habría que tomar una decisión en conjunto, cosa que por un lado me parece rara, pero por otro me daría gusto también.

Entonces bueno, ¡la aventura no termina aún! A pesar de todo, se vienen unos meses interesantes. Llenos de intriga, sin lugar a dudas. Llenos de nuevas experiencias dentro de sitios conocidos. Seguramente llenos de desastres, rollos con los idiomas, viajes caóticos, desafíos caseros, y mucho más.

Así que sigan viniendo pe, sigan leyendo. Tenemos para un año más. A ver qué pasa.

Un abrazo a todos. Lo dejo con las palabras más comunes en este blog en los dos últimos años. Dai, a presto, rega!


viernes, 31 de mayo de 2013

La Línea de Ropa

Enfrentado a la terrible experiencia de lavar la ropa, me puse a pensar cómo hacer para tener que lavar menos veces al mes, y así aprovechar mi tiempo un poco mejor.

Me senté frente a la lavadora, el análisis era sencillo: mientras más ropa ponga de una sola vez en la lavadora, menos veces tendría que lavar. No obstante, tenía una restricción importante: el número de líneas en dónde secar la ropa era limitado.

Me sente entonces frente a las líneas de ropa (aquellas en donde otras aventuras interesantes habían ocurrido), y analicé cómo maximizar la cantidad de ropa que podía poner en ellas. Por supuesto, si maximizaba la cantidad de ropa que ponía en las líneas, minimizaría la cantidad de veces que tendría que lavar la ropa. Excelente.

Llegué a la conclusión que, a lo mucho, podía poner cuatro polos y una pieza de ropa interior en la línea. Además, un polo contaba aproximadamente como dos piezas de ropa interior, y un pantalón como polo y medio.

Habiendo hecho esto, me aseguré siempre que el número de piezas de ropa que lavara en algún momento ocupara completamente todas las líneas de ropa disponibles, al máximo.

Feliz de tener un método eficiente para lavar la ropa, procedí seguir con mi vida, confiado que seguramente ahorraría una o dos lavadas al año. Ecológico total, señores.

Por supuesto, mis compañeros de piso no vieron todo este proceso, lo único que veían era que yo siempre colgaba la ropa de la misma manera, siguiendo más o menos el mismo patrón. Uno de ellos se me acercó una vez, mientras llevaba a cabo mi fríamente calculada labor, y me dijo: "Oye, tú eres una persona muy cerrada de mente, ¿no?"

En ese momento no entendí lo que quería decir. ¿Había discriminado a algún homosexual sin darme cuenta? ¿O había rechazado algún tipo de comida extraña? ¿Tal vez había juzgado a alguien por llevar a cabo un aborto, sin considerar las circunstancias? ¿Acaso me había escuchado hablar mal sobre las teorías con dimensiones extras? Preocupado, le pregunté por qué decía eso.

"Porque siempre pones la ropa de la misma forma" respondió él, con la sonrisa cavernícola que lo caracterizaba.

Le intenté explicar que eso maximizaba la cantidad de ropa que podía lavar, pero no entendió. O no quiso entender. Claro, él nunca se enfrentó a la lavadora en todo el tiempo que vivimos juntos, no podía entender.

Decidí ignorarlo, y seguir con mi forma particular de colgar la ropa. ¡Qué sabía él!



No obstante, escuché un comentario similar la última vez que estuve en Ginebra. El Albanés Amable hablaba pestes de un miembro del Foyer (una buena costumbre de El Albanés Amable), y en eso dijo: "Sí, estoy seguro que es un psicótico, la otra vez pasé frente a su habitación y vi que había dejado la puerta abierta. Adentro todo estaba muy ordenado, pero estilo Dexter. No se imaginan, hasta la ropa la tenía colgada en patrones."

En ese momento, me atoré. Primero cerrado de mente... ¿y ahora psicótico? Decidí que sería una buena idea no mostrarle a nadie en el Foyer cómo colgaba la ropa.

No se imaginarán mi terror un día, cuando Chibi-Ninja tocó mi puerta para pedirme una de mis Wawasanas Antigripales, y se dio cuenta de mi forma de colgar las ropa. "Ohhhhhhh," dijo ella, en esa forma característica que tienen los Chibi-Ninjas de sorprenderse, "¡qué ordenada tienes la ropa!"

Rayos. Había que matar a Chibi-Ninja. Una lamentable conclusión, pero necesaria. Todo para que no me llamaran psicótico, ni cerrado de mente.

Por suerte, me di cuente en lo ridículo de mi argumento, y desistí. Fui afortunado, porque Chibi-Ninja fue solidaria, y no reveló mi secreto a nadie.

Pues nada. El día de hoy dejo de esconderme, y declaro públicamente que yo ordeno mi ropa al colgarla. Llámenme cerrado de mente, llámenme psicótico, me da igual. Pero cuando estén ustedes lavando la ropa una vez más al año que yo, recuérdenme. Seguramente escucharán mi risa en el fondo, maquiavélica, un poco desquiciada, y tal vez hasta insana, pero seguramente no psicótica ni característica de alguien cerrado de mente.

