viernes, 10 de octubre de 2008

Cómo Encontrar Vivienda en Würzburg... para Dummies


28/03/2008

Informe sobre Ultima Misión

Situación: Recién llegado a Würzburg.
Objetivo: Encontrar un sitio dónde vivir.
Plazo: Un mes.

Registro 1: A 30 días del plazo.
Llegada a Würzburg.
Instalación en hospedaje universitario Gästehaus.

Registro 2: A 27 días del plazo.
Instalación en centro de trabajo al 90%.
Se empezó a obtener información sobre lugares interesantes dónde vivir.
Se recibió recomendación a favor de compañía "Home Company," un servicio de búsqueda de vivienda.
Requisitos de vivienda: con internet, acompañado por mínimo dos personas más, en un lugar céntrico. De preferencia en residencia de estudiantes.

Registro 3: A 26 días del plazo.
Se averiguó sobre residencia universitaria, Studentenhaus.
Rechazado en Studentenhaus por no ser alumno oficial de la universidad.
Se averiguó sobre posible permanencia en Gästehaus.
Rechazado en Gästehaus, por excesiva demanda de habitaciones.
Requisitos de vivienda: con internet, acompañado por mínimo dos personas más, en un lugar céntrico.

Registro 4: A 25 días del plazo.
Se encontró página web con información sobre pisos compartidos con otros estudiantes.
Se encontró traductor online (aleman) <-> (lengua comprensible) eficiente.
Se tradujo página web. Se encontraron seis ubicaciones interesantes.
Se comunicó con ubicaciones vía internet. ¡Viva el correo electrónico!

Registro 5: A 23 días del plazo.
Se tuvo dos citas confirmadas.
Se llenó formulario online del "Home Company," por si acaso.

Registro 6: A 20 días del plazo.
Primera cita.
Se recibió oferta por una habitación amoblada, con muebles puestos a la venta por el huésped anterior. Muebles en mala condición.
Existieron además condiciones extrañas. Habría que cambiarse el nombre a "Paolo" y la nacionalidad a "Italiana."
Grazie mille, ma non grazie.
No se recibió respuesta del porco "Home Company."

Registro 7: A 18 días del plazo.
Segunda cita.
Se vio una habitación sin muebles.
Ni lampara en el techo.
Ni pintura en la pared.
Nein danke.
Me dirigí a sede del "Home Company."
Rechazado por falta de contrato con universidad.
Requisitos de vivienda: con internet, acompañado por mínimo dos personas más, en un lugar céntrico, con muebles.

Registro 8: A 16 días del plazo.
Empezó preocupación por no recibir respuesta de los 15 correos electrónicos enviados el día anterior.
¡Porco correo electrónico!
Se descubrió que las viviendas en Alemania por lo general no vienen con muebles.
Se llamó a cita #1, que por lo menos tenía muebles.
Rechazado, al estar la habitación ya ocupada.
Armado de valor (o dominado por el terror), se empezó a realizar llamadas.
Hallo, sind Sie ?
Und... sprechen Englisch? Oder Spanisch?
Yeah, I'm interested in the room you're offering, is it still available?
Me dirigí nuevamente a "Home Company", con documento impreso de internet.
Fui aceptado.
Salí decepcionado, ya que la secretaria no encontró vivienda alguna.

Registro 9: A 14 días del plazo.
Cansancio por tanto rechazo, luego de tres citas más fallidas, y diez llamadas fracasadas.
Se vio problemático el hecho que personas que alquilan sitios por lo general quieren que uno se quede más de tres meses.
Empezó a ser evidente la poca cantidad de opciones disponibles.
Requisitos de vivienda: con internet, acompañado por alguien (cualquiera), en un lugar céntrico, con muebles, que me acepte por tres meses.

Registro 10: A 12 días del plazo.
Se regresó a "Home Company." No se obtuvo nada.
Instalación en centro de trabajo al 100% (¡se demoran en copiar llaves!).
Se gastó 25 euros en llamadas sin resultado.
Se buscó formas de elevarse la moral.
Preocupación incrementó al notar la preocupación del jefe y compañeros de trabajo debido a la situación.
Requisitos de vivienda: con internet, acompañado, que me acepte por tres meses.