Ya saben.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Aracnofobia

Bueno, estamos en esa terrible temporada del año en que me dan chucaques cada vez que escucho la música en las tiendas. Por lo general, comparto la labor de quejarme de Navidad con Claudia, pero esta vez, lamentablemente, me ha decepcionado, y ha decidido no expresar su sentimiento grinch plenamente.

Así que nada. Este año tendré que llevar a cabo la labor de expulsar energías negativas yo solo. Doble chamba, cha mare. ¿Y cómo hacerlo? Pos na, les voy a contar una historia de terror.

No, no se preocupen. No diré nada de Cipriani. Tan malo no soy. Esta vez, hablaré de mis terribles enemigos, las arañas. Sí, yo sé que muchos de ustedes le tienen pánico a estos bichos del mal. Es entendible. Son seres crueles y malvados. Permítanme contarles mis experiencia con ellas, y cómo poco a poco fui transformando el terror en profundo respeto. Pero ambientemos el asunto, pongamos un poco de musiquita apropiada: cliquea acá pe.

Mi teoría es que la mala relación con las arañas fue iniciada por mi madre. Aparentemente, en mi infancia yo me resistí tajantemente a dejar el biberón. Mis padres intentaron lo imposible, me servían chocolate caliente en taza mientras me ponían las hierbas del doctor Pun en el biberón, y aún así yo insistía. No dejaba el biberón por nada. Un día, todos los biberones de mi casa desaparecieron, y al yo preguntar dónde estaban, mi madre respondió: "Se los llevaron las arañas."

Desde ese momento las odié. No sé cómo, pero las arañas hicieron una gran labor. Treinta años después, todavía no encuentro los biberones.

De ahí, la relación poco a poco fue transformándose en una de pánico. La cúspide de este temor ocurrió hace ya muchos años. Me encontraba yo a punto de ducharme, cuando encontré un pescadito en la ducha. Al ser yo buena gente, decidí que en vez de matarlo sería mejor capturarlo y botarlo por la ventana. Agarré mi toalla, me cubrí con ella, agarré papel higiénico, e intenté atrapar al bicho con él.

En eso, mientras estaba arrodillado pensando en cómo capturarlo, miré hacia abajo. Y ahí, encima de mi toalla, justo en la zona donde se encuentran las joyas de la familia, la vi. Era una araña inmensa. Mirándome.

Deben haber pasado dos segundos, pero parecieron mil años. Emití el grito más masculino que podía emitir en esa época (ahora lo hago mejor), y con ello la toalla voló por los cielos. Salté hacia mis zapatillas de levantar, rodé por los suelos (ok, tal vez no), y aplasté a la condenada araña mientras ella salía por debajo de la toalla. Le di como cuarenta veces. Miré al pescadito, grité "¡Tú eres su cómplice!" y en un acto irracional maté al otro bicho también. Cuarenta veces, también.

No quiero imaginar lo que hubiera pasado si me hubiera puesto la toalla al revés. De haberlo hecho, seguramente ahora no podría dar gritos tan masculinos como los de hoy en día.


Anyway. Los caminos de la vida me obligaron a controlar el temor. Esto empezó en Cambridge, en la segunda casa donde viví, que era un desastre. Una característica de esta casa era que estaba habitada por mi, seis chinos, y como mil doscientas arañas. La mayoría de estas vivía en el baño, colgadas del techo. No se imaginan lo que era. Lo peor es que cuando uno tomaba una ducha en ese baño, las arañas se atontaban, y empezaban a descolgarse de su telaraña. Nefasto.

Entenderán entonces que me vi obligado a controlar el temor. Era eso o no me duchaba. Así que poco a poco, respirando profundo, empecé a ver estos seres como "posibles amenazas," en vez de "amenazas seguras." Confíen en mi, hay una gran diferencia.

La cosa evolucionó favorablemente, al punto que hace un par de meses permití que dos arañas se asentaran en mi habitación. Yo había dejado la ventana abierta, y al regresar encontré estas dos arañas pequeñas haciendo su telaraña, muy próximas una de la otra. Lo pensé un poco, y me di cuenta que últimamente habían habido un par de zancudos en mi habitación, así que decidí dejar a las arañas ayudarme con el asunto.

Esta simbiosis funcionó por un tiempo. Los zancudos fueron devorados por las dos arañas, y tuvimos una época de gran amistad. Vamos, hasta les puse nombre: Peter y Parker.

Por desgracia, la relación con mis nuevos compañeros de habitación deterioró rápidamente. La vaina es que no tengo infinitos mosquitos en mi habitación, así que las arañas aparentemente empezaron a pasar hambre. En particular, no había visto a Parker capturar ningún mosquito en un buen tiempo, y me empezó a preocupar su salud.

Parece que no fui el único en notar el estado debilitado del pobre Parker. Un día, regresé del trabajo y Parker había desaparecido. En cambio, Peter se aferraba a cierto bulto de telaraña. Casi lo vi relamerse. Espantado, entendí lo que había ocurrido. Estaba a punto de recriminar a Peter, pero una mirada suya de "tú podrías ser el siguiente" me detuvo. Estaba en problemas.

Decidí acabar con Peter, y aspirarlo. No obstante, parece que Peter había pactado algo con las chicas de la limpieza, y no encontré las aspiradoras por ningún sitio. El pacto era claro, ya que cada vez que ellas limpiaban mi habitación, dejaban al malvado Peter en paz, permitiéndole expandir su dominio libremente.

Un día, me armé de valor. Me tomé un par de shots en la cocina, y subí a mi habitación, con una zapatilla en la mano. Esta vez sería él o yo. Tomé la perilla de la puerta, y la dejé abrirse. En la habitación, todo era silencio. Apreté la zapatilla, y di un paso al frente. Otro paso. Uno más. Levanté la mirada hacia el dominio de Peter... y no vi nada. Peter no estaba.

Nunca supe qué pasó. No sé si Peter adivinó mis intenciones y decidió escapar, o si las chicas de la limpieza finalmente se dieron cuenta que hacer pactos con arañas no era realmente una buena idea, o si Peter había fracasado en algún negocio con la mafia albanesa. En todo caso, Peter había desaparecido.

Un mes después, otra araña ocupó el espacio de Peter. Estuve a punto de llamarla Eddie, pero no pude. No frieguen, era peluda, debía irse. Esta vez, fui implacable. Cuarenta veces. Dai.

Anyway, si no les pareció suficiente terror para un post, chequeen este video, y listo. Tendrán pesadillas por tres meses. Al resto, pues que la noche os sea propicia, y que tengan un genial Año Nuevo. Será hasta pronto.

martes, 6 de noviembre de 2012

Catando Vino

Bueno, ahora que saben que soy medio snob en algunas cosas, quería compartir con ustedes mi último descubrimiento. He logrado descifrar cómo aprovechar al máximo las catas de vinos.

¡Alto! ¡No cierren esa ventana! ¡No cambien de página web! ¡Recuerden qué tipo de blog están leyendo! Acá en ningún momento les voy a contar cómo apreciar un buen vino. En ningún momento intentaré convencerles de seguir la técnica del mover - contrastar color - olfatear - saborear - enjuagar la boca - escupir. Tampoco les daré detalles de cómo describir los vinos, y en ningún momento usaré adjetivos raros.

Supongo que me preguntarán: ¿entonces qué cazzo nos vas a decir? ¿Y por qué demonios le das tanta vuelta al asunto?

Y yo les responderé: parece que se han olvidado qué blog están leyendo.

Okey, vamos al punto. Resulta que acá en Ginebra es muy común encontrar eventos en donde uno puede probar vino completamente gratis. Sí. En Ginebra, sí. Sí, acá, donde un cocoroco te cuesta 40 francos, el vino es gratis, sí. Ya, sé que no tiene sentido, pero esta pela no la escribí yo, ¿ya?

Anyway. Regresemos al punto. Vino gratis. En Ginebra.

Ahora, el detalle es el siguiente. En principio, estos eventos tienen como objetivo que uno pruebe mil tipos de vino. Con esto, los asistentes deben tomar lo suficiente como para terminar ligeramente borrachos, como para llegar a pensar que sería una buena idea comprar una botella, de esas que no son gratis. Pero claro, el vino debe ser dado en cantidades justas, de forma que la empresa que organiza el evento no se vaya a la quiebra. Además, el target debe ser aquella persona que tenga pinta de llegar a comprar una botella, y no aquella persona que termine devolviendo el vino al llegar a casa. Al primero, se le da todo lo que quiere. Al segundo, por compromiso nomas. Es una estrategia muy delicada.

Entonces, ¿qué hacer si uno no tiene un real como para comprar una botella, pero aún así quiere probar la mayor cantidad de vino posible? ¿Cómo aprovecharse al máximo de la empresa ingenua, que pensó que lograría hacer algo de dinero? Mis estimados, para esto existe una técnica infalible, llamada: la finta.

Lamentablemente, para llevar a cabo la finta al 100%, es necesario saber un poquito de vino. No es crucial ser un crack, pero sí saber que primero viene el blanco, luego el rosé, de ahí el tinto, y finalmente el dulce. Y ya está. Con esto basta.

Pero, ¿en qué consiste la finta? Elemental, mis estimados. El objetivo es dar a entender a la persona que sirve (llamémosle Pierre) que uno no sabe mucho, pero que está interesado en aprender sobre los distintos tipos de vinos que se ofrecen. Pierre, que no está muy contento con su vida y no tiene esperanzas en el ser humano, pensará que este interés en conocer vinos es realmente un intento de hacerse el papirriqui frente a alguien (que sea esto cierto no tiene nada que ver con lo que les cuento, eh). Afortunadamente, a Pierre no le importa un comino que uno se quiera hacer el papirriqui, y tenderá a servir más vino de lo normal, de forma que el asistente se emborrache, se emocione, y compre más de una botella. Claro, mientras más botellas uno lleve, más oportunidades de hacerse el papirriqui frente a los amigos, ¿no? ¡Tiene sentido!

Bueno, en mi mundo tiene sentido, no joroben.

Ahora, como les dije, hay que dar la impresión que algo se sabe de vinos. Es un asunto muy delicado, y requiere de mucho auto-control. Por ejemplo, llegar a donde Pierre, y decirle: "Hola, acabo de llegar, quiero empezar con algo suave. ¿Qué vino blanco tienes, que sea bueno para el inicio?"