Registro 11: A 10 días del plazo.
Se entró en crisis nerviosa.
Requisitos de vivienda: que me acepte por tres meses, ¡yo me las arreglo después!

Registro 12: A 7 días del plazo.
Llamado por teléfono, pero se perdió la llamada. Se recibió mensaje de voz.
Se descifró el número de teléfono para acceder a buzón de voz.
Se escuchó mucho alemán, sin tener la mas mínima idea de la situación.
Se recibió ayuda de compañero de trabajo, averiguando que el mensaje era del "Home Company".
Se llamó al "Home Company."
Se averiguó que no me tienen en el registro.
Me ofrecí ir a arreglar la situación al día siguiente, pero secretamente se les mandó a volar.
Se recibió oferta de un sofá en la casa del jefe.
Se recibió oferta de un sofá en la casa de un compañero de trabajo.
Se recibió oferta de un sofá en la casa de unos amigos de la secretaria del jefe.
No se quiere un sofá. Se miraron carpas y se buscó un parque.

Registro 13: A 5 días del plazo.
Se consiguió cita en un piso en barrio céntrico.
Se descubrió que el piso estaba amoblado.
Se comprobó que el piso tenía acceso a internet.
Se rezó un Ave María.
Se averiguó que el piso sería compartido con una profesora universitaria italiana.
Pregare un Padre Nostro.
Se fue aceptado por sólo tres meses.
Se llegó a un acuerdo, y se acordó una fecha para la mudanza.
Se bailó la conga.

Sumilla:
Cantidad de tiempo tomado: 25 días.
Cantidad de correos electrónicos enviados: alrededor de 30 - 40.
Cantidad de correos electrónicos que se volvieron citas: 3.
Cantidad de llamadas realizadas: 24.
Cantidad de llamadas que se volvieron citas: 4.
Cantidad de pelo perdido por el estrés: igual al perdido en todo el 2007.

sábado, 4 de octubre de 2008

Ich bin Herr Jones!

09/03/2008

Luego (nach) de mi experiencia en Padova, y ahora con mi recientemente iniciada experiencia en Würzburg, me veo en la obligación de contrastar la forma en que los italianos y los alemanes hacen las cosas.

Con los italianos nunca me llegué a comunicar antes de mi visita. Creo que mi tutor de tesis les mandó un correo avisándoles que día (tag) llegaba, pero los demás detalles de mi viaje (como, por ejemplo, dónde me iba a hospedar) eran completamente desconocidos para ellos. Ahora que lo recuerdo, en Karlsruhe me encontré casualmente con il Maestro un (eins) mes antes de mi viaje a Padova. Él me preguntó si me faltaba algo, pero para ese momento ya tenía todo arreglado. Claro, faltaba un mes para el viaje, ¡definitivamente tenía que saber dónde iba a vivir!

En el caso de los alemanes, la cosa ha sido diferente. Ellos me contactaron tres (drei) meses antes, preguntándome qué necesitaba. Fue excelente, ya que me estaba siendo imposible encontrar hospedaje en una residencia de estudiantes (students) (¡todo está en alemán!). Ellos en poco tiempo me consiguieron alojamiento por un mes, y junto con el contrato, me enviaron por correo un mapa turístico de la ciudad, junto con indicaciones adicionales sobre cómo llegar a la universidad (Universität). Spettacolare. La fama de los alemanes con respecto a su organización se confirmaba. No sólo eso, pero Werner Porod, con quien voy a trabajar aquí, me dijo que me iba a recoger de la estación de tren a mi llegada, para asegurarse que no tuviera problemas. Yo (Ich) no lo podía creer, casi lloro cuando me enteré.

El viaje a Alemania no estuvo mal. Luego de mi experiencia con la porca Iberia, decidí tomar Air Berlin. Esta me permitía llevar 30 kg de peso, y tenía todas las reglas muy claras en su página de internet. Ahora, siendo una aerolínea alemana, era necesario hacer una escala en la ciudad española mas importante para los alemanes: Palma Mallorca.