Pierre lo mirará a uno por encima de su nariz, y servirá, qué sé yo, un Chasselas. Sí, ese que sabe a agua, no se preocupen, es el primero, y servirá poquito.

Luego, hay que cambiar. Buscar a Jacques, decirle "Buenas, mira, recién estoy empezando. Escogí un Chasselas para comenzar, y no sé con qué seguir. ¿Qué me recomiendas?"

Es muy importante que Pierre está muy lejos en ese momento. Jacques, que es más buena gente, servirá un Riesling. Y dará un poquito más de lo normal, porque le has caído bien.

Y así. Seguir cambiando, ir donde Marie y conseguir que te sirva un Pinot Blanc, luego otra vez donde Pierre, qué tal Pierre, por qué no me das un Silvaner, hola Amélie, creo que ya es hora de pasar al rosé, uy, un Gamay, qué wena, digo, buena idea, habla Jacques, a los años, ¿me das un poco más del Gamay rosé? Chesu, 'ta que, 'ta weno el Gamay, ¡Pierre! ¿Adónde 'tabas, Pierre? ¿Otro rosé? ¿Cómo se llama? No, ya, no importa, no me woy acordar de todas maneras (hic). ¿Dónde 'ta Jacques? ¡Jacques! Pos ke kieo un po' más d'ese vino wenazo, cha que (hic), cha que (hic), no, mejó un tinto oe, dame un Montepulciano (hic), ese del abuso... Amélie, mira (hic), dame má tinto pe, uno de Bordeaux, pa akodarme de la Oddity, ¿ta ke no konoces a la Oddity? Es una amigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaza, oe (hic), que venía de... de... (hic).... ¿de ónde venía la Oddity? Ya, no importa (hic), dame el Bordeaux nomá... ¡Aguanta Pierre! ¡No te escapes! Mira, la Oddity venía de... ¡de Bordeaux!!!!! Ahhhhh ja ja ja ja ja.....

Es crucial resignarse y saber que nunca se llega al vino dulce.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El Road Trip Multicultural

Esta historia que les voy a contar tiene todas las características pa convertirse en un paquete de Porca Padova, con excepción del desenlace. Al final todo salió bien, por lo cual les contaré sin demasiados rollos todo lo que ocurrió.

Todo empezó con The Relaxed Englishman, quién por alguna razón compró un ticket de tren para el domingo pasado. El ticket era abierto, en el sentido que podía ir a donde quisiera en Suiza, a la hora que quisiera, y volver luego a casa. Sin estar seguro de lo que estaba haciendo, mandó un mensaje a la gente del Foyer donde vivo, preguntando si alguien quería unirse.

Su convocatoria fue tan exitosa que se unieron 14 personas más al viaje. Además de El Albanés Amable y La Finlandesa Particular (de quienes ya les he hablado alguna vez), se unieron al viaje La Hermanita Albanesa, La Española Puntual, El Brasilero Bonachón, La Garota Gostosa, La Brasilera Alegre, El Canadiense Tranquilo, El Canadiense Asiático, La Portuguesa Borracha, El Indio Cargoso, El Español Superguay, y La Chibi-Ninja. Y yo, por supuesto, quien terminó organizando el evento.

El plan era ir a Interlaken. The Relaxed Englishman y El Canadiense Asiático irían juntos en tren, mientras que el resto alquilaría dos carros, de siete asientos cada uno. Tutto bene. Tendríamos a La Brasilera Alegre y El Brasilero Bonachón de choferes, mientras que El Albanés Amable y yo seríamos copilotos (para gran frustración de El Indio Cargoso). La cosa empezó bastante bien, nos juntamos todos a las 8:00 am, esperamos solamente 15 minutos a La Española Puntual, y salimos hacia la estación de tren. De ahí, debíamos tomar un tren al aeropuerto, de donde recogeríamos los carros.

La cosa se puso graciosa desde el comienzo, ya que La Chibi-Ninja empezó a hablar nuevamente del cazzo. No, no, no me refiero al cazzo que todos conocemos, aparentemente en Japón existe cierto pez llamado katsuo, pero por supuesto, cuando alguien pronuncia su nombre todos piensan en otra cosa. Todos excepto La Chibi-Ninja, claro, quien es más inocente que un pan. Por lo tanto, la pobre ha pasado por más de una burla al decir que el cazzo es grande y rojo, y que le fascina comerlo crudo (la cosa se puso menos graciosa cuando nos dijo que generalmente lo comía como sashimi). Lo peor es que la chica sigue sin darse cuenta de por qué se ríe la gente, y en la estación de tren nuevamente empezó con el asunto, con que quería mostrarnos un video en internet donde un pescador sacaba el cazzo, y que era impresionante, que era tan grande que tenía que sacarlo de pie, no sentado.

Si, a mi también a veces me da la impresión que La Chibi-Ninja lo hiciera a propósito. Otro día les cuento la del karaoke.