El aeropuerto (Flughafen) de Palma Mallorca es interesante. Es evidente que los veraneantes alemanes son una fuente de ingreso muy importante para esta isla mediterránea. Todos los anuncios, además de estar en español e inglés, están en alemán. Y en los restaurantes todos aparentemente saben alemán, lo cual es impresionante en España, donde es difícil encontrar alguien que quiera hablar inglés. Y no sólo eso, para mi oído (entrenadísimo), ¡era un alemán con muy buen acento!

Ahora, para desgracia de Werner, mi llegada a Alemania fue tormentosa. Aparentemente hubo una mega-tormenta en Frankfurt (donde llegaba mi vuelo), y tuvimos una demora de como dos (zwei) horas y media. Al final, en vez de llegar a Würzburg a las 7 (sieben) pm, llegue a las 10 (zehn). Lo peor es que nunca le pude avisar a Werner, porque poco tiempo después del anuncio de la tormenta nos hicieron subir al avión... inicialmente pensé que era porque íbamos a salir, pero no, lo que querían era tenernos a todos adentro, para que el avión saliera lo mas rápido posible una vez terminara la tormenta.

Así que nos tuvieron dentro del avión, sin despegar, pasando, entre otras cosas, dibujos de Mickey Mouse y el pato Donald, por hora y media. Porco Walt Disney...

Mi primera semana no ha tenido mucha novedad. Tomar el bus el primer día fue terrible. El metro alrededor del mundo es más o menos estándar, pero los sistemas de bus varían mucho. En España uno puede comprar tickets de bus en el mismo bus, o en quioscos. En Italia sólo en quioscos, y de vez en cuando en ciertos buses particulares. En Perú no hay tickets. En Alemania no sabía cómo era el sistema. Werner me había indicado dónde estaba el paradero del bus, y me indicó en qué dirección se encontraba la universidad, pero nada más... así que ese primer día me ubiqué en el paradero respectivo, con mucho valor.

Pasó el bus. Subí.
"Hallo! Eine ticket per Universität, bitte."

El chofer me miró. No dijo nada.
"Universität? Zentrum?"
(Esas eran las palabras que aparecían en mi mapa)

El chofer me volvió a mirar, y apuntó a la acera opuesta. Enérgicamente.
Creo que era mudo, el pobre chofer. No le pregunté.

Al bajar, miré hacia donde me había apuntado. En primer plano, se encontraba el otro paradero del bus. Y en segundo plano, el Studentenhaus, un edificio administrativo de la universidad para los estudiantes. Miré de cerca el paradero opuesto. No había máquina de tickets.

Asumí entonces que me había apuntado hacia el Studentenhaus, y que ahí encontraría una máquina de tickets. Entré, y luego de pasar una que otra vergüenza, me dijeron que no (nein!), que la máquina de tickets más cercana estaba en otro lado. Por coincidencia, el sitio donde estaba la máquina se encontraba en la misma recta entre el paradero y el Studentenhaus (solo que más lejos), así que el mensaje del pobre chofer mudo seguía siendo consistente.

La persona con quien hablé allí me dio ánimos: "¡En la máquina de tickets uno puede escoger el idioma!" Al llegar, en efecto, había un botón para cambiar los idiomas. Al apretar el de inglés, la pantalla cambio de "whatever" a "Please, choose your ticket."
Y proseguía la lista de los cincuenta (funfzig) tickets que uno podía comprar. Todos en alemán.

Hora y media luego de mi primer intento, me encontré nuevamente en el paradero, con un ticket que no se a dónde me llevaría, pero con un ticket al fin y al cabo. Pasó el bus, y subí.

Le enseñé mi ticket.
"Hallo! Universität? Zentrum?"

El chofer me miró. Pero este sí respondió. Apuntó en la misma dirección que el pobre chofer mudo (también enérgicamente), y dice:
"The other bus stop!"

Genial.

Por otro lado, para aquellos que me dijeron que tooooodos los alemanes hablan inglés... ¡no es verdad!
Al llegar aquí, me vi obligado a ir donde un odontólogo (kieferorthopaedisch). El día antes de partir de Valencia, un Twix malévolo despegó ligeramente el semi-aro que tengo detrás de los dientes. Estas cosas por lo general son carisímas, pero no me quedaba otra.
Llegué a un consultorio, me acerqué a la secretaria, y le dije:

"Sprechen Englisch?"
"Nein!"