Anyway, llegamos al aeropuerto, y conseguimos alquilar los carros. Entre una cosa y la otra, terminamos saliendo a las 10:00 am, un poco más tarde de lo pensado, pero bien. Ok, tal vez con un poco de tensión (por ejemplo, La Finlandesa Particular le dijo a La Española Puntual que era linda, que le hacía recordar a los animalitos de los videos de YouTube que veía, y como que no le gustó mucho), pero al final llegamos todos vivos. Llegamos a Interlaken alrededor de las 12:00 pm.

Mi intención en Interlaken era que cada uno hiciera lo que le diera la gana. Obviamente no tenía pensado que 15 personas coincidieran en nada. Mi plan era dirigirme primero a las cuevas de St Beatus Höhlen, a las cuales se llegaba en bote. Luego, si había tiempo, subir al Harder Klum. Aparentemente, El Indio Cargoso tenía pensado hacer exactamente lo opuesto, así que desde el comienzo tuve claro que haríamos cosas cada uno por su lado.

No obstante, por alguna macabra razón, no pudimos. A pesar de que había gente que tenía muy claro lo que querían hacer, tuvimos que quedarnos media hora discutiendo todos a dónde íbamos a ir. Todo esto luego de las idas al baño, o paradas por comida y tal. El resultado (genial) fue que todo el mundo decidió seguirme a las cuevas, y así me volví pseudo-responsable de todo el grupo, igual como ocurrió aquella vez en el viaje a Annecy.

Como bien imaginarán, el resultado no fue el ideal. Por supuesto, el barco hacia las cuevas no salía hasta las 2:15 pm, así que había que esperar una hora para partir. Esto generó una nueva ronda de discusiones, que causó que El Canadiense Asiático y yo fugáramos, dirigiéndonos al Heimwehfluh (cinco lucas pa quien logra pronunciarlo bien a la primera), mientras el resto seguía debatiendo. Anyway, este Heimwehfluh era un cerrito, desde el cual se podía tomar esta foto:


Chévere, pe. Perfecto pa una hora, se subía en funicular, se tomaban las fotos y se bajaba en un carrito tipo montaña rusa. Muy bien.

Al volver al puerto, descubrimos que El Indio Cargoso, La Chibi-Ninja, El Canadiense Tranquilo, El Español Superguay y El Brasilero Bonachón habían tomado un carro y habían partido hacia quién sabe donde. El resto confió en mi plan, tomamos el barco, y fuimos a la cueva.

De la cueva no hay mucho que decir, estuvo bien, y ya está. A la vuelta, nos contactamos con El Brasilero Bonachón, que nos dijo que regresarían a Interlaken luego de 40 minutos. Nosotros tomaríamos el barco de vuelta más o menos a esa hora, así que la sincronización era perfecta.

Una hora más tarde, el grupo de El Brasilero Bonachón seguía sin llegar. Hartos, decidimos ir a algún lado nosotros mismos, y escogimos las Giessbachfälle, unas cataratas que aparentemente estaban bien. Sólo había un problema: eramos diez, y nuestro carro era para siete personas. Sí, ya sé que en Perú estamos acostumbrados de meter 20 personas en un espacio para 12, pero acá la policía puede ser bastante severa si lo atrapan a uno. Luego de meditar, decidimos arriesgarnos. Todos adentro.

Meter a todo el mundo en el carro fue una cosa un poco complicada. Hubo que optimizar mucho, decidir quién iba atrás, donde había menos espacio, quién iba adelante, quién era copiloto (shotgun!), etc etc etc. Luego de todo este barullo, logramos entrar, y La Finlandesa Particular cerró la puerta. Pasaron cinco segundos, todos en silencio, y en eso El Albanés Amable preguntó: "¿Qué es ese olor?"

El Albanés Amable miró entonces hacia abajo, y vio su zapato. Vio, además, el zapato de La Finlandesa Particular. Notó entonces una gran masa marrón debajo del zapato de esta, ensuciando además todo el tapete del auto. Pasaron cinco segundos más. Y luego, comenzó el apocalipsis.

Teníamos a diez personas encerradas en un carro para siete, envueltas en un olor a caca insoportable. Johnny, la gente se volvió muy loca. Ver a The Relaxed Englishman perder los papeles, gritando "¡Déjenme salir!!", considerando romper una ventana a punta de cabezazos, fue un espectáculo digno de verse.

Afortunadamente, El Albanés Amable es amable, y limpió el tapete con... no sé con qué, y no quiero saber con qué, pero lo limpió. La Finlandesa Particular inicialmente negó que esa caca fuera suya, pero luego de ver que El Albanés Amable perdía la paciencia y se le salía el mafioso que todos llevamos dentro, lo admitió, y se cambió sus zapatos (a todos nos pareció rarísimo que tuviera un par de zapatos extra, pero bueno, es particular la chica).



Un rato después, luego de un viaje tenso, esquivando cualquier indicio de policías, llegamos a la cascada. Fue en ese momento que La Finlandesa Particular enloqueció. Empezó a correr entre los árboles, como si fuera un ciervo, gritando algo sobre comer flores y tal. Ya les dije, es particular. Yo esperaba encontrarla luego desnuda, trepada a un árbol, masticando alguna rama o algo, pero no, afortunadamente la cascada la maravilló al punto de inmovilizarla, y la euforia eventualmente disminuyó.

Pero geniales las cascadas, eh. Altamente recomendables.

Bueno, les dije que les iba a contar el cuento sin enrollarme demasiado, así que empiezo a terminar. Al final, nos encontramos con el grupo de El Indio Cargoso, regresamos todos a Interlaken, dejamos a The Relaxed Englishman y a El Canadiense Asiático en la estación de tren, y regresamos a Ginebra. El camino de vuelta fue entretenido, burlándonos como siempre de La Portuguesa Borracha, mientras La Finlandesa Particular comía un pepino en silencio.

A la vuelta, como ya era bastante tarde, dejamos a todos en la estación de tren del aeropuerto, mientras El Brasilero Bonachón, El Albanés Amable, La Brasilera Alegre y yo dejábamos los carros. Mientras dejábamos al resto, sentimos unas luces detrás nuestro: la policía. Lo primero que pensamos era que nos habían seguido de Interlaken, que sabían que habíamos cometido una terrible fechoría, pero afortunadamente no fue así. Resulta que el sitio donde estábamos dejando a la gente estaba reservado para transporte público, y luego de amenazarnos con una multa de 400 CHF, nos dejaron ir. Disculpe, mi sargento.

Al dejar el carro, revisamos que todo estuviera bien. Y por supuesto, no lo estuvo. Al abrir la maletera, descubrimos que La Finlandesa Particular había dejado:
(a) Su paraguas, que nadie sabe para qué lo había llevado, ya que estaba roto.
(b) Una bolsa llena de uvas.
(c) Sus zapatos llenos de caca.
Genial, la chica.

Teníamos sólo diez minutos antes de perder el último tren, así que no lo pensamos. El Albanés Amable cogió los zapatos (es amable, les dije), yo agarré el resto de cosas, y corrimos como locos a la estación. Yo no me di cuenta hasta que fue muy tarde, pero la bolsa tenía un hueco, y aparentemente llené el aeropuerto de Ginebra con uvas. Me dijeron que parecía que había robado un máquina de bingo, viéndome correr con bolitas saltando a mi alrededor.

Al final, no perdimos el tren, y llegamos a Ginebra a medianoche. Fue una locura el viaje, pero fue espectacular. En algún momento de lucidez, La Finlandesa Particular dijo algo muy interesante, que le parecía increíble que tanta gente de tantos sitios distintos pudiera organizarse así y llevarse tan bien. Y es cierto, debo confesar que estar en un ambiente así, además de divertido, es muy enriquecedor, uno se siente libre de muchas de las cadenas auto-impuestas por su sociedad. El próximo año regresaré a Perú por un buen tiempo, y aunque me emociona lo que se viene, también da un poco de miedo y pena perder este tipo de experiencias.

Bueno, no me enrollo más, y los dejo. ¡Será hasta la próxima!

miércoles, 9 de mayo de 2012

Crisis Teológica

Creo que se está volviendo costumbre escribir de algo serio por lo menos una vez al año. Esta vez no intentaré evitarlo, pero les prometo que por lo menos no los torturaré con mis crisis amorosas, como la última vez.

Supongo que se habrán dado cuenta que yo, además de ser físico, peruano, medio pavo, inepto combinando colores, y demás, también tengo alguna tendencia religiosa. Varias personas alguna vez me han preguntado cómo puedo ser físico y no ser ateo al mismo tiempo, y bueno, a estos les respondo generalmente que no entienden qué significa la religión. Pero no quiero entrar en esta discusión en este momento, sino más bien contarles un poco de mi evolución religiosa.

En mi casa en Perú nunca hubo un ambiente muy religioso. Mi padre es anglicano / pagano, y mi madre no es muy religiosa que digamos (a excepción de cuando hay matrimonios). Para el terror de mi abuela, ni mi hermano ni yo fuimos bautizados al nacer, y a pesar que amenazó que si nos moríamos terminaríamos en el limbo, mi madre nunca atracó.

No estoy seguro, pero creo que mi primera experiencia real en la Iglesia fue luego de que a mi abuela le diera el derrame. Al desarrollar mi abuela dificultades para caminar, mi madre me envió a mi de apoyo. Así, terminé yendo los domingos a la parroquia María Reina, como bastón, mientras veía a la gente arrodillarse, rezar, confesarse, etc.

Muchos años después, basé toda mi experiencia religiosa en lo que enseñaban los padres Eduardo Arens (María Reina), y Lucho Cordero (Carmelitas). Quienes los han escuchado sabrán que ambos dan (o por lo menos daban) sermones de alta calidad. Según yo, el primero se concentraba en la experiencia religiosa como un hecho racional (¡actúa!), mientras que el segundo la enfocaba más por el lado humano (¡siente!). Ambos, por supuesto, con argumentos históricos y la debida contextualización. En Lima, siempre encontré mi equilibrio espiritual en ellos, y sentía que evolucionaba de una manera u otra.