Me puse pálido.
"Sprechen Spanisch?"
"Nein!"

La desesperación se apodero de mi.
"Sprechen Italianisch????"
"Nein!!!"

Me retiré, derrotado.
Por suerte, en el segundo consultorio sí sabían inglés.
Es más, me enteré que la odontóloga tenía un colega peruano.
Y que ella había estado en Lima.
Y la verdad, no sé qué tan bien le habría ido en Lima, ¡pero al final no me quiso cobrar niente por el servicio!
Luego de insistir, decidí escapar del lugar lo más rápido posible, antes que cambiara de opinión.
¡Compadre, no sé quién habrás sido, pero gracias por dejarle tan buena impresión de los peruanos a esta señora! ¡Maestro!

Luego de esto, he decidido darle un poco mas de seriedad a mi aprendizaje de alemán. Y ahí voy. Ya sé contar. Ya sé presentarme (freut mich!). Ya sé pedir la cuenta en un restaurante (ich mochte zahlen, bitte). Y sí, tal vez mi acento sea el de un Nazi en pelicula de Mel Brooks, pero lo intento, ¡en serio!

Aquí los dejo. Actualmente busco un sitio dónde vivir, ya que este hospedaje me lo dieron por un mes nomás. Así que nada, si conocen a alguien en el flamante Würzburg, y necesita un compañero de piso, ¡¡¡pásenle la voz!!!

Tschüss!

jueves, 25 de septiembre de 2008

Sobre Lavadoras

09/02/2008

Creo que no es necesario decir que el pasar del comodísimo mundo en el cual a uno le preparan la comida, lavan la ropa, limpian la casa (etc), a aquel donde todo esto (y más) debe ser hecho por uno mismo, es toda una experiencia. No estoy seguro si lo que mas recordaré de toda esta etapa fuera de Perú serán mis accidentados viajes, o las anécdotas en el momento de cocinar, lavar, y demás...

Claro, si nos referimos a lo que menos recordaré, las experiencias académicas se llevan el primer premio con una clara ventaja sobre todo otro tipo de experiencia. Pero hoy no quiero hablar de eso.

Hoy quiero hablar de la lavandería.
¡No! ¡Deténganse! ¡¡¡¡No cierren esta ventana!!!! ¡¡¡No llamen al medico, no me he vuelto loco!!!

Está bien, está bien, no me he vuelto MÁS loco.
Es que es verdad. Una particularidad sobre el sitio donde uno vive es cómo hace para lavar su ropa en él. ¡Y tengo pruebas fehacientes de ello!
Denme un rato mientras busco "fehaciente" en el diccionario... Ok.
Pues lo mismo, ¡tengo pruebas fehacientes de ello!

Mi primera experiencia con la lavadora fue en Inglaterra, en la casa que compartí con los seis chinos. Ahí, una de las cosas mas importantes que aprendí fue que el filtro de la lavadora debe ser limpiado. Y seguido. Especialmente si vives con seis chinos.
En futuras lavadoras nunca encontré lo que vi esa espantosa primera vez, cuando descubrí que nuestra lavadora no funcionaba porque el filtro simplemente tenía demasiadas cosas atascadas. Al abrirlo, encontré hasta monedas. Y monedas es lo mas light, porque si les contara el resto de cosas que encontré, optarían por el suicido. Una experiencia igualable a un encuentro con el mismo Cthulu.
Lindísima primera experiencia.

No obstante, el cambio de filtro no fue suficiente. Definitivamente mejoró su rendimiento, pero no al 100%. Fue tiempo después que me enteré la razón de esto, y entré así al fascinante mundo de la psicología lavadórica (esta no la buscaré en el diccionario).
Resulta que un año antes, esta lavadora era una lavadora común y corriente, feliz de su condición y sin intenciones de cambiarla. Hacía su trabajo, y lo hacía bien.
Hasta que llego el estudiante egipcio.