Esto cambió cuando dejé el Perú. En Inglaterra, España e Italia me topé con los sermones más superficiales que había escuchado en mi vida, concentrados más en la tradición que en la vida diaria. En los primeros dos países me salvé por un pelo, en Cambridge me rescató mi amiga Chris, quién me llevó al Fischer House, una comunidad pequeña, pero muy reflexiva y analítica. En Valencia, encontré una parroquia a la que asistía toda la comunidad ecuatoriana, provista de un sacerdote muy humano.

No obstante, no puedo decir que no haya pasado por varias crisis. Me encontré constantemente en desacuerdo por las políticas de la Iglesia, ya sea en los temas de sexualidad como en los de austeridad. Vamos, siempre he estado convencido de que, a pesar de tener la cabeza media podrida, la Iglesia también tiene un cuerpo activo que hace buenas obras. Un cuerpo escondido, por supuesto, ya que esto generalmente no hace noticia. Pero la podredumbre de la cabeza no me dejaba tranquilo.

Esta crisis llegó a un máximo durante el escándalo de los abusos a menores, y la muy pobre respuesta de la Iglesia a todo este rollo. Esto, junto con la lamentable acción del papanatas de nuestro cardenal al intentar apoderarse de la PUCP, causó que me alejara de la Iglesia por más de un año.

Claro, el no ir a la Iglesia tampoco me dejaba tranquilo, ya que para mi escuchar los sermones siempre ha sido una motivación para evolucionar como persona. Al alejarme de la Iglesia Católica, empecé a mirar otras opciones.

Acá en Ginebra, al hablar con La Finlandesa Particular, me enteré de la existencia de una comunidad protestante Luterana. Me dije ¡qué demonios!, y decidí ir.

Tengo que admitir que casi salgo corriendo después de los primeros diez minutos. Al empezar la misa, apareció un hombre vestido de blanco, caminando como si fuera el Rey de España, y llevando a cabo la primera lectura haciéndose pasar por Abraham. Me hizo recordar las Iglesia de Gokú, o la de Sonic The Hedgehog.

Pero me quedé. Y por suerte lo hice. Descubrí que esta cosa rara realmente era una parte inicial dirigida a los niños, y que luego se llevaban a los critters a otro cuarto y empezaban con la cosa seria.

Grande fue mi sorpresa al no encontrar un sacerdote, sino una pastora. Más grande fue mi sorpresa al enterarme que no sólo estaba casada, ¡sino que estaba casada con un peruano! ¡Genial! ¡Y además, toca las maracas!

Ok, ok, los que han visto el video, sé que lo que toca no son maracas, pero suena gracioso, ¿ya?

Anyway, descubrí así que esta comunidad Luterana no cargaba consigo con todo el lastre que sí carga la Iglesia Católica. Para darles un ejemplo, descubrí que la pastora había celebrado una boda gay el año anterior, cosa completamente inconcebible en Roma. Encontré también una mezcla del sermón de Arens y de Cordero, una mezcla entre racionalidad y espiritualidad, basada en una contextualización apropiada de lo leído. Aún estoy comprendiendo cómo funciona la comunidad en sí, pero les puedo decir que el cheesecake que hacen después de la ceremonia es motivo suficiente como para querer quedarse y enterarse más.

Así que lo haré.

Ojo, con esto no quiero impulsarlos a moverse a la Iglesia Luterana más cercana. Aparentemente esta Iglesia es muy democrática, y cada comunidad tiene su propia forma de vivir su espiritualidad. Por ejemplo, la misma pastora me dijo que la Iglesia Luterana en África no está haciendo las cosas muy bien. Pero por lo menos esta es chévere, y estoy seguro que me quedaré ahi durante toda mi estancia en Ginebra.

Eso sí, protestaré. Apenas regrese a Lima iniciaré los trámites para mi retiro político de la Iglesia Católica. No sé qué será, apostasía, herejía, qué sé yo, pero por lo menos quiero que se sepa que no estoy de acuerdo en cómo lleva la Iglesia estos temas, y que prefiero estar en comunidades que me dan lo mismo (o más), que actúan de forma similar, pero que no tienen ningún lastre discriminador.

He dicho.

sábado, 7 de abril de 2012

Historia Repetida

Cuando me planteé salir de juerga en Viernes Santo, dudé un momento. En principio, estas fechas son más para meditación y tal, salir de juerga ese día exactamente era un poco inapropiado. Afortunadamente, esta idea no se mantuvo mucho tiempo en mi mente, y me preparé para una noche que quién sabe qué traería.

Lamentablemente, el Castigo Divino cayó sobre los asistentes a la juerga, y pasamos una noche parecida a aquella del año pasado.

Todo empezó cuando me encontré con El Albanés Amable en la cocina. No había casi nadie en el Foyer, el ambiente en la sala común estaba más triste que submarino a remos. Decidimos que, después de cenar, saldríamos a ver qué encontrábamos en la noche ginebrina.

Mientras cocinábamos, nos encontramos con La Tedesca Sorridente y Die tanzenden Italienisch. Luego de la sonrisa habitual, La Tedesca Sorridente nos contó que habría un concierto gratuito de rock muy cerca del Foyer. Ellas no sabían si irían, pero para nosotros eso no importaba: había un plan.

En la zona común, nos encontramos con La Inglesa Hindú. Estaba con El Árabe Silencioso y con una amiga que la había venido a visitar, llamada La Otra Inglesa Hindú. Nos unimos a ellos, y nos enteramos que La Otra Inglesa Hindú tenía muchas ganas de juerga (luego nos enteramos que era pura finta, pero vamos, no hay que adelantarnos). Les contamos nuestros planes del concierto, y decidieron apuntarse. No obstante, tenían otras cosas que hacer antes, así que El Albanés Amable y yo decidimos adelantarnos.

El concierto fue un poco... ¿cómo decirlo? Un poco adolescente, digamos. Parecía que si había alguien ahí mayor de 20 años, era padre o madre de alguno de los asistentes al concierto. Podrán imaginar que no era exactamente lo que queríamos. El problema es que en ese breve periodo en el que estuvimos dándonos cuenta de la situación, empezó una lluvia terrible. Estábamos atrapados en el edificio.

Decidimos tomar un vino mientras esperábamos que la lluvia baje. Teníamos esperanzas de que el resto se nos uniera, y que tal vez tuvieran algún paraguas o algo con qué salvarnos. Mientras tanto, unas seis niñitas jugaban a las chapadas a nuestro alrededor. Sí, sí, sé que la idea de la noche era estar rodeado por chicas, pero se suponía que su edad no sería igual a la mía dividida entre cinco... 'Ta mare...

En eso, salió la luz. Completamente empapadas, llegaron La Tedesca Sorridente, Die tanzenden Italienisch, La Inglesa Hindú, La Otra Inglesa Hindú, y El Árabe Silencioso. Con paraguas y cosas. Chévere. Podíamos escapar.

Decidimos correr todos junto al bar más cercano, donde la edad media fuera un poco mayor. Estaba un poco muerto, pero vamos, eramos siete, podíamos pasarla bien. Mientras pedíamos bebidas, decidí ir al baño, que estaba en la parte de atrás del local. Y al llegar, casi se me cae la cara de la sorpresa.

En la parte de atrás del local había una pequeña entrada, que llevaba a una mini-discoteca. Y había un ambiente espectacular, mucha música latina, mucha gente bailando. Este era el sitio donde estar. Le avisé al resto, y corrimos a la parte de atrás.

Pero no. Había que pagar entrada, 15 francos. A mi, el Danza Kuduro que sonaba en el fondo me decía "¡Paga nomas!", pero el resto no estaba tan convencido. La Tedesca Sorridente nos sugirió ir al Duplex, un sitio con entrada gratuita, que no estaba muy lejos de ahí. Ya pues.

Fue un error. Un error fatal. El Duplex estaba medio vacío, la música era muy rara, y los tres tipos que estaban bailando lo hacían muy pero muy mal. Ya, ya, yo sé que debería ser el último en criticar a alguien bailando, pero esto se veía realmente mal, al punto de darnos yuyu de lo feo que se veía. La Tedesca Sorridente perdía puntos como una catarata.

Recordé que al costado del Duplex se encontraba el Pachinko. No obstante, sabiendo que en ese sitio a veces ponen música rara también, decidí ir solo, como explorador. Llegué al sitio, y escapé inmediatemente, espantado.

¿Qué encontré? Una reunión de europeos del este, escuchando música rusa. No sólo eso, había que pagar 5 francos pa entrar. Ni siquiera El Albanés Amable pensó que fuera una buena idea ir.

Decidimos regresar a casa. Recordamos que la televisión del Foyer podía reproducir música de un USB, así que decidimos tener la juerga en casa. En el camino, pasamos por el Milk Club, a ver si pasaba algo, pero no... estaba cerrado.

Anyway, no había problema, ya habíamos decidido ir al Foyer. Llegamos, bajé mi USB con música de juerga, y lo puse en la TV. Empezó a sonar el Mesa que más aplauda.

La Inglesa Hindú me miró y me dijo: "No la conozco, ¿pones otra?"
Ok, apreté el botón de avanzar, y empezó el Baile de la Botella.

La Otra Inglesa Hindú me miró y me dijo: "¡No me digas que sólo tienes música latinoamericana!"
Casi le tiro el USB.

Ok. El Albanés Amable fue a su habitación por su música, mientras tanto, la gente abajo no bailaba ni aunque sonaran Los Fabulosos Cadillacs, Carlos Vives, o Axe Bahia. Ya, ya sé que mi música 'ta media vieja, pero no era por eso que no bailaban.

El Albanés Amable regresó, puso su música, y lo mismo. Tampoco les gustaba. Nada. Indignado, El Albanés Amable se fue a hacer couscous y nos dejó. Sí, couscous a las dos de la madrugada, leyeron bien.

Pos na', La Inglesa Hindú decidió ir por su propia música. Bajó con su USB, lo puso en la TV... y no funcionó. Me miró, y dijo: "¿Tú crees que sea porque están en formato RealAudio?"


Mientras controlaba a mi lado nerd de gritarle que cómo se le ocurría tener canciones en formato RealAudio, miré al resto. Y me rendí. El próximo año, me quedaré jugando en la computadora toda la noche. Contra la Ira Divina parece que no se puede.