A este chico lo conocí. Entre otras cosas, se caracterizaba por su extremadamente fuerte odor, y su fútil intento de esconderlo usando dos litros de colonia diarios. Grande fue el susto que recibió la pobre lavadora al enterarse que este ser iba a vivir en esa casa, y que ella tendría que lavarle la ropa.
Los chinos me contaron que la batalla fue épica. No obstante, por más que lo intentó, nuestra heroica lavadora no logró quitar esta mezcla de olores a las prendas del egipcio. Peor aun, la ropa dejó a la lavadora oliendo tan mal como el mismo egipcio.
Imagínense la situación. La razón de la existencia de una lavadora es limpiar y quitar olores. Esta vez no sólo había fracasado, sino que su oponente se había burlado terriblemente de ella. Dicen los chinos que necesitaron lavar a la lavadora como dos o tres veces para que deje de oler. Pero desde allí dejó de funcionar igual que antes.
No sé. Yo la comprendí muy bien a la pobre, y no volví a exigirle tanto.

La siguiente experiencia no tiene este tipo anécdotas. Fue en la segunda casa en Cambridge. Ahí simplemente descubrí que estaba haciendo algo mal. Mientras yo iba más o menos tres veces a la semana a lavar la ropa, el resto de gente iba solo una. "Qué cochina es la gente aquí," pensaba yo todas las semanas, mientras regresaba con mi tercer cargamento de ropa. Pero luego de un par de meses, entendí lo que ocurría.
A pesar que parezca una (otra) locura, esto se justifica perfectamente en mi insistente rechazo a las secadoras, luego del maltrato que observé luego de un par de secadas. Y considerando que no me gusta ir a comprar ropa (y por lo general no tengo dinero para ello), ¡¡¡tenía que cuidar la que tenia!!!
Ergo, si no iba a usar secadoras, tenía que colgar la ropa. Y para esto sólo tenía mi cuarto. Y en este sólo entraba una tanda de ropa colgada.
Y ya pues, al separar blancos de colores, ya tenía asegurada por lo menos dos visitas a la lavandería cada semana. La tercera la hacía cuando lavaba las toallas y sábanas, que generalmente ocupaban todo el espacio disponible en el cuarto... En esos momentos, sólo me faltaban las chicas y la arena para tener mi propio harem.
Nunca supe si esta actitud era exagerada o no. Se que puede llegar a ser peor, he conocido entes que sí son exagerados, algunos que hasta planchan las toallas, "porque quedan mas suaves." En fin...

En Valencia las cosas fueron algo mas balanceadas. Con un tendedero externo grande, pude disminuir la densidad de lavadas por semana. Ahora, eso me hizo descubrir los horrores relacionados a los tendederos externos.
Uno de estos horrores, por ejemplo, se daba cuando Valencia era inundada por los "olores autóctonos" de la huerta, análogo al olor a harina de pescado que llena a Lima cada par de meses. Y si la ropa está colgada afuera, resulta que es expuesta a estos olores autóctonos. A veces absorbiéndolos. Horror de horrores.
Consideré luego las ventajas de un tendedero interno, después que lloviera por semana y media sin parar. Esa vez se me acumuló la ropa fregado.

No obstante, la acumulación de experiencias estaba dando frutos.
Para cuando llegué a Padova, sabía ya que mi vieja ropa colorida estaba lo suficientemente desgastada como para poderse lavar junto con los blancos. Y que realmente no era necesario usar tanto detergente como lo dice la caja (¡¡¡malditos ladrones!!!). Aprendí a graduar las secadoras, brutalmente útil en la época de lluvia. Descubrí que siempre es bueno dejar la puerta de la lavadora abierta por un par de horas, para evitar la formación de hongos. Chasa conmigo.

Si, lo admito. Me volví un lavador confiado. Me creía experto. Todas estas experiencias me hicieron arrogante en el sector "lavandería" (los que quieran extender este comentario a otros sectores, por favor abstenerse), estaba seguro que sabía lo más importante sobre lavar, y que lo hacía bien.

Claro. Hasta que recibí un regalo bravazo procedente de Madre de Dios (departamento de Perú), un polo rojo como un tomate con figuritas selváticas. Chévere.
Lamentablemente, no tomé en cuenta que esta prenda era nueva, y que podría teñir.
Ya no creo ser arrogante en la lavandería. El nuevo color rosado de mi ropa interior ha logrado que recapacite.
'Cha mare